miércoles, 24 de abril de 2013

Día 28 de abril: homenaje a las víctimas silenciosas de la no-prevención y la barbarie

(PL 75) LECCIONES PREVENTIVAS. LEPRV-RadiumGirls(esp).doc. Manuel Domene. Palabras: 926


Radium Girls: la tragedia de las chicas radiactivas

El 27 de octubre de 2013 se cumplirán 80 años de la muerte de Grace Fryer, una de las ‘Chicas del Radio’ (‘Radium Girls’) que pleiteó contra US Radium, la empresa que, con conocimiento de causa, permitió que sus trabajadoras manejasen una sustancia radiactiva, provocando fatales resultados. 
La Jornada del 28 de abril (Día mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo) es la ocasión perfecta para honrar a cuantos fueron a sus puestos con la honesta determinación de ganarse la vida y, paradójicamente, la perdieron por la ambición carente de escrúpulos de terceros.

Fryer fue la primera de las cinco conocidas como ‘Radium Girls’ que propició la unión de las víctimas para pleitear contra US Radium. Nunca se supo el número total de afectadas que, en la mayoría de los casos, murieron en el anonimato sin que nadie reivindicara su causa.

Víctimas del radio
Por fortuna el caso no quedó silenciado. Tras múltiples trabas judiciales, finalmente en 1928 se consiguió un acuerdo extra-judicial por el que las supervivientes del caso que habían presentado la demanda recibirían una indemnización de 10.000 dólares y un seguro médico que cubriría todos los gastos ocasionados por la enfermedad, además de una pensión vitalicia de 600 dólares mensuales. Dichas pensiones tuvieron tan corto recorrido como las vidas de las afectadas. Grace Fryer falleció en 1933, tres años después de que muriera la última de las “Radium Girls” que batallasen judicialmente junto a ella. El tesón –y una década de lucha- consiguieron que el Congreso de los Estados Unidos aprobase un proyecto de ley en el que se reconocía que todas las enfermedades laborales deberían ser indemnizadas.

Los primeros relojes con esfera iluminada
Grace Fryer trabajó en una fábrica que hizo los primeros relojes con esferas iluminadas. Estos relojes se pintaban con pintura radiactiva que utilizaba personal exclusivamente femenino. Para mantener tersa la punta de sus pinceles, las chicas pasaban las cerdas por sus labios. Grace y muchas de sus compañeras de trabajo tienen el triste mérito de haber sido los primeros registros estadounidenses de intoxicación industrial en los anales de la seguridad laboral moderna. El material radiactivo se almacenó en los cuerpos de las mujeres y casi todas murieron de envenenamiento por la radiación.

Los supervisores aconsejaban a las Radium Girls que mantuvieran tersas las puntas de sus pinceles de dibujo pasándolos entre los labios

Un sueldo atractivo
No todas las víctimas vieron reconocida su condición ni recibieron indemnizaciones. A los 15 años, en 1917, Katherine Schaub y su prima Irene Rudolf habían comenzado a trabajar en la línea de pintura de Radium Luminous Materials Corporation, de Orange (New Jersey). Ellas, al igual que la mayoría de las pintoras de esferas, eran mujeres jóvenes de familias relativamente acomodadas de clase trabajadora, en su mayoría hijas y esposas de trabajadores cualificados.
A diferencia de la imagen de las fábricas miserables, que tienen su paradigma en la fábrica incendiada por su dueño en 1910, Schaub describía el trabajo de pintura como interesante y de mayor categoría que cualquier otro trabajo fabril de la época. Las chicas ganaban entre 20 y 24 dólares por semana, cuando el salario medio de las mujeres de Nueva Jersey en ese momento era de unos 15 dólares.
Aunque el trabajo parecía agradable, las mujeres estaban expuestas diariamente a altos niveles de radiación nociva. Los estudios de pintura estaban tan llenos de polvo y residuos procedentes de la pintura con radio que la piel y el cabello de las mujeres brillaban cuando salían del trabajo. Además, con el fin de proporcionar más precisión a su pintura, se les instruyó para que mantuvieran tersas las puntas de sus pinceles de dibujo pasándolos entre los labios.
En 1922, después de trabajar de forma intermitente durante tres años, Rudolf desarrolló un dolor de muelas que degeneró rápidamente en una infección y el deterioro de toda la mandíbula. La enfermedad (necrosis) resultó fatal. El dentista que trató a la joven informó del caso al departamento de salud local, que a su vez lo puso en conocimiento del Departamento de Trabajo del Estado. Una investigación concluyó que el problema mandibular estaba asociado con la exposición al radio y, aunque el investigador estatal sugirió que se informara del peligro a las pintoras de esferas de reloj, el gobierno del estado guardó absoluto silencio.

Exposición a la radiación
US Radium Corporation  contrató a unas 70 mujeres para realizar diversas tareas, incluyendo la manipulación del radio. Los propietarios y científicos de la firma, familiarizados con los efectos nocivos del radio, evitaban escrupulosamente toda exposición a la sustancia. Los químicos de la planta usaban pantallas de plomo, máscaras y  pinzas. Se da la paradoja de que incluso US Radium había distribuido entre la comunidad médica literatura ‘ad hoc’ en la que se describían los efectos lesivos del radio.
Se estima que fueron contratados unos 4.000 trabajadores por diversas empresas en los EE.UU y Canadá para pintar las esferas del reloj con radio. Estos trabajadores mezclaban pegamento, agua y el polvo de radio para hacer la pintura fluorescente. Utilizaban cepillos de pelo de camello para aplicar la pintura brillante en los diales. La remuneración era de penique y medio por esfera pintada (lo que correspondería a unos 0,27 dólares en la actualidad), siendo la producción media de 250 esferas por trabajador y día.
Los pinceles se deformaban por la punta a las pocas pasadas de pintura, por lo que los supervisores de US Radium recomendaban a las operarias que les devolviesen la forma puntiaguda óptima para pintar pasándolos por los labios o usando la lengua. Por diversión, la chicas radiactivas también pintaron sus uñas, los dientes o la cara con la pintura letal producida en la fábrica, para refulgir en la oscuridad cuando se apagaba la luz. Muchas de las trabajadoras del radio enfermaron, sin que haya sido posible establecer cuántas murieron por su inopinada exposición a la radiación.

© Manuel Domene Cintas. Periodista