martes, 8 de mayo de 2018

Nada es más fácil que estar triste

Buena parte de los humanos se esfuerza por encontrar la felicidad fuera de sí mismos, creyendo que la conseguirán a través de éxitos, acontecimientos, momentos de plenitud y circunstancias externas. Sin embargo, la felicidad es un estado de paz interior, calma y satisfacción que no dependen únicamente del entorno. Tanto es así que una persona puede ser feliz, incluso en un entorno hostil, gracias a la movilización de sus recursos internos.

Versión Inglesa


Se equivocan lamentablemente quienes vinculan su felicidad con circunstancias ajenas como sus congéneres (la familia, la pareja o los hijos), el azar, una economía favorable y una vida acomodada, el éxito profesional, o factores que comúnmente se asocian con la suerte. Nada más lejos de la realidad: la felicidad es una opción y una decisión personal. Si, como decía Séneca, “nada es más fácil que estar triste”, podemos colegir ahora que nada es más difícil que estar feliz sin un estado mental apropiado que actúe como precursor de la ansiada felicidad. En nosotros mismos está el poder de decidir si optamos por la felicidad o no.

La felicidad es contagiosa: las personas felices desprenden energía que edifica y transforma su entorno. Por desgracia, la tristeza también se contagia

Además, contrariamente a la creencia popular, la felicidad no se busca. Más bien podríamos decir que se encuentra, ya que nace de nuestra realidad de cada momento. No les falta razón a quienes piensan que la felicidad es flor de un día (efímera), frágil, etérea e inalcanzable en su plenitud. Sin embargo, el trabajo diario, con el enfoque correcto, proporciona la dosis de felicidad necesaria para sortearnos en la vida. Paradójicamente, la escuela nos proporciona instrucción, socialización, etc., pero no nos educa para ser felices, que es, por encima de todo, una actitud. Las personas felices lo son porque supieron interpretar, filtrar o vivir sus experiencias existenciales en clave positiva.

Pese a ser la felicidad una actitud interior y autónoma, las relaciones laborales tienen un peso nada desdeñable. No es lo mismo trabajar en organizaciones-jungla (liderazgo nocivo) que tener un líder comprometido con la excelencia, que ve la felicidad del empleado (capital humano) tan valiosa como la propia, que se esfuerza en conseguir un círculo virtuoso de motivación constante, que es lo que marca la diferencia entre lo mediocre y lo excelente, la supervivencia laboral o el bienestar. La felicidad se disfruta en la meta, pero también por el camino. De ahí que el objetivo sea disfrutar del día a día con pasión. 

Nada pide menos esfuerzo que estar triste (o quemado) estos días. El mérito está en no quemarse; es decir, preservar un optimismo (visión positiva) incombustible y estanco a nuestras propias circunstancias. Para ser feliz hay que esforzarse. Así que lo primero es dejar de lado la pereza.