domingo, 9 de diciembre de 2012

Disruptores endocrinos (DE), un atentado contra nuestro sistema hormonal

(PL 72). TRABAJO y SALUD. TRASAL-DisruptoresEndocrinos.doc. Manuel Domene. Palabras: 3.452

Afectan a la salud de los individuos expuestos, alterando la reproducción sexual 
y herencia biológica

“Un disruptor endocrino o alterador hormonal es una sustancia química capaz de alterar el equilibrio hormonal, pudiendo provocar diferentes efectos adversos sobre la salud de las una personas o de sus descendientes. Estas sustancias pueden ser causa de perjuicios para la salud como el cáncer, alteraciones del comportamiento y anomalías reproductivas”, señala el Instituto Sindical de Trabajo, Ambiente y Salud (ISTAS).

Disruptor endocrino u hormonal (Endocrine Disrupting Chemicals, EDC, según el acrónimo inglés) es toda sustancia química, ajena a un organismo, y con potencial para modificar el equilibrio hormonal. Esto supone que tienen capacidad para interferir con diversos procesos fisiológicos controlados por hormonas, generando respuestas endocrinas tan inesperadas como adversas en personas o animales.
Los disruptores endocrinos, que son muy numerosos, se presentan bajo formas variadas, pudiendo ser tanto de origen natural como artificial. En ocasiones presentan una elevada virulencia con dosis pequeñas. Uno de sus efectos más ostensibles es su interferencia en la herencia genética y la reproducción sexual, provocando anomalías como genitales ambiguos o testículos alojados fuera del saco escrotal. 
Desde junio de este año, ningún biberón de la UE podrá contener Bisfenol A, de cuya inocuidad se duda
Exposición ‘urbi et orbi’
Como nos recuerda la AEET (Asociación Española de Ecología Terrestre), “la exposición de los seres vivos a los disruptores endocrinos es universal, ya que se encuentran repartidos por todo el mundo como consecuencia de un empleo generalizado. Contribuye a ello su baja biodegradabilidad, el transporte a otros lugares por el aire, el agua y la bio-acumulación en la cadena trófica”.
El reservorio de estas sustancias nocivas suele ser la grasa corporal, por lo que son transmitidos de madres a hijos a través de la gestación y  posterior lactancia.
“Las formas de exposición y las vías de entrada de los contaminantes hormonales son muy diversas, pero debido a su acumulación en la cadena alimentaria, la vía digestiva es la principal ruta de exposición para el hombre. Tanto es así que la composición de las mezclas lipofílicas (afines a las grasas) encontradas en los tejidos humanos varía de acuerdo con las diferencias regionales en el uso de estos compuestos y con los hábitos dietéticos de las poblaciones expuestas (Woodruff et alt., 1994)”, cita la AEET.

Antecedentes (La Primavera Silenciosa)
Para acabar de entrar en contexto, y cuando se cumplen cincuenta años de la muerte de la malograda Rachel Carson, justo es referirse a su legado, “Silent spring” (La primavera silenciosa), libro en el que se vislumbran, como punta de iceberg, los riesgos profundos y mortíferos que podrían ejercer ciertas sustancias sobre el medio ambiente, máxime cuando la salud humana depende inexorablemente de la salud ambiental.
El término ‘disruptor endocrino’ se crea en 1991 (atribuido a Theo Colborn, y pronunciado en una conferencia cuando era miembro de la World Wildlife Fundation). En la literatura científica aparecería en un artículo que data de 1993, en el que se establece que “algunas sustancias difundidas en el ambiente alteran o bloquean los mecanismos endocrinos, y una exposición a largo plazo puede provocar efectos permanentes”. Entre estas sustancias encontramos hormonas, compuestos vegetales (fito-estrógenos), materias para la fabricación de plásticos y, cómo no, la inacabable letanía de subproductos y residuos industriales con poder contaminante. A su condición de distorsionador endocrino unen el de COP (Compuesto Orgánico Persistente). Es decir, resulta difícil expulsarlos del organismo por excreción.
Las alertas, que motivaron la obra de la precursora Carson, surgieron a partir de la década de los años 50 del siglo pasado con la ocurrencia de cambios contra natura en la conducta de especies animales: pérdida del instinto reproductor, mortandades masivas, malformaciones y muerte prematura de ejemplares jóvenes, o debilitamiento del sistema inmunitario de especies afectadas por sustancias químicas muy variadas, que aparecían en los alimentos o el entorno de los seres afectados (dioxinas, PCB, DDT, etc.).

Mecanismos de acción (tóxico-cinética)
Todo fenómeno emergente contiene muchas incógnitas derivadas fundamentalmente de la falta de información, y su estado difuso. Con todo, se cuenta con evidencias suficientes para poder señalar que los mecanismos de acción de los DE son la suplantación, bloqueo o alteración de las funciones hormonales de los seres vivos.
Algunas sustancias replican o copian la acción de las hormonas, confundiendo a sus receptores celulares. El DDT, PCB, PBB y algunos estrógenos vegetales actúan sobre los receptores estrogénicos, alterando las conductas sexuales y reproductivas. Otros disruptores ejercen una acción antagonista (contraria) a la de las hormonas del sistema endocrino (antiestrógenos). Hay disruptores con efecto antiandrógenos (pérdida de masculinidad). En este punto, sólo cabe recordar la ‘anécdota’ del mandatario boliviano, Evo Morales, glosando los perjuicios que causa el pollo sobre la caracterización de su ser masculino. El disruptor modifica la síntesis y metabolismo de hormonas naturales, elevando o disminuyendo sus niveles fisiológicos. Es el caso de los fitoestrógenos (flavonas, isoflavonas, cumestanos, lignanos) y mico-estrógenos, que favorecen la aparición de glándulas mamarias en machos. El mecanismo de tergiversación hormonal no es otro que la moodificación los niveles de los receptores hormonales. El reducido nivel de las hormonas endógenas en nuestro organismo explica que estas sustancias exógenas (disruptores) produzcan efectos adversos sobre el sistema endocrino, incluso con dosis tan bajas que su posible efecto tóxico pasa inadvertido.

Algunos nombres de la lista negra
·DDT (Diclorodifeniltricloroetano) es un insecticida empleado contra la malaria y otras enfermedades transmitidas por insectos. Su uso se prohibió en la década de los 70, pero su efecto bio-acumulativo en el último peldaño de la cadena trófico (hombre) provocó su dispersión por todo el planeta. Se comprobó que afectaba al desarrollo reproductivo (disminución de la fertilidad de hombres e inmadurez sexual de mujeres).

España utilizó profusamente los PCB, otro disruptor endocrino, como líquido aislante-refrigerante
en los transformadores de la red eléctrica
·PCB (Policloruros de Bifenilo) compuestos clorados que se usan en la industria de los refrigerantes y lubricantes. Los efectos de una exposición aguda al los PCBs eran bien conocidos por las compañías que siguieron los procesos de fabricación de la propietaria, Monsanto, constatando los efectos en sus propios trabajadores. Al contacto con la piel produce una severa reacción similar al acné (cloracné), disparando el riesgo de tumores hepáticos y cerebrales. Tóxico para el tiroides, incrementa la incidencia de la obesidad infantil en niños expuestos en el periodo de gestación, aumentando el riesgo de que padezcan enfermedades como la diabetes. El envenenamiento con aceite de cocina contaminado con PCB, en Japón y Taiwán, condujo a la prohibición internacional del uso de los PCB en 1977.
·Bisfenol A (BPA). Se emplea básicamente para hacer plásticos y, aunque no es de los compuestos más tóxicos, se encuentra “hasta en la sopa”, como escribía María Sánchez-Monge (El Mundo, 2/12/2011), formando parte de muy diversos envases alimentarios, además de que existen importantes dudas sobre su inocuidad. Un estudio revela la existencia de concentraciones elevadas de Bisfenol A en la orina de personas que consumen sopa enlatada, respecto de la que consumen caldo casero, por ejemplo.

Una investigación de ‘The Journal of the American Medical Association’ (JAMA) alude al riesgo de que “el recubrimiento interior de las conservas pueda mezclarse con el alimento y pasar al organismo”. El BPA se emplea, por ejemplo, en botellas de plástico, en los envases de comida pre-cocinada o en los recipientes plásticos de cocina. También forma parte de las resinas epoxi que recubren el interior de las latas de productos en conserva.
El mundo informa que “Francia se ha convertido en el país pionero en la lucha contra el ubicuo compuesto químico. El pasado 12 de octubre, la Asamblea Nacional gala aprobó su prohibición en cualquier envase alimentario a partir del 1 de enero de 2014, iniciativa que supone una ampliación de la actual normativa europea”.
Mediante experimentación animal se ha comprobado que el Bisfenol A afecta a la reproducción, las glándulas mamarias, el metabolismo, el cerebro y el comportamiento. En humanos, afectaría al metabolismo de los azúcares y las grasas, relacionándoselo también con las enfermedades cardiovasculares, incluso con niveles bajos de exposición, dentro de los límites que establece la UE.
Lo que hace quince años era sólo una sospecha, ya cuenta con confirmación epidemiológica, por lo que Nicolás Olea, catedrático de la Universidad de Granada, pide una acción urgente por parte de las autoridades, antes de que “sea demasiado tarde”, advierte. Esta opinión es compartida por Miquel Porta -Instituto de Investigación Hospital del Mar (IMIM), de Barcelona, quien reconoce que existe una evidencia suficiente de que “el Bisfenol A no es agua bendita, es un disruptor endocrino”, y se están produciendo múltiples llamadas de atención “que deben conducir a la industria a buscar alternativas”.

PVC y ftalatos, veneno medioambiental sin paliativos

Cualquier lista de disruptores no puede dejar de incluir estas dos sustancias. El PVC (policloruro de vinilo) es un plástico con un contenido de hasta el 57% de cloro. Su fabricación y empleo industrial implica la formación y emisión al medio ambiente de sustancias organo-cloradas tóxicas, persistentes y bio-acumulativas.
Los gases, aguas residuales y residuos emitidos y vertidos por las fábricas de este plástico contienen cloruro de vinilo, hexa-clorobenceno, PCB, dioxinas y otras muchas sustancias organo-cloradas extremadamente tóxicas. El PVC es nocivo durante todo su ciclo de vida: el proceso de fabricación y su incineración genera emisión de dioxinas a la atmósfera, a lo que se añade el agravante de la migración (liberación al ambiente) de los aditivos del PVC, plastificantes que le dotan de flexibilidad. Ello condujo a la grave conclusión de que el PVC puede considerarse como un “veneno medioambiental”, según sentencia del Tribunal Superior de Viena, Austria el 31 de Marzo del 94).
La nocividad del PVC se ve potenciada por la amalgama de productos asociados. Así, puede contener hasta un 60% de aditivos, que le confieren estabilidad, plasticidad o rigidez, color, etc., convirtiéndolo en un indeseable ‘cóctel’ de compuestos químicos, tóxicos en su mayoría.
Si el producto de PVC es blando o flexible (mangueras y tuberías flexibles, tapicerías, suelos o papeles pintados de vinilo), es porque contiene plastificantes. Los plastificantes del vinilo son los ftalatos, unos compuestos que han resultado cancerígenos en animales de laboratorio y que además son estrogénicos, esto es, pueden alterar el sistema hormonal.

Dioxinas: toxicidad comestible
Más del 90% de la exposición humana se produce a través de los alimentos, especialmente los productos cárnicos y lácteos, pescados y mariscos. La acumulación tóxica procedente de las dioxinas se aloja en el tejido graso.
Refiriéndose a las fuentes de contaminación por dioxinas, citamos a la OMS, que señala que “las dioxinas son fundamentalmente subproductos de procesos industriales, pero también pueden producirse en procesos naturales como las erupciones volcánicas y los incendios forestales.
Las dioxinas son subproductos no deseados de numerosos procesos de fabricación tales como la fundición, el blanqueo de la pasta de papel con cloro o la fabricación de algunos herbicidas y plaguicidas. En cuanto a la liberación de dioxinas al medio ambiente, la incineración descontrolada de desechos (sólidos y hospitalarios) suele ser la causa más grave, dado que la combustión es incompleta. Existe tecnología que permite la incineración controlada de desechos con bajas emisiones”.
“Mientras en el resto de Europa se buscan soluciones para frenar la creciente contaminación por dioxinas, la sociedad española permanece ajena a este peligro, y las administraciones no solamente lo ignoran, sino que además se muestran reticentes a prohibir la fabricación de productos que contienen o crean dioxinas, rehúsan las tecnologías industriales que evitan su formación, y promueven la construcción de plantas incineradoras, que son el principal foco de emisión”, denuncian diversos organismos relacionados con la salubridad del medio ambiente en nuestro país.

Entre los efectos perniciosos, cabe destacar que las dioxinas pueden desplazarse a gran distancia desde la fuente de emisión, y que se bio-acumulan en la cadena alimentaria. Los fetos de seres humanos son muy sensibles a sus efectos tóxicos. Por si fuera poco, no existe un nivel seguro de exposición a las dioxinas (la bio-acumulación es como un efecto repetitivo). Las dioxinas producen cáncer en el ser humano. Dosis inferiores a las asociadas con cáncer ocasionan alteraciones en los sistemas inmunitario, reproductor y endocrino. Otros problemas son los trastornos del desarrollo y el neuro-desarrollo, y alteraciones de las hormonas tiroideas y esteroideas y de la función reproductiva. Los efectos sobre el desarrollo son el criterio de valoración de la toxicidad más sensible, de modo que los niños, especialmente los lactantes con el pecho materno, constituyen la población de mayor riesgo. 

Triclosan, bajo sospecha
Triclosan es una sustancia, de cuya toxicidad se sospecha, que cohabita con los humanos para ‘mejorar’ nuestra higiene personal.
Según ‘Mundo Orgánico, “muchos productos como jabón para manos, pasta dental y lavaplatos contienen una sustancia tóxica llamada Triclosan, y son frecuentemente rotulados como ‘antibacterianos’, ‘antimicrobianos’, con denominaciones de fantasía que aluden a sus propiedades higiénicas. A pesar del consejo del FDA (Food & Drug Administration, EEUU) el uso del Triclosan está permitido en muchos productos cosméticos.
Una de los peores inconvenientes del Triclosan es su persistencia  en el ambiente (COP), siendo, al igual que el BPA (Bisfenol A) un disruptor endocrino, una sustancia que interfiere con la normal segregación hormonal. Mientras ha cundido cierta alarma sobre el Bisfenol A (retirada de biberones y barnices de latas de conserva), existe un exasperante tranquilidad e inacción en el caso del ‘higiénico’ Triclosan.
Los fabricantes de productos que contienen la sustancia siempre pueden aludir a la falta de evidencias suficientes y contrastadas. Sin embargo, estudios de experimentación con animales han demostrado que el Triclosan altera su regulación hormonal. Cabría admitir, sin embargo, que los datos sobre los efectos en los animales no siempre son válidos para predecir los efectos sobre las personas. Otros estudios bacterianos han apuntado la posibilidad de que el Triclosan pudiera contribuir a arrasar todo tipo de bacterias corporales (tanto las perjudiciales como las beneficiosas), con la consiguiente disminución de las defensas; o podría hacer algunas bacterias resistentes a los antibióticos. Efectos todos ellos que, bajo la coartada de mejorar la higiene, no hacen sino comprometerla seriamente bajo un halo de glamour temporal.

Conocido por su efecto bactericida, el Triclosan se usa en jabones
y productos de higiene, comprometiendo la salud
 Otros enemigos de la salud hormonal
No es nuestra intención –además de que es imposible- agotar el tema, ni citar listas interminables de nombres casi ininteligibles, excepto para los químicos. No obstante, en nuestra pequeña check-list vamos a dejar de incluir a los siguientes: PBDE (Polibromodifeniléteres), PBB (Polibromuros de bifenilo), estireno; compuestos de uso agrícola (pesticidas, insecticidas, funguicidas). Existe sospecha de posible acción disruptiva endocrina en compuestos como el Clordano, Clordecone, Mirex, Trifenilestaño, Oxafeno, Lindano, HCB, Linurón, Acetoclor, Alaclor, Maneb, Thiram, Metam sódico, Zineb, Vinclozolina y Atrazina. Metoxicloro, piretroides sintéticos, Triazina, Kepona, Dieldrín y Dicofol. Endosulfán y HCB (hexaclorobenceno), Tributilestaño.
Incluiremos los disolventes: 1,2,4-triclorobenceno, percloroetileno, octacloroestireno. Alquilfenoles: p-nonilfenol, octilfenol, resorcinol.
Componentes de las plantas como fito-estrógenos, mico-estrógenos. Es toda una ‘orgía’ de nomenclatura quimiforme, cuyo único seguimiento es un trabajo arduo, facilitado mediante las listas actualizadas e información que publican diversos organismos (Subsport, Cleantool, Cleanersolutions, TURI, INRS, ISTAS, INSHT, etc.).
Pero no podemos demonizar la química, máxime si aceptamos el aforismo de que “todo es química”. Al mundo químico pertenece el agua, la sustancia más universal y familiar para los seres vivos. También la cerveza, y ésta contiene ciertas hormonas similares a las femeninas que propician un aumento de las glándulas mamarias en los hombres. Por tanto, el disruptor endocrino (DE) está –como ya se dijo- también en la naturaleza. El problema surge de la potenciación de estas sustancias nocivas por la mano del hombre (desarrollo de sustancias de síntesis sin criterios bio-éticos).

Relación dosis-respuesta
La respuesta no tiene una relación lineal con la dosis, existiendo diferentes combinaciones de dosis-respuesta:
-Aumento acelerado. A mayor dosis, mayor respuesta, con variación monótona y agravamiento progresivo de los efectos.
-Efectos agravados para dosis muy bajas o altas.
-Efectos agravados para dosis intermedias.
Si tenemos en cuenta el periodo de latencia, o retraso de los efectos respecto de la exposición, y los efectos de bio-acumulación en el medio o en los propios organismos, se comprende la dificultad de establecer un modelo único de acción y de establecer los valores límite. El cuadro adjunto relaciona la exposición y los efectos en función de algunas variables que influyen sobre la toxicidad.

Relación dosis-respuesta (exposición y efectos) 
de los Disruptores Endocrinos
Los disruptores endocrinos tienen características
 peculiares en su toxicidad.   Dichas características son:
·Momento de la exposición
Permite diagnosticar la gravedad del efecto y la evolución posterior. Los efectos son distintos dependiendo de la fase del desarrollo (embrión, feto, organismo perinatal o adulto).
·Efecto latente
Los efectos no se observan tras la exposición del individuo, sino en su descendencia. En las exposiciones embrionarias, las consecuencias no son evidentes hasta la edad adulta del afectado.
·Inexistencia de dosis de exposición umbral
No se observa un efecto tóxico del compuesto. Caso de darse, presenta un nivel inferior al reconocido como límite de seguridad para otros aspectos toxicológicos.
·Acción combinada de DE
En algunos casos, se produce una acción conjunta de varios disruptores endocrinos, con efectos que pueden ser sinérgicos, aditivos o antagónicos.
Efectos sobre las personas expuestas y su descendencia
·Mujeres expuestas
Cáncer de mama, endometriosis, muerte embrionaria y fetal, malformaciones en la descendencia.
·Hombres expuestos
Cáncer de testículo, cáncer de próstata, reducción del recuento espermático, reducción de calidad del esperma, disminución del nivel de testosterona, modificaciones de concentraciones de hormonas tiroideas.
·Hijas de personas expuestas
Pubertad precoz, cáncer vaginal, mayor incidencia de cánceres, deformaciones en órganos reproductores, problemas en el desarrollo del sistema nervioso central, bajo peso de nacimiento, hiperactividad, problemas de aprendizaje, disminución del coeficiente de inteligencia y de la comprensión lectora.
·Hijos de personas expuestas:
Criptorquidia o no descenso testicular, hipospadias, reducción de la densidad espermática, disminución del nivel de testosterona, problemas en el desarrollo del sistema nervioso central, bajo peso de nacimiento, hiperactividad, problemas de aprendizaje, disminución del coeficiente de inteligencia y de la comprensión lectora. (Fuente: ISTAS).

DESPIECE 1
Lechuga, pepino y tomate: ¿dieta saludable?
El recurso a la dieta vegetariana –¿y saludable?- puede provocar inesperadas sorpresas. Lechugas, tomates y pepinos son los alimentos con mayor índice de contaminación por disruptores endocrinos en el mercado europeo, según un informe de la organización no gubernamental PAN Europe (Pesticide Action Network), divulgado en julio de 2012, del que se hacía eco el diario ABC. El estudio cita hasta 30 tipos de químicos tóxicos (DE), presentes en los fitosanitarios y pesticidas, que perturban el sistema endocrino. La investigación de PAN ha utilizado los datos de la autoridad alimentaria europea (EFSA), concluyendo que “los consumidores europeos están potencialmente expuestos a residuos de pesticidas de conocido riesgo para la salud”.
El informe obra en poder de las autoridades comunitarias para su discusión en Bruselas a propósito de la legislación sobre pesticidas que deberá estar lista el próximo año. PAN denuncia el “vacío” en la regulación vigente sobre pesticidas, sin un criterio oficial para el concepto de disruptor endocrino (DE), y que infravalora el efecto de esos químicos en dosis bajas.

DESPIECE 2
For ever young...
La eterna juventud (materia de tantos temas musicales) se ha buscado mediante cremas y afeites. Es obvio que algunas sustancias cosméticas (‘milagrosas’) actuales pueden ofrecer mucho más de lo que prometen: juventud para hoy, y decrepitud –cuando no enfermedad- para mañana.
La AEET (Asociación Española de Ecología Terrestre) advierte que “los compuestos químicos que son disruptores endocrinos cohabitan con los humanos, encontrándose presentes en ciertos productos de uso cotidiano: en el revestimiento de las latas de conserva (Brotons et alt, 1995; Kang et alt, 2003); el plástico con el que están fabricados los biberones (Brede  et alt., 2003); el espermicida que llevan incorporados los preservativos (Sonnenschein y Soto 1998); los selladores y blanqueadores dentales (Olea et alt, 1996, Pulgar et alt, 2000); algunos materiales de uso sanitario; detergentes industriales (Rudel et alt, 2003); filtros solares (Schlumpf  et alt, 2001, 2004); cosméticos varios (Hoppin et alt., 2003), y pesticidas (Sonnenschein y Soto 1998). La lista es interminable lo que hace pensar que la exposición humana es masiva y universal”.
Sin duda, la eterna juventud, ese deseo tan humano, puede truncarse y convertirse en pesadilla por efecto de un DE. La prudencia, información y uso responsable deben ser los mecanismos reguladores y preventivos.


® Manuel Domene Cintas