domingo, 22 de enero de 2012

Dar la talla en tiempos críticos

(PL 60) EDITORIAL. Edito60.doc. Manuel Domene. Palabras: 605

Personas y empresas saben sobrevivir en tiempos de bonanza, cuando -valgan los símiles- el grano llega solo al granero, o no somos nosotros los que inducimos la venta, sino el mercado “embalado” el que nos compra. Lo complejo, al tiempo que meritorio, es saber gestionar en tiempos de crisis, cuando el mercado se retrae, o el grano se queda por el camino, disminuyendo la cuenta de resultados de la empresa y los beneficios que antaño obtuviéramos con menos esfuerzo.
Sin embargo, no todo es malo en la crisis, que no es más que un cambio, atendiendo a su etimología y su propia esencia. Este cambio nos empuja a actuar de modo distinto. Pero es que la humanidad ha progresado gracias a su capacidad de adaptarse a los cambios que se han sucedido históricamente y a haber sabido capitalizarlos en su propio beneficio. Todo cambia, porque es necesario que así sea. Los humanos somos cambiantes, inestables, no resistimos la insoportable inmutabilidad del ser.
Así pues, ¿qué sentido tiene resistirse al cambio contra viento y marea, o empecinarse en mantener comportamientos y actitudes que son obsoletas, cuando no anti-sociales? Fue el preclaro Albert Einstein quien plasmó este pensamiento en forma de frase lapidaria al decir: “Si quieres resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”.
En tiempos de crisis, los mejores (personas y empresas) obtienen ventajas competitivas y acentúan el hecho diferencial respecto de su competencia siguiendo la sencilla receta de variar el menú (no hacer siempre lo mismo). En el sector de los EPI encontramos ejemplos loables de fabricantes que practican diariamente la innovación; también contamos con el ejemplo de ferias de protección que, mostrando la vanguardia tecnológica, consiguen acrecentar su capacidad de convocatoria en un momento de recesión.
No hacer siempre lo mismo parece ser la solución. Una solución que no es exclusiva para la gestión de los negocios, ya que también sirve para enmendar todo tipo de errores, incluidos los de la prevención de los riesgos laborales. Si queremos resultados distintos en materia de seguridad y salud laboral, no podemos seguir haciendo lo mismo que hemos hecho hasta ahora. Las empresas más avanzadas en materia preventiva equiparan Calidad, Prevención y Medio Ambiente (CPM), parangonan seguridad laboral y resultados empresariales; rechazan de plano lo que podemos definir en términos duros como “producto manchado” con la sangre de la fuerza laboral.
Es hora de que todas las empresas -por muy pymes que sean- emprendan este nuevo camino, entendiendo dos cosas: que el cambio es necesario, y que el trabajo es un medio para ganarse la vida, no para perderla. No son pocos los incentivos que premiarán a quienes rectifiquen. En primer lugar, la satisfacción de estar aplicando una política de Responsabilidad Social Empresarial (RSE), lo contrario al “producto manchado”, y en segundo lugar -pero no menos importante en tiempos de crisis- la posibilidad de distanciarse de la competencia, al tiempo que se benefician de una rebaja de las cotizaciones por reducción de la siniestralidad laboral (el famoso bonus-malus).
La autoridad laboral, a la que cabe atribuir el mérito de un incipiente no hacer siempre lo mismo, utiliza una pedagogía dual: para promover usa la zanahoria de reducir cargas sociales a la empresa; para inhibir usa el palo de la sanción (en sus formas administrativa y penal).
La actitud de las empresas ante este tema será un reflejo de su catadura moral. Ojalá que, por unas u otras motivaciones (cambiar-hacerse más competitiva, ahorrarse unos dineros o librarse de una sanción) todas sepan dar la talla cuando la ausencia de bonanza se suple con valentía y generosidad.

© Manuel Domene Cintas. Periodista.