miércoles, 7 de diciembre de 2016

Drogas para mejorar el rendimiento, peligroso espejismo

Organismos solventes informan de un crecimiento sostenido en el consumo de sustancias dopantes, por razones no médicas, como potenciadores de la capacidad mental. El hábito se expande y normaliza entre estudiantes y ciertos grupos de trabajadores. En el contexto de una sociedad y entorno laboral más competitivos se prevé que el uso de estas ayudas químicas va a seguir creciendo, mientras sus efectos a largo plazo continúan siendo desconocidos.
Los  consumidores obtienen estas drogas por medios irregulares. El marketing y la disponibilidad de tales productos en internet ha cambiado la cultura de adquisición y consumo de sustancias: la apariencia de seguridad es frecuentemente una ficción que solo consigue evitar el estigma del sórdido trapicheo callejero de sustancias.


 La apariencia de seguridad obteniendo las drogas por Internet es frecuentemente una ficción que sólo consigue evitar el estigma del sórdido trapicheo callejero de sustancias


‘Inteligencia química’ (nootrópicos)
Por ser drogas cognitivas (se supone que mejorarían el metabolismo mental), reciben el nombre de nootrópicos (del griego nóos, que significa mente o intelecto. Nada que ver con un supuesto instituto impulsado por un ex miembro de la familia real española). Fue el psicólogo y químico rumano, Corneliu E. Giurgea, que sintetizó el Piracetam en 1964, quien acuñó también el término de nootrópico.
No es fácil componer un mapa de los dopantes cognitivos / potenciadores mentales. En cualquier caso, existen tres drogas farmacológicas principales que se emplean en el dopaje intelectual.
-Anfetaminas-estimulantes usados para el tratamiento del Síndrome de Hiperactividad y Déficit de Atención (SHDA) o la narcolepsia (trastorno relacionado con el sueño). Aumentan los niveles de dopamina, mejorando la atención (especialmente en el estudio) o provoca sentimientos eufóricos.
-Metilfenidato. Es un estimulante del sistema nervioso central empleado en el tratamiento del SHDA y la narcolepsia. Aumenta los niveles de los neutrotransmisores dopamina y neropinefrina.
-Modafinil / Armodafinil. Es otro estimulante del sistema nervioso central que potencia el estado de alerta. Se desconoce su mecanismo preciso de acción sobre el cerebro, aunque existe constancia de su interacción con neurotransmisores como la dopamina y la norepinefrina.
También son consumidas como mejoradores del rendimiento en el trabajo otras sustancias variadas:
-Drogas contra la demencia. Son conocidas generalmente como potenciadores cognitivos. Se ha especulado mucho sobre el potencial efecto cognitivo del Donepezil (Aricept), aunque el análisis sobre poblaciones sanas sugiere que no hay fundamento para tal suposición.
-Ampakinas. Tipo de compuestos que supuestamente sirven para mejorar la capacidad de concentración y el estado de alerta, lo que facilita el aprendizaje y la memoria (Lynch, 2004). Han sido investigados por el Ejército de Estados Unidos y se encuentran bajo investigación para uso médico. Algunas variantes tienen la consideración de sustancias nootrópicas.
-Inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina. Está sometido a debate su potencial efecto sobre el rendimiento laboral. La serotonina es un neurotransmisor responsable de los impulsos nerviosos, el humor, el placer y la capacidad para manejar el estrés. Ciertos medios entienden que esta clase de fármacos puede equilibrar las emociones y combatir la depresión.
-Melatonina de síntesis. Tomada como un suplemento para combatir el insomnio y restaurar los patrones del sueño saludable,  especialmente asociados a combatir el ‘jetlag’ o largas horas de trabajo.

‘Bajonazo’ y efectos secundarios
Las drogas cognitivas proporcionan un estímulo al sistema nervioso central. En general, pueden inducir un cierto grado de estado de alerta o la capacidad de concentración en una tarea, cuyos efectos y duración dependerán de la dosis y el periodo de tratamiento-consumo, aunque dichos parámetros siempre están sujetos a las diferencias individuales del consumidor.
Dado que el consumo de las sustancias susceptibles de mejorar el rendimiento escapa mayoritariamente a la prescripción y el consejo médico, las dosis están fuera también de cualquier supervisión. La tolerancia individual a las drogas crece habitualmente con el tiempo, lo que constituye un problema para los trabajadores que van aumentando sus dosis y, así, las posibilidades de efectos secundarios adversos y cronificación de la conducta adictiva. Ello sin citar el ‘bajonazo’ (cuando no síndrome de abstinencia) que puede provocar dejar de consumirlas
Aunque las drogas para aumentar el rendimiento concentran sus efectos en el área cognitiva, también tienen efectos físicos y emocionales que no deben menospreciarse: problemas cardiacos, reacciones dérmicas, eventos cardiacos, presión arterial elevada y arritmias, desórdenes psicóticos, etc.

Además, en el ámbito laboral, las sustancias dopantes podrían llegar a percibirse como la ‘solución’ a problemas organizativos o de gestión dentro de la organización, convirtiéndose en una alternativa a las medidas preventivas. Algo de todo punto descabellado.