domingo, 5 de mayo de 2013

La contaminación del mercurio amenaza la biosfera

(PL 75) HIGIENE INDUSTRIAL. HIGIND-Mercurio.doc. Manuel Domene. Palabras: 1.674


Acuerdo de Minamata, una oportunidad de oro

para afrontar los riesgos del mercurio


El 19 de enero de 2013, los esfuerzos internacionales para hacer frente al mercurio, un metal pesado con un significativo y dramático impacto sobre la salud y el medio ambiente, recibieron un espaldarazo. Los gobiernos firmantes consensuaron un tratado global de restricciones legales para prevenir las emisiones y fugas.


Como los firmantes acordaron, “es el tiempo de pasar a la acción”. Si el compromiso de Minamata se queda en una declaración de intenciones estaríamos ante un fracaso –global- en materia preventiva. Las posibilidades de que así sea son elevadas: existirá entonces una norma de referencia, que muchos países –en vías de desarrollo, algunos- se negarán a cumplir.

La amenaza de un metal pesado
Después de negociar en Ginebra durante una semana, más 140 países llegaron el pasado enero a un acuerdo para reducir las emisiones mundiales de mercurio. El acuerdo de Minamata, primer tratado internacional en su género, que tiene por objetivo reducir la contaminación medioambiental por mercurio, será suscrito por los gobiernos en octubre próximo, en una conferencia que se celebrará en Japón.
A finales de la década de los 70 sonó una tecno-canción (Kraftwerk) que sentenciaba: “radioactivity is on the air for you and me” (la radiactividad está en el aire para ti y para mi). Inopinadamente, hoy somos contaminados por otras sustancias. Y, mientras es probable que la radiactividad no nos pase factura, afrontamos un riesgo potencial elevado de contaminarnos con mercurio simplemente caminando bajo la lluvia, bañándonos en un río, o consumiendo productos del mar, que actúan –para nuestra desazón- como bio-acumuladores y bio-magnificadores (acumulan y hacen más letal aún su carga nociva de mercurio y otros contaminantes).

Un nombre para el recuerdo
El Convenio debe su nombre a la población japonesa de Minamata. En 1956 se detectó el brote de un envenenamiento por mercurio que afectó masivamente a sus habitantes. Los síntomas más comunes fueron la alteración sensorial de manos y pies, de los sentidos de la vista y el oído, así como acusada debilidad física. Nueve años más tarde, el incidente se había cobrado la vida de unas 110 personas, estando registrados más de 400 casos de afectados que padecían graves secuelas neurológicas, debidas, según reveló el propio gobierno nipón en 1968, al consumo de pescado contaminado con mercurio.
El Acuerdo de Minamata establece controles y restricciones en un segmento de productos, procesos e industrias en torno al mercurio. Éstos abarcan desde el equipo sanitario (termómetros, tensiómetros) y las bombillas ahorradoras de energía a la minería extractiva, industria del cemento y de la energía alimentada con la quema de carbón.
El tratado, cuya negociación se ha dilatado durante cuatro años, y será ratificado oficialmente en Japón el mes de octubre, también contempla en sus medidas cautelares la minería directa del mercurio, importación y exportación del metal, así como el almacenamiento seguro del los residuos de mercurio. También forman parte del nuevo Acuerdo la determinación de las poblaciones en riesgo, el impulso del cuidado sanitario y una formación específica de los profesionales de la salud para la mejor identificación y tratamiento de las consecuencias del mercurio, entre las que deben considerarse con especial preocupación el daño neurológico y cerebral, a los que son especialmente sensibles los más jóvenes.

El azogue, o mercurio, es la antinomia de la biosfera (ese planeta cada día menos azul), pues ataca los ecosistemas terrestre, atmosférico e hídrico

Combatir las emisiones de mercurio
Datos recientes de Naciones Unidas apuntan que las emisiones de mercurio están aumentando en algunos países en desarrollo, por lo que deberán afrontar acuciantes problemas de salud y riesgos ambientales derivados de la exposición al metal plateado.
·Emisores de contaminación mercurial
Las emisiones de mercurio de la minería de oro artesanal en Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú están entre las más elevadas del mundo, según un análisis de “Mercury Watch” (Observatorio del Mercurio). Mientras que este organismo fija un nivel máximo de emisiones comprendido entre las 50 y las 500 toneladas/año, existen indicios de que sólo las actividades de la minería informal del oro en Colombia emiten hasta 180 toneladas de mercurio anualmente.
El envenenamiento puede ser local, y afectar únicamente al suelo. Pero también puede infectar las aguas y distribuirse con ellas. Otra parte de la emisión, que se evapora fácilmente, pasará inextricablemente a la atmósfera, donde puede permanecer durante años, desplazándose con los vientos, para depositarse en otros lugares por efecto de las lluvias. Este problema hace que la eco-toxicología se convierta –de repente- en una materia de harto interés para cualquier ciudadano de este planeta. Estamos globalizados en la economía, pero también en la eco-toxicología. Que nuestros con-vecinos contaminen, importa y mucho, pero es que aquí en España también somos contribuyentes netos de la toxina global.

El mercurio es un metal pesado que contamina los ecosistemas, intoxicando toda la cadena trófica. Aunque lo ignoremos, el mercurio está en la biosfera para ti y para mi

En Asia, China es, con diferencia, el mayor emisor en lo que concierne a la minería del oro artesanal, cifrándose sus emisiones en 444,5 toneladas anuales. Sudán y Ghana figuran como los principales emisores de mercurio en África, con 60 y 70 toneladas, respectivamente.
El mercurio se utiliza en la minería artesanal para decantar y concentrar el oro, al que se adhiere formando una combinación o amalgama que es fácil de deshacer a posteriori. Es un procedimiento barato, simple y rápido para los mineros informales que, por añadidura, suelen ignorar los graves efectos de la manipulación. Mercury Watch enfatiza que las medidas de protección de los mineros “no existen debido a las exclusivas peculiaridades químicas del mercurio, que hacen que se adhiera al cabello, la piel y la ropa durante días, lo que produce niveles de exposición muy elevados”. Mientras el oro continúe teniendo valor, será difícil evitar la intoxicación del planeta, el ecosistema y sus criaturas –sean mineros precarios o medio-pensionistas de Alabama- por culpa del hidrargirio (Hg), o mercurio.
La Unidad Ambiental de Naciones Unidas también nos recuerda que “las  pequeñas explotaciones mineras de oro son responsables del 35% de las emisiones mundiales de mercurio, lo que equivale a unas 727 toneladas al año, mientras que la segunda fuente es la quema de carbón para la producción de electricidad”.

Efectos sobre la salud y el ecosistema
También conocido como hidrargirio (agua y plata, literalmente), argento vivo, o azogue, el mercurio (Hg) es insoluble en agua. Cuando aumenta su temperatura-por encima del los 40º C produce vapores tóxicos y corrosivos. Los efectos nocivos del mercurio están científicamente corroborados y, entre ellos, figuran graves daños neurológicos, además de causar malformación fetal cuando la víctima de la intoxicación es una mujer embarazada.
El mercurio puede ser inhalado y absorbido a través de la piel y las mucosas. La exposición puede dañar permanentemente los riñones, o el cerebro, pudiendo ocasionar irritabilidad, temblores, o alteraciones de visión, audición y la memoria. También está detrás de síndromes de tristeza, ansiedad, insomnio, temor, excesiva timidez, debilidad muscular, sueño agitado, susceptibilidad emocional, hiper-excitabilidad o depresión.
El cuadro clínico descrito, que no es exhaustivo, puede etiquetarse como hidrargirismo (o mercurialismo, si atendemos a la otra denominación del metal). En España, con poca documentación al respecto, también lo hemos conocido como el ‘mal de azogue’. Los mineros de Almadén (Ciudad Real) ‘subieron’ al diccionario de nuestra lengua la triste expresión “temblar como un azogado”, que condensa claramente la etiología de un padecimiento de origen laboral.
El azogue es, asimismo, la antinomia de la biosfera (ese planeta cada día menos azul), al atacar los ecosistemas terrestre, atmosférico e hídrico, y concentrarse en el organismo de algunas especies (los túnidos, en el mar). En la biosfera, el mercurio –o cualquier sustancia tóxica y sus metabolitos- pueden persistir, causando un daño al medioambiente que conocemos por bio-magnificación. La eco-toxicidad desatada va así retro-alimentándose y dando cuerpo a la antinomia de la vida misma.

DESPIECE 1
Mercurio, presente tanto hoy como ayer
“Sabemos que es muy tóxico”, comenta el investigador Emilio Castejón, refiriéndose al mercurio, y nos cita algunos ejemplos: los azogados (aquejados del mal de azogue) y los sombrereros, que detallamos brevemente.
En 1778, José Parés Franqués, médico de las Minas Reales de Azogue (mercurio) de Almadén (Ciudad Real) escribió una carta al monarca Carlos III describiendo la catástrofe morbosa de las minas mercuriales de Almadén y su secuela de personas trémulas (temblores por intoxicación con mercurio). Por supuesto, en la España del siglo XVIII no se hizo nada, entre otras cosas, por codicia. Entonces el mercurio tenía un valor geo-económico pues se empleaba como amalgama alquimista en la aleación para obtener plata.
El mal no fue exclusivo de España, como lo prueba el dicho “As mad as a hatter” (tan loco como un sombrerero). Los desvaríos mentales de los sombrereros no eran un patrimonio endógeno del gremio cuya génesis fuese desconocida. Bien al contrario, la razón de que muchos sombrereros perdieran sus facultades mentales se debía a la intoxicación por mercurio, metal que se empleaba en la manufactura de los sombreros desde fechas remotas.

DESPIECE 2
Víctimas del mercurio en la España del 2013
El mercurio no es una amenaza remota. Asturias investiga la mayor intoxicación por este metal pesado ocurrida en España en marzo de 2013. Cerca de un centenar de obreros de la fábrica Asturiana de Zinc, en Avilés, resultaron afectados.
Un obrero especializado en tareas de mantenimiento durante las paradas de grandes complejos fabriles confesó que “pese a la mascarilla, aquel aire se mascaba”. Tras dos semanas de trabajo, ingresó en el hospital con una intoxicación aguda por mercurio y zinc.
La intoxicación afectó a una cincuentena de trabajadores, aunque los análisis posteriores detectaron otros afectados, algunos con puestos alejados del foco (zona cero de la intoxicación). Cuando el límite está establecido en 10-15 microgramos de mercurio/litro en sangre, hubo personas que dieron lecturas de hasta 632 microgramos.
Una intoxicación aguda como la de Asturias se manifiesta en forma de úlceras en la boca, diarrea, colitis, sangrado de encías, etc. También aparecen síntomas neuronales irreversibles y, aunque la exposición sea corta, puede verse gravemente dañada la función renal.

© Manuel Domene Cintas. Periodista