miércoles, 25 de diciembre de 2013

"Liquidadores", voluntarios para morir

Los ‘liquidadores’ son el primer frente de choque en cualquier catástrofe. Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, la palabra ‘liquidar’ tiene, entre otros significados, el de ‘acabar con algo, suprimirlo o hacerlo desaparecer’.
El impacto de la actividad humana sobre su entorno no adquirió unos tintes realmente dramáticos hasta el siglo pasado. No fueron necesarios, por tanto, los ‘liquidadores’, esas primeras personas que tratan de contrarrestar los efectos de una catástrofe, con riesgo de sus vidas.



Desde Chernobil… con temor
Parece haber consenso en que el término ‘liquidador’ lo acuñaron los rusos para referirse a aquella legión de personas que, con medios escasos, se enfrentaron al infierno de fuego y radiación desatados tras el accidente de un reactor en la central nuclear de Chernobil (Ucrania), en 1986.
Al precedente cinematográfico que fue “Desde Rusia con Amor” podemos decir que, años más tarde, siguió un acontecimiento –nada ficticio- que hemos querido sintetizar como “Desde Chernobil con temor”. El temor obvio de las naciones europeas que, próximas o lejanas al lugar de la tragedia, fueron bañadas por una nube radiactiva, seguramente sin precedentes en la historia de la humanidad.
Nunca podremos evaluar el coste medioambiental y en vidas humanas de esta nube. Sin embargo, podemos afirmar que si la nube no adquirió unas proporciones apocalípticas fue debido al trabajo abnegado de los liquidadoresvoluntarios en su mayoría, que se enfrentaron a la radiación, atajándola precariamente con una mole de hormigón que se lanzó sobre el reactor siniestrado, y que el mundo dio en llamar sarcófago de Chernobil. Buena parte de aquellos liquidadores del error colectivo que fue la central ucraniana fueron a su vez liquidados por el efecto de las dosis mortales de radiación recibida. Fue un acto de generosidad y entrega que se ha repetido recientemente en Japón.

Fukushima y el silencio de los japoneses
La vida es bella, incluso en Fukushima pese al devastador efecto del terremoto, combinado con un tsunami, que afectó a la central nuclear japonesa. Las autoridades niponas han querido mantener un silencio prudente para minimizar la gravedad del siniestro y el dolor de su orgullo nacional herido. Nuevamente en esta emergencia nuclear actuaron los liquidadores, aunque en un número limitado. Los datos oficiales han manejado cifras de 50 (Los 50 de Fukushima), que trabajaron en turnos rotatorios. La cifra oscilaría entre los 180 y los 800 brigadistas-liquidadores. Aunque el número real nunca será conocido, pues parece que también se dio la colaboración altruista de la población civil y, entre los colaboradores, serían mayoría las personas de edad avanzada que, con su sacrificio, intentaban impedir que otras personas jóvenes socorrieran la emergencia y padeciesen los efectos de la exposición a dosis mortales de radiación. El director de la central siniestrada sólo sobrevivió dos años al accidente.
Chernobil y Fukushima ponen de manifiesto el paradigma del auto-sacrificio por parte de los liquidadores. Aunque el término parece reservado para los brigadistas de grandes emergencias, consideramos que debe ampliarse. Liquidadores, según el diccionario y la evidencia, son todos los que contribuyen a poner término a una emergencia, sea accidente nuclear, o sea un vertido de petróleo, un terremoto, un ciclón o huracán, unas inundaciones, atentado terrorista, gran incendio…, poniendo en peligro sus propias vidas.

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