viernes, 20 de septiembre de 2013

Empleos ‘verdes’, trabajo sucio

Las ‘tecnologías verdes’ para el medio ambiente no están exentas de peligros para la seguridad y salud de los trabajadores


La etiqueta ‘verde’ se asocia con ecología y ‘viste’ mucho. Sin embargo, siguiendo la analogía de un refrán, no es verde todo lo que se anuncia como tal, como no es oro todo lo que reluce.
La recogida y separación de residuos se considera empleo verde. Quizás sea así en el primer mundo si se dispone de los medios adecuados. Definitivamente, no es un empleo verde cuando se desenvuelve en condiciones de pobreza e insalubridad, normalmente en lugares del tercer mundo.


De hecho, la gestión y el reciclado de residuos podría ser uno de los sectores emergentes de la economía verde con más riesgos para la salud laboral, según un informe de la Agencia Europea de Salud y Seguridad en el Trabajo (OSHA).
Aunque ciertos trabajos tengan la consideración de “verdes”, las tecnologías que se emplean en los mismos no lo son en absoluto. Las tecnologías verdes son, por lo general beneficiosas, aunque debe hacerse un análisis profundo antes de su aplicación si no queremos resultados adversos o, incluso, contrarios a los perseguidos. Por ejemplo, la sustitución de algunas sustancias dañinas para el medio ambiente por otras ‘amistosas’ con el medio ha resultado ser peligrosa para la salud de los trabajadores. Así, el cambio de pinturas con disolvente a pinturas de base acuosa ha comportado la adición de biocidas. Análogamente, sustituir los hidro-clorofluorocarbonos por los clorofluorocarbonos aumenta el riesgo de exposición a carcinógenos y la probabilidad de incendios.

¿Cegados por las buenas intenciones?...
Parece obvio, pues, que lo que es bueno para el medio ambiente, no siempre es bueno para las personas. Haremos breve cita de algunos otros ejemplos:
-Fabricación de paneles fotovoltaicos. Esta actividad, uno de los paradigmas de la sostenibilidad y el ecologismo, emplea más 15 materiales peligrosos. Entre otros riesgos, los trabajadores pueden verse expuestos al teluro de cadmio, cuya manipulación es peligrosa al ser altamente cancerígeno. También afrontan riesgos convencionales: caídas, trabajo a las elevadas temperaturas, en espacios reducidos, electrocución, etc.
-Fabricación de aerogeneradores eólicos. Los trabajadores pueden verse expuestos a riesgos químicos derivados de la exposición a  gases, vapores y polvos nocivos.
Cualquier actividad económica implica un equilibrio entre el riesgo y el beneficio, en el que, dependiendo de la actividad, el riesgo puede variar desde la mera pérdida material al daño a la salud o la pérdida de la vida. Sea verde o no, el trabajo siempre genera el riesgo de accidentes y enfermedades, cuya reducción o eliminación constituye uno de los principios fundamentales de la seguridad laboral.
La evaluación de los peligros laborales asociados a las tecnologías verdes y actividades conexas deviene así un tema de importancia capital que, en consecuencia, no puede dejarse al azar. No tiene sentido que estos nuevos trabajos, llamados no sólo a mejorar el entorno, sino también a revitalizar la economía y generar empleo, se creen con prisa y desorden sin atender a su calidad e ignorando su incidencia en la salud laboral, máxime cuando pueden degenerar en una lacra social antes de que se tomen las adecuadas medidas de protección. En otras palabras, la razón de fondo de la ‘filosofía’ verde no puede cegarnos ni nublarnos el entendimiento: hay que relativizar el valor de la etiqueta ‘verde’, que, a priori, tiene mucho ‘glamour’.
Seguidamente, abordamos los empleos verdes con el foco puesto en la seguridad y salud laboral.

Energía solar
El grupo de las energías renovables, que atrae el interés de los inversores, está creciendo rápidamente y, según las previsiones, acelerará el ritmo en los próximos años. Estimaciones conservadoras establecen que este sector estaría empleando globalmente más de cuatro millones de trabajadores (la mitad en el segmento de los bio-combustibles). El interés por las energías alternativas puede hacer el sector de las energías renovables crezca hasta generar veinte millones de empleos hacia 2030.
La energía solar se transforma en electricidad mediante paneles fotovoltaicos. Los riesgos laborales están presentes en la fabricación, instalación y al final del ciclo de vida de los paneles, cuando se convierten en un residuo. Al fabricarlas, se emplean más de 15 sustancias peligrosas: los peligros se derivan de los productos químicos usados conjuntamente con las obleas de silicio, componente principal de las placas. La fabricación de las células solares, componente de las placas supone el uso de productos de limpieza que pueden ser tóxicos. Por tanto, los trabajadores que fabrican los módulos fotovoltaicos y sus componentes deben protegerse de la exposición a las sustancias que manejan.
Los paneles solares se convierten en un residuo electrónico al final de su vida útil (20-25 años). Contienen materiales nuevos, como teluro de cadmio y arseniuro de galio, cuyo reciclaje es complejo, presentado un reto tecnológico para la seguridad, la salud y la protección del medio ambiente.
Algunos peligros físicos que afrontan los trabajadores al instalar paneles solares son similares a los de la construcción, como las caídas de altura, manejo manual de cargas, temperaturas extremas (altas o bajas), trabajo en espacios confinados y electrocución durante construcción y mantenimiento. Existe un peligro adicional, que afecta en este caso a la salud de los bomberos y los residentes, derivado de los humos que se liberan de la combustión módulos fotovoltaicos en caso de incendio en un edificio que los tenga instalados.

Reciclar es verde. No así las condiciones de trabajo de muchos recicladores. El trabajo de reciclado puede ser sucio, contaminante, poco atractivo o peligroso, además de mal pagado, incluso en países desarrollados

Energía eólica
La fuerza del dios Eolo ha experimentado un gran auge de uso en la última década, esperándose que prosiga su expansión. Laboralmente, este sector industrial abarca el desarrollo de proyectos, fabricación de turbinas (aerogeneradores) y componentes, construcción, instalación, explotación y mantenimiento de los cada vez más presentes molinillos. Los riesgos en la fabricación son similares a los de la industria del automóvil o la construcción aeroespacial, mientras que los riesgos derivados de la instalación y el mantenimiento son asimilables a los de la construcción. Los trabajadores pueden quedar expuestos a sustancias químicas como las resinas epoxy, estireno y disolventes, gases nocivos, polvos, nieblas y vapores, humos de fibra de vidrio, endurecedores, aerosoles y fibras de carbono. También corren peligros físicos por la existencia de partes en movimiento, así como el trabajo manual en la fabricación y el mantenimiento de las palas o aspas. Son problemas de salud comunes las dermatitis, mareos, somnolencia, daños hepático y renal, ampollas, quemaduras químicas o causticaciones, así como insidiosos efectos (presuntamente mutagénicos) en la reproducción sexual.

Durante el mantenimiento no pueden obviarse peligros físicos como las caídas de altura, trastornos musculo-esqueléticos (TME) y posturas forzadas al trabajar en espacios confinados, carga física para subir a las torres, electrocución y lesiones ocasionadas por la maquinaria rotante o la caída de objetos. No es posible la estimación numérica de los accidentes por la falta de datos estadísticos.

Energía hidráulica
Genera electricidad sin la quema de combustibles fósiles, por lo que no produce las emisiones asociadas al carbón, petróleo o gas. El impacto ambiental proviene del embalsamiento del agua, reducción del nivel de agua y cambios en sus flujos, así como la construcción de pantanos, carreteras o líneas de alta tensión. La energía hidráulica proporciona más del 17% de la electricidad mundial, convirtiéndose, con diferencia, en la energía renovable más importante de las usadas en la generación de electricidad.
Los peligros y riesgos asociados con la construcción, explotación y mantenimiento de grandes plantas hidráulicas son los mismos que encontramos en la construcción y en el transporte y distribución de energía eléctrica. Incluye las lesiones que provocan equipos mecánicos y el manejo de materiales, los riesgos por accidente eléctrico durante la instalación o construcción de líneas aéreas o soterradas, la exposición química al gas de hexafluoruro sulfúrico, y al bifenilo policlorado.
Los trabajadores deben estar provistos con equipo de protección que incluya los cinturones de seguridad y equipo de protección contra las caídas de altura, protección respiratoria y protección eléctrica. Asimismo dispondrán de protocolos de respuesta a emergencias in situ, ya que muy frecuentemente los accidentes más graves se producen durante la construcción de las grandes presas. Estas instalaciones también pueden tener un impacto social grave si provoca el desplazamiento de las comunidades y los pueblos indígenas locales.

Bio-energía
El sector de las bio-energías está teniendo un rápido desarrollo, incluye bio-combustibles, bio-gas y bio-masa para generar calor y electricidad. El desarrollo futuro de esta tecnología se hará empleando materias primas como las algas, monocultivos y grasas animales/aceites de cocina usados. Una de las preocupaciones medioambientales es el empleo de suelo agrícola para cultivar las ‘cosechas energéticas’. Los bio-combustibles están en el punto de mira de los investigadores y medioambientalistas por su efecto sobre el alza del precio de los alimentos o la pérdida de biodiversidad, dependiendo el alcance de su efecto del cuidado que se ponga en la gestión del recurso.
En forma líquida, sólida o gaseosa, la bio-energía también despierta preocupaciones medioambientales y las relativas a la seguridad y la salud de los trabajadores. Los peligros, que surgen principalmente de la producción de materia prima, son similares a los de la agricultura y el sector forestal. La producción de cultivos tradicionales como caña de azúcar o soja se asocia con la exposición a los fitosanitarios. La recolección manual de la caña de azúcar también implica la carga física en lugares típicamente húmedos y calurosos. En casos extremos, puede producirse la muerte del trabajador por agotamiento (golpes de calor). Durante los procesos térmicos, se produce la exposición a sustancias carcinógenas, gases, monóxido de carbono, óxidos de azufre, plomo, compuestos orgánicos volátiles (COVs), trazas de mercurio (se evapora a partir de los 40º C), metales pesados y dioxinas procedentes de la combustión de materia. La polución emitida por unidad de energía generada dependerá del refinamiento de la tecnología empleada.
Almacenada, la biomasa supone un peligro de fuego, y que el material usado para los procesos no siempre es fácil de almacenar. También existe el riesgo de explosión cuando se dispersan pequeñas partículas en el aire. Por otra parte, la biomasa puede causar polución del aire, dispersión de esporas y líquidos residuales con potencial para afectar a la salud, lo que implica una manipulación y almacenaje muy cuidadosos.
Los problemas de seguridad de los aspectos citados son muy similares a procesos análogos en el sector de los recursos fósiles: operación de turbinas de gas, almacenaje seguro, manipulación y transporte de líquidos inflamables. Es vital disponer de códigos de buenas prácticas para la anticipación, identificación, evaluación y control de peligros y riesgos, sean conocidos o no.

Gestión de residuos y reciclaje
Reciclar es ‘verde’, no así las condiciones de trabajo de muchos recicladores debido, principalmente, al empleo de prácticas no apropiadas: por ejemplo, quemar cableado con aislante de plástico para recuperar el cobre produce humos tóxicos y dioxinas que contaminan el medio ambiente y a los recicladores.
Reciclar se está convirtiendo en parte integral del diseño de producto y la gestión de residuos. Sin embargo, las nuevas tecnologías de reciclado pueden desatar nuevos riesgos dada la presión para preservar las cualidades y prestaciones de los productos. Asimismo, la recogida de productos de desecho puede conllevar la manipulación de sustancias peligrosas, desde nanomateriales y nuevos tipos de químicos hasta el continuo crecimiento de residuos electrónicos (cargados de sustancias tóxicas). Igualmente, los procesos de reciclado y valorización energética de los residuos pueden generar peligros como la producción de gases o explosiones.
La futura minería-vertedero de recursos hará que aumenten las exposiciones a sustancias nocivas. Los perjudicados serán los países pobres, destino habitual de las exportaciones de residuos de las primeras economías mundiales. En la guía jerárquica de la gestión de los residuos, la prevención es la primera opción, y la eliminación (o reciclado) el último recurso. En la práctica, no es así. El trabajo de reciclado puede ser sucio, contaminante, poco atractivo o, incluso, peligroso, además de mal pagado, incluso en países desarrollados. Un estudio sobre las condiciones de trabajo en los centros de reciclado de Suecia señalaba la necesidad de acciones preventivas, como mejora de la maquinaria y el equipo, además de mayor formación, especialmente en el manejo de residuos peligrosos.
En el Reino Unido, trabajadores de una estación de reciclado de residuos eléctricos sufrieron envenenamiento por mercurio debido a su trabajo de reciclaje de las ‘eco-bombillas’ (bajo consumo) debido a procedimientos inadecuados de trabajo. Otro ejemplo es el reciclaje de chatarra, que ocupa a muchos trabajadores. En Estados Unidos, las causas más comunes de enfermedad en esta industria son el envenenamiento con metales pesados, trastornos musculo-esqueléticos por movimientos repetitivos, enfermedades o desórdenes dermatológicos o respiratorios.
En la mayoría de países en vías de desarrollo, el creciente volumen de residuos ha desbordado a los gobiernos. Con frecuencia, los residuos médicos infecciosos y los desechos tóxicos de la industria no son separados de la basura doméstica antes de ir a parar a los vertederos. En este panorama sombrío encontramos que la actividad de reciclado es ejercida principalmente por trabajadores de la economía llamada ‘informal’. Las estimaciones cifran el número de recicladores mundiales entre 15 o 25 millones. China, el mayor generador de residuos del mundo, emplea una cifra estimada de 10 millones de personas en el reciclaje. Los recogedores de residuos son, por lo general, personas vulnerables, pobres, normalmente mujeres y niños, que se encuentran continuamente expuestos a sustancias peligrosas, materiales agresivos y todo tipo de patógenos. Por si fuera poco, carecen de reconocimiento social o económico. La situación se agrava con la irrupción en los vertederos de nuevos desechos electrónicos de nocividad tan poderosa como desconocida.
·Desguace de buques
En la medida que reduce la necesidad de explotación minera para obtener materia prima, el desmantelamiento y reciclaje de barcos puede clasificarse como una fuente potencial de ‘empleo verde’. Sin embargo, las características de los barcos y los materiales altamente contaminantes que llevan convierten el desguace en una fuente de peligros para la salud laboral y medioambiental debido a condiciones de trabajo inadecuadas. Los peligros incluyen la exposición a sustancias peligrosas como amianto, aceites y combustibles, pinturas tóxicas, PCBs, isocianidas, ácido sulfúrico, plomo y mercurio. Hay que contar también los riesgos físicos, mecánicos, biológicos, ergonómicos y psicosociales.

Riesgos ‘verdes’ en sectores tradicionales
·Minería
La minería, a cielo abierto o subterránea, es uno de los sectores más peligrosos. Entre los riesgos, encontramos fuego y explosiones, electrocuciones, exposición al polvo de sílice, mercurio, otros productos químicos y calor. La silicosis es una de las enfermedades profesionales más graves, que provoca una progresiva discapacidad física, que se hace permanente por el deterioro de la capacidad pulmonar.
Por otra parte, es bien conocido el impacto medioambiental de la minería a través de sus distintos contaminantes. El impacto medioambiental y sobre la salud que tiene el mercurio se hace evidente en muchas zonas mineras, además de liberarse a la atmósfera y contribuir así a la propagación y globalización de la toxina. La minería informal del oro, que emplea el mercurio para extraer el metal precioso, supone otro daño a la salud de las personas y del medio natural.
·Agricultura y silvicultura
El uso de fertilizantes químicos y fitosanitarios representa un problema de salud en esta actividad, que se ve minimizado en la llamada agricultura ecológica al utilizar sólo fertilizantes orgánicos. Pese a los evidentes beneficios de la biotecnología agrícola, no se ha desarrollado una gran investigación sobre las implicaciones que pueden derivarse para la salud y la seguridad de los trabajadores, o las consecuencias para el medio ambiente.
Los peligros derivan de los procedimientos de producción, así como de las habilidades y conocimientos de los trabajadores para manejar los productos de la agricultura biotecnológica. Se necesitan nuevos sistemas de manipulación para evitar la contaminación cruzada y asegurar el almacenaje aséptico. Hay que prevenir el daño que puede inducir la inhalación del polvo generado por productos modificados genéticamente, etc.
La actividad forestal también genera empleos verdes, cuyos riesgos laborales son muy similares a los de la explotación forestal convencional. La única diferencia estriba en que la gestión sostenible se apoya en trabajadores competentes, lo que mejora las condiciones de seguridad laboral. El desarrollo de los empleos verdes en este sector depende de la puesta en práctica de condiciones de ‘empleo decente’, a partir de los ‘Decent Work Standards’ y las recomendaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
·Construcción y rehabilitación
La construcción es un contribuyente típico de los gases de efecto invernadero. Por tanto, las nuevas construcciones que son eficientes energéticamente y la rehabilitación sostenible tienen un gran potencial para la creación de empleos verdes que, en contrapartida, exigen habilidades y conocimientos que no son necesarios en la construcción convencional.
Los riesgos de la construcción verde no difieren de los de la construcción convencional (moverse en el espacio de trabajo, trabajar en altura, uso de herramientas manuales y eléctricas, riesgos eléctricos, espacios confinados, almacenamiento y manipulación de productos químicos). La instalación de fuentes de energías renovables en los tejados, nuevos materiales de construcción, aislantes y pinturas conteniendo nanomateriales pueden convertirse en fuentes de riesgos laborales.
En la rehabilitación, la exposición al amianto es un riesgo frecuente y de difícil cuantificación, que requiere trabajadores y equipos de protección especializados.

Despiece 1
Empleo ‘verde’
Según la definición más citada, procedente del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA, 2008), el empleo verde es “el trabajo en la agricultura, el sector manufacturero, las actividades de investigación y desarrollo (I+D),  administrativas y de servicios, que contribuye de forma importante a la conservación o la restauración de la calidad ambiental. En concreto, pero no de manera exclusiva, esto incluye puestos de trabajo que ayudan a proteger los ecosistemas y la biodiversidad; a reducir el consumo de energía, materiales y agua mediante estrategias de alta eficacia; a ‘descarbonizar’ (quema de fuentes de energía contaminantes) la economía, y a reducir al mínimo o totalmente la generación de todas las formas de residuos y contaminación”.
La Comisión Europea (2012) entiende por empleos verdes “los que cubren todos los puestos de trabajo que dependen del medio ambiente o que se crean, se sustituyen o se redefinen (en términos de dotación de un carácter ecológico a los conjuntos de capacidades, métodos de trabajo, perfiles, etc.) en el proceso de transición hacia una economía más verde”, y añade que “esta definición amplia es complementaria y no se opone a la del PNUMA”, mencionada anteriormente.
Los empleos verdes también pueden abarcar no sólo el puesto de trabajo “ecológico” directo, sino llegar a la cadena de suministro. Los empleos verdes pueden ser directos, indirectos o inducidos.

Despiece 2
Tecnologías verdes, empleos ‘negros’
Aquí nos lavamos las manos frente a los residuos. La exportación de residuos peligrosos desde la UE a países no pertenecientes a la OCDE está prohibida desde 1998, aunque existe una triste constancia en las instancias comunitarias (CE) de que “esta legislación se elude casi sistemáticamente”. Europa se ‘lava las manos’ y –cuando puede- exporta el trabajo sucio. Paradigmático es el caso del portaviones francés Clemenceau (contaminado con amianto) que ha errado por los mares hasta que, finalmente, entrara para el desguace en un puerto británico. India y España (Gijón) fueron otros posibles destinos.
El desguace mundial de buques se ha multiplicado por seis entre 2007 y 2009 (pasando de los 4,2 millones de toneladas brutas a los 24,9 millones de toneladas brutas). Ello está motivado, entre otros motivos, por “la retirada de los petroleros monocasco, la crisis económica y el aumento de la flota mundial”, señalan fuentes de la Euro-Cámara.
Se estima que más de 5 millones de toneladas de materiales potencialmente nocivos procedentes de los buques que se desguacen entre 2006 y 2015 terminarán en astilleros de desmantelamiento. Por este motivo, los eurodiputados proponen que sólo los astilleros o instalaciones que se acrediten ante la UE puedan manejar materiales peligrosos sobre suelos impermeables o poseer instalaciones de tratamiento de residuos aguas abajo y que operen conforme a las normas de la UE en materia de protección de la salud humana y del medio ambiente. Asimismo, estos desguaces deberían quedar sometidos a auditorías periódicas de salud ambiental y laboral.