lunes, 2 de octubre de 2017

El ‘engagement’, en retroceso

Disminuye el nivel de compromiso de los trabajadores en todo el mundo. El capital humano, uno de los activos más importantes de las empresas, necesita un clima favorable para optimizar la productividad y la felicidad laboral. Sin embargo, los informes alertan de que el compromiso (engagement) de los trabajadores evoluciona a la baja, síntoma de que existe alguna patología oculta. Huelga decir que la falta de compromiso causa un perjuicio general.

El informe, Trends in Global Employee Engagement, de Aon Hewitt (expertos en talento y Recursos Humanos), pone de manifiesto que la situación de “incertidumbre global” acaba provocando una “reacción de escepticismo entre los empleados”, sin excepción, pues este síndrome de alejamiento o desapego de los trabajadores respecto de sus empresas es mundial y registra casos que son inéditos.


Muestra de 5.000.000 millones de trabajadores
El ‘algodón’ de Aon Hewitt no engaña: el informe ha tenido en consideración los datos aportados por más de cinco millones de trabajadores pertenecientes a más de 1.000 organizaciones de todo el mundo. La evidencia es que el ‘engagement’ (compromiso, identificación, vinculación) de los empleados ha caído del 65% en 2015 al 63% en 2016. La tasa de empleados altamente comprometidos no supera el 24%; mientras que los moderadamente comprometidos estarían en torno al 40%.
La explicación cabe buscarla en la insatisfacción (real o anticipada) de la fuerza laboral del mundo, que vive inmersa (o está oteando en su horizonte laboral) cambios. Casi por definición, todo cambio tiende a ser traumático. En otras palabras, y según los analistas autores del informe, se estaría produciendo “un aumento de los movimientos populistas, como los existentes en Estados Unidos, Reino Unido y otras regiones, que está creando ansiedad dentro de las organizaciones, ya que anticipan un mayor potencial de retroceso en la liberalización del mercado de trabajo”.
No es fácil asegurar que el eufemístico “mayor potencial de retroceso” que cita el informe sea un cosa mala en sí misma. Pero un somero análisis holístico (implicaciones) lleva a concluir que sí, que la amenaza (sin precisión de su naturaleza) está en ciernes, y de ahí se deriva esa “ansiedad de las organizaciones” (y, obviamente, de sus miembros).
Sin espacio para apuntar las principales razones del desencanto y el retroceso del compromiso, citaremos una que recoge el informe Aon Hewitt, la tecnología y el cambiante mundo del trabajo. Al respecto sentencian que “los rápidos avances tecnológicos son considerados una amenaza para la estabilidad laboral, menos empleados se sienten comprometidos y se espera que esta tendencia continúe”. 

En España, el 58% de los trabajadores se sienten comprometidos.  Superamos de largo a Francia (47%), ligeramente a Italia (57%) y a Alemania (56%)

Desmotivados del mundo
Existen diferencias geográficas en la pandemia del des-compromiso de los trabajadores. Las mismas se deben también a las diferencias económicas, políticas y culturales específicas de cada área geográfica o país. Según Aon Hewitt, Asia-Pacífico es la zona que ha experimentado un mayor descenso del compromiso, pasando del 65% en 2015 al 62% en 2016. Por el contrario, sería América Latina la zona con mayor nivel de ‘engagement’ (entre el 72% - 75%).
Sorprende el dato de Japón –siempre nos cautivaba la imagen de esos trabajadores motivados, que realizaban una tabla gimnástica antes de ponerse a apretar las tuercas de los toyotas. Pues ahora el nivel de compromiso de sus trabajadores es el más bajo: sólo un 37% de la masa laboral nipona ‘comulga’ a machamartillo con su empresa. ¿Y qué pasa en España? Estamos en el término medio: aproximadamente el 58% de los trabajadores están comprometidos.  Superamos de largo a Francia (47%), ligeramente a Italia (57%) y a Alemania (56%). El Reino Unido estaría en un 59% (los datos son de 2016).
El término inespecífico de ‘ansiedad global’ estaría detrás de la erosión del compromiso. Cabe la posibilidad de que los trabajadores desmotivados del mundo (no unidos, sino dispersos, y cada cual enfrascado en su propia supervivencia) estén percibiendo un liderazgo nocivo entre quienes tendrían que ser los adalides del progreso social. “La capacidad de los líderes para tener el grado de sensibilidad personal adecuada para hacer crecer a las personas y a su organización en un entorno tan cambiante como el actual es clave”, sentencia acertadamente el informe Aon Hewitt.

Mientras el compromiso de los trabajadores continúe a la baja, las empresas sólo pueden esperar más rotación, mayor absentismo y menor satisfacción del cliente, factores que empobrecen los resultados financieros…, y la alegría de vivir de quienes tienen su mayor o menor talento por único capital.