sábado, 21 de enero de 2012

Contaminantes Orgánicos Persistentes (COPs), la nocividad que no cesa

(PL 69) RIESGOS EMERGENTES. RIEM-COPs.doc. Manuel Domene. Palabras: 3.244

Al ser sustancias de síntesis, su degradación es muy lenta, sumando efectos de bio-acumulación y bio-magnificación

La OMS advierte que “la producción y utilización de productos químicos sigue creciendo en todo el mundo” y que “se requiere urgentemente una acción multisectorial para proteger la salud humana de los efectos nocivos de unos productos químicos gestionados de forma inadecuada”.
Si el producto químico es intrínsecamente peligroso, los COPs (Compuestos Orgánicos Persistentes) unen a su peligrosidad su larga vida de potencial nocivo. Los COPs se acumulan en el organismo de los seres vivos y pueden causar graves consecuencias –aún por descubrir en muchos casos- a la salud.
 

Existe evidencia de que la contaminación por COPs nos afecta de forma grave, y en España apenas se han tomado medidas, careciendo de estudios completos que analicen las concentraciones corporales de contaminantes en la población. Su toxicidad deriva del hecho que los organismos vivos apenas podemos excretar estas sustancias, cuyas concentraciones aumentan en nuestro cuerpo a medida que crecemos.

Contaminante Orgánico Persistente
Los Contaminantes Orgánicos persistentes (COPs), también conocidos por su sigla inglesa (POPs (Persistent Organic Pollutants) son compuestos orgánicos de síntesis (fabricados por la mano humana) que se caracterizan por su larga persistencia en el ambiente, inmunes a la biodegradación dado su carácter artificial. Suelen tener efectos acumulativos fijándose en los tejidos grasos de personas y animales (a través de los animales pasan a la cadena trófica). Algunos de estos contaminantes (disruptores endocrinos) tienen efectos hormonales, pudiendo inducir mutaciones en la reproducción de los seres vivos (personas incluidas).
Por sus características intrínsecas y sus toxicocinética (evolución en los organismos infectados), los COPs desarrollan procesos de bio-acumulación y bio-magnificación, conceptos que se desarrollarán en este artículo.
Dada su resistencia a la degradación, los COPs acaban diseminándose por todo el planeta, apareciendo en lugares donde no han sido empleados, especialmente las zonas frías del globo terrestre. Pese a vivir muy lejos de los lugares donde se emplean y liberan estas sustancias, los esquimales –también la fauna polar- han acumulado en sus tejidos, a través de la alimentación, altas concentraciones de compuestos como los PCBs, circunstancia que está provocando los más diversos problemas de salud, sobre todo reproductivos.
Su potencial nocivo de los COPs no sólo amenaza la salud de los seres vivos, también suponen un riesgo para el medio ambiente. Así pues, la prioridad es la eliminación o sustitución de estas sustancias, evitándose la exposición (no existen niveles seguros de exposición debido a su persistencia). Particularmente, debe evitarse la exposición de mujeres en edad de concebir, gestantes y criaturas lactantes.
El que no se usen los productos alternativos (cuando éstos existen) obedece a una inercia –de imposible justificación- basada en intereses comerciales.

Clasificación de los COPs
El uso masivo de los COPs se inició en 1945 con la irrupción en el escenario industrial del archiconocido plaguicida DDT (dicloro-difenil-tricloroetano), cuyo uso se prohibió (en Estados Unidos) en 1972.
Además del considerado como ‘pionero’, existen otros tipos de COPs, como los pesticidas, insecticidas órgano-clorados, Aldrina,  Endrina,  Bifenil policlorado (PCB) y Dioxinas y furanos. No está de más volver a recordar que, una vez los compuesto organoclorados han entrado en el medio ambiente, se degradan lentamente y, por tanto, tienden a acumularse.
ISTAS (Instituto Sindical de Trabajo, Ambiente y Salud) nos recuerda otra clasificación basada en la convención internacional sobre las medidas a adoptar con los contaminantes. “El Convenio de Estocolmo clasifica las sustancias COP en cinco anexos, en función de las medidas que se han decidido adoptar sobre ellas (eliminación, restricción o reducción de emisiones) o de la fase del proceso de evaluación de riesgos en que se encuentren”.
-COP Anexo A: sustancias COP a eliminar
-COP Anexo B: sustancias COP sujetas a restricciones de uso
-COP Anexo C: sustancias COP cuyas emisiones han de reducirse
-Candidato COP Anexo D: sustancia que reúne los criterios de selección para ser considerada COP por sus propiedades intrínsecas.
-Candidato COP Anexo E: sustancia que reúne los criterios de selección como COP, y cuya evaluación de riesgos pone de manifiesto que puede ser transportada a larga distancia en el medio ambiente, puede tener efectos adversos en la salud humana y/o en el medio ambiente.
-Candidato COP Anexo F: sustancias COP que requieren acción global (han pasado las etapas previas de evaluación de los Anexos D y E) y que están en fase de evaluar las medidas globales a adoptar: eliminación, reducción de emisiones o restricción.

La “docena sucia”
No es el título de ninguna película. La “docena sucia” es una nómina de contaminantes para los que la Convención de Estocolmo pide “medidas internacionales”, eufemismo de “prohibición”.
Entre los doce COPs sucios encontramos:
-Pesticidas: aldrina, clordano, DDT, dieldrina, endrina, heptacloro, mirex y toxafeno.
-Productos químicos industriales: hexaclorobenceno (HCB) y bifenilos policlorados (PCB), muy usados como líquidos de aislamiento eléctrico (transformadores de la red de distribución eléctrica).
-COPs que se generan de forma no intencionada: dioxinas y furanos.
En el año 2007, el Convenio de Estocolmo amplió de 12 a 17 las sustancias tóxicas a eliminar o restringir, -incluyendo retardantes de llama como el pentabromodifeniléter y hexabromobifenilo, pesticidas como el lindano y la clordecona, y surfactantes y antiadherentes como los perfluorooctosulfonatos (PFOS).
La paradoja es que, tras décadas de esfuerzo, ni tan sólo se ha conseguido prohibir y eliminar satisfactoriamente esas doce sustancias iniciales sobre las que tanto consenso existía y, en algunos casos, evidencias de su alta nocividad desde hace cinco décadas.
Y hablar de ‘docenas’ es por utilizar términos usuales de nuestra vida. Sabemos que existen miles de contaminantes, y que éstos actúan de manera conjunta creando un cóctel tóxico. Carece de sentido analizar los efectos específicos de un contaminante por separado, cuando su ataque –salvo casos muy limitados- siempre será en combinación con otros tóxicos. La evidencia científica que cobra fuerza es que los contaminantes químicos interactúan unos con otros, pudiendo causar más daños juntos que por separado. Los defensores de la salud ambiental arremeten contra determinada toxicología convencional, así como la forma en que las compañías comerciales realizan los estudios analizando los efectos separadamente, compuesto a compuesto, por entender que dichas compañías están falseando (minimizando) la percepción y el alcance de los riesgos reales.


La “docena sucia” (Contaminantes Orgánicos Persistentes)
Anexo
Nombre
Número CAS
Excepciones
A. Eliminación
Aldrina
309-00-2
Producción: ninguna
Uso: insecticida
y ecto-parasiticida
A. Eliminación
Bifenilos Policlorados
Varios
Producción: ninguna
Uso: de acuerdo con la parte II del Anexo A del Tratado
A. Eliminación
Clordina
57-74-9
Producción: inscritos
Uso: Ecto-parasiticida, termiticida y como aditivo para adhesivos
de contrachapado
A. Eliminación
Dieldrina
60-57-1
Producción: ninguna
Uso: operaciones agrícolas
A. Eliminación
Endrina (plaguicida)
72-20-8
Ninguna
A. Eliminación
Heptacloro
76-44-8
Producción: ninguna
Uso: termiticida, cajas de cableado subterráneo
A. Eliminación
Hexaclorobenceno
118-74-1
Producción: inscritos
Uso: solvente
para insecticidas
A. Eliminación
Mirex
2385-85-5
Producción: inscritos
Uso: termiticida
A. Eliminación
Toxafeno
8001-35-2
Ninguna
B. Prohibición
Dicloro difenil tricloroetano (DDT)
50-29-3

C. Producción intencionada
Bifenilos Policlorados (PCBs)
Varios

C. Producción intencionada
Dioxina
y Dibenzofuranos
Varios

C. Producción intencionada
Hexaclorobenceno
118-74-1



Efectos biológicos de los COPs
Los COPs afectan a los seres humanos, animales y medio ambiente, causando daños que muestran síntomas agudos y crónicos. Los ‘nasciturus’ (literalmente, el que ha de nacer) se hallan expuestos desde la concepción, pues estos contaminantes pueden atravesar la placenta, además de excretarse en la  leche materna (contaminación durante la lactancia).
Los COPs son susceptibles de producir defectos en la circulación sanguínea, en la formación del aparato urinario, alteraciones neurológicas, nacimientos con malformaciones, cánceres y alteraciones genéticas.
Desencadenan indeseables efectos endocrinos u hormonales. Los COP pueden suplantar a las hormonas, inducir una respuesta fuera de tiempo o cerrar la entrada e inhibir la respuesta, ocasionando trastornos de desarrollo reproductivo, disminución de esperma, defectos de nacimiento, pérdida de fertilidad, aumento de la  hiperactividad en niños, problemas de aprendizaje, entre otros.
Los efectos en el ecosistema incluyen feminización de machos y masculinización de hembras y comportamientos anormales.
En nuestro país entre los generadores de COP se pueden mencionar la fabricación de productos químicos, reciclado de metales, blanqueo de pulpa de papel, combustión de carbón vegetal, fundición  de cables de cobre (revestidos con policloruro de vinilo, PVC), incineradores (de residuos municipales, peligrosos, médicos), quema a cielo abierto,  combustión de madera, etc.
·Potencial nocivo durante décadas
El periodo de latencia de estos compuestos no se está teniendo en cuenta en nuestra sociedad. Por ejemplo, el DDT se prohibió a mediados de los años 70 y, treinta y cinco años después, todavía encontramos sus trazas en el 88% de la población.
Se sospecha con fundamento que muchos de estos contaminantes actuaron –y actúan- como catalizadores de enfermedades y trastornos prevalentes en la actualidad, como son la infertilidad, malformaciones congénitas, problemas de aprendizaje y desarrollo neuro-conductual, obesidad, diabetes, varios tipos de cáncer, o enfermedades neuro-degenerativas (Alzheimer, Parkinson, etc). Miquel Porta admite que “es cierto que el conocimiento sobre los efectos adversos de los COPs está lleno de incertidumbres, pero ello no debe ser obstáculo para que actuemos contra sus efectos más perniciosos”.
Por suerte, la mayoría de la población tiene concentraciones de COPs muy inferiores a las de una relativa minoría. Pero en esta minoría se encuentran personas con concentraciones de hexaclorobenceno 6.074 veces superiores a la que consideraríamos como tasa normal. Sin ánimo de crear alarma, también conviene tener presente que, según los expertos, la lista de contaminantes tóxicos persistentes es mucho más extensa que la lista “regulada oficialmente”, y que, como siempre ocurre en estos casos, las consecuencias no se verán hasta dentro de unos años. Así pues, no está de más ir empezando a prevenir.
Miquel Porta cree que, para afrontar el problema (de salud tanto pública como laboral), la sociedad debe “informarse, concienciarse y organizarse…”, apoyando, entre otras iniciativas, “la investigación sobre salud y medio ambiente”, pues al fin y a la postre, según dice “todo depende de cómo queramos vivir (y morir)”.

Dioxinas: alto potencial tóxico
Desde 1976, con el triste accidente químico de Seveso (Italia) –que ha dado origen, incluso, a la Directiva Seveso sobre sustancias peligrosas- las dioxinas nos sobresaltan con nuevos hallazgos sobre su malignidad o el descubrimiento de puntuales intoxicaciones en productos de alimentación (carnes, lácteos, aves…).
La mejor prevención contra esta sustancia de la “docena sucia” es, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), “instaurar controles rigurosos de los procesos industriales con miras a minimizar en lo posible su formación”. El control de los focos de emisión no es, hoy por hoy, más que un desiderátum plagado de incumplimientos por motivos espurios, afán de lucro combinado con ignorancia superable o, directamente, dolo.
También debe extremarse la vigilancia de la cadena alimentaria, pues más del 90% de la exposición humana se produce a través de los alimentos, especialmente los productos cárnicos y lácteos, pescados y mariscos. La acumulación tóxica se aloja en el tejido graso.
Abundando en el tema de las fuentes de contaminación por dioxinas, citamos a la OMS, que señala que “las dioxinas son fundamentalmente subproductos de procesos industriales, pero también pueden producirse en procesos naturales como las erupciones volcánicas y los incendios forestales.
Las dioxinas son subproductos no deseados de numerosos procesos de fabricación tales como la fundición, el blanqueo de la pasta de papel con cloro o la fabricación de algunos herbicidas y plaguicidas. En cuanto a la liberación de dioxinas al medio ambiente, la incineración descontrolada de desechos (sólidos y hospitalarios) suele ser la causa más grave, dado que la combustión es incompleta. Existe tecnología que permite la incineración controlada de desechos con bajas emisiones”.
La OMS también llama la atención sobre los aceites industriales contaminados con PCBs. En España se utilizaron profusamente como líquido aislante-refrigerante en los transformadores de la red eléctrica. “Existen en todo el mundo grandes depósitos de aceites industriales de desecho con PCB, muchos con grandes concentraciones de PCDF. El almacenamiento prolongado y la eliminación inadecuada de este material pueden liberar dioxinas hacia el medio ambiente y contaminar los alimentos humanos y animales. Los residuos con PCB no se pueden eliminar fácilmente sin que contaminen el medio ambiente y la población humana. Esos materiales tienen que ser tratados como residuos peligrosos, y lo mejor es destruirlos mediante incineración a altas temperaturas”, cita la OMS.
Escándalos recientes por contaminación de alimentos con dioxinas nos remiten a Bélgica, donde la contaminación afectó a los pollos, huevos y carne, y cuyas causas –no completamente esclarecidas- apuntaban a piensos contaminados por aceites de origen industrial que contenían PCBs (un fraude alimentario y contra la salud pública que nos recuerda al escándalo del aceite de colza de la década de los 80 en España). En Francia, el contenido de dioxinas en la leche de las vacas de la zona de Lille, obligó a prohibir su consumo; y a cerrar temporalmente tres incineradoras de residuos urbanos de los alrededores, sospechosas de haber contaminado la atmósfera y el entorno vegetal.
“Mientras en el resto de Europa se buscan soluciones para frenar la creciente contaminación por dioxinas, la sociedad española permanece ajena a este peligro, y las administraciones no solamente lo ignoran, sino que además se muestran reticentes a prohibir la fabricación de productos que contienen o crean dioxinas, rehúsan las tecnologías industriales que evitan su formación, y promueven la construcción de plantas incineradoras, que son el principal foco de emisión”, denuncian diversos organismos relacionados con la salubridad del medio ambiente en nuestro país.
Respecto de sus efectos perniciosos, cabe insistir nuevamente que las dioxinas pueden desplazarse a gran distancia desde la fuente de emisión, y que se bio-acumulan en las cadenas alimentarias. Los fetos y embriones de peces, aves, mamíferos y seres humanos son muy sensibles a sus efectos tóxicos. Por si fuera poco, no existe un nivel seguro de exposición a las dioxinas (la bio-acumulación es como un efecto repetitivo). Las dioxinas producen cáncer en el ser humano. Dosis inferiores a las asociadas con cáncer ocasionan alteraciones en los sistemas inmunitario, reproductor y endocrino.
La exposición humana a dioxinas y similares se ha asociado a una serie de efectos tóxicos, entre ellos inmuno-toxicidad, trastornos del desarrollo y el neuro-desarrollo, y alteraciones de las hormonas tiroideas y esteroideas y de la función reproductiva. Los efectos sobre el desarrollo son el criterio de valoración de la toxicidad más sensible, de modo que los niños, especialmente los lactantes con el pecho materno, constituyen la población de mayor riesgo.
 
Bibliografía
-OMS. Organización Mundial de la Salud. “Las dioxinas y sus efectos en la salud humana”.
-FODESAM. Fondo para la defensa de la Salud Ambiental.
-ISTAS. Instituto de Trabajo, Ambiente y Salud. Contaminantes Orgánicos Persistentes.

DESPIECE 1
¿Sabía que somos seres tóxicos andantes?
En nuestra carrera evolutiva hemos aumentado el cubicaje de nuestro cerebro, y hemos experimentado otras evoluciones no tan positivas, como el aumento de nuestra carga tóxica. Los habitantes de los países occidentales acumulamos concentraciones de cientos sustancias tóxicas peligrosas, muchas de ellas de origen artificial. Al respecto se han realizado análisis muy serios por parte de diversas instituciones científicas.
En España uno de los científicos que se ha ocupado más de este tema ha sido el epidemiólogo Miquel Porta que lamenta que la Administración española aún no se haya ocupado debidamente de monitorizar sistemáticamente esta cuestión en la población nacional.
Lo que más ha contribuido a divulgar esta realidad fue una acción de World Wildlife Fund (WWF –Fondo Mundial para la Naturaleza) en la que se encargó a unos laboratorios el análisis de la sangre de una muestra de eurodiputados y otras personas de diecisiete países.
Se detectaron 76 productos tóxicos, persistentes y bio-acumulativos, con una media por persona de 41 compuestos. Entre las sustancias detectadas se encontraban los recurrentes hexaclorobenceno, lindano, policlorobifenilos, dioxinas, DDT, ftalatos, compuestos perfluorados, endosulfán,… En fin, los habituales de la ‘docena sucia’, que nos colonizan a través de la dieta, el agua, el aire, los cosméticos, perfumes...
La creencia general (mal de muchos, remedio de tontos) es que tenemos unas bajas concentraciones, que serían inocuas. Sin embargo, la ciencia más avanzada contradice el concepto de “baja concentración”, llegando a insinuar que la baja pudiera tener efectos biológicos peores que la alta concentración tratándose de estas insidiosas sustancias tóxicas.

DESPIECE 2
España, ‘paraíso’ de los CTP (COPs)
La situación de España frente a los riesgos químicos emergentes es particularmente grave, según señala el investigador Miquel Porta Serra, quien presenta el tema en toda su extensión y crudeza en el libro “Nuestra contaminación interna. Concentraciones de CTP en la población española”, publicado por Editorial Catarata.
·Agentes CTP con nombre y apellido
Miquel Porta ha estudiado la contaminación causada por la acumulación en el interior del organismo de contaminantes químicos como plaguicidas, residuos industriales o metales pesados. Entre esos contaminantes están el DDT, los hexaclorociclohexanos (como el lindano) y el hexaclorobenceno, los policlorobifenilos (PCB) o las dioxinas. Éstos y otros contaminantes se encuentran en el entorno industrial, pero también hemos de ser conscientes que se encuentran en las grasas de los alimentos que ingerimos.
·Toxicidad
Su toxicidad deriva del hecho que “los organismos vivos apenas podemos excretar estas sustancias, cuyas concentraciones aumentan en nuestro cuerpo a medida que crecemos (se hacen ‘residentes’ y se magnifican). Las hallamos en la sangre, grasa corporal, placentas, líquido amniótico, etc. Contienen átomos de cloro, que hacen que se disuelvan muy bien en las grasas, de ahí que este tejido actúe como reservorio de los contaminantes. ¡Ojalá y el paraíso español nunca degenere en un infierno de Dante por mor de los COPs, a los que tan poca atención prestamos!

DESPIECE 3
Bio-acumulación y bio-magnificación
En toxicología, es el proceso de concentración de sustancias químicas en organismos vivos, alcanzándose concentraciones más elevadas que las existentes en el medio ambiente o en los alimentos. Las sustancias bio-acumulables aumentan de concentración a medida que se avanza en el nivel trófico en la cadena alimenticia. Las principales vías de entrada en nuestro organismo son la respiratoria, la digestiva y la tegumentaria (epidermis).
El término ‘bio-acumulación’ lo creó en los años 60 un grupo de naturalistas estadounidenses que encontraron altas concentraciones de DDT en el organismo de algunas especies de aves, lo que conduciría a la posterior prohibición de aquel compuesto órgano-clorado, componente principal de los insecticidas.
La bio-acumulación y la bio-magnificación son un tándem indisociable. Cuando se produce una bio-acumulación de sustancias tóxicas en el medio que sea, se habla de bio-magnificación. Estudiando las poblaciones del ecosistema afectado, se observa que a medida que se asciende en las diferentes cadenas tróficas, la concentración del tóxico es mayor. Por decirlo de otro modo, los predadores siempre tienen mayor concentración de sustancias tóxicas que sus presas (los tejidos-reservorios de los diferentes infectados no consiguen la excreción del tóxico, de ahí su magnificación a lo largo de la cadena. Y el ser humano se encuentra en la cúspide de esta espiral tóxica).

© Manuel Domene Cintas. Periodista

Pie de Cuadro 1 “Docena sucia”:
Sustancias reguladas o “docena sucia”, según el Convenio de Estocolmo, sobre las que es preciso actuar debido a sus efectos dañinos. Nótese que los Bifenilos Policlorados (PCBs) aparecen en las categorías A y C.

Pie de foto COPs-smog:
La neblina o smog que cubre el cielo de muchas ciudades es un cóctel tóxico que afecta a todos sus habitantes

Pie de foto COPs-alimentos:
Los contaminantes orgánicos persistentes se acumulan en el tejido graso de todos los integrantes de la cadena trófica

Pie de foto COPs-vertedero:
La quema convencional e incontrolada de residuos al aire libre introduce en la atmósfera las temidas dioxinas