lunes, 27 de julio de 2015

Desintoxicación digital

Después de hablar en un post reciente de la “Intoxicación digital”, toca hablar ahora de su antítesis. ¿Qué se entiende por desintoxicación digital?
Lo primero que sorprende es que –aun pareciéndolo- no hablamos de nada nuevo. Basta escribir el concepto en un ‘buscador’ para que Internet nos devuelva miles de resultados. Desintoxicación digital es liberarse de la adicción tecnológica que crean dispositivos como smartphones y tabletas, llegando a afectar –alterándolo- nuestro comportamiento social.

Quizás sea necesario recuperar algunas costumbres 'analógicas'

Pasamos demasiado tiempo en internet, y muchas personas confiesan abiertamente su 
preferencia por las relaciones digitales en detrimento de las interpersonales. Basta salir a la calle para ver el panorama de ‘yonquis del móvil’ que se nos ha instalado con carácter de epidemia. No en vano, habla de ello la OMS, y los psicólogos clínicos dan la voz de alarma. La OMS define la “adicción como una enfermedad que crea dependencia”. La adicción a las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) es hacer un uso compulsivo, repetitivo y prolongado con incapacidad para controlar o interrumpir su consumo y con consecuencias sobre la salud, la vida social, familiar, escolar o laboral.

‘Digital detox’
El uso de neologismos extranjeros no es gratuito, sino la constatación de que –por suerte- en otros lugares del planeta ya han descubierto el problema y se han puesto a hacerle frente, siendo un paso lógico el empezar por ponerle identidad. 
‘Enclaustramientos’ temporales practicando la meditación –obviamente desprovistos de los aparatitos de la discordia- o carísimos tratamientos clínicos para casos extremos son las soluciones al uso para la ‘digital detox’
 Los expertos definen llanamente la desintoxicación digital (digital detox) como “desenchufar a las personas de sus smartphones y volver a conectarlos con la vida real”. El repertorio de recursos para frenar la adicción digital es amplio: técnicas de meditación, yoga, retiros espirituales, ingreso en clínicas, análisis grupales o individuales… Pero, el éxito depende de un abordaje serio y metódico.
El primer paso obligado es la consulta con un especialista o unidad especializada para la evaluación y toma de conciencia del problema, reconociendo la existencia del mismo. Sin esta condición, cualquier otra actividad está abocada al fracaso. Como en cualquier proceso adictivo, hay que seguir un tratamiento centrado en el cambio de hábitos y actitudes y el control de los impulsos. En definitiva, el objetivo principal del tratamiento es recobrar el control y la capacidad de decisión, conseguir una modificación de la conducta; es decir rescatarnos del mundo digital y –si es necesario para nuestra salud laboral y social- devolvernos al mundo analógico, que imperaba hace sólo 20 años.

Volver a ser ‘analógicos’
Sabemos que la tecnología digital ha defenestrado a la analógica, que consideramos obsoleta e imposible para los tiempos modernos. Sin embargo, en términos de salud laboral, volver a lo analógico –hasta cierto punto- puede ayudar.
La recuperación de los adictos digitales ya es un campo literario donde se mezclan terapias con las ‘aportaciones’ de servicios especializados. ‘Enclaustramientos’ temporales practicando la meditación –obviamente desprovistos de los aparatitos de la discordia- o carísimos tratamientos clínicos para casos extremos son las soluciones al uso.
Sin embargo, en este post seré drástico –quizás pueda permitírmelo por no ser tecnológico-dependiente. La terapia definitiva pasa por hacer un ‘mutis digital’ total. Probemos a apagar el móvil; las vacaciones inminentes para muchos serán la excusa y el acicate perfecto. Una vez apagado ese ‘tirano’ a baterías, atrevámonos a volver a ser analógicos y, aún más importante, a gozar con lo analógico. ¿Se acuerda del inexplicable encanto que tenía escribir cartas manuscritas a su novia/o y depositarlas en un buzón, o haber de desplazarse al único locutorio público de su lugar de veraneo para “poner una conferencia”, y hablar unos minutos con ella/él? Era toda una ‘aventura analógica’ que nos permitía saborear la vida en su dimensión real.
Hasta ayer nos vendían lo de “establecimiento con zona wi-fi” como un valor añadido. Hoy ya proliferan los ‘hoteles detox’, cuyo público encanto está en que no tienen internet, ni nada que se le parezca. Y mañana, igual que pasa con la ‘zonas libres de humo’, empezaremos a encontrar carteles del estilo de ‘zona libre de wi-fis’.
Mejor eso que ver un padre desnaturalizado –adicto tecnológico- que prefirió hacer un video (con Smartphone) del nacimiento de su hijo en el coche, a echar una mano a su mujer en el trance, y dar la bienvenida a su hijo a este mundo digital con un ‘abrazo analógico’; es decir, con todo el calor de la humanidad, y no con un frío y distante vídeo.

Advierto que las imágenes no son aptas para todas las sensibilidades. ¡Disfrute de sus vacaciones y, sobre todo, desintoxíquese de este ‘empacho digital’ que nos han impuesto!