domingo, 3 de febrero de 2013

Estrés ergonómico

(PL 17) EDITORIAL. Edito17. Manuel Domene. Palabras: 517

Hace muchísimo tiempo, en ciertos ambientes, se estilaba la célebre pregunta “¿estudias o trabajas?”, que servía, las más de las veces, para “romper el hielo” y entablar una conversación. Ahora, en pleno auge de la consciencia y preocupación por la salud laboral, tendríamos que ampliar la pregunta, formulándola del siguiente modo: “¿estudias, trabajas... o caducas?”. Ciertamente, supone una cortesía interesarse por el estado de salud de nuestros semejantes. La nueva sensibilidad social que se está creando sabe que son muchos los peligros que nos acechan, algunos de ellos en forma de L.M.E. (lesión músculo-esquelética).

El estrés ergonómico empieza en la escuela debido al mobiliario, por lo general, incómodo. Véase Facultad de Ciencias de la Información, Bellaterra. Curso 1977-78 
Hablando con personal del ámbito de la protección laboral, pronto se descubren errores de concepto. Generalmente, se piensa que los esfuerzos deben concentrarse en reducir la siniestralidad, es decir, evitar el accidente, que es la drástica manifestación del fracaso preventivo, antes de dedicarse a prevenir el dolor de espalda y las degeneraciones músculo-esqueléticas. Quienes así piensan son víctimas de su ignorancia porque están menospreciando el problema y su inopinada magnitud, olvidando el principio que establece aquello de que “no hay enemigo pequeño”.

Para ir al grano, si la tasa de accidentes laborales es alta, el universo de personas expuestas a situaciones, posturas o trabajos no ergonómicos es abrumador. Esa situación se saldará con futuras L.M.E. y su cuadro asociado de malestar, dolor y merma de la calidad de vida, por no mencionar la incapacidad laboral transitoria. Para decirlo de otro modo, es improbable que el 100% de la población laboral sufra o perezca en un accidente laboral, mientras que prácticamente el 100% de la población total puede desarrollar L.M.E. debidas a lo que podríamos denominar estrés ergonómico, un peligro presente tanto en el ámbito laboral como el escolar.


La actual situación de desatención ergonómica es la que nos lleva a cuestionarnos, como ha hecho en una de sus campañas de salud laboral un Sindicato, si trabajamos, estudiamos o estamos caducando, es decir, deteriorando nuestras condiciones físicas y, por ende, acortando nuestro periodo de validez, reduciendo nuestro tiempo útil... Nacer es empezar a morir, ya lo sabemos; lo que no podemos admitir es el anormal deterioro de la salud debido a unas desfavorables condiciones de trabajo.

Contra lo que pudiera parecer, el estrés ergonómico no es privativo del mundo laboral. Para seguir la línea argumental, podríamos decir que los estudiantes -tiernos párvulos incluidos- también están caducando ya desde su primer trabajo, sin que sean conscientes de ello. Los inadecuados pupitres de nuestras escuelas están provocando en el alumnado micro-traumas imperceptibles pero acumulativos, cuya trascendencia se hará palpable en forma de ciática años después.

El estrés ergonómico es un mal insidioso y callado que llega a producir un gran daño a partir de agresiones leves o inapreciables, infausta circunstancia que no desencadena una actitud de defensa por parte del agredido. Lógicamente, si no lo remediamos en la misma medida que los accidentes de trabajo, las agresiones ergonómicas se prolongarán durante la vida laboral del individuo. Sólo la prevención del estrés ergonómico, en escuela y empresa, nos permitirá asegurar que estudiamos/trabajamos, pero sin fecha de caducidad.

© Manuel Domene Cintas. Periodista.