lunes, 4 de julio de 2011

¿Amor y pedagogía?

(PL 54) EDITORIAL. Edito54.doc. Manuel Domene. Palabras: 483

Amor y pedagogía, además de un referente en la novelística española, es un ‘mix’ de recursos para conseguir una moción de ánimo en las personas. Amor y pedagogía son los ingredientes para encauzar a un niño por los vericuetos de la vida. Pero, amor y pedagogía –que en este caso, es como un poco de mano izquierda- es lo que ha servido para promover, divulgar y amplificar en la última década el mensaje de la prevención en España, la tan cacareada cultura preventiva.
Aunque el ‘papá Estado’ y la ‘mamá Administración’ no hayan destacado especialmente por sus aptitudes psicopedagógicas, no es menos cierto que han tutelado, impulsado e impuesto la prevención en el tajo. En un panorama de claroscuros, ya podemos congratularnos de la obtención de resultados significativamente positivos. En noviembre de 2007, las estadísticas mostraban el mayor descenso del número de víctimas laborales de los últimos diez años. La situación no se debía a casualidad ni a infra-declaración de accidentes. Los sindicatos la atribuían a “la mayor persecución de los accidentes por parte de la Inspección de Trabajo y, sobre todo, a la labor de la Fiscalía especial contra la siniestralidad laboral, creada a mediados de 2006”. Los datos del fiscal, Juan Manuel de Oña, lo corroboran. En 2006, sólo la mitad de las muertes laborales llegaron a los tribunales, pero esa proporción supuso un avance espectacular respecto al año anterior. Acabar con la sensación de impunidad de los incumplidores está obrando ese buen efecto que refleja la estadística de siniestralidad.
Tras un largo periodo de paciencia, la autoridad laboral está cambiando la táctica. Va a seguir con la pedagogía, que es lo políticamente correcto, pero va a sustituir el ‘amor’, un amor relativamente tolerante con que se ha conducido en la última década, por la aplicación estricta de la ley, que es dura, pero es la ley. El empresario, en tanto que garante de la seguridad de sus empleados, hace frente a una batería de responsabilidades: administrativas, civiles y penales. Los magistrados, cada día más especializados en la persecución del delito relacionado con la seguridad laboral, proclaman en los foros de debate que “el empresario tiene que estar en condiciones de demostrar que cuenta con una organización preventiva excelente. No es de recibo exigir responsabilidad al trabajador si el patrón no cumple. La soledad está en todos, pero hay menos soledad cumpliendo la ley”.
Así pues, vemos que se ha acabado la incongruencia de la impunidad. En lo sucesivo nuestros referentes en PRL serán la pedagogía, porque nuestro deber es enseñar al que yerra, y la disciplina para evaluar el mérito o demérito. Con el tiempo se evidenciarán las proporciones en que se mezclan los ingredientes. De momento, una cosa puede quedarnos clara: el ‘mix’ de la nueva década para promover la seguridad en el trabajo se compone de disciplina y pedagogía.

© Manuel Domene Cintas. Periodista