martes, 6 de marzo de 2012

La vida es sueño (I)

(PL 63) RIESGOS EMERGENTES. RIEM-Sueño1.doc. Manuel Domene (4.731 palabras)
  
Con un enfoque diferente al de Calderón de la Barca, podemos asumir la sentencia de que “la vida es sueño” o, precisando aún más, decir que la calidad de vida depende de la calidad del sueño. Y así podemos inferir otros razonamientos en el campo laboral: ¿Depende la seguridad de la calidad del sueño? Rotundamente, sí. De hecho, existe una relación inversamente proporcional. Es decir, a menor calidad del sueño, mayor probabilidad de que se produzcan accidentes. Así pues, conviene que el mundo de la prevención sea consciente de la importancia que tiene el sueño, que ha sido declarado ‘problema de Estado’ en países de nuestro entorno. Y es que la vida es sueño e, 
indiscutiblemente, ¡el sueño es vida! El 19 de marzo ha quedado instituido como Día Mundial del Sueño.

La catalepsia es un ataque repentino e incontrolable de sueño, que puede ir acompañado de cataplejía (pérdida del tono muscular)

La mala calidad del sueño se perfila como un riesgo emergente en el ámbito preventivo. Prueba evidente de la gravedad del problema –que ha llevado a algunos países a ir tomando iniciativas- es que se haya instituido el 19 de marzo como el “Día mundial del Sueño”, que aboga por el sueño de calidad para “vivir plenamente despierto”.
La literatura médica documenta más de ochenta patologías del sueño, entre las que son prevalentes trastornos como el insomnio, apnea del sueño, turnos de trabajo rotatorios, síndrome de piernas inquietas, etc). En España, donde aproximadamente un 10% de la población sufre de insomnio crónico, y un porcentaje similar necesita medicación para dormir, se constata un incremento progresivo de los trastornos del sueño entre la población, trastornos que pueden derivarse de otros desórdenes (como la obesidad) y que producen manifestaciones como la apnea del sueño, que afectaría a un 6% de la población.
El Día Mundial del Sueño se instituye para recordarnos la importancia que tiene el sueño en la vida del ser humano. Simultáneamente, es una llamada de atención a la sociedad sobre los asuntos pendientes en este campo y que incluyen aspectos sanitarios, educación para la salud y seguridad vial. El Día Mundial del Sueño, organizado por la World Association of Sleep Medicine, está promovido en España por la Sociedad Española del Sueño.
El sueño (problema de ir mal dormido) no tiene una solución mecánica como la que podría administrar un EPI (imaginemos que existiera un casco, o algo más sutil: un parche para adherir a la piel, susceptibles de inhibir la somnolencia ¡Sin drogas, ni efectos indeseables!). Lamentable –o afortunadamente-, hoy el sueño no se puede combatir con el uso de los EPI. La manera más natural de combatirlo es durmiendo bien las preceptivas 8 horas de nuestro periodo de descanso.

¿Qué es el sueño?
El sueño es una actividad fisiológica agradable y reparadora. Las alteraciones del sueño, que se manifiestan en exceso o defecto, afectan negativamente a diversas funciones fisiológicas y psicológicas, lo que tiene consecuencias para el organismo. Así, la falta de descanso cursa, en el ámbito físico, con manifestaciones como el cansancio; en el ámbito emocional, con marcados cuadros de irritabilidad o irascibilidad; y en el ámbito psicológico con estados de dispersión mental y falta de concentración. Mayoritariamente, los trastornos del sueño aparecen en cuadros de morbilidad general, riesgo cardiovascular o diabetes. Por otra parte, la somnolencia excesiva es uno de los factores principales de accidentalidad y está vinculada a uno de cada cuatro siniestros en carretera.
Jorge Iriarte, investigador del Centro de Investigación Médica Aplicada (CIMA) y neuro-fisiólogo de la Clínica Universitaria de Navarra, apunta que “dormir es un proceso fisiológico necesario para el ser humano. No sabemos por qué ni para qué dormimos, pero sí sabemos las consecuencias de dormir poco o mal. Aunque no sepamos cómo, sabemos sus efectos: dormir es descansar, recuperar. Una de las torturas en campos de concentración era imposibilitar el sueño. De hecho, se ha demostrado que algunos animales mueren tras varios días sin dormir”.
El dormir es algo cíclico, que no siempre conseguimos. Dormir mal no mata pero sí deteriora las condiciones de vida en todas las edades. Influyen los factores psicológicos, físicos y ambientales. Las píldoras para el insomnio sólo atacan el síntoma, pero no la causa. La terapia pasa por descubrir la causa o causas y seguir pautas de conducta durante el día: organizar los horarios de comida con regularidad, evitar el café y las bebidas excitantes a partir de media tarde, hacer ejercicio físico ligero diariamente, pero no inmediatamente antes de acostarse. Evitar cenas copiosas o la ingesta de alcohol, dejando un intervalo de tiempo antes de acostarse. Evitar alimentos susceptibles de provocar ardor gástrico o excesiva diuresis, que pueden obligar a levantarse durante la noche. Es conveniente meterse en la cama sólo cuando empecemos a sentir sueño, no habrá en la habitación luz o ruido, estando ésta a temperatura moderada (ni frío ni calor). La estabilidad horaria (acostarse y levantarse a la misma hora) favorece el sueño.
En caso de insomnio, la auto-medicación es un grave error: como cualquier otra anomalía funcional, el trastorno del sueño requiere un diagnóstico para hallar la causa e instaurar el mejor tratamiento posible. Combatir los síntomas no supone acabar con el problema.
Por experiencia, sabemos que no todo el sueño es bueno. Durante el sueño nocturno (normal) alternamos dos estadios diferentes, que se conocen como sueño REM (abreviatura de ‘Rapid Eyes Movements’ – ‘Movimientos Rápidos de los Ojos’) y sueño no-REM (NREM), en ciclos de 90 a 120 minutos. Así, una noche normal consta de 4-5 ciclos, progresando el sueño ordenadamente desde la vigilia, a través de las cuatro etapas del sueño NREM, hasta el inicio del primer periodo REM.
Las fases del sueño NREM, que representa las dos terceras partes de todo el sueño son:
-Estadio 1 (5%). Sueño superficial o de adormecimiento. La actividad cerebral disminuye y los ojos se mueven lentamente, disminuyendo la frecuencia cardíaca y respiratoria. No obstante, es fácil despertar.
-Estadio 2 (50%). Sueño ligero, sin movimientos oculares y enlentecimiento de la frecuencia cardíaca.
-Estadio 3 y 4. Corresponden al sueño profundo y se caracterizan por frecuencias cardíaca y respiratoria muy lentas. Ausencia de sueños.
El sueño REM tiene su primer episodio a los 60-90 minutos del sueño. Durante este estado fisiológico el cerebro se activa eléctricamente con frecuencias similares al estado de vigilia, aumenta el flujo sanguíneo cerebral, el metabolismo y los movimientos de los ojos. Aparecen los sueños, que pueden ser muy vívidos y extraños.

Insomnio
De todos los desórdenes que afectan al sueño, el insomnio es el más común, además de ser complejo y difícil de tratar. Los expertos (clínicas del sueño) distinguen entre la dificultad para quedarse dormido, o conciliar el sueño y la dificultad para permanecer dormido. Las causas son diversas, destacando entre las más frecuentes:
-Conflictos emocionales como la ansiedad y la depresión.
-El repaso mental de los sucesos del día, o la preocupación acerca de lo que deberemos afrontar al día siguiente.
-Cuestiones fisiológicas como dolores corporales, hambre, frío, calor, tos,… cualquier situación que provoque incomodidad y que impedirá la conciliación del sueño o provocará una vigilia anticipada (y no deseada). En ocasiones, es el mismo temor al insomnio el que provoca la situación.
Ya hemos dicho que el uso de medicamentos de forma permanente no es la respuesta al insomnio. Además, las drogas y sedantes también pueden ser causa de insomnio. Y la droga más comúnmente usada –y la que más contribuye al insomnio- es la cafeína.
Las personas que sufren de insomnio en forma constante o frecuente, deben hacerse un examen médico completo, incluyendo una evaluación psiquiátrica, pues la mayor parte de los casos de insomnio se debe a factores psiquiátricos y psicológicos.
El trabajo también es causa de insomnio o, como titulaba un diario, “el trabajo quita el sueño a los españoles”. Se estima que hasta un 75% de la población activa duerme mal o descansa menos horas de las necesarias. Las jornadas de trabajo rígidas y prolongadas nos llevan a recortar las horas de sueño para poder dedicarlas a otros menesteres (ocio, familia, tareas domésticas). Según la Sociedad Española del Sueño (SES), más de la mitad de la población activa duerme menos de siete horas, cuando se debería dedicar un tercio del día a descansar. Otro 25% sufre trastornos del sueño.
Las consecuencias se acaban reflejando en la salud. “Una hora de sueño menos al día, -señala la SES- disminuye el rendimiento cognitivo, la memorización, el control de las emociones y causa alteraciones metabólicas, diabetes, obesidad y riesgo cardiovascular. En los niños y adolescentes se traduce en un déficit de rendimiento escolar”.
Y, además de restarnos horas de sueño, el trabajo también nos quita el sueño debido a los múltiples conflictos que acarrea en sí mismo: estrés, sobrecarga, o miedo a perderlo en una coyuntura, como la actual, de crisis económica.
Al hablar del insomnio habría que referirse a una modalidad que, por fortuna, sólo afecta en España a 40 pacientes, aunque no se descarta la existencia de casos aislados no diagnosticados o con diagnóstico erróneo. Nos referimos al Insomnio Letal Familiar. Se trata de una enfermedad rara (afecta a muy pocas personas), producida por una mutación genética. Es un síndrome tan extraño que sólo hay 97 casos documentados  en todo el mundo. De los 40 casos registrados en España, el 50% están localizados en el sur de Euskadi, donde la enfermedad viene transmitiéndose de padres a hijos desde el siglo XVII. Alucinaciones, visión doble, atrofia en las piernas, temblores, taquicardias, depresión profunda y pérdida de memoria son algunos de los síntomas que experimentan los enfermos de insomnio letal familiar. Durante siglos, los síntomas fueron confundidos con trastornos mentales. A raíz de la epidemia de las “vacas locas” se pudo comprobar la existencia del mismo gen en ambas patologías. Las autopsias revelaron alteraciones cerebrales similares en enfermos del mal de las vacas locas y enfermos del insomnio letal familiar. Como su nombre indica, el ILF acaba provocando la muerte por degeneración neurológica. Esta enfermedad se presenta entre los 50 y 60 años, de un día para otro los síntomas son devastadores. La persona no puede dormir, logra un estado de letargo que no permite descanso. El enfermo llega a un estado de agotamiento donde pierde la homeostasis (equilibrio interno), no puede hablar, ni caminar. Pero su mente es capaz de pensar y darse cuenta de lo que pasa a su alrededor. Después de ocho meses, la fase final del insomnio lleva a un coma profundo y sin retorno.
Nos hemos referido a este síndrome para ilustrar la gravedad de la privación del sueño, hecho conocido y que se ha utilizado como instrumento de tortura en la historia reciente.

Apnea del sueño
La Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica declaró 2006 año de la Apnea del Sueño con el fin de dar a conocer esta patología a la población general y mejorar su conocimiento en el colectivo sanitario. Se considera que en España hay entre 1.200.000 y 2.150.000 portadores de un síndrome relevante de apnea del sueño (SAS). Actualmente estarían diagnosticados y tratados entre el 5 y el 9% de esta población.
El SAS consiste en la aparición de episodios repetidos de pausas respiratorias (apneas) como consecuencia del colapso de la vía aérea superior durante el sueño. Este síndrome produce un aumento en la tensión arterial y, por tanto, favorece la aparición de arteriosclerosis, accidentes cerebro-vasculares, infarto de miocardio y empeoramiento de la función cardiaca. La calidad de vida de los pacientes con SAS puede verse muy afectada por la somnolencia que les puede llegar a incapacitar para la vida laboral y social. Asimismo, los pacientes con síndrome de apnea del sueño tienen un riesgo de siniestralidad en accidentes laborales y de tráfico superior a la población general (hasta 6 veces más que las personas sin SAS, proporción que sube hasta 10 veces más si se asocia con la ingesta de alcohol).
El perfil clínico clásico del paciente con apnea del sueño es el de un varón obeso, de edad media que ronca intensamente y se duerme con frecuencia durante el día, incluso conduciendo. En las mujeres se da con mayor frecuencia en la menopausia y el síntoma más relevante es la astenia.
Los médicos de familia juegan un papel fundamental en el manejo, cuidado y seguimiento de estos pacientes, puesto que es a quien primero acuden. Por ello, deben conocer bien las repercusiones la enfermedad y los criterios de derivación al especialista.

SPI (Síndrome de las Piernas Inquietas)
Más de cuatro millones de españoles sufren el Síndrome de Piernas Inquietas, otra patología del sueño que impide a quienes la padecen dormir las 7-8 horas necesarias, siendo su media de sólo tres horas. La causa son las molestias que sufren en las extremidades inferiores, que es lo que da el nombre al síndrome.
El SPI es una enfermedad neurológica crónica que afectaría al 2-4% de la población adulta española y se caracteriza por la aparición de pinchazos, hormigueos, inquietud, dolor, tirantez, sensación de que algo estuviese deslizándose sobre las piernas (insecto o animal pequeño), sensaciones distérmicas (quemazón, frío), lo que provoca la necesidad imperiosa de moverlas para aliviar momentáneamente las crisis.
Estas molestias suelen aparecer a última hora de la tarde o durante la noche, lo que desencadena un estado de inquietud y gran dificultad para conciliar el sueño, pudiendo dar lugar a situaciones de incapacidad temporal o permanente del paciente. El deterioro del sueño reparador suele desencadenar otras dolencias como son la depresión, la ansiedad, alteraciones cardiacas, hipertensión arterial e insuficiencia renal.
La Asociación Española de Síndrome de Piernas Inquietas (AESPI) advierte que “el alto grado de desconocimiento social sobre esta enfermedad determina que sólo el 5% de los pacientes esté diagnosticado. De ahí la importancia de realizar un diagnóstico temprano y un tratamiento correcto que prevenga la aparición o el agravamiento de esta enfermedad”.
Con independencia de la patología de base (frecuentemente genética y, por tanto, hereditaria), el SPI es causante de insomnio o, en el mejor de los casos, de un sueño interrumpido y poco reparador. Al respecto, AESPI señala que “aproximadamente el 80% de las personas con SPI realizan movimientos periódicos de las extremidades durante el sueño. Estas sacudidas se producen habitualmente con una frecuencia de 20 a 30 segundos durante la noche, causando, por lo general, continuas interrupciones del sueño.
Los síntomas del SPI afectan en gran medida a la calidad de vida de los pacientes. La privación crónica del sueño provoca cansancio y disminución de la capacidad de concentración durante el día. Esto influye enormemente, tanto en la vida profesional como familiar de estas personas, así como en su estado de ánimo”.
El síndrome de las piernas inquietas también se encuentra en la literatura médica asociado al de Acatisia, cuyo significado literal es incapacidad para estar quieto (inquietud motora). En este sentido, el SPI es una forma de acatisia.

Narcolepsia
Como decían los clásicos, “virtus in medio” (lo mejor, el término medio). El sueño puede convertirse en enfermedad ya sea por defecto (descanso deficitario) como por exceso (somnolencia y, en el caso extremo, narcolepsia). Entre los diferentes trastornos asociados al sueño, nada más peligroso en el puesto de trabajo que la narcolepsia. Conocida también como epilepsia del sueño, es un trastorno poco frecuente que se caracteriza por sus accesos de somnolencia súbitos e irresistibles durante el día.
Las implicaciones laborales de los trastornos del sueño han involucrado a las Mutuas en la lucha contra este desarreglo (que va camino de convertirse en pandemia). Ibermutuamur, en su revista BIP, número 53, incluye en la sección Tribunas Médicas, el artículo “Trastornos del sueño”. En el mismo se refiere también a la narcolepsia y, pese a que esta patología afectaría sólo al 0,06% de la población general, Ibermutuamur advierte que “es dos veces más común que la Esclerosis Múltiple y sólo un 50% menos frecuente que la Enfermedad de Parkinson). La enfermedad aparece en la adolescencia, entre los 15-30 años y, una vez instaurada, tiene un curso no progresivo, pero incurable. Presenta un factor genético (…). La sintomatología principal es la excesiva somnolencia diurna (100% de los pacientes) en forma de ataques sueño, inesperados e irresistibles, en situaciones de actividad, de duración variable (de minutos hasta una hora), repetidos y con efecto reparador. El inicio suele ser gradual. El 50% de los pacientes ha tenido episodios mientras conducía”.
·Cataplejía
La manifestación puede tener diferentes grados de severidad, siendo la más grave la que conocemos como cataplejía. Ésta afectaría al 70% de los pacientes narcolépticos. El artículo ya citado de la revista BIP explica que la cataplejía (o cataplexia) “consiste en la pérdida súbita y reversible del tono muscular, habitualmente parcial (musculatura de cara y cuello), de duración muy breve (<1 min), desencadenada por una emoción intensa (risa, llanto, ira) y sin compromiso de la consciencia ni de la respiración”.
Junto a la cataplejía, otras manifestaciones anormales del sueño REM son, según nos recuerda BIP:
-“La parálisis del sueño (25% de los pacientes). Se caracteriza por una súbita imposibilidad de realizar ningún movimiento en las transiciones entre el sueño y la vigilia, estando totalmente consciente y despierto.
-Alucinaciones del sueño (30% de los pacientes). Corresponden con terroríficas sensaciones visuales, auditivas o somáticas, muy vívidas y simples, de pocos minutos de duración, que se presentan en la transición sueño-vigilia o al despertar”.
La prueba diagnóstica de estos trastornos se hace mediante una polisomnografía nocturna. Pero, imaginemos las complicaciones que supone en la vida ordinaria esta enfermedad: ¿tratemos de imaginar cómo puede afrontar una jornada de trabajo una persona que, de forma reiterada e inevitable, se queda dormida?… (narcoléptica, catapléjica o cataléptica), ‘palabros’ que definen esta patología.
Después de haber hecho un somero repaso de las patologías del sueño más comunes, nos referiremos a la modificación de los ritmos biológicos del sueño, que inducen trastornos de sueño y, según se presume, pueden ser agentes catalizadores de otras dolencias. En este apartado influye notablemente el estilo de vida de cada persona y, por motivos laborales, la causa de alteración del sueño más frecuente es el trabajo durante la noche y el trabajo por turnos (turnicidad).

Alteración del ritmo del sueño
En el sueño influyen las patologías, pero también los estilos de vida de las personas y las formas de organización del trabajo. Veamos algunas conclusiones al respecto:
·Trabajo nocturno y cáncer
No es herejía científica ni aberración alarmista establecer vínculos causa-efecto entre trabajo nocturno y cáncer. Aunque la idea ha venido siendo rechazada, finalmente, la Agencia Internacional de Investigaciones de Cáncer (IARC), ha concluido que el trabajo nocturno y el trabajo en horarios irregulares (cambio de turnos) pueden catalogarse entre los agentes “probablemente cancerígenos”, equiparándolos a riesgos indiscutibles, de la misma naturaleza, como la radiación ultravioleta, o los gases y micro-partículas generados por los motores diesel. El problema tiene unas proporciones abrumadoras, ya que, actualmente, en torno al 20% de la población laboral de los países desarrollados trabajaría de noche.
El primer antecedente conocido de esta hipótesis se remonta a 1987, cuando el epidemiólogo de cáncer, Richard Stevens, publicó una ponencia sugiriendo un vínculo entre la luz en la noche y el cáncer de mama. Según los científicos, el problema radica en que el trabajo nocturno interfiere con el reloj biológico del cuerpo humano. Precisamente, la melatonina, hormona que impide la creación de tumores, se produce normalmente durante la noche, por lo que interrumpir este proceso supone un debilitamiento de nuestro sistema inmunitario y de defensas. O, dicho de otro modo, cuanto más bajo es el nivel de dicha hormona, mayor posibilidad de desarrollar cáncer. A esta probabilidad hay que añadir otros riesgos, conductas de riesgo, exposiciones, etc. del sujeto.
Por supuesto, que detrás de un problema de salud suele haber un agregado o cóctel de causas (incluyendo los factores personales del individuo), y que la nocturnidad y el trabajo por turnos –que podríamos sintetizar en el neologismo “nocturnicidad”- por sí solos deben tener un efecto cancerígeno moderado. Sin embargo, existen evidencias para recelar, pues el cáncer de mama aumentó repentinamente a comienzos de los años 30 del siglo pasado en las sociedades industrializadas con la intensificación del trabajo nocturno. Más recientemente, otros estudios han hallado que las mujeres que trabajan de noche son más propensas al cáncer de seno, y que los animales que se someten a pruebas en las que los períodos de luz y oscuridad se alteran artificialmente desarrollan más tumores cancerosos y mueren más jóvenes.
En 2007, Schwartzbaum, Ahlbom y Feychting, publicaron el estudio “Cohort Study of Cancer Risk among Male and Female Shift Workers” (Estudio de cohorte del riesgo de cáncer en trabajadores y trabajadoras a turnos), que se suma a la hipótesis de que la melatonina, hormona que inhibe los cánceres inducidos de forma experimental, es suprimida por la exposición a luz durante la noche. De esta manera, los trabajadores nocturnos podrían estar expuestos a un riesgo mayor de desarrollar cáncer.
·Turnicidad
En la revista “Por Experiencia”, de ISTAS, podemos leer que “bajos niveles de serotonina explican la fatiga y alteraciones del sueño de los trabajadores a turnos”.
Comparando los niveles de serotonina de trabajadores de jornada diurna y trabajadores con turnos rotativos, se ha demostrado (revista Sleep) que los trabajadores a turnos tienen bajos niveles de serotonina, una sustancia presente en nuestro sistema nervioso y que regula los patrones de sueño y vigilia.
Vemos pues que interferir en la biología del sueño supone modificar la bioquímica del organismo, creando déficits que pueden conducir a la aparición de enfermedades.

Los riesgos del déficit de sueño
Según la estadística, los españoles duermen una media ligeramente superior a las 7 horas diarias, aunque casi un 40% considera que no ha descansado lo suficiente cuando se levanta. Entre los peor dormidos se encuentran canarios, catalanes y madrileños (tasa del 30% con problemas relacionados con el sueño). Las comunidades con mayor calidad del sueño de la población son Aragón y Galicia.
¿En qué nos afecta no dormir lo suficiente? Los investigadores aseguran que un descanso insuficiente acarrea problemas de salud, problemas laborales, y también sociales. Al dormir se segregan hormonas importantes como la del crecimiento, o la de la saciedad. Así, quienes duermen menos tiempo del requerido, producen menos hormona de la saciedad, por lo que no tienen el estímulo que les indica que hay que dejar de comer, y comen más de lo necesario. Ello produce un sobrepeso, aumentando la posibilidad de desarrollar hipertensión arterial, o trastornos metabólicos como la diabetes.
Laboralmente, el trabajador que ha dormido mal carece de energía y comete errores. El sueño nos brinda la posibilidad de consolidar la memoria. Es un mecanismo parecido al de los ordenadores, que necesitan reiniciarse después de instalar un programa. Junto con un menor rendimiento, hay también una mayor probabilidad de tener un accidente. A finales de enero, en un reportaje acerca de la “Nueva ciencia del sueño”, Time publicaba los últimos hallazgos en torno a tan necesaria función. Entre éstos, que conducir con sueño equivale a tener un nivel de alcoholemia de 0,08, una condición que se sanciona en el caso de la alcoholemia, pero que no se detecta en su forma de somnolencia. Por si ello fuera poco, dormir menos hará que el dolor de cabeza, la irritabilidad, la neurosis, la depresión y el cansancio sean nuestros incómodos compañeros de viaje.
Y lo importante, según nos recuerdan los especialistas, es que el sueño solamente se compensa durmiendo. No debe suplirse la falta de sueño con estimulantes o drogas, que deteriora más la calidad de vida. Sólo hay un camino: dormir bien para vivir mejor (y también más).

DESPIECE 1
Dormir, una función vital imprescindible
“Necesitamos dormir no sólo para descansar, también dormimos para recuperar funciones mentales, físicas, para fortalecer nuestro sistema inmunológico. Si una persona no duerme bien va a estar fatigada, va a tener problemas cognoscitivos, dificultades en la toma de decisiones, pensamientos, lenguaje. Su estado de alerta duerme”, asegura Reyes Haro Valencia, director de la Clínica de Trastorno del Sueño de la UNAM y presidente de la Sociedad Mexicana del Sueño.
Hoy en día, los trastornos del sueño son un problema de salud pública. Una de cada tres personas los padece y pueden causar incapacidad. Reyes Haro advierte que en la era cibernética el 10% de los jóvenes tienen malos hábitos de sueño por la vida social y el uso nocturno y exacerbado de las nuevas tecnologías. Esto puede provocar el Síndrome de Fase Retrasada del Sueño u otros trastornos crónicos que repercuten en su rendimiento escolar y aumentan el riesgo de accidentes.
Por su parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que el adulto joven, en edad productiva, duerma como mínimo siete horas. En la práctica, la mayor parte de la población duerme sólo entre cinco y seis horas.

DESPIECE 2:
La siesta, un hábito cardio-saludable
El descanso tras el almuerzo es un hábito antiguo heredado de la cultura grecolatina. Un reciente estudio epidemiológico realizado por médicos del Liverpool John Moores University de Gran Bretaña, efectuado sobre una población de más de 23.000 griegos que durmieron siesta durante varias semanas, demostró que quienes descansaban de manera cotidiana después de la comida, tenían una reducción del 37 por ciento de sufrir algún episodio cardíaco fatal.
“Un descanso de treinta minutos es altamente recomendable y está demostrado que produce grandes beneficios en el organismo y en la psique humana. Se reduce el riesgo de infarto y se elimina el estrés. La persona se despierta renovada y fresca, apta para seguir enfrentando el resto del día con las ideas renovadas y con una capacidad creativa y de razonamiento diferentes. Después de una ligera siesta el rostro refleja luminosidad y frescura”, comenta Juan Ernesto Zuviría, especialista chileno del Centro Médico del Sueño.
Sobre la siesta conviene observar lo siguiente:
-No debe durar más de treinta minutos para no entrar en un sueño profundo y alterar el ritmo biológico.
-No es recomendable para personas que padecen insomnio o tienen hipertensión.
-Resulta muy aconsejable para las personas que realizan trabajos de fuerza e intensidad.

DESPIECE 3
Dormir la siesta, costumbre pan-europea
La siesta no es una costumbre típicamente de España (donde no siempre ha gozado de buena reputación). Un estudio estadístico realizado en el continente europeo revela que uno de cada cuatro alemanes duerme la siesta. La encuesta, efectuada sobre una muestra de 19.000 personas, sorprendió al situarse Alemania en primer lugar de los adeptos al descanso post-comida, por encima de Italia (16%), Gran Bretaña (15%), España (9%) y Portugal (8%).
Se creía que la siesta era una consecuencia inevitable del proceso digestivo, pero los científicos aseguran que el cerebro pide un tiempo de descanso que se presenta cuando se inicia la tarde. La importancia de la siesta radica en que supone un período de descanso que, sin ser profundo, permite una desconexión de la conciencia antes de reanudar la actividad. Así, la práctica de la siesta debe asumirse como otra rutina. Durante este descanso de transición, la presión arterial disminuye (los cambios metabólicos que se producen conllevan la reducción de la frecuencia de los latidos cardíacos y la tensión arterial).
Los especialistas recomiendan ciertas pautas para que la siesta no sea perjudicial. Debe evitarse dormir más de media hora de siesta y echarla después de las cinco de la tarde, ya que puede perjudicar el ritmo biológico del sueño y ocasionar insomnio, menos capacidad de concentración durante el día e, incluso, favorecer accidentes de trabajo y de tráfico, según aseguran los especialistas.
Los norteamericanos tampoco le hacen ascos a sestear. Los estudios revelan que los estadunidenses no duermen lo suficiente, por lo que un tercio de ellos aprovecha sus horas de trabajo para echarse una siesta. La Fundación Nacional del Sueño, especializada en estudios sobre el sueño y los trastornos asociados concluye que cerca de 70 millones de estadounidenses tienen problemas relacionados con el sueño.

© Manuel Domene Cintas. Periodista


Cada vez son más habituales las clínicas y las unidades de diagnosis que estudian los trastornos del sueño


La apnea (pausas anormales de la respiración) es uno de los trastornos del sueño más frecuentes


El uso de drogas no ataca las causas de los trastornos del sueño, sino los síntomas. Debe evitarse la automedicación