sábado, 6 de abril de 2013

Mujer y Trabajo, un tema de reflexión

(PL 72) CONGRESOS, JORNADAS y EVENTOS. CJE- Mujer_Trabajo.doc. Manuel Domene. Palabras: 1.683 

El prevencionismo y la ergonomía no pueden ignorar
al 45% de la población laboral, que es femenina

“Podría pensarse que el binomio mujer-trabajo está ya manido y exprimido suficientemente pero, en tiempos de crisis y de necesidad de reinvención que la misma exige, resulta un tema de absoluta actualidad y necesario abarcamiento”. Así justificaba la UPC (CERpIE) la Jornada Técnica específica sobre “Mujer y Trabajo”, celebrada antes del paréntesis estival.
Hay que tener en cuenta de qué enferman las mujeres trabajadoras y, sobre todo, trabajar con criterio ergonómico en la prevención, es decir, adaptar el trabajo a la persona, y no a la inversa.

La incorporación de la mujer al mundo laboral, una revolución social que plantea exigencias ergonómicas de especificidad de género

Una ergonomía genuina –que por lógica estará bien hecha- siempre tendrá en cuenta la cuestión del género. No sólo se trata de evaluar lugares de trabajo, es necesario evaluar a las personas. Ofrecemos algunas ideas, que expuso el panel de expertos de la Jornada, para invitar a la reflexión, en la que no deben faltar las consideraciones en torno a una nueva cultura organizativa del trabajo.

¿De la revolución a la involución?
En su momento, la incorporación de la mujer al mundo laboral fue una revolución que aún en la actualidad sigue necesitando de atención específica tanto técnica como social. Ha sido necesaria –y lo sigue siendo-  la regulación normativa que, muchas veces, va por detrás de las necesidades y realidades existentes en los lugares de trabajo.
El panorama laboral ha cambiado, igual que los sectores de actividad (crece el sector servicios, en detrimento de los primarios), aumenta la esperanza de vida y disminuye la natalidad, lo que dibuja un panorama de plantillas laborales envejecidas y los consiguientes retos. Relevar a los trabajadores mayores es una opción que supone renunciar a su rico potencial de experiencia. Adaptar el puesto a las personas evitará los problemas del envejecimiento.
La prevención de los riesgos laborales de las mujeres va más allá del embarazo y la lactancia. Las lesiones musculo-esqueléticas son las prevalentes entre las trabajadoras, destacando especialmente el trastorno del túnel carpiano (46% de las mujeres). Con la evolución del mercado laboral y modalidades como el tele-trabajo llegaremos a la necesidad de evaluar los riesgos laborales en el entorno del propio hogar del trabajador.
Para proseguir en la revolución del mundo laboral se hace importante “feminizar la prevención”. Además de ser de pura justicia social, ofrece un gran campo de trabajo para el sector prevencionista y las industrias relacionadas.

A vueltas con la conciliación: un “salario emocional”
Compatibilizar el trabajo remunerado, fuera de casa, y el trabajo doméstico es una tarea difícil, que exige no poco esfuerzo por parte de las mujeres. Normalmente la situación se salda con el problema conocido como la “doble jornada”.
“Conciliar los roles como trabajador en ámbitos diversos es un derecho de las personas”, recordó la responsable de esta ponencia. Se trata de compatibilizar obligaciones, intereses, necesidades… del ámbito público y del privado. Ello plantea una necesidad del cambio en la organización del trabajo. Si analizamos el uso del tiempo, se hace evidente que la mujer dedica el doble de tiempo que el hombre al cuidado de la familia. Otro dato a tener en cuenta es que el 45% del mercado laboral es femenino, y que sólo un 10% de las mujeres trabajadoras ocupan cargos directivos.

“Es necesario vencer prejuicios y mitos anticuados, pues conciliar no es una cosa de mujeres para mujeres, sino de trabajadores en general”

Los beneficios de la conciliación entre vida laboral y familiar llegan a toda la sociedad, pudiendo señalarse los siguientes:
-Incremento de la competitividad de la empresa, un tema vital en una mala coyuntura económica, como es el caso de España y Europa, en general.
-Mejora de la calidad del trabajo, gracias a una mayor implicación y satisfacción de la persona. La calidad de vida personal representa calidad de vida laboral.
-Aporta beneficios fiscales a la empresa, que, por otra parte, ve reducida significativamente su tasa de absentismo (real y fingido).
-La persona que logra conciliar obtiene un “salario emocional”, que se sustancia en autonomía, desarrollo personal, implicación, satisfacción con el trabajo.
A modo de conclusión, conviene insistir en la necesidad de compartir trabajo y vida cotidiana dentro de una nueva cultura organizativa del trabajo. Asimismo, es necesario vencer prejuicios y mitos anticuados, pues conciliar no es una cosa de mujeres para mujeres, sino de trabajadores en general. Otro mito a desterrar es el del trabajo productivo (supuestamente lo ejecutan los hombres) y el trabajo reproductivo (lo ejecutan las mujeres). La modernidad de los tiempos reclama la corresponsabilidad en el intercambio de roles, hasta donde sea posible. Finalmente, es de todo punto necesario practicar una prevención global o estructural, que abandone el foco que tiene puesto en el espacio (lugar de trabajo), para centrarlo en las personas. Al fin de cuentas, se previene para procurar el bienestar de las personas.

Trabajo femenino y ergonomía
Si hacer prevención ergonómica en la empresa es difícil, introducir la cuestión de género en la ergonomía aún lo es más, recordó la ponente.
La ergonomía es la adaptación del entorno a las personas: hay que adaptar los puestos, las tareas y la variabilidad de las personas que están trabajando (diferentes edades, condiciones psico-físicas, etc.). De  hecho, la ergonomía ‘sensu stricto’ –y bien practicada- ya tiene en cuenta dicha variabilidad. La adaptación se tendría que llevar a cabo –como siempre- en la fase de proyecto, es decir, en el momento de diseñar los espacios, lugares de trabajo, herramientas, equipos, tareas… Todo ello considerando las necesidades –incluso expectativas- físicas y mentales de las personas que han de trabajar en el puesto en cuestión.
Que las mujeres ocupan trabajos con riesgo ergonómico es una obviedad. Sus lesiones prevalentes son el síndrome del túnel carpiano (muñeca), inflamación de las articulaciones, tendinitis, bursitis, epicondilitis, cervicalgias y lumbalgias, dependiendo del sector de actividad y los factores individuales.
Sobre la adecuación de las herramientas, cabe puntualizar que debe hacerse una gran mejora en el diseño de los EPI y la ropa para adaptarlos a la variabilidad de la mujer. Los EPI, diseñados y pensados para los hombres, deben cambiar, y ello sólo implica tener en cuenta los datos antropométricos de las mujeres.
Para empezar a hacer ergonomía en la empresa, teniendo en cuenta la peculiaridad femenina, pueden seguirse sencillas pautas:
-Introducir pausas y ritmos pensados desde la perspectiva del género del trabajador.
-Impartir formación sobre hábitos posturales (higiene postural) en el puesto de trabajo.
-Potenciar el ejercicio físico de las trabajadoras con vistas a una función equilibradora / compensadora, que no tiene otro objeto que evitar la lesión por sobre-esfuerzo, postura forzada o movimiento repetitivo.
-Efectuar las evaluaciones de riesgos que establece la Ley de Prevención de Riesgos Laborales desde la perspectiva del género del trabajador. Ello se complementará con la vigilancia de la salud. Las herramientas son de sobra conocidas, lo que falta es voluntad y constancia en su aplicación.

Las enfermedades profesionales femeninas
Aunque existe infra-registro sobre las E. P. (enfermedades profesionales, especialmente en el caso de las mujeres), las dolencias profesionales de las féminas españolas están claras, teniendo prevalencia las que están relacionadas con la salud mental (anímico-emocional, con una incidencia del 72% del total), las lesiones musculo-esqueléticas, disfonías y laringo-patías (86,3%), y los trastornos de la salud reproductiva. Las áreas de trabajo ‘femeninas’ se caracterizan por unas condiciones acumulativas de movimientos repetitivos. De hecho, esta patología es frecuentemente catalogada como “enfermedad femenina”. El efecto acumulativo desvela una frecuente asociación con otras patologías tendinosas, que afectarían principalmente a las muñecas y los miembros superiores.
La explicación del fenómeno –que no está plenamente clarificada- tendría que ver con el patrón antropométrico (tamaño) de la mujer, su fuerza muscular, capacidad aeróbica, etc. Pero los problemas mayores de las mujeres trabajadoras obedecen a una concatenación de factores (doble rol, elementos emocionales o que las mujeres son más explícitas a la hora de expresar sus problemas). Con todo, concluyó el ponente, no existen estudios con base científica acreditada que permitan atribuir ciertas dolencias ‘exclusivas’ a las mujeres, sólo contamos con las tendencias ya señaladas. En cualquier caso, el género puede ser un factor diferenciador en la forma de enfermar por causa del trabajo. Y con una fuerza laboral que es en un 45% femenina, ignorar la perspectiva de género es como ignorar el mercado. Entre otros, los fabricantes de EPI pueden tomar buena nota.



DESPIECE 1:
Arrinconar prejuicios y estigmas
Desde la Conferencia de Beijing, varios países han adoptado legislaciones para prevenir el comportamiento abusivo en contra de las mujeres y asegurar la igualdad de género en el lugar de trabajo.
Con ese fin, los gobiernos han elaborado políticas y proyectos que utilizan redes locales, nacionales e internacionales para facilitar información, tecnología, créditos y capacitación a las empresarias, así como programas encaminados a mejorar la educación de las mujeres.
Uno de los temas que más preocupa es que la función reproductora de las mujeres ha seguido siendo percibida como un estigma en el mercado laboral. En un esfuerzo para promover un cambio de actitud, algunos gobiernos han adoptado políticas para armonizar las responsabilidades laborales y familiares en pugna.
La conclusión es que en pleno siglo XXI todavía son de actualidad los estudios que analizan la incorporación de la mujer al mercado de trabajo. El panorama ha mejorado considerablemente en los últimos años, pero, aún así, hay peculiaridades del mercado de trabajo que establecen claras diferencias entre géneros.

© Manuel Domene Cintas. Periodista