domingo, 19 de junio de 2011

Edificios saludables

(PL 67) EDITORIAL. Edito67.doc. Manuel Domene. Palabras: 567

Los prevencionistas saben muy bien que no sólo con EPIs se protege al trabajador. También influyen la organización del trabajo y el espacio de trabajo. ¿Cuántas veces hemos oído hablar del síndrome del edificio enfermo? Cuando un edificio está ‘enfermo’ las personas que lo habitan también sufren patologías por contagio. Ahora, que tanto se insiste en el aumento de la productividad, ¿es posible trabajar más –o mejor- en edificios que están mermando drásticamente nuestras capacidades físicas? La respuesta parece obvia. No podemos permitirnos el dudoso lujo de tener edificios donde la gente vaya a trabajar y enferme.

La CAI (Calidad Ambiental de Interiores) es una disciplina que está aquí, y ha prometido quedarse para enseñarnos muchas cosas, cosas que sabemos, pero no por sabidas, están bien gestionadas. Introduciremos el concepto CAI con un axioma, que además de serlo y, por tanto, no necesitar demostración, está sustentado por el sentido común: la desatención del mantenimiento preventivo (falso ahorro) acabará ocasionando un gasto –y otras consecuencias añadidas- en mantenimiento correctivo. Es decir, más vale prevenir que curar.

La actitud preventiva en la salud de los edificios y, por ende, de sus ocupantes, se sustancia a través de diversas políticas, entre éstas:

-La auditoría ambiental e higiénico-sanitaria de edificios. Su objetivo no será sino detectar inconformidades. Dicho de otro modo, detectar factores de riesgo asociados, entre otros, a la mala calidad del aire, a la contaminación por agentes físicos, químicos, biológicos y microbiológicos, a deficientes sistemas de limpieza y desinfección, y a carencias ergonómicas de todo tipo.

-La gestión ambiental e higiénico-sanitaria de los edificios. Su corpus temático es amplio, e incluye el análisis del aire y de superficies; estudio de iluminación, ruido y vibraciones; inspección, diagnóstico y descontaminación de los sistemas de climatización; diagnóstico del entorno electromagnético y de los factores ergonómicos; optimización energética, etc. Pero la lista es aún más larga, llamándonos la atención sobre otros requisitos, como: desinsectación-desratización, desinfección ambiental y de superficies, control de aves y otras plagas, prevención de la legionelosis (tratamiento de aguas de consumo humano).

No nos alarmemos. La CAI no es una nueva vuelta de tuerca de los prevencionistas a la sociedad del trabajo, ni una paranoia de hipocondríacos; es una forma integral de prevención de alcance muy superior a la prevención individual que ofrecen los EPI. Los principios de la CAI están refrendados por certámenes como el Salón de la Construcción, Construmat, que se está celebrando estos días en Barcelona, y apuesta por la innovación y la sostenibilidad, dos bazas para conseguir edificios tan eficientes como saludables.

Ya hemos visto la teoría de cómo conseguir edificios más saludables. Sin embargo, tiene poco sentido auditar el edificio sin antes haberle metido mano a fondo. Volviendo al más vale prevenir, diremos que el primer paso del edificio sano es la buena gestión de la instalación, lo que se conoce en medios profesionales como el ‘Facility Management’. Los expertos nos dicen que esta disciplina-servicio incluye muchas funciones, cuyo objetivo es ahorrar costes, mejorar la productividad y generar plusvalías… Con todo, nos parece que la mejor definición de ‘Facility Management’ es la de médico de cabecera de los edificios. Su función es vigilar (mantener) la salud de las instalaciones para conseguir edificios salubres, porque no puede haber trabajadores saludables en edificios enfermos, y la salud laboral es toda una plusvalía que enriquece a nuestra sociedad.

© Manuel Domene Cintas