miércoles, 24 de junio de 2015

‘Offshore’: trabajar a destajo con riesgos severos

Las jornadas laborales en las plataformas petrolíferas (Offshore) son extenuantes. Trabajar en una plataforma petrolífera es una actividad intrínsecamente peligrosa para la salud física y la mental por desarrollarse en un entorno hostil.
Cada semana de trabajo debería alternarse con una de descanso, aunque parece que la regulación horaria no va con el trabajo offshore ni las políticas empresariales, donde no se aplica la Directiva Europea sobre Tiempo de Trabajo (2003/88/CE), como denuncian las organizaciones sindicales de diversos países.



En un contexto de vacío legal, cabe destacar el acuerdo que alcanzó el Parlamento Europeo en febrero de 2013 encaminado a crear una Directiva sobre seguridad en plataformas offshore. El asunto no es baladí. Los trabajadores se quejan de que “todo el tiempo en la plataforma es tiempo de trabajo. Puedes encontrarte en la cama, pero debes estar disponible para el trabajo si eres requerido, además debes responder a las alarmas y emergencias. Estás sujeto al control del empresario, y tus 12 horas de descanso no son necesariamente tuyas”.
Según Colin MacFarlane, profesor emérito de la Strathclyde University (Glasgow), “la fatiga, la falta de sueño y los cambios de turnos están sustancialmente relacionados con los accidentes en este trabajo”. 
Compartir espacio de camarote con uno o incluso más colegas supone vivir en el hacinamiento, padecer falta de espacio y, lo que es peor, sufrir perturbaciones del sueño
 Riesgos generales del ‘offshore’
Son riesgos habituales los fenómenos físicos como ruido y vibraciones. La exposición al petróleo crudo y a los productos químicos que lo acompañan puede provocar dermatitis y lesiones de la piel. Existe la posibilidad de exposición aguda y crónica a una gran variedad de materiales y sustancias químicas insalubres:
-Petróleo crudo, gas natural y ácido sulfhídrico durante la perforación y los reventones.
-Metales pesados, benceno y otros contaminantes presentes en el crudo.
-Amianto, formaldehido, ácido clorhídrico y otras sustancias químicas y materiales peligrosos como las sustancias radiactivas naturales.
-Explosión e incendio. Al perforar un pozo petrolífero siempre existe el riesgo de reventón y que se genere una nube de gas y vapor seguida de explosión e incendio. Un incendio fuera de control puede suponer la pérdida de vidas humanas, hundimiento de la plataforma y catástrofe medioambiental.

Proximidad forzosa
Aunque lo más usual es que impere un espíritu de camaradería, la plataforma puede ser un terreno abonado para el ejercicio de la violencia laboral entre trabajadores, o para padecer un demoledor aislamiento en una situación de proximidad forzosa, circunstancia harto paradójica, pero posible cuando no existe una buena relación entre los trabajadores (a menudo de nacionalidades y culturas diferentes).
El tipo de comodidades del espacio personal de los trabajadores y la cantidad-calidad del sueño también son aspectos cruciales. Compartir espacio de camarote con uno o incluso más colegas supone vivir en el hacinamiento, padecer falta de espacio de almacenamiento y –lo que es peor- sufrir perturbaciones del sueño a causa de contingencias comunes como son los ronquidos y la actividad ajena. “Es peor que estar en la cárcel –bromean. No puede subestimarse el estrés al que estamos sometidos. Falta de sueño, alarmas intempestivas y repetidas, batir de puertas. Es difícil acostumbrarse a la falta de privacidad y de comodidad”.

Pese a su frialdad, las plataformas son el hogar de una tripulación mayoritariamente masculina (en torno al 95%). Actualmente no es raro disponer de baño propio, wi-fi, teléfono y televisión, comodidades que hacen más llevadera la estancia en una especie de ‘cárcel flotante’ en medio de la nada oceánica, y donde convenciones de tierra como los horarios, los descansos del fin de semana o las actividades de recreo quedan relativizadas por imperativos del trabajo.