sábado, 21 de enero de 2012

Agricultura, una actividad sembrada de riesgos para las manos

(PL 55) TÉCNICAS DE PROTECCIÓN. TP-ManosAgricultura.doc. Manuel Domene. Palabras: 3.685

Protección de las manos en el sector agrícola (1ª parte)

Nunca podríamos imaginar –si no nos detenemos a pensar en ello- la cantidad de riesgos que concurren en el trabajo agrícola, una actividad fundamental del sector primario, a la que todos nos sentimos cerca, a pesar de desconocer profundamente.
No hay ninguna actividad que reúna tantos y tan variados y graves riesgos como el sector agropecuario. A la sentencia bíblica que habla del “sudor de la frente” hay que añadir “los callos de las manos”, que suelen acompañar invariablemente a los trabajadores agrícolas. Son manos ásperas y ajadas por la rudeza del trabajo, cuando no irreversiblemente enfermas. La solución sólo es una: sentido común, que pasa, entre otras muchas posibilidades, por el uso de guantes.

A medida que el estilo de vida urbana nos aleja del campo, tendemos a acentuar ciertos tópicos bucólicos, que, en la mayoría de los casos, no se corresponden con la realidad. Vivir en el campo –y especialmente trabajarlo- no siempre es una actividad netamente saludable, sino todo lo contrario. El del agricultor es uno de los trabajos más duros que realiza el ser humano. Los riesgos son muy diversos y, como no podía ser de otra manera, afectan muy seriamente a nuestra principal herramienta de trabajo, esto es, las manos, ese sensacional artilugio que nos permite interactuar con el medio.

Identificar los peligros
Si las manos son necesarias para el trabajo, en la agricultura se convierten en útiles imprescindibles. Diariamente, las manos –y otras partes del cuerpo- se ven expuestas a riesgos de diferente naturaleza. En la mayoría de los casos, será preceptivo el uso de guantes. Esto significa tajantemente emplear el guante adecuado a cada necesidad, ya que no existe el guante universal. En unos pocos casos, será recomendable trabajar sin los guantes para evitar males mayores (con temperaturas ambientes que superen los 36-37º C, cuando existe riesgo de atrapamiento del guante por partes móviles de mecanismos).
·Riesgo mecánico
Implica cortes, aplastamiento o abrasión general, provocados por diferentes útiles de trabajo. Las herramientas, algunas afiladas, presentan un peligro evidente para la integridad de las manos de los agricultores. Las lesiones pueden incluir desde el pequeño corte a daños severos de nervios, tendones, huesos, sin descartar la amputación, un resultado fatal e invalidante no sólo para el trabajo, sino para el normal desenvolvimiento en cualquier actividad cotidiana. La pérdida de la función manual nos convierte en seres dependientes. Se puede vivir sin manos, pero ¿a qué precio?
·Riesgos producidos por vibración
El el capítulo de riesgos mecánicos, ponemos especial atención en los derivados de las vibraciones. Éstas pueden originar problemas en las articulaciones y el síndrome de los dedos blancos (falta de riego sanguíneo). Son fuente de vibraciones la maquinaria y los diversos aperos de trabajo, desde el tractor a la moto-azada, pasando por instrumentos omnipresentes como la moto-sierra o las desbrozadoras.
Entre los riesgos mecánicos no pueden olvidarse los de tipo ergonómico por movimientos repetitivos, sobre-esfuerzos, malas posturas, etc.
·Riesgo térmico
El agricultor debe soportar las inclemencias del tiempo: los fríos intensos que resecan y resquebrajan la piel, o el calor abrasador que provoca la práctica “maceración” de las manos cuando se usan guantes, o su exposición a la radiación solar, capaz de provocar daños dermatológicos o, en el peor de los casos, un golpe de calor. La piel y las manos también se ven expuestas a quemaduras por contacto con partes calientes de la maquinaria empleada en las tareas agrícolas.
·Riesgo eléctrico
Las instalaciones eléctricas defectuosas o los cables mal aislados pueden ser causa de accidentes. Siempre existe el riesgo de entrar en contacto y lesionarse con la electricidad utilizada para la iluminación, la calefacción y la alimentación de equipamientos en el trabajo. El accidente eléctrico puede producirse al ejecutar tareas de mantenimiento de la maquinaria (la batería del tractor, por ejemplo).
·Riesgo químico
Las manos, expuestas a la amplia nómina de productos químicos utilizados en la agricultura, pueden sufrir irritaciones, quemaduras o úlceras. Los productos químicos pueden romper la defensa que nos proporciona la piel y penetrar en la sangre, con resultados peligrosos y, a veces, fatales a plazo medio-largo.
·Riesgo biológico
La amenaza procede de fuentes diversas: sustancias y alérgenos de origen botánico, bacterias y virus presentes en el medio, contagio de infecciones de animales portadores (ganado), envenenamiento por inoculación de venenos de origen animal (serpientes, alacranes, arañas).

Riesgos laborales presentes en la actividad agropecuaria
Tipo de riesgo
Causas-consecuencias
Riesgo químico
Los productos químicos pueden romper la defensa que nos proporciona la piel y penetrar en el organismo. Irritaciones, quemaduras o úlceras, dermatitis, urticarias
Riesgo mecánico
Las herramientas de trabajo son un peligro evidente. Cortes, laceraciones, aplastamiento o abrasión general, provocados por diferentes útiles de trabajo
Vibraciones. Trastorno del sistema circulatorio
Riesgo térmico
Asociado al calor o el frío y las inclemencia climatológicas. Quemaduras, debilitamiento de la capa córnea de la piel. Estrés térmico
Riesgos eléctricos

Instalaciones eléctricas defectuosas o los cables mal aislados, equipamientos de trabajo, tareas de mantenimiento de la maquinaria. Quemaduras y/o electrocución
Riesgos producidos por vibración
y movimientos repetitivos
Maquinaria (tractor) y equipos de trabajo empleados comúnmente y que forman parte del grupo de herramientas vibrátiles. Alteraciones circulatorias, dolor, incapacidad laboral. Lesiones musculoesqueléticas
Otros riesgos
(higiénicos, biológicos)
Alergias provocadas por las materias. Dermatitis, urticarias, infecciones de las uñas
Infecciones parasitarias. Gripe aviar
Mordedura-picadura de animales venenosos. Envenenamiento

Riesgos mecánicos
Sin ánimo de hacer un recuento exhaustivo, para ilustrar este apartado, citaremos algunos de los riesgos mecánicos asociados con algunas de las actividades agrícolas.
Entre los accidentes más comunes entre los viticultores y cultivadores de bayas destacan los cortes o pinchazos, ya sea por las espinas de las plantas, las herramientas o las espalderas o estructuras de apoyo.
Este tipo de problemas cutáneos tiene un calado que va más allá del hecho puntual de la laceración. En primer lugar, exigirá una cura inmediata. Y ello sin olvidar que las heridas abiertas pueden siempre ser infectadas por la gran cantidad de bacterias, virus o agentes patógenos presentes en los campos, que, en ocasiones, son causantes de graves complicaciones, pudiendo conducir a la amputación de una extremidad o, incluso, la muerte. Todos los trabajadores del campo deben encontrarse protegidos con una vacuna de recuerdo del tétanos. Los cortes, que en un elevado porcentaje de los casos afectan a las manos, deben lavarse y limpiarse, aplicando después un agente bactericida. Por supuesto, cualquier infección que aparezca debe recibir tratamiento médico inmediato.
·Accidentes relacionados con las herramientas y equipos
La explotación agropecuaria sería rudimentaria, sin punto de comparación con lo que es actualmente, sin el concurso de la mecanización, que multiplica la fuerza de la mano del hombre. Como no hay rosas sin espinas, las máquinas también son causa de accidentes que pueden afectar a las manos.
Las herramientas mal diseñadas exigen a menudo la adopción de posturas forzadas durante el trabajo, y las herramientas cortantes con bordes mal afilados exigen la aplicación de un mayor esfuerzo físico. Trabajar con los brazos levantados puede causar trastornos musculo-esqueléticos de las extremidades superiores. Las herramientas deben mantenerse siempre en buen estado. El uso incorrecto de herramientas manuales, como machetes, guadañas, hachas y otros utensilios afilados o puntiagudos, es causa de numerosos accidentes. También se producen lesiones con herramientas eléctricas portátiles como las sierras eléctricas, por la mala colocación o negligencia en la reparación de escaleras, o por el uso de repuestos inadecuados para las cuerdas o cadenas que se han roto. Los trabajadores deben conocer el modo correcto de utilizar y mantener las herramientas y aperos, así como la necesidad de emplear repuestos adecuados, sin olvidar los elementos de protección en el trabajo.
Todas las máquinas deben incorporar mecanismos de seguridad, sin que exista la posibilidad de un contacto accidental con partes móviles. La maquinaria y los equipos son también fuentes de un ruido excesivo y, aunque éste no es un tema de nuestra competencia, no podemos dejar de señalar que todas las condiciones que mermen una óptima condición laboral, son potenciales causantes de accidentes.
·Maquinaria agrícola
La maquinaria agrícola está diseñada para labrar el suelo, sembrar las semillas, aplicar sustancias químicas para mejorar el crecimiento de las plantas y controlar las plagas y enfermedades, y para la recolección y almacenamiento de los cultivos maduros. Existe una gran variedad de máquinas agrícolas, pero en esencia todas son una
combinación de engranajes, ejes, cadenas, correas, cuchillas, cribas, etc.
Muchas de estas máquinas son auto-propulsadas o, en caso contrario, toman su movimiento del tractor a través de diversos sistemas de transmisión (correas, cadenas, engranajes, ejes, presión hidráulica de aceite), siendo la más universal de todas la TF (toma de fuerza). Veamos los riesgos que presentan las máquinas y aperos para cosechar.
Todas las herramientas utilizadas para la recolección de cereales -desde las cosechadoras hasta la sencilla guadaña- tienen un denominador común: son peligrosas. Son herramientas agresivas, diseñadas para cortar, triturar o tronchar las matas de las gramíneas que captan, sin capacidad para distinguir entre un cultivo y una persona. Por consiguiente, la mayoría de los riesgos mecánicos asociados a la recolección de cereales se localiza en los puntos de corte, aspiración, trituración, enredado, enrollado y atenazado. Una cosechadora introduce en su interior las matas de maíz a una velocidad de 3,7 metros por segundo, más que suficiente para atrapar a una persona incluso con un tiempo de reacción normal. Las hélices y unidades con toma de fuerza utilizadas para mover el grano, giran a una velocidad de 3 m/s y 2 m/s, respectivamente, y también conllevan el riesgo de quedar enredado (ver cuadro “Riesgos comunes de la maquinaria”).
El eje de la toma de fuerza del tractor, que conecta el tractor y la cosechadora, transmitiéndole su esfuerzo de giro mediante juntas universales u horquillas, es una fuente de energía cinética, y accidentes con resultados catastróficos en cuanto al alcance y gravedad de las lesiones. Este eje de la toma de fuerza debe ir protegido con una carcasa protectora. Los accidentes más frecuentes con este eje ocurren cuando la horquilla atrapa una parte floja de la ropa, enredando al que la lleva puesta. Tampoco pueden descartarse los accidentes que afectan a las manos, ya sea por descuido o por exceso de confianza.
Todos los sistemas hidráulicos funcionan a presión, que puede llegar a los 14.000 Kpa, un valor tres veces superior a la presión necesaria para perforar la piel. Por tanto, nadie en su sano juicio debe tapar con un dedo una manguera hidráulica que pierda líquido, puesto que éste podría ser inyectado a través de la piel, obligando a una extirpación quirúrgica urgente para evitar el desarrollo de una posible gangrena. Los sistemas hidráulicos almacenan energía. Si falla algún punto del sistema hidráulico, puede ocurrir un accidente, ya que una manguera hidráulica rota puede rociar líquido a gran distancia.

Malas vibraciones
El empleo de maquinaria en las actividades agrícolas transmite vibraciones, interesante problema dentro del apartado de riesgos mecánicos, cuyo alcance y repercusión se está menospreciando.
La tecnología de los tractores ha mejorado hasta unos niveles de sofisticación impensables hace sólo unas décadas. De todos modos, la suspensión no consigue amortiguar y filtrar todas las vibraciones que se transmiten al habitáculo y que repercuten no sólo en las extremidades superiores, sino en todo el sistema musculo-esquelético del tractorista.
Peor es aún el uso de ciertos equipos manuales, como es el caso de  las desbrozadoras, la inevitable motosierra, las moto-azadas y los motocultores, cuyo efecto vibrante está en proporción directa a su potencia. Quien haya manejado un moto-cultor para labrar asentirá con nosotros que su manejo requiere dosis importantes de pericia, destreza, paciencia, fuerza física y resistencia. Pese a todo, el giro de las fresas, combinado con la irregularidad y la dureza del terreno y el tiro de la máquina someten al labrador mecanizado a un drástico “centrifugado” que ninguna naturaleza humana tolera sin resentirse. El efecto de las vibraciones puede conducir a la invalidez de las manos para su normal desempeño, no digamos ya para lidiar con la “mula mecánica”.
Poco hay que comentar sobre la sierra de cadena (motosierra) como fuente de vibraciones, de la que ya hablamos en el reportaje sobre los trabajos de la madera. Nos referiremos también a los conocidos como “vibros”, unas pértigas vibradoras que sustituyen a las tradicionales varas con las que se vareaba o apaleaba la aceituna para recogerla en fardos, en el suelo. Los “vibros”, como indica su nombre, generan vibraciones que tiran las olivas, pero que, en mayor o menor medida, se transmiten también al sistema mano-brazo del operario que los maneja. La intensidad de la vibración y la duración de la exposición serán las variables que determinen el alcance de la posible lesión.
Los efectos nocivos del manejo habitual de máquinas vibrátiles han sido descritos por diferentes autores, y son conocidos. Pese a ello, las vibraciones y sus consecuencias sobre la salud del trabajador están siendo subestimadas hasta la fecha, por lo que el Síndrome de la Vibración Mano-Brazo (SVMB) avanza entre la población laboral de forma insidiosa.
Las vibraciones ejercen una fuerza que modifica la posición normal del organismo. La respuesta fisiológica es una contracción muscular y una rigidez de las articulaciones para recuperar la posición normal, lo que facilita aún más la propagación de las vibraciones.
Las vibraciones de alta frecuencia (entre 50 y 1.000 ciclos) son las ocasionadas por herramientas mecánicas de percusión o rotatorias (taladro, martillo neumático, lijadoras...), responsables de trastornos funcionales vasculares localizados en la mano y/o los dedos, pudiendo afectar incluso a los brazos.

Riesgos comunes de la maquinaria
Riesgos
Origen
Localización
Puntos
de estrechamiento
Dos piezas de la máquina se mueven juntas, y al menos una de ellas en círculo
Puntos donde las correas de transmisión entran en contacto con las roldanas, las cadenas de transmisión entran en contacto con las ruedas de engranajes, los rodillos de alimentación se engranan
Puntos
de arrollamiento
Componente de una máquina rotativa expuesto o desprotegido
Ejes de transmisión de la toma de fuerza (TF), brazos del batidor en vagones de ensilado auto-descargables, palas de algunas esparcidoras de abono
Puntos
de
fricción / corte
Los bordes de dos piezas móviles se mueven uno a lo largo del otro, o un solo borde se mueve contra un borde estacionario o un material blando
Segadoras y cosechadoras de forraje, cosechadoras combinadas de granos partidos, picadoras de grano, sinfines de grano
Puntos
de choque
Dos objetos que se desplazan uno hacia otro, o un objeto que se desplaza hacia otro estacionario
Neumáticos/secciones delanteros y posteriores de tractores articulados, maquinaria acoplada, una mano atrapada debajo de una pieza de un equipo controlado hidráulicamente
Piezas
de rotación libre
Piezas de la maquinaria que continúan moviéndose después de haber terminado la transmisión, normalmente a partir de la rotación continua de las palas de la cuchilla o el ventilador
Cosechadoras de forraje, picadoras de forraje, segadoras rotativas, ensiladoras
Objetos arrojados
Los movimientos de picado, triturado, corte y lanzamiento de las máquinas. Algunos objetos pequeños como piedras, metal, vidrio, palos y plantas pueden introducirse y ser arrojados con gran fuerza
Segadoras rotativas, picadoras de forraje, cosechadoras combinadas con picadoras de paja y esparcidoras de abono
Energía almacenada
Energía guardada y liberada accidental o inesperadamente
Muelles de máquinas, sistemas hidráulicos, aire comprimido, sistemas eléctricos
Puntos calientes
Quemaduras de la piel al entrar en contacto con las piezas calientes de las máquinas
Silenciadores calientes, bloques motores, tuberías, líquidos (gasóleo, aceites, productos químicos)
Puntos
de
entrada
Puntos donde la máquina toma el material de la cosecha para su transformación posterior
Recolectoras y cosechadoras combinadas de maíz, picadoras de forraje, empacadoras de heno































































Las vibraciones de alta frecuencia, nocivas para el organismo, ocasionan el síndrome de la vibración mano-brazo (SVMB), una extendida enfermedad industrial que afecta a decenas de miles de trabajadores. Su síntoma más conocido es denominado “dedo blanco” (también dedo muerto, etc.) La enfermedad dificulta la circulación sanguínea, lo que provoca el blanqueamiento de los dedos y otras partes de la mano debido a un riego sanguíneo insuficiente. Al mismo tiempo, pueden presentarse lesiones nerviosas y musculares, dolor y rigidez en las manos y articulaciones de los dedos, la muñeca, el codo y el hombro.
El dedo blanco (inducido por vibración) es una afección inhabilitadora, no fatal, que afecta a personas que usan herramientas vibrátiles o participan en procesos en que quedan expuestos a la vibración mano-brazo por periodos prolongados. Sus efectos pueden escalonarse desde el dedo blanco a un blanqueamiento más severo y extenso, y pérdida del tacto, lo que interfiere con el normal desenvolvimiento del trabajo y las actividades sociales.

DESPIECE1
Guantes multi-uso
Por triste que resulte, hemos de admitir la indisolubilidad de trabajo y riesgo. Sin embargo, siempre pueden adoptarse diferentes actitudes, la resignada a cargar con lo que venga o, por el contrario, una actitud pro-activa enfocada a la prevención. Y la prevención en las tareas agrícolas pasa, entre otros muchos aspectos, por el cuidado de las manos.
No existe el guante universal (cada operación tiene unos modelos específicos), pero sí podemos recomendar un guante multi-uso, que será extremadamente útil en manipulaciones diversas (que entrañan riesgos mecánicos).
El guante multi-uso permite la prensión de cualquier tipo de herramienta de manera segura y efectiva durante su manipulación. De esta manera, las tijeras, alicates, destornilladores, cuchillos, tenazas, martillos... quedan sujetos al guante y el usuario ejerce el mínimo esfuerzo para manejar la herramienta.
El guante multi-uso incorpora en la palma unos accesorios elásticos en forma de bolsas. Cada una de estas bolsas puede recibir una parte del mango de la herramienta en cuestión, de modo que la misma queda perfectamente sujeta al guante, haciendo que su manipulación sea mucho más simple, rápida y segura.
Cabe subrayar que en el caso de que no se usen las bolsas, o accesorios retenedores, el guante adquiere una configuración de uso como guante convencional, sin que se noten en absoluto estas pequeñas bolsas.
El guante multi-uso convierte en una cuestión del pasado el riesgo que supone el desprendimiento y caída de herramientas. Resulta ideal para labores de poda de plantas o la recolección de toda clase de frutas (naranjas, limones, mandarinas, uvas, verduras). La especial configuración del guante multi-uso proporciona velocidad y seguridad en el trabajo, un asunto nada desdeñable pues, en última instancia, acabará afectando directamente al coste del producto. En diversos trabajos del campo, el usuario valorará el hecho de poder manipular con soltura cualquier elemento sin tener que desprenderse de su herramienta de trabajo, ya que ésta se mantiene siempre unida al guante.

DESPIECE2
No hay lesión pequeña
No nos vamos a referir en este apartado a graves lesiones de las manos por la obviedad de su significado, sino a las pequeñas lesiones, esas que parecen no tener importancia. Los micro-traumas en las manos revisten una gravedad que los agricultores pasan por alto. Por ejemplo, los cortes y las afecciones dérmicas no son un problema puntual, afectan a la salud de persona, pudiendo provocar lesiones incapacitantes y otras enfermedades graves cuya puerta de entrada en el organismo, desde el punto de vista toxico-cinético, fueron las manos. Y es que hay lesiones con un calado insondable, aunque parezcan pequeñas.
·El problema de los cortes
En un tiempo, la mayoría de los cortes sanará, pero las repercusiones se harán notar a corto y medio plazo. El trabajador tendrá que estar unos días de baja para que cure su mano (repercusión económica). La lesión también supondrá unos gastos económicos y en tiempo de gestión, etc.
Los agricultores que sufren cortes menores y heridas en las manos pueden afrontar una serie de problemas como infección, daño de estructuras subcutáneas, irritación severa y cicatrices. Los cortes severos y los defectos leves del tejido pueden requerir la implantación de injertos, dejando cicatrices e, incluso, rigidez y falta de movilidad en la mano, lo que merma irreversiblemente la capacidad laboral del trabajador. Las infecciones pueden extenderse, mostrando inicialmente sólo leves indicios de un problema más grave. Los síntomas de alarma son fiebre, escalofríos o progresivo empeoramiento de la rojez, dolor o inflamación de la mano. Si el corte produjo daños en los nervios, puede que no haya recuperación, por lo que la pérdida de sensibilidad táctil, fuerza de la mano y movimiento ya no volverán a ser nunca lo que fueron, dejando al trabajador incapacitado para desempeñar su trabajo.
·Urticaria
Sin revestir la gravedad de una dermatitis profesional, que tiene carácter crónico, los trabajadores del sector agrícola pueden contraer urticarias, dermatosis que aparecen en los minutos siguientes al contacto con el agente sensibilizante responsable. La urticaria más frecuente en la vida cotidiana del agricultor se debe al contacto con las ortigas, que son las que dan el nombre a la afección. Los principales agentes sensibilizantes son las proteínas de origen vegetal (harina, plantas, legumbres...), animal (carne, piel...), productos químicos, etc.
La urticaria se presenta en forma de placas eritematosas  (rojas), edematosas (inflamadas), de tamaño variable, con prurito, sin descamación ni costra. Las lesiones se localizan en la zona de contacto, pudiendo extenderse y verse acompañadas de otros síntomas (algunos graves).
Una urticaria momentánea puede acabar convirtiéndose en una enfermedad profesional invalidante. Se dice que no existe el enemigo pequeño. Tampoco existe la lesión pequeña. Muchas personas que no han seguido ese sencillo principio se han visto privadas de su capacidad manual, lo que significa no poder trabajar y, en ciertos entornos, literalmente morirse de hambre o depender de la beneficencia.
·Onicomicosis
Por desgracia, constituye un problema de salud que afecta a un elevado porcentaje de trabajadores de todos los sectores, pero que, paradójicamente, parece formar parte de los extraños tributos de ganarse el pan, actividad en que los agricultores invierten no sólo sangre y sudor, sino también la agresión insensata a su mejor herramienta de trabajo, a la que castigan ajándola con suciedad, o lavados agresivos, erosiones, cortes, callosidades, urticarias, dermatitis, inclemencias climáticas. Ese es el caldo de cultivo perfecto para la aparición de una dolencia añadida a un cuadro desolador, la infección de las uñas.
En el decálogo de las manos sanas, uno de los mandatos fundamentales será combatir la onicomicosis, o infección de las uñas de las manos (también de los pies) por efecto de los hongos. Esta afección oportunista tiene mayor incidencia a medida que aumenta la edad. La multiplicación de los hongos encuentra su medio idóneo en ambientes húmedos y cálidos (interior del guante) o si el trabajo requiere un contacto directo y frecuente con el agua. La onicomicosis, que se transmite de individuo a individuo, cursa con molestias iniciales, picor y un cambio estético progresivo del estado de las uñas. Cuando la afección está avanzada, las uñas cambian ostensiblemente su aspecto y forma. La infección en la punta de los dedos puede llegar a ser dolorosa y provocar la propia caída de la uña, que antes se habrá mostrado frágil y quebradiza. La onicomicosis tiene un tratamiento complicado, largo y pesado, por lo que la mejor profilaxis será prevenir su aparición. Tratemos de imaginar cómo se defenderá en el campo un agricultor que haya desarrollado onicomicosis y sienta una insufrible comezón en la punta de los dedos cuando deba, por ejemplo, utilizar su tractor o manejar los aperos de labranza.

© Manuel Domene Cintas. Periodista.