lunes, 8 de abril de 2013

El sector pesquero de Chile es el de mayor siniestralidad del país

(PL 74) TRABAJO y SALUD. TS-ChilePesca.doc. Manuel Domene. Palabras: 3.240 

La tasa de accidentes laborales de la pesca,
que es del 8,8%, supera en varios puntos la tasa media de Chile


Entre los 14 sectores de actividad más importantes de la economía chilena, la pesca ostenta el triste récord de ser la actividad con la tasa de siniestralidad más alta, que se situó en el 8,82% en 2012, cuando la media no llega al 5%.
Es evidente que las condiciones a bordo han mejorado mucho en sólo medio siglo; sin embargo, los trabajadores del sector pesquero chileno –como el resto de flotas pesqueras- se enfrentan a un medio hostil, en un centro de trabajo inestable –cuando no caótico (cubierta en plena faena)-, con ruido elevado, jornadas de trabajo extenuantes y riesgos de origen diverso que ponen en jaque su salud, su integridad física, o ambas.

Las soluciones se han de buscar en el ámbito de la organización del trabajo y una ‘ergonomía fina’, según la cual es el entorno el que debe adaptarse al trabajador, y nunca a la inversa. Este artículo aporta algunos aspectos de la prevención básica en barcos pesqueros.

Chile, potencia pesquera
La alta productividad del ecosistema marino que rodea a Chile ha propiciado que el país andino se encuentre entre las primeras potencias pesqueras del mundo, con un desarrollo paralelo de la acuicultura. En 2008, el desembarque pesquero y cosecha de acuicultura alcanzó los 4,8 millones de toneladas. La actividad pesquera y la acuicultura emplean a 148.000 personas, distribuidas en pesca artesanal (74.000), operarios de plantas de elaboración (42.000), operación y administración de la flota (6.000), centros de cultivo (26.000). Destaca la ocupación femenina en este sector, que llega al 40% en las plantas de elaboración. La pesca industrial se inició en los años 50 del siglo pasado, con barcos de madera de 40 a 50 toneladas. Actualmente, más del 80% de las capturas tiene como destino la exportación.

El cerco es una de las modalidades de pesca. Foto gentileza de la Sociedad Nacional de Pesca (SONAPESCA)

Pesca: sector de riesgo
Existe una diversidad de factores que pueden influir directamente en la salud e integridad física del marinero, y que  están presentes en las flotas de pesca pese a la modernización que ha experimentado esta actividad en las últimas décadas. Como regla general, pueden establecerse distintos factores, atendiendo a la clasificación de Vuksanovic y Goethe:
-Cambios macroclimáticos y microclima del buque.
-Los movimientos del buque, que además de provocar cinetosis (trastorno debido al movimiento) en el 95% de los marinos en alguna ocasión, pueden constituir un factor de estrés.
-Ruidos y vibraciones a bordo, contaminantes físicos del medio ambiente laboral y de los espacios habitables, que entre otras consideraciones pueden incrementar la carga físico-psíquica, originando una reducción considerable de la capacidad de recuperación.
-Jornada de trabajo que es dura y prolongada, especialmente en los buques pesqueros (no es extraño que, para algún tipo de capturas, se trabaje a destajo).
-Factores psico-sociales. Ineludiblemente, el marinero o pescador forma parte de un grupo humano reducido que se aísla en alta mar, sufriendo además un gran desarraigo familiar y social. Estas circunstancias se dan con una mayor  intensidad en las tripulaciones de buques pesqueros.
-Desórdenes nutricionales. Frente al hambre y la desnutrición consustanciales al oficio de marinero en siglos pasados, en la actualidad, el problema suele ser la sobrealimentación, así como el abuso de alcohol, café, o cualesquiera otras sustancias con potencial nocivo. A ello hay que añadir la falta de ejercicio, circunstancia compatible con el trabajo –generalmente duro- del personal enrolado en barcos pesqueros.
-Carencia de médico a bordo, lo que dificulta la atención sanitaria directa. De ahí la importancia de la formación de los marineros en técnicas de primeros auxilios, y otros medios auxiliares, gracias al avance de las comunicaciones, como es el caso del tele-diagnóstico.
Ateniéndonos a la CIE (Clasificación Internacional de Enfermedades) podemos hacer una lista no exhaustiva, en la que aparecen afecciones como: enfermedades digestivas, lesiones e intoxicaciones, trastornos musculo-esqueléticos y del tejido conectivo, enfermedades respiratorias, enfermedades dermatológicas, infecciosas, parasitarias, mentales… Las lesiones e intoxicaciones, enfermedades digestivas, enfermedades respiratorias y enfermedades musculo-esqueléticas suponen un 70% del total. Y, en definitiva, la amplitud de dolencias a bordo en nada difiere a las que puede padecer cualquier trabajador en tierra, con el agravante que supone el aislamiento de la embarcación en el océano.

Riesgos de la Pesca de Cerco (lista no exhaustiva)
RIESGO
MEDIDA PREVENTIVA
Caídas al mar
Por el arrastre de la red
en su salida
·Mientras se lleva a cabo esta operación hay que situarse en un lugar adecuado de la cubierta, alejado de la trayectoria de la red
Caídas al mar
de los marineros mientras ejecutan maniobras
en el bote auxiliar
·Llevar puesto el chaleco salvavidas
·El bote debe disponer de uno o más flotadores salvavidas con señalización luminosa
·Tiene que haber una buena comunicación con el barco
Golpes, aplastamientos
y caídas al mar durante
la izada y la arriada
de los botes auxiliares
·Utilizar botas de protección con suela anti-deslizante, guantes de maniobra, ropa de agua de color visible y llevar puesto el chaleco salvavidas
Golpes, aplastamientos
y heridas durante
la recogida de la jareta
·Mantenerse en una posición segura y utilizar casco durante esta operación
Quemaduras y heridas
al manipular las ampollas de vidrio de las lámparas de incandescencia
·Efectuar dicha manipulación con precaución.
Las lámparas de incandescencia tienen que llevar las protecciones necesarias
Iluminación deficiente
·Disponer de buena iluminación en la cubierta durante los trabajos. Ésta no tiene que deslumbrar ni interferir en la efectividad de las luces de navegación

Algunas patologías específicas del pescador
Sin duda, la mano, principal ‘herramienta’ de trabajo del operario pesquero, constituye el órgano diana de las lesiones y múltiples afecciones. Entre las patologías específicas se encuentran:
-Infecciones de dedos y manos
En forma de micro-lesiones o lesiones más severas, esta problemática se debe, por lo general, a pinchazos (alambres, espinas de pescado,...), y posterior contaminación por bacterias del propio pescado o de los objetos manipulados. La bibliografía de SEMM nos recuerda que “son frecuentes los panadizos (infección alrededor de la uña), la infección del espacio palmar, las linfangitis y los ‘forúnculos de agua salada’. Estos últimos surgen como consecuencia del roce de los puños de los impermeables de los pescadores con la piel de la muñeca y dorso de la mano, de tal manera que al estar impregnados por la arena y partículas diversas que hay en las redes, se producen pequeñas abrasiones cutáneas que se convierten en diminutas vesículas sépticas dolorosas que  en algunos casos  pueden evolucionar a verdaderos abscesos” (1).
La higiene es la única alternativa para la salud de las manos. Siempre se procurará el lavado de manos con agua y jabón de tipo neutro, así como realizar el secado de la piel con toalla o papel absorbente suave
-Tendosinovitis de la muñeca de los pescadores
Aparece como consecuencia de los movimientos repetitivos de la articulación de la muñeca durante la faena de pesca. Es típica de la labor de destripar el pescado durante largos periodos de tiempo.
-Conjuntivitis de los pescadores
Son típicas las inflamaciones agudas conjuntivales provocadas por el jugo de vegetales marinos que ascienden con la red y contienen minúsculas partículas silíceas, responsables de la afección ocular. Las conjuntivas se enrojecen e inflaman, presentando un aspecto escamoso (vesículas), que cursa con dolor.
 
Las salas de despiece de preparación de las capturas no están exentas de riesgos

Dramatizar las dermatitis
El pescador se enfrenta a múltiples problemas dermo-alérgicos por contacto, picaduras, etc. La mayoría de los productos irritantes son sustancias químicas que se clasifican como irritantes inmediatos o acumulativos. Los irritantes acumulativos son de naturaleza insidiosa, y el trabajador no suele reconocerlos como agentes nocivos porque la lesión tarda en aparecer días, semanas o meses. El simple contacto con las redes puede desencadenar este proceso. La dermatitis empezará en la mano, pero puede extenderse a los brazos, la cara y todo el cuerpo.
La seguridad, salud y la higiene de las manos no tienen alternativa, o si la tienen, ésta es más que lamentable y se manifiesta en forma de enfermedades... y su consiguiente corolario, la discapacidad. Por eso, la dermatosis no es una cuestión menor. Las dermatosis de contacto eccematosas, agudas o crónicas, son las más comunes. Pueden presentarse lesiones granulomatosas ulcerativas, neoplásicas, pigmentarias, acneiformes o foliculares, y trastornos como el síndrome de Raynaud y la urticaria de contacto. Creemos que basta con destacar aquí las más ‘benignas’ de las afecciones: dermatitis profesionales de contacto y onicomicosis, que puede conducir a una distrofia ungueal (atrofia de la uña).
La dermatitis, que es consecuencia de unas condiciones insalubres para la mano, tiene un aspecto y consecuencias desagradables. Los síntomas de la dermatitis profesional incluyen el enrojecimiento de manos y antebrazos, picor, aparición y propagación de ampollas, pudiéndose llegar al agrietado y sangrado de la piel, con el consiguiente riesgo de infecciones cutáneas.
En una mano debilitada aparecerán otras afecciones oportunistas, por ejemplo, la onicomicosis (infección fúngica de las uñas), que constituye otro problema de salud de las manos expuestas a productos químicos.
En el decálogo de las manos sanas, uno de los mandatos fundamentales será combatir la onicomicosis, enfermedad que se transmite de individuo a individuo, cursa con molestias iniciales, picor y un cambio estético progresivo del estado de las uñas. Cuando la afección está avanzada, las uñas cambian ostensiblemente su aspecto y forma. La infección en la punta de los dedos puede llegar a ser dolorosa y provocar la propia caída de la uña, que antes se habrá mostrado frágil y quebradiza. La onicomicosis tiene un tratamiento complicado, largo y pesado.
Otra dolencia oportunista puede ser la paroniquia, o inflamación del pliegue ungueal. La paroniquia aguda es un trastorno supurativo agudo que requiere tratamiento antibiótico y, a veces, tratamiento quirúrgico.
Prevenir o lamentar: ¿cómo abordará su cometido un trabajador que precisa destreza manual al manejar las redes o las artes de pesca, en una superficie de trabajo inestable por el oleaje, mientras experimenta una insufrible comezón en la punta de sus dedos ‘devorados’ por una agresión química que no supo frenar en su momento? No hallamos respuesta para una situación tan lamentable, y nos remitimos a la prevención como único medio de evitar situaciones tan incapacitantes como dolorosas (física, pero también socialmente, por un probable rechazo social).

La higiene, capital
La higiene es la única alternativa para la salud de las manos. Siempre se procurará el lavado de manos con agua y jabón de tipo neutro, así como realizar el secado de la piel con toalla o papel absorbente suave. También es recomendable el empleo de cremas de protección, ya sean activas, pasivas,  con silicona o sin silicona, según convenga. Las activas contienen sustancias quelantes como el ácido ascórbico, ácido tartárico, glicina, pirosulfato sódico, cloruro de bario, cisteína, etc., que actúan sobre la sustancia, antes de entrar en contacto con la piel. Las pasivas son las cremas ‘barrera’, que están disponibles con silicona o sin ella.
El empleo de guantes es preceptivo en todas aquellas operaciones que lo permitan. Aunque, para preservar la salud de las manos, es preciso observar unas sencillas normas sobre el uso de los guantes y la higiene personal. La buena práctica en este sentido consiste en descartar los guantes que se encuentren demasiado viejos o gastados, comprobar que no tienen defectos antes del uso, y no compartir los guantes, ya que con ello el campo de cultivo de bacterias y gérmenes que es el interior de un guante estará circulando por la comunidad de trabajadores y causando el contagio de afecciones de la piel. Por ello, será conveniente lavarse las manos antes de ponerse los guantes, curar y cubrir cortes y abrasiones y, en ningún caso, ignorar los signos de irritación o de erupción en la piel. Las enfermedades de la piel, tales como la dermatitis, nos pueden incapacitar y son la causa de la pérdida de cientos de miles de horas de trabajo cada año.
El guante que no se utiliza no sirve para nada. De haberlo pensado a tiempo, muchos trabajadores manuales no se habrían visto aquejados de discapacidad en sus manos. Con el fin de evitar muchos problemas de salud para los que no hay vuelta atrás, y que tengamos nuestros guantes siempre a mano evitando la pérdida de productividad, pueden emplearse los ‘Glove-Holder’ o porta-guantes), sencillos dispositivos para que el trabajador tenga siempre sus guantes a mano.

El nada desdeñable problema del ruido
No podemos cerrar este apartado sin referirnos al ruido. Los expertos entienden que “ruido es todo sonido que puede ser nocivo para la salud. En ese sentido, por ‘calidad acústica’ debe entenderse la calidad del ambiente en relación al ruido. Es obvio que los buques en general, y la sala de máquinas en particular producen una emisión sonora dañina, causando a medio o largo plazo hipoacusia (sordera).
La literatura médica está llena de evidencias de que el ruido puede provocar estrés, frustración y problemas psicológicos, además de reducir la productividad hasta en un veinte por ciento, especialmente en los lugares de trabajo ‘diáfanos’, es decir, sin mamparas fonoabsorbentes. Cuando el ruido puede interferir en la comunicación –vital en la cubierta de un pesquero, por ejemplo- este factor físico se convierte además en un factor de riesgo susceptible de provocar accidentes.
La lucha por la calidad de vida laboral -y la personal- a bordo de un pesquero pasa por reducir la contaminación sonora a niveles tolerables, o utilizar la debida protección acústica, que no habrá de ser necesariamente la misma en la sala de máquinas que en la cubierta. Junto a valores como la intensidad (presión sonora), los responsables de la seguridad y la salud a bordo deberán tener en cuenta los límites de exposición, que se fijan en 8 horas diarias (jornada laboral) o 40 horas semanales. Huelga decir que todo desfase que suponga superar los valores límite –que pueden variar según legislaciones- supone no sólo merma de la calidad de vida laboral, sino un problema de salud en ciernes.

A bordo, son frecuentes las caídas por el movimiento de cabeceo y balanceo del barco, la falta de orden y limpieza y las aberturas del suelo

Prevención de los riesgos y de la morbilidad a bordo
Los principios que deben regir la prevención de riegos a bordo son:
-Evitar los riesgos laborales. Para ello, se aplicarán medidas de prevención en la fase de diseño y construcción del buque; complementadas con medidas organizativas, de protección colectiva, de protección individual y de formación e información de los trabajadores del mar.
-Evaluar los riesgos que no se pueden evitar. Se detectarán así las condiciones peligrosas o factores de riesgo que se pueden producir a bordo. La evaluación de los riesgos tiene diferentes fases.
-Adaptar el trabajo a bordo al trabajador (ergonomía). Con este fin se tendrá en cuenta el diseño ergonómico de las tareas, equipos y entorno laboral; la regulación de los horarios de trabajo, así como la reducción de los factores que generan tanto estrés físico como psicosocial. Asimismo, se llevarán a cabo cuantas medidas organizativas sean posibles desde una perspectiva integral de mejora del entorno de trabajo.
-Practicar una prevención dinámica teniendo en cuenta la evolución de las tecnologías disponibles en los buques.
-Sustituir lo peligroso por lo que entraña poco o ningún riesgo.
-Planificar con coherencia la prevención, buscando un resultado que integre la técnica, la organización del trabajo a bordo, las condiciones de trabajo, las relaciones sociales entre los trabajadores y la influencia de los factores ambientales en el trabajo, contando, siempre, con la participación de los trabajadores.
-Dar preferencia a la prevención colectiva sobre la individual.
·Morbilidad a bordo
El siempre complejo cuidado de la salud y la asistencia sanitaria en alta mar debe contemplar los siguientes aspectos:
-Reconocimiento previo a embarque. Evitará que las personas de alto riesgo se embarquen.
-Formación sanitaria del marinero. Se trata de que el mayor número de miembros de la tripulación tengan formación en “Higiene Naval y Primeros Auxilios” o equivalente. Sólo en grandes buques factoría los trabajadores disponen de un médico entre la tripulación.
-Evacuación. Es deseable la existencia de apoyo sanitario ajeno al barco pesquero a través de soluciones varias: buque hospital, evacuación con medios aéreos, etc.
Sólo la protección (EPI + EPC) y la educación sanitaria de los trabajadores embarcados en pesqueros, junto con la aplicación de las medidas de seguridad adecuadas, conseguirán reducir unas elevadas tasas de morbilidad y siniestralidad laboral. Asimismo, es fundamental disfrutar de unas adecuadas condiciones de vida y trabajo a bordo, que constituirán la base de la prevención primaria en el sector de la pesca.

Bibliografía:
(1). SEMM. Sociedad Española de Medicina Marítima.

DESPIECE 1:
Siniestralidad laboral en Chile: reducción histórica en 2012
El pasado noviembre cayó a su mínimo histórico la tasa de accidentes del trabajo entre las empresas afiliadas a la ACHS (Asociación Chilena de Seguridad), situándose en un 4,74% para el periodo de los últimos 12 meses. Esta reducción supone haber evitado 10.300 accidentes, que habrían supuesto la pérdida de hasta 176.000 jornadas laborales, según datos de la OISS, Organización Iberoamericana de Seguridad Social. Entre las pymes, la cifra disminuyó a un 5,51%, lo que es calificado como un hito mayor, dadas las dificultades para hacer prevención en las pequeñas empresas.
Los sectores con mayor accidentalidad son la pesca, industria manufacturera, el transporte, la construcción y la agricultura. En todos ellos las tasas se encuentran por encima del 8%, cuando la tasa general se encuentra en el 6%. Las mayores tasas de mortalidad se producen en los sectores de la agricultura, la construcción, el transporte y la explotación de minas y canteras, donde prácticamente se multiplica por cinco la media (29,6 trabajadores muertos por cada 100.000, frente al 6,5 general).
Los datos de siniestralidad de la minería contrastan con la política preventiva que despliega ese sector. Según la ACHS “en el sector minero es bastante parejo el alto nivel de compromiso en seguridad laboral de todas las grandes compañías mineras, todas las cuales son muy proactivas en el tema de evitar los accidentes laborales tanto del personal propio como del personal de sus contratistas”.

DESPIECE 2:
Chile en el punto de mira de inversores y exportadores
La disminución de la demanda interna española debido a la recesión económica hace que muchas empresas vean en la exportación una salida, que, en muchos casos, se orienta hacia Iberoamérica por el vínculo de la lengua común.
Existen otros motivos para que los industriales españoles miren a Hispanoamérica. En la actualidad, América Latina se perfila como un área emergente, con buenas perspectivas de crecimiento a corto, medio y largo plazo. En un entorno favorable en el continente sudamericano, Chile es el país con mayor estabilidad económica, menos barreras arancelarias, y más incentivos a la inversión extranjera. Este país andino tiene suscritos 21 acuerdos de libre comercio. Por otra parte, España es el segundo país inversor en Chile, por detrás de Estado Unidos, lo que puede seguir acrecentando el flujo de capitales españoles por un simple efecto mimético y de oportunidad.
En cuanto a la seguridad laboral, Chile tiene una legislación madura, definida por la Ley 16.744 de 1968, que creó el seguro social obligatorio contra riesgos de accidentes del trabajo y enfermedades profesionales, siendo también de interés el Reglamento sobre Prevención de Riesgos Profesionales de 1969. 
Otro factor a considerar es la siniestralidad. Cada día 767 personas se accidentan en Chile, lo que constituye un buen motivo para el desembarco de los fabricantes españoles de EPI.

© Manuel Domene Cintas. Periodista.