miércoles, 7 de diciembre de 2016

Yo quiero ser feliz

En lo más profundo de nuestros pensamientos, escondida a todos –y casi a nosotros mismos- subyace una idea clave sintetizada en un “yo quiero ser feliz”. Conscientes o no, los seres humanos persiguen, a través de sus acciones, la felicidad. La pregunta obligatoria en nuestro contexto es: ¿puede contribuir el trabajo a darnos la ansiada felicidad? De forma indirecta, sí, siempre y  cuando gestionemos con eficacia nuestro tiempo. Hay un tiempo para todo, y todo tiene su tiempo. Iniciamos con este post una mini-serie sobre la gestión del tiempo, un bien escaso que no debemos desperdiciar.

Podemos mirar al futuro viviendo de otra manera… y ello es posible aprovechando mejor nuestro tiempo, uno de los más simples secretos de nuestra felicidad y la de los que nos rodean


Positivismo práctico
Ahora que venimos de las vacaciones –y siendo sinceros- todos hemos disfrutado del ‘dolce fare niente’. Y ha sido así porque sabíamos que el no hacer nada tenía fecha de caducidad. Seguramente vivir a perpetuidad sin darle un palo al agua acabaría por aburrirnos, u otras cosas peores.
Puesto que tenemos que trabajar, lo mejor es convertir el trabajo en nuestro aliado para la auto-realización y el crecimiento personal. Señalaremos dos motivos básicos que demuestran la correlación del binomio trabajo-felicidad.
-Las personas ocupadas son más felices. Una mente activa se blinda contra las emociones negativas, concluye un estudio de Christopher K. Hsee, de la Universidad de Chicago, publicado en la revista Psychological Science. En cambio, una mente ociosa tiene bastantes probabilidades de enredarse con la basura emocional y provocar pérdidas de tiempo, desgaste mental, conductas inadecuadas, etc. El permanecer ocioso para no malgastar energía, que es una herencia de nuestros antepasados, es nocivo en una sociedad tecnológica donde gozamos de un excedente de energía que necesitamos consumir. De ahí que Hsee recomiende un nivel de actividad constante (física o mental) para alcanzar la felicidad o, al menos, minimizar los sentimientos de infelicidad.
-El trabajo nos enseña a gestionar nuestro tiempo con mayor eficacia. Para algunas personas –afortunadas- el trabajo es en sí mismo una fuente de felicidad. Y para la inmensa mayoría restante, el trabajo es la condición necesaria para aprender a gestionar el tiempo con eficacia.
Aprovechar el tiempo aumentará nuestra eficiencia y productividad, pero, sobre todo, nos dejará un remanente que podremos destinar a hacer aquellas cosas que nos gustan, con las que disfrutamos o que no estamos haciendo en la actualidad. 


La vida cambia en un instante
Con demasiada frecuencia nos damos cuenta de lo mucho que podíamos haber hecho cuando la posibilidad de hacerlo se ha esfumado. Xavier Gragera, experto en ‘coaching’, insta a los asistentes a sus conferencias a aprovechar cada minuto del día. “No seas tú quien se pone límites. Ya serán las propias circunstancias las que impongan sus reglas. Atrévete a soñar y, por encima de todo, a hacer. Yo quiero ser feliz… y trabajando mejor voy a conseguirlo”, argumenta Gragera.
Otros argumentos de peso sobre el aprovechamiento del tiempo los ofrece la experiencia de Ric Elias, pasajero del vuelo 1549 de US Airways que amerizó sobre el río Hudson tras un accidentado despegue. Elias, profesional del marketing, sintetiza en una breve conferencia las “tres cosas que aprendí mientras mi avión se estrellaba”, que son:
-Todo puede cambiar en un instante. Luego, cada minuto hay que disfrutarlo porque puede ser el último.
-A lo largo de la vida se pierde mucho tiempo por culpa del ego. Decidió no volver a discutir con su pareja, afirmando que “entre tener razón y ser feliz, elijo ser feliz”.
-Morir no da miedo. “Es como si llevásemos toda la vida preparándonos para ello. Pero es muy triste, porque amamos la vida y queremos ver crecer a nuestros hijos”, dice Elias.
Puede que le suene a tópico, pero no concluiremos este post sin recordar que conviene vivir cada día como si fuera el último. Todos volamos hoy, pero no sabemos cuándo se estrellará nuestro avión (en sentido figurado). ¿Estamos siendo las mejores personas que podemos ser? ¿O, por el contrario, llevamos a cuestas un saldo negativo de los abrazos que debimos dar y no dimos, los días que pasamos enfadados, y los ‘te quiero’ que nunca dijimos?

Podemos mirar al futuro viviendo de otra manera… y ello es posible aprovechando mejor nuestro tiempo, uno de los más simples secretos de nuestra felicidad y la de los que nos rodean.