jueves, 31 de diciembre de 2015

Glifosato: breve argumentario que justifica la precaución

Conocido en muchos círculos como el ‘herbicida total’, el glifosato es un Disruptor Endocrino y un Compuesto Orgánico Persistente. Como ‘biocida’ tiene el efecto colateral de afectar también a la vida de las personas y del ecosistema. Un estudio publicado en Annals of Bioanalytical Chemistry revela que el glifosato, ingrediente activo del herbicida ‘Roundup’ (y otras marcas menos conocidas), se queda en las aguas subterráneas en las zonas donde se aplica, demostrando una baja biodegradabilidad.



La persistencia en el medio natural lleva al glifosato a pasar a las aguas y los acuíferos. Esta contaminación del agua conlleva peligros para la salud y cambios en los ecosistemas. Antes de degradarse, el glifosato también se ha oxidado en el aire de la atmósfera. Ello quiere decir que ha formado parte del aire respirable. Y, mezclado con otros polucionantes del aire, se ha descompuesto por efecto de la luz y del oxígeno, dando origen a lo que conocemos como ‘smog fotoquímico’, o mezcla de gases resultantes de la degradación. 
La EPA (Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos) tiene catalogado al glifosato como sustancia tóxica de Clase III
Toxina ubicua
Sin ánimo de propagar alarmismos innecesarios, conviene saber que estamos ante una sustancia que no sólo contamina a los trabajadores que la emplean, sino a toda la población ya que invade muchos ámbitos.
-Aire. El glifosato se detecta en muestras de aire. Aunque pueda estar en estratos atmosféricos alejados de los humanos, puede precipitar con la lluvia, por lo que el medio aéreo no es inocuo, y el glifosato puede ser un ‘ingrediente’ del peligroso cóctel respiratorio que nos envuelve.
-Comida. El glifosato entra en la cadena trófica de varias maneras: involuntaria, mientras se bio-degrada en el medio; y voluntaria, a través de cultivos (normalmente transgénicos y resistentes a la sustancia), que consume directamente el hombre, o animales que, posteriormente, entran en nuestra cadena de alimentación.
-Bebida. La sustancia se ingiere directamente en el agua, o en líquidos de consumo humano (zumos, bebidas) que estén elaborados a partir de productos tratados con el agente químico.
Diversas investigaciones publicadas en The National Library of Medicine señalan 17 reacciones adversas, incluyendo, genotoxicidad (reproducción), neurotoxicidad (sistema nervioso), hepatotoxicidad (hígado), nefrotoxicidad (riñones) y, por supuesto, carcinogenicidad. La EPA (Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos) tiene catalogado al glifosato como sustancia tóxica de Clase III. Sus propiedades teratogénicas (capacidad de inducir malformaciones fetales) le ha valido la comparación con el “Agente Naranja”. Además, es un veneno rápido: una dosis de sólo 30 gramos es mortal para un adulto.

Burocracia y oscurantismo
La Unión Europea ignoraba, en febrero de 2015, un informe científico que podría haber conducido a la prohibición de 31 pesticidas (incluido el glifosato) con ventas de miles de millones de euros. Las disputas internas y la presión de los fabricantes fueron determinantes del resultado.
La polémica se enardeció cuando, el viernes 20 de marzo, la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) inclinaba la balanza al hacer públicos sus criterios según los cuales tres pesticidas eran “probablemente” cancerígenos y otros dos -que ya han sido prohibidos o restringidos- lo eran “posiblemente”. Entre los probables se encontraba el glifosato, si bien la IARC matizaba que su calificación se había efectuado sobre la base de “pruebas limitadas” de cáncer entre los seres humanos. El fabricante impugnó inmediatamente la clasificación de la IARC alegando que se habían ignorado datos científicos relevantes.

Sea como fuere, ante las dudas-preocupaciones que genera el glifosato, Francia y Alemania ya han apelado al principio de precaución. En España, donde el glifosato encabeza las ventas de herbicidas, el  ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente no ha adoptado ninguna medida, ni tan sólo de información pública. Entre el alarmismo y la inacción –creemos- existe un término medio.