lunes, 25 de noviembre de 2019

¿Por qué agredimos? (Teorías de la violencia)

Son muchas las teorías sobre la agresión (sustanciación de la violencia). Como rasgo común podemos establecer la existencia de una pulsión innata en los humanos, que puede estar inducida por diversos factores, y ante la cual no todos los individuos reaccionan de la misma manera. Nos referiremos en este ‘post’ a las teorías más invocadas sobre el fenómeno de la violencia, un problema que afecta especialmente a las mujeres, tanto en el ámbito laboral como en la esfera privada.
Hoy, 25 de noviembre, la red está incendiada con proclamas contra la violencia de género. Yo me quedé con ésta: “el amor deja huella en el corazón, nunca en la piel”.




Causas de la violencia
-Teoría de la frustración-agresión (Dollard & Miller)
Sus postulados básicos, que no escapan a la influencia freudiana según diversos autores, plantean que la agresión es siempre consecuencia directa de una frustración previa, la existencia de una frustración siempre conduce a alguna forma de agresión (Dollard y col. 1939). En 1941, Miller modifica la hipótesis original al reconocer que muchas personas han aprendido a responder a sus frustraciones de forma no agresiva; es decir, reprimen una respuesta violenta automática ante la frustración.
-Teoría de la transferencia de excitación (Zillmann)
Una situación emocional previa (una discusión de tráfico, por ejemplo) puede transferirse a una nueva situación (castigo del niño al llegar a casa) por una activación inespecífica (el niño no ha hecho los deberes). Cuanto más excitados estamos, más agresivamente respondemos, transfiriendo la excitación de unas situaciones a otras.
Hay otras hipótesis sobre la agresión:
-Teoría de los instintos. Antigua y polémica, sostiene que la agresión es una conducta heredada más que aprendida. Freud concluyó que los humanos nacen con el instinto de la agresión, impulso que no es posible erradicar. En esta línea dialéctica, Konrad Lorenz (1968) concebía la agresión como un recurso de adaptación esencial para la supervivencia.
-Teoría del aprendizaje social. El comportamiento agresivo tendría un importante componente biológico, cuyos moduladores (forma, momento, intensidad, circunstancias de la agresión) dependen de conductas aprendidas a través de vivencias previas.
-Hipótesis temperatura-agresión. Existen varias hipótesis sobre este particular, que vinculan la temperatura y la agresión, siendo el disconfort térmico o un déficit termo-regulador los resortes capaces de desencadenar respuestas violentas. El aumento de la temperatura basal no sólo tiene repercusiones fisiológicas sino también conductuales.

Hoy día, la violencia no sería una condición necesaria para sobrevivir sino más bien “el recurso de los incompetentes, el miedo a las ideas de los demás, y la poca fe en las propias”

El hombre, lobo para el hombre
Sea por la causa que fuere, vivimos inmersos en la violencia, que parece ser un rasgo muy humano. ¿Cuántas veces hemos oído aquella sentencia de los clásicos del pensamiento político moderno de que “el hombre es un lobo para el hombre”? Este concepto ya no necesita demostración, basta con observar lo que ocurre a nuestro alrededor.

Haciendo un ejercicio de antropología recreativa, algunos pensadores intentan localizar el origen de la violencia humana. Dicen que nuestra especie nació en la barbarie y aprendió a sobrevivir con el uso de la fuerza, tanto bruta como racional. La violencia en los albores de la humanidad sería como una respuesta de adaptación a ultranza a un medio muy hostil. Sin embargo, conquistadas cotas de seguridad razonables, el hombre persistió en el ejercicio de la violencia. Esta vez no contra las fuerzas de la naturaleza o las fieras, sino contra el propio hombre. El ejercicio de la violencia sería, para quienes formulan estas teorías, una reminiscencia ancestral, cultural o ‘lúdica’ que no se ha erradicado del comportamiento humano, y cuya manifestación más civilizada sería nuestra afición a la competición deportiva, por ejemplo. El enfrentamiento deportivo es una concesión regulada a nuestro ánimo belicoso. Ya sabemos que más de una competición exacerbada en el terreno deportivo ha acabado saldándose como batalla campal, con heridos, contusionados y hasta muertos. Pese a la evolución de la especie –quizás habría que decir involución-, la fiera “dormita” en nuestro interior y tiene abruptos despertares en los lugares de trabajo, la cola del supermercado, una gasolinera o la oficina de empleo (antiguo INEM), basta con que el agresor sienta frustración y no controle sus impulsos más primarios.

Afortunadamente existen alegatos brillantes contra la violencia, entre éstos proponemos el que dice: “la violencia es el recurso de los incompetentes, el miedo a las ideas de los demás, y la poca fe en las propias”.
Con independencia de sus causas, la sociedad actual debe neutralizar la violencia y promover la prevención y erradicación de las conductas violentas, en el trabajo y en otros ámbitos de nuestras vidas.
Son muchas las instancias que promueven el pacifismo (religiones y otros movimientos), pero en días en los que reflexionamos sobre la violencia, justo es reivindicar la figura de Mahatma Gandhi, que no en vano se ganó el sobrenombre de ‘Apóstol de la No Violencia’.

Información elaborada con el patrocinio de Mape Seguridad Laboral www.mape.es

lunes, 18 de noviembre de 2019

El orgasmo frustrado que acabó en accidente laboral

Hay sentencias pioneras que sientan jurisprudencia. Éste es el caso que nos ocupa: ya nadie discute que un infarto-derrame cerebral ‘in missio’ (actividad y jornada laboral) es un accidente laboral. Ahora los supuestos de accidente laboral por causas vasculares se amplían. Desde septiembre de 2019, en Francia, sufrir un infarto mientras se mantienen relaciones sexuales durante un viaje de trabajo (missio) también tiene la consideración de accidente laboral. Y, por supuesto, no estamos hablando del hipotético infarto que pudiera sufrir cualquier trabajadora del sexo. La decisión del Tribunal de Apelaciones de París ha causado cierta sorpresa en un país que encabeza la nómina de los Estados más garantistas en materia de protección de los derechos de los trabajadores.

Las circunstancias que han dado origen a esta singular sentencia se remontan a febrero de 2013, día en que un técnico de seguridad de la empresa TSO, especialista en construcción y renovación de vías férreas y catenarias, se hallaba desplazado en viaje de trabajo en la población de Meuret-sur-Loire. A primeras horas de la noche, el trabajador murió a consecuencias de un infarto. Ésa es una contingencia ordinaria que afecta a cientos de trabajadores. Lo que resultó extraordinario fue el escenario del hecho: el empleado fallecía mientras mantenía relaciones sexuales con una mujer que había conocido horas antes.

Un tribunal de primera instancia consideró el fallecimiento un accidente laboral, aunque la empresa apeló por considerar que el desenlace “no fue causa del trabajo sino del acto sexual”. No obstante, el Tribunal de Apelaciones ha considerado que todo empleado que se encuentra en un desplazamiento de trabajo tiene derecho a la protección prevista por el artículo L411-1 del código de la seguridad social. Para el Tribunal, poco importa que el accidente se hubiera producido durante la ejecución de un acto profesional o un acto de la vida cotidiana.
TSO, considerada responsable, deberá abonar el 80% del salario a la viuda del fallecido hasta la fecha en que éste se hubiera jubilado.
Todo trabajador que se encuentra desplazado de su lugar de residencia por motivos laborales tiene derecho a la protección tanto en actos profesionales como de la vida ordinaria
¿Combatir el aburrimiento ‘in missio’?
Es obvio que un trabajador desplazado de su hogar por causas laborales puede sentirse aburrido o solo, y buscar compañía como hizo el protagonista del texto precedente. ¿Es responsable la empresa de la conducta del trabajador? Seguramente no. ¿Pueden hacer algo las empresas para aliviar la soledad de sus empleados desplazados? Definitivamente sí: pueden sugerir opciones de ocupación del tiempo libre (algunos pensarán que es una intrusión en la vida privada del empleado), o pueden desarrollar políticas de entrenamiento en felicidad, de manera que los empleados sean capaces de gestionar, con dominio propio, sus emociones cuando están, por ejemplo, desplazados ‘in missio’, así como en cualquier otra circunstancia laboral.
El cerebro humano puede entrenarse para la felicidad de forma lúdica, y el “Juego de la Felicidad” es una opción.

Entrenar en felicidad
¿Hay alguien que no anhele la felicidad? Como pregunta retórica, su respuesta es obvia. La ciencia nos revela que la felicidad (estado mental), como cualquier otra conquista o logro personal, requiere entrenamiento. Podemos entrenar nuestras neuronas para ser más receptivas a la felicidad gracias a la neuroplasticidad de nuestro cerebro. La felicidad, al igual que la musculatura corporal, se trabaja (y entrena) para desarrollarla. No hace falta acudir a un laboratorio, podemos entrenarnos, modificando el área del pensamiento, con un modesto juego de mesa.
Los comentarios de algunos usuarios son elocuentes: “El Juego de la Felicidad va más allá de un simple juego o libro. Es una especie de guía o maestro que te enseña a ser feliz. Y lo hace de forma lúdica y amena. Mientras te diviertes, aprendes 52 maneras de aumentar tu felicidad que puedes incorporar fácilmente a tu vida”.

No te impacientes. Te lo explicamos. Basado en los últimos avances científicos, el Juego de la Felicidad consta de un tablero y de una baraja de 52 cartas para jugar en grupo. Es una especie de ‘roll play’ en el que los participantes interactúan, a través de un sistema de preguntas y respuestas, que les harán enfrentarse a retos con el fin de conocerse mejor a sí mismos y  profundizar en los aspectos que deben modificar para alcanzar la felicidad y mejorar en todos los aspectos de su vida (la actitud mental positiva es determinante).
En un contexto lúdico tan sencillo como el Juego de la Oca, el Juego de la Felicidad nos permite integrar y entrenar las actitudes, hábitos y principios que sientan las bases de una vida feliz a partir de criterios científicos. Por ello, se incluye un libro que resume los 52 aspectos que más influyen en una vida feliz, mostrándolos de manera clara y práctica. Los jugadores tendrán hasta 7 formas distintas de jugar (y entrenar) su felicidad.
A buen seguro que una mente entrenada en los secretos de la felicidad no buscará soluciones de corto recorrido para situaciones de soledad o aburrimiento puntuales.

Información elaborada con el patrocinio de Mape Seguridad Laboral www.mape.es