sábado, 21 de enero de 2012

Agricultura, una actividad sembrada de riesgos para las manos

(PL 56) TÉCNICAS DE PROTECCIÓN. TP-ManosAgricultura.doc. Manuel Domene.  Palabras: 3.799

 

Protección de las manos en el sector agrícola (2ª parte)

Pese a los tópicos bucólicos sobre el medio rural, el trabajo en el campo (explotaciones agropecuarias) está plagado de riesgos. Pocas actividades reúnen tantos y tan graves peligros. Las manos de los agricultores –su principal herramienta de trabajo- son ásperas y se encuentran ajadas por la rudeza del trabajo, cuando no irreversiblemente enfermas.
Junto a los riesgos mecánicos y las vibraciones (tratados en la primera parte de este reportaje), coexisten los riesgos térmicos (frío, calor, radiación), riesgos eléctricos, riesgos químicos y riesgos biológicos, que se explican seguidamente.

Como siempre, el sentido común y la adecuada protección de las manos son las reglas de oro. La falta de atención preventiva será una fuente de conflictos que puede saldarse, en el peor de los casos, con enfermedades o lesiones incapacitantes.

Riesgos térmicos
Como en cualquier actividad, el riesgo térmico en la agricultura tiene dos caras: por exceso y por defecto, o lo que es lo mismo, frío y calor.
·Frío
Simplemente, unas bajas temperaturas invernales dificultan de forma notable el trabajo de las manos en labores que muy frecuentemente se llevan a cabo a la intemperie. El problema no será sólo la menor destreza para trabajar, sino que ésta puede ser el desencadenante de un accidente que afecte a las manos u otras partes del cuerpo. (Las temperaturas bajas pueden adormecer las manos y reducir su flexibilidad y capacidad de agarre). Además, las bajas temperaturas y la intemperie secan los aceites naturales que conservan la piel suave, produciendo una piel reseca y agrietada, predispuesta a las infecciones.
Las temperaturas bajo cero pueden además lesionar las manos de otra manera. La piel desnuda que entra en contacto con una superficie metálica se pegará al metal y se desgarrará. La mano y los dedos entumecidos aumentan el riesgo de accidente, el individuo pierde la sensibilidad de la mano y su capacidad de prensión. Pero aún hay una cara menos amable del frío. Los mecanismos de termo-regulación de nuestro cuerpo tienden a mantenernos a una temperatura constante (alrededor de los 37º C). Disponemos de recursos fisiológicos que limitan las pérdidas de calor y aumentan la producción del mismo. Sin embargo, en situaciones de frío intenso, las manos no pueden trabajar, pudiéndose llegar incluso a la necrosis (congelación de los tejidos). Esta es una lesión grave que puede ser inicialmente menospreciada por el trabajador debido al efecto anestésico que ejerce el frío sobre los tejidos. La congelación profunda conduciría a isquemia (falta de riego sanguíneo), trombosis, cianosis profunda y gangrena.
Dejando al margen los casos de congelación, conviene poner el énfasis sin embargo en que es posible subestimar la gravedad de cortes y la abrasión hasta que la piel vuelve a la temperatura normal, momento en que la afección se hace patente en todo su alcance y, por supuesto, es mucho más dolorosa. En estos casos, conviene una exhaustiva protección de las manos porque, caso de producirse, la lesión puede tardar mucho tiempo en sanar.
Valgan estos últimos comentarios para acotar en su justa medida la importancia del frío y precisar que el enfriamiento de todo el cuerpo o de algunas partes del mismo origina molestias, insensibilidad, disfunción neuromuscular y en última instancia lesiones. Por ello, es de gran importancia que los EPI (guantes, en nuestro caso) cumplan unos mínimos, que son: aislar frente al frío, el viento y la humedad, permitir la transpiración y disipación de parte del calor que se genera al trabajar, y contribuir a la realización cómoda del trabajo (peso y volumen).
·Calor
El calor también es un problema, ya sea ambiental o metabólico, inducido por la propia actividad. Si el calor ambiental es intenso, también lo será el metabólico, provocando que el trabajador perciba el guante como una fuente de disconfort y que, en última instancia, se lo quite. Manejar las herramientas sin guantes en un contexto caluroso no sólo aumenta la gravedad de las lesiones en caso de accidente, también incrementa las probabilidades de ocurrencia de este evento. Las razones son obvias: unas manos sudorosas entorpecen el manejo diestro de las herramientas y su adecuada sujeción. Tampoco hay que menospreciar el posible impacto negativo de la radiación solar. Así, especialmente en verano, las manos desnudas son atacadas por el sol, que actúa como un auténtico agresor, aumentando las condiciones desfavorables del trabajo. Conviene abundar en este punto.
·Radiación solar-estrés térmico
La exposición excesiva a la radiación solar y al calor puede causar agotamiento por calor, golpe de calor o incluso la muerte. El calor añadido al cuerpo humano por la radiación solar, el esfuerzo del trabajo y la transferencia del calor ambiental tiene que liberarse a través del sudor. Cuando la temperatura ambiente supera los 37º C (la temperatura corporal normal), no puede haber pérdida sensible de calor, de manera que el cuerpo sólo puede recurrir a la sudoración para enfriarse. Esta función biológica requiere agua, por lo que debe ingerirse, a razón de un litro por hora, para facilitar la termo-regulación corporal. Las enfermedades relacionadas con el calor pueden poner en peligro la vida de la persona y exigen atención inmediata. La primera intervención será enfriar a la víctima sumergiéndola en agua fría y poniéndola a disposición del servicio médico.
·Enfermedades cutáneas
La exposición prolongada al sol puede causar envejecimiento prematuro de la piel y aumentar el riesgo de cáncer de piel. Las personas expuestas a los rayos directos del sol deben utilizan prendas de vestir o productos que actúen como pantalla solar. En latitudes bajas, cortas exposiciones son suficientes para causar graves quemaduras, especialmente en personas de piel clara.  Algunos de los síntomas más frecuentes de cáncer de piel o lesiones pre-cancerosas son cambios en un lunar o una marca de nacimiento,
hemorragia o cambio de color.

Riesgos eléctricos
El uso de la electricidad en las instalaciones agropecuarias tiene muy diversos usos: transformación de los cultivos, iluminación, calefacción, alimentación de maquinaria, cámaras frigoríficas...
La falta de cuidado en el manejo de instalaciones y equipos eléctricos puede causar graves descargas, quemaduras y, con demasiada frecuencia, la muerte. El peligro es mayor en sitios húmedos o donde se trabaja con manos o ropas mojadas. En todos los lugares húmedos, o en el caso de los enchufes situados a la intemperie, deben instalarse circuitos de desconexión. Los combustibles -gasolina o gasóleo- deben mantenerse alejados de cualquier fuente de ignición. En presencia de materiales inflamables o explosivos deben utilizarse siempre dispositivos y aparatos eléctricos anti-deflagrantes.
Las instalaciones eléctricas defectuosas, los cables mal aislados o un cortocircuito pueden ser causa de accidentes eléctricos. Siempre existe el riesgo de entrar en contacto con el circuito y sufrir una descarga, cuya gravedad dependerá del voltaje, pero sobre todo de la intensidad de corriente que pase por el cuerpo. El problema reviste mayor gravedad si tenemos en cuenta los voltajes habituales en actividades industriales.
Como siempre hemos dicho en este punto, por principio, las tareas eléctricas deben encargarse siempre a profesionales para evitar el accidente eléctrico (paso de la corriente eléctrica a través del organismo). Es vital –y nunca mejor dicho- el empleo de guantes aislantes y, siempre que sea posible, trabajar sin tensión en las líneas.
Sin embargo, el riesgo eléctrico no siempre procede de la red. No conviene subestimar las baterías de acumuladores del tractor y otras máquinas que, dado el esfuerzo que deben realizar para mover pesados motores diesel, poseen unos elevados amperajes (intensidad de la corriente). El accidente más común con las baterías suele ser el arco eléctrico por cortocircuito de los bornes con piezas o herramientas metálicas. Las quemaduras pueden ser graves, además del riesgo de incendio de la máquina y su entorno. Por supuesto, se evitará la proximidad entre cualquier forma de llama viva y los vapores que expelen las baterías a través de sus vasos. Además, de la quemadura termo-eléctrica, existe la posibilidad de una quemadura química por contacto con el ácido de la batería.

Riesgos químicos
Después del sector químico, probablemente sea el de la agricultura el que maneja mayor cantidad de sustancias químicas. La diferencia –y agravante- está en que los empleados del sector químico son más conscientes de los riesgos que manejan que los agricultores, lo que les hace más propensos a sufrir accidentes.
·Plaguicidas, fertilizantes y otros productos
Los productos químicos para la agricultura se agrupan en tres clases: plaguicidas, fertilizantes y productos para la salud animal. La finalidad de los plaguicidas es causar la muerte, por consiguiente es necesario adoptar precauciones para manipularlos de forma segura. Algunos de los problemas han sido superados por los avances en los productos. En la mayoría de los casos, el lavado con agua abundante es el mejor tratamiento de primeros auxilios en caso de exposición superficial de piel y ojos.
La palabra plaguicida tiene un significado muy amplio, ya que engloba términos como insecticida, fungicida, herbicida, rodenticida, bactericida, acaricida, nematocida o molusquicida, en clara alusión a las plagas que trata de combatir. Reciente está la crisis de los topillos, que nos hace reparar en el riesgo del manejo de venenos para roedores (rodenticidas), cuestión que no es baladí, y que los agricultores deben sopesar adecuadamente, conociendo y, sobre todo, aplicando unas pautas mínimas de seguridad.
Los tóxicos pueden entrar en el cuerpo por la boca (ingestión), por los pulmones (inhalación), por la piel intacta (absorción percutánea) o por heridas en la piel (inoculación). La posibilidad y el grado de absorción cutánea varían con el producto químico; algunos de éstos ejercen una acción directa sobre la piel, causando dermatitis.
Sobre los fertilizantes, sólo decir que la base más común a todos ellos es el amoníaco, conocido sobradamente por su condición de alérgeno y por provocar la irritación de la piel, ojos y vías respiratorias. También puede provocar quemaduras y es inflamable.
Hasta el momento, en el repaso de la abultada lista de riesgos que acosan al agricultor hemos obviado la aseveración de que el guante es imprescindible elemento de protección. Pero, al tratar los riesgos químicos, sí vamos a hacer alguna precisión más explícita.
·Empleo de guantes
Las manos son las partes más expuestas al contacto con los contaminantes, por lo que debe protegérselas utilizando siempre guantes aptos para el manejo de sustancias químicas, resistentes a la permeación por líquidos. Por razones obvias, no deben usarse guantes que incorporen un forro o muñequera de tela o que estén hechos de cuero (son hidrófilos), ya que dichos materiales absorben los pesticidas en lugar de repelerlos. Después de utilizar guantes no desechables, será necesario enjuagarlos bien con agua limpia antes de quitárselos.
La falta de rigor en este importante capítulo del manejo de sustancias químicas hará que las manos queden expuestas a sufrir irritaciones, quemaduras o úlceras. Los productos químicos pueden romper la defensa que nos proporciona la piel y penetrar en la sangre, con resultados peligrosos y, a veces, fatales, aunque sea a largo plazo, lo que dificulta aún más establecer una relación de causa-efecto.
Los trabajadores expuestos no deben olvidar que las sustancias químicas no siempre causan un daño inmediato, siendo la exposición acumulativa la que causa, en muchas situaciones, daños irreversibles. La falta de cultura preventiva –cuando no analfabetismo- y la desidia son elementos en contra de la seguridad y salud del agricultor.
·Mantenimiento de maquinaria
Las máquinas también comportan riesgos químicos. Con frecuencia, el agricultor se ve abocado a actuar como mecánico o, como mínimo, hacer labores de mantenimiento de la maquinaria. Ello implica un contacto frecuente con aceites minerales y gasóleo, sustancias que son nocivas para la higiene de las manos y la salud en general. Aquí sería de aplicación todo cuanto en su día dijimos sobre la prevención de riesgos laborales en el sector del mantenimiento de automóviles y talleres de automoción, con especial atención a los aceites minerales y otros fluidos empleados en las máquinas, que lejos de su aspecto y tacto aparentemente inofensivos pueden ocasionar dolencias como el “botón de aceite” por oclusión de los poros de la piel, o inducir el desarrollo de enfermedades oncológicas, siempre debido al contacto con manos o la piel.

Riesgos biológicos
La enfermedades dermatológicas constituyen el problema de salud más común en los trabajadores agrícolas. Existen numerosos casos de enfermedades y lesiones cutáneas en esta población, entre ellas las producidas por el uso de herramientas manuales como las tijeras de podar, los irritantes y alérgenos presentes en los productos fitosanitarios, los materiales alergénicos de origen animal y vegetal (como la hiedra venenosa), las ortigas y otras plantas irritantes, el calor o el contacto prolongado con el agua, que pueden causar o agravar infecciones de la piel, y la exposición al sol, que puede causar, como dijimos, cáncer de piel. Los riesgos biológicos en el campo tienen orígenes diversos.
·Alérgenos
Los alérgenos pueden ser de origen vegetal, sustancias químicas o derivados biológicos. Hortalizas como la alcachofa, col de bruselas, repollo, zanahoria, apio, escarola, cebolleta, endivia, ajo, rábano, puerro, lechuga,  cebolla, perejil, etc. contienen alérgenos vegetales y, como tal, capacidad para sensibilizar a los trabajadores que los cultivan, que podrán desarrollar reacciones alérgicas.
Los trabajadores que cultivan hortalizas pueden padecer dermatosis como paquilosis, hiperqueratosis, cromatosis con lesión de las uñas y dermatitis. La dermatitis por contacto, ya sea irritativa como alérgica, es la más frecuente. La dermatitis alérgica puede ser inmediata o diferida según características de los individuos. Los síntomas son picor, eritema, sarpullido, edema y formación de vesículas, lesiones que aparecen principalmente en manos, brazos, cara y cuello. Los productos fitosanitarios son también importantes alérgenos responsables de la dermatitis alérgica.
La primera actuación es la prevención mediante el uso de camisas de manga larga, pantalones largos y guantes siempre que sea posible. Pueden utilizarse también ciertas cremas para crear una barrera que impida la transferencia de irritantes a la piel. El lavado inmediato después del contacto con la planta puede reducir al mínimo los efectos. Los casos de dermatitis con erupciones cutáneas o que no cicatrizan exigen la atención médica.
·Picaduras de insectos y abejas
Durante labores de cultivo y recolección existe un importante riesgo de que se produzcan picaduras de insectos y abejas, que suelen estar entre el follaje. La mejor protección consiste en utilizar camisas de manga larga y guantes siempre que se trabaje entre las hojas.
·Lesiones y enfermedades causadas por animales
En algunas explotaciones agrícolas se utilizan animales de tiro (caballos, mulas, asnos o bueyes) que, además de poder causar lesiones a los trabajadores, les exponen a enfermedades zoonóticas, como el ántrax (carbunco), brucelosis, rabia, fiebre amarilla o la tularemia. Las ratas también pueden contagiar enfermedades infecciosas.
Y no concluiremos el relato de peligros biológicos sin referirnos a las mordeduras de perros, gatos o serpientes, o las picaduras de garrapatas, escorpiones y arañas. El guante suele ser la primera prevención para problemas que, sin ser muy graves, sí son dolorosos y molestos para la mayoría de la población. No obstante, el problema es de extrema urgencia cuando las picaduras o mordeduras afectan a personas que padecen o han padecido afecciones alérgicas o patologías cardiacas.


Tipos de infecciones provocadas por animales
Infecciones
Exposición
Síntomas
Brucelosis (Brucella melitensis)
Contacto con ganado bovino, caprino y ovino infectado
Fiebre constante y recurrente, migrañas, debilidad, dolor de
articulaciones, sudores nocturnos y pérdida de apetito. Asimismo, síntomas de artritis, gripe, astenia y espondilitis.
Erisipela
Contacto de heridas abiertas con cerdos y pescado infectado

Enrojecimiento localizado, irritación, sensación de ardor, dolor en el área infectada. Puede propagarse a la corriente sanguínea y
a los ganglios linfáticos.
Leptospirosis
Contacto directo con animales infectados y su orina
Migrañas, dolor muscular, infecciones oculares, fiebre, vómitos y escalofríos; en casos más graves, deterioro hepático y renal, y complicaciones cardiovasculares y neurológicas.
Epidermicosis
Causada por un hongo parásito situado en la piel de los animales
Eritema y aparición de ampollas en la piel.
Dematofitosis (tiña)
Enfermedad micótica debida al contacto con la piel y el pelo de
animales infectados
Pérdida de pelo localizada y pequeñas costras en el cuero cabelludo.
Toxoplasmosis
Contacto con ganado bovino, ovino, caprino, porcino y aves
infectados
Fase aguda: fiebre, dolor muscular, dolor de garganta, migrañas, hinchazón de los ganglios linfáticos y dilatación del bazo. La infección crónica da lugar al desarrollo de quistes en las células
del cerebro y de los músculos. La transmisión fetal provoca
abortos y partos prematuros. Los niños nacidos tras el período de gestación normal pueden presentar defectos en el cerebro y el corazón y fallecer.

La gripe aviar
Entre las enfermedades infecciosas provocadas por animales enfermos la de más triste actualidad –y que ha hecho correr los ríos de tinta- es la llamada gripe del pollo o aviar. Dado que se trata de un riesgo biológico que amenaza a los trabajadores y a la población en general, aprovecharemos este artículo para trazar el perfil de la enfermedad.
La gripe aviar es, básicamente, una enfermedad que puede afectar a las aves y, ocasionalmente, transmitirse al hombre. Esta enfermedad, que fue identificada en el sur de Italia hace cien años, es por tanto conocida en los ambientes avícolas y ganaderos. Es una enfermedad muy contagiosa; los microorganismos se encuentran principalmente en gallinas y aves ubicados dentro de zonas de corral, aunque no es descartable la transmisión de la epidemia por aves migratorias en libertad.
La transmisión se realiza por contacto directo con las heces infectadas y otras secreciones. Los huevos rotos contaminados en la zona de incubación también transmiten la infección, que puede mantenerse latente durante mucho tiempo. Para colmo de males, se han encontrado evidencias de que la enfermedad estaría mutando y, con ello, diversificando sus cepas, como veremos seguidamente.
·Intercambio de genes de la gripe aviar
Veterinarios del Servicio de Investigación Agrícola estadounidense (ARS, en sus siglas inglesas) han identificado recientemente una nueva cepa de la gripe porcina con una particularidad molecular: su composición incluye genes tanto de la gripe aviar como de la porcina. De hecho, el hallazgo no es nuevo, sino una confirmación de una evidencia anterior. En 2003, expertos chinos confirmaban por primera vez la identificación del virus de la gripe aviar H5N1 en cerdos. Existiría pues una cadena de contagio de aves a mamíferos, que se convertirían en el “hábitat” idóneo para la mezcla de un virus mutante.

DESPIECE1
Vivir (peligrosamente) en el campo
Ya lo hemos dicho al principio de este reportaje: a menudo, tenemos una imagen idealizada y bucólica del campo, ignorando riesgos –muchos de ellos ancestrales- pero, desde luego, nada bucólicos ni idílicos. Ello explicaría el desarraigo de la población, su desinterés y abandono de la agricultura desde hace décadas.
La explotación agrícola industrial presenta riesgos, que se agravan aún más en el caso de las explotaciones familiares, debido a la limitación de recursos y al carácter de auto-subsistencia que tienen muchas de estas explotaciones. Así pues, sin el menor género de dudas, la explotación familiar constituye un entorno de trabajo peligroso. Es uno de los pocos lugares de trabajo peligrosos en el que varias generaciones de una misma familia pueden vivir, trabajar y jugar.
El barómetro más elocuente de la seguridad y la salud es la carga de trabajo por trabajador, ya se trate de trabajo físico, de trabajo mental o de la necesidad de tomar decisiones. Muchos accidentes graves se producen entre agricultores que trabajan con equipos que conocen bien, en campos familiares, cuando realizan tareas que llevan haciendo años o incluso décadas. Ya lo sentenciaba un pensador: “El hábito hace diestras nuestras manos y torpes nuestras mentes”. La rutina es la antesala de la desatención, el riesgo y... el accidente.
Los materiales agrícolas peligrosos, como los plaguicidas, fertilizantes, líquidos inflamables, disolventes y otros limpiadores, son responsables de enfermedades agudas y crónicas en los trabajadores agrícolas y sus familiares. Los tractores, las barrenas y otros equipos mecanizados han permitido un gran aumento en la capacidad de trabajo del agricultor, pero producen también accidentes graves. La posibilidad de quedar atrapado en la maquinaria, el vuelco de los tractores, la presencia del ganado, la conducción de máquinas en vías públicas, las caídas o los golpes producidos por la caída de objetos, la manipulación de materiales, herramientas y utillajes, los espacios confinados y la exposición a toxinas, polvo, mohos, sustancias químicas, vibración y ruido son los principales riesgos de enfermedad y lesiones en las explotaciones agrícolas. Todo ello sin olvidar las condiciones climáticas y la exposición al medio natural. En definitiva, la agricultura es una actividad muy exigente y sacrificada, un trabajo que –no de balde- se
asocia con unas tasas de mortalidad y morbilidad más altas que ningún otro.

DESPIECE2
Dramatizar la dermatitis
La dermatitis, que aparece como consecuencia de unas condiciones insalubres para la mano, tiene un aspecto y consecuencias desagradables, desembocando en muchos casos en incapacidad laboral, u otros problemas de salud más serios si no se sigue un tratamiento rápido e intensivo. Hay ocasiones en que conviene desdramatizar las cosas. No es este el caso. Por utilizar el mismo término, tratándose de dermatitis, conviene dramatizar las consecuencias de una dolencia aparentemente trivial. La razón es simple: trabajamos con las manos –que son nuestro medio mecánico de interactuar con nuestro espacio físico-, luego una afección invalidante de las manos supone una pérdida de la capacidad laboral. En el caso de muchos buenos profesionales esa incapacidad laboral no es transitoria, sino crónica, lo que supone un serio revés personal-profesional y una pérdida de talento para la sociedad. Así pues, la dermatitis no es trivial. Evitarla bien vale la pena, situación al alcance de todo trabajador que emplee el sentido común... y los guantes.
·Los peligros de la dermatitis
La dermatitis laboral es un problema serio. Más de la mitad del tiempo perdido por enfermedades profesionales tiene como causa la dermatitis, un problema para las empresas y, sin duda, para el sujeto paciente.
La dermatitis profesional es una inflamación de la piel causada por el contacto con una sustancia irritante presente en el puesto de trabajo. Los síntomas y la variedad de las condiciones varían considerablemente.
El tiempo para contraer la dermatitis profesional dependerá de una serie de factores:
-Si la sustancia en cuestión es un irritante conocido o no.
-El tiempo y frecuencia de contacto con la piel.
-El abanico de temperaturas.
-El tipo de piel y sensibilidad individual.
Localizada normalmente en las manos y antebrazos, los síntomas de la dermatitis profesional pueden ser rojez, picor, propagación y aparición de ampollas. Un empeoramiento conducirá al agrietado y sangrado de la piel, pudiéndose producir infecciones cutáneas. Estas condiciones son suficientes para provocar la incapacidad laboral transitoria del trabajador y, en casos extremos, podrían imponer un cambio de oficio. Su diagnóstico precoz y la profilaxis adecuada producirán una completa recuperación del afectado.
Como en todo, también en la dermatitis la prevención es la regla de oro: los trabajadores deben contar con un adecuado nivel de protección.

© Manuel Domene Cintas. Periodista.