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jueves, 26 de diciembre de 2013

“Clean-up workers”, volunteers to die

The ‘liquidators’ (clean-up workers) are the first forefront at any catastrophe. According to the dictionary of the Real Academia de la Lengua Española, the word ‘liquidate’ has, among other meanings, that of ‘stopping something from going on, remove it or make it disappear’.
The human activity impact on the environment did not acquire a really dramatic scope until the last century. Therefore, ‘liquidators’, those people who firstly try to counteract the effects of a disaster, risking their lives, were not necessary.





From Chernobyl… with fear
There seems to be consensus that the term ‘liquidator’ was created by Russians to refer to those people, poorly equipped, who faced the hell of fire and radiation untied after the accident of a reactor in the nuclear plant of Chernobyl (Ukraine), in 1986.
The cinematographic precedent of the film “From Russia with love” has been followed years later with a happening –not fictitious- that we could synthesize as “From Chernobyl with fear”. Obviously, the undeniable fear of European nations, near or far to the scene of the tragedy, that were bathed in a radioactive cloud, surely unprecedented in the history of mankind.
We’ll never be able to assess the environmental and human lives cost of the poisoning cloud. However, we can say that if it did not acquire apocalyptic proportions was due to the self-denying work of the liquidators, volunteers mostly, who faced radiation and fought it precariously with a mass of concrete that was dropped upon the stricken reactor, and that the world came to call the Chernobyl sarcophagus. Many of those liquidators of the collective mistake that was the Ukrainian plant were themselves liquidated in turn by the effect of the lethal doses of radiation received. It was an act of generosity and dedication that has been repeated recently in Japan.

Fukushima and the silence of the Japanese
Life is beautiful, even in Fukushima despite the devastating effect of the earthquake, combined with a tsunami that hit the Japanese nuclear plant. The Japanese authorities have sought to keep a prudent silence for minimizing the severity of the loss and the pain of its wounded national pride. Again in this nuclear emergency liquidators played their role, although in a limited number. Official figures established a quantity of 50 (The 50 of Fukushima), who would have been working in shifts. The total figure would be between 180 and 800 brigade-liquidators. Nonetheless, the actual number will never be known, since it seems that there had also been the selfless collaboration of civilians. And among those helpers, most people would be elderly, who sacrificing themselves, tried to prevent other young people helping the emergency from suffering the effects of exposure to lethal doses of radiation. The director of the stricken plant died two years after the accident.
Chernobyl and Fukushima show the paradigm of self-sacrifice on the part of the liquidators. Though the word seems to be reserved for major emergencies brigades, we believe that should be extended. Liquidators, according to dictionaries and evidences, are all those contributing to stop an emergency, whether it is a nuclear accident or an oil spill, earthquake, cyclone or hurricane, floods, terrorist attacks, major fire…, endangering their own lives.

Read the Spanish version

miércoles, 25 de diciembre de 2013

"Liquidadores", voluntarios para morir

Los ‘liquidadores’ son el primer frente de choque en cualquier catástrofe. Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, la palabra ‘liquidar’ tiene, entre otros significados, el de ‘acabar con algo, suprimirlo o hacerlo desaparecer’.
El impacto de la actividad humana sobre su entorno no adquirió unos tintes realmente dramáticos hasta el siglo pasado. No fueron necesarios, por tanto, los ‘liquidadores’, esas primeras personas que tratan de contrarrestar los efectos de una catástrofe, con riesgo de sus vidas.



Desde Chernobil… con temor
Parece haber consenso en que el término ‘liquidador’ lo acuñaron los rusos para referirse a aquella legión de personas que, con medios escasos, se enfrentaron al infierno de fuego y radiación desatados tras el accidente de un reactor en la central nuclear de Chernobil (Ucrania), en 1986.
Al precedente cinematográfico que fue “Desde Rusia con Amor” podemos decir que, años más tarde, siguió un acontecimiento –nada ficticio- que hemos querido sintetizar como “Desde Chernobil con temor”. El temor obvio de las naciones europeas que, próximas o lejanas al lugar de la tragedia, fueron bañadas por una nube radiactiva, seguramente sin precedentes en la historia de la humanidad.
Nunca podremos evaluar el coste medioambiental y en vidas humanas de esta nube. Sin embargo, podemos afirmar que si la nube no adquirió unas proporciones apocalípticas fue debido al trabajo abnegado de los liquidadoresvoluntarios en su mayoría, que se enfrentaron a la radiación, atajándola precariamente con una mole de hormigón que se lanzó sobre el reactor siniestrado, y que el mundo dio en llamar sarcófago de Chernobil. Buena parte de aquellos liquidadores del error colectivo que fue la central ucraniana fueron a su vez liquidados por el efecto de las dosis mortales de radiación recibida. Fue un acto de generosidad y entrega que se ha repetido recientemente en Japón.

Fukushima y el silencio de los japoneses
La vida es bella, incluso en Fukushima pese al devastador efecto del terremoto, combinado con un tsunami, que afectó a la central nuclear japonesa. Las autoridades niponas han querido mantener un silencio prudente para minimizar la gravedad del siniestro y el dolor de su orgullo nacional herido. Nuevamente en esta emergencia nuclear actuaron los liquidadores, aunque en un número limitado. Los datos oficiales han manejado cifras de 50 (Los 50 de Fukushima), que trabajaron en turnos rotatorios. La cifra oscilaría entre los 180 y los 800 brigadistas-liquidadores. Aunque el número real nunca será conocido, pues parece que también se dio la colaboración altruista de la población civil y, entre los colaboradores, serían mayoría las personas de edad avanzada que, con su sacrificio, intentaban impedir que otras personas jóvenes socorrieran la emergencia y padeciesen los efectos de la exposición a dosis mortales de radiación. El director de la central siniestrada sólo sobrevivió dos años al accidente.
Chernobil y Fukushima ponen de manifiesto el paradigma del auto-sacrificio por parte de los liquidadores. Aunque el término parece reservado para los brigadistas de grandes emergencias, consideramos que debe ampliarse. Liquidadores, según el diccionario y la evidencia, son todos los que contribuyen a poner término a una emergencia, sea accidente nuclear, o sea un vertido de petróleo, un terremoto, un ciclón o huracán, unas inundaciones, atentado terrorista, gran incendio…, poniendo en peligro sus propias vidas.

Leer la versión inglesa

domingo, 5 de mayo de 2013

La contaminación del mercurio amenaza la biosfera

Acuerdo de Minamata, una oportunidad de oro

para afrontar los riesgos del mercurio


El 19 de enero de 2013, los esfuerzos internacionales para hacer frente al mercurio, un metal pesado con un significativo y dramático impacto sobre la salud y el medio ambiente, recibieron un espaldarazo. Los gobiernos firmantes consensuaron un tratado global de restricciones legales para prevenir las emisiones y fugas.


Como los firmantes acordaron, “es el tiempo de pasar a la acción”. Si el compromiso de Minamata se queda en una declaración de intenciones estaríamos ante un fracaso –global- en materia preventiva. Las posibilidades de que así sea son elevadas: existirá entonces una norma de referencia, que muchos países –en vías de desarrollo, algunos- se negarán a cumplir.

(Leer artículo completo)

La contaminación del mercurio amenaza la biosfera

(PL 75) HIGIENE INDUSTRIAL. HIGIND-Mercurio.doc. Manuel Domene. Palabras: 1.674


Acuerdo de Minamata, una oportunidad de oro

para afrontar los riesgos del mercurio


El 19 de enero de 2013, los esfuerzos internacionales para hacer frente al mercurio, un metal pesado con un significativo y dramático impacto sobre la salud y el medio ambiente, recibieron un espaldarazo. Los gobiernos firmantes consensuaron un tratado global de restricciones legales para prevenir las emisiones y fugas.


Como los firmantes acordaron, “es el tiempo de pasar a la acción”. Si el compromiso de Minamata se queda en una declaración de intenciones estaríamos ante un fracaso –global- en materia preventiva. Las posibilidades de que así sea son elevadas: existirá entonces una norma de referencia, que muchos países –en vías de desarrollo, algunos- se negarán a cumplir.

La amenaza de un metal pesado
Después de negociar en Ginebra durante una semana, más 140 países llegaron el pasado enero a un acuerdo para reducir las emisiones mundiales de mercurio. El acuerdo de Minamata, primer tratado internacional en su género, que tiene por objetivo reducir la contaminación medioambiental por mercurio, será suscrito por los gobiernos en octubre próximo, en una conferencia que se celebrará en Japón.
A finales de la década de los 70 sonó una tecno-canción (Kraftwerk) que sentenciaba: “radioactivity is on the air for you and me” (la radiactividad está en el aire para ti y para mi). Inopinadamente, hoy somos contaminados por otras sustancias. Y, mientras es probable que la radiactividad no nos pase factura, afrontamos un riesgo potencial elevado de contaminarnos con mercurio simplemente caminando bajo la lluvia, bañándonos en un río, o consumiendo productos del mar, que actúan –para nuestra desazón- como bio-acumuladores y bio-magnificadores (acumulan y hacen más letal aún su carga nociva de mercurio y otros contaminantes).

Un nombre para el recuerdo
El Convenio debe su nombre a la población japonesa de Minamata. En 1956 se detectó el brote de un envenenamiento por mercurio que afectó masivamente a sus habitantes. Los síntomas más comunes fueron la alteración sensorial de manos y pies, de los sentidos de la vista y el oído, así como acusada debilidad física. Nueve años más tarde, el incidente se había cobrado la vida de unas 110 personas, estando registrados más de 400 casos de afectados que padecían graves secuelas neurológicas, debidas, según reveló el propio gobierno nipón en 1968, al consumo de pescado contaminado con mercurio.
El Acuerdo de Minamata establece controles y restricciones en un segmento de productos, procesos e industrias en torno al mercurio. Éstos abarcan desde el equipo sanitario (termómetros, tensiómetros) y las bombillas ahorradoras de energía a la minería extractiva, industria del cemento y de la energía alimentada con la quema de carbón.
El tratado, cuya negociación se ha dilatado durante cuatro años, y será ratificado oficialmente en Japón el mes de octubre, también contempla en sus medidas cautelares la minería directa del mercurio, importación y exportación del metal, así como el almacenamiento seguro del los residuos de mercurio. También forman parte del nuevo Acuerdo la determinación de las poblaciones en riesgo, el impulso del cuidado sanitario y una formación específica de los profesionales de la salud para la mejor identificación y tratamiento de las consecuencias del mercurio, entre las que deben considerarse con especial preocupación el daño neurológico y cerebral, a los que son especialmente sensibles los más jóvenes.

El azogue, o mercurio, es la antinomia de la biosfera (ese planeta cada día menos azul), pues ataca los ecosistemas terrestre, atmosférico e hídrico

Combatir las emisiones de mercurio
Datos recientes de Naciones Unidas apuntan que las emisiones de mercurio están aumentando en algunos países en desarrollo, por lo que deberán afrontar acuciantes problemas de salud y riesgos ambientales derivados de la exposición al metal plateado.
·Emisores de contaminación mercurial
Las emisiones de mercurio de la minería de oro artesanal en Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú están entre las más elevadas del mundo, según un análisis de “Mercury Watch” (Observatorio del Mercurio). Mientras que este organismo fija un nivel máximo de emisiones comprendido entre las 50 y las 500 toneladas/año, existen indicios de que sólo las actividades de la minería informal del oro en Colombia emiten hasta 180 toneladas de mercurio anualmente.
El envenenamiento puede ser local, y afectar únicamente al suelo. Pero también puede infectar las aguas y distribuirse con ellas. Otra parte de la emisión, que se evapora fácilmente, pasará inextricablemente a la atmósfera, donde puede permanecer durante años, desplazándose con los vientos, para depositarse en otros lugares por efecto de las lluvias. Este problema hace que la eco-toxicología se convierta –de repente- en una materia de harto interés para cualquier ciudadano de este planeta. Estamos globalizados en la economía, pero también en la eco-toxicología. Que nuestros con-vecinos contaminen, importa y mucho, pero es que aquí en España también somos contribuyentes netos de la toxina global.

El mercurio es un metal pesado que contamina los ecosistemas, intoxicando toda la cadena trófica. Aunque lo ignoremos, el mercurio está en la biosfera para ti y para mi

En Asia, China es, con diferencia, el mayor emisor en lo que concierne a la minería del oro artesanal, cifrándose sus emisiones en 444,5 toneladas anuales. Sudán y Ghana figuran como los principales emisores de mercurio en África, con 60 y 70 toneladas, respectivamente.
El mercurio se utiliza en la minería artesanal para decantar y concentrar el oro, al que se adhiere formando una combinación o amalgama que es fácil de deshacer a posteriori. Es un procedimiento barato, simple y rápido para los mineros informales que, por añadidura, suelen ignorar los graves efectos de la manipulación. Mercury Watch enfatiza que las medidas de protección de los mineros “no existen debido a las exclusivas peculiaridades químicas del mercurio, que hacen que se adhiera al cabello, la piel y la ropa durante días, lo que produce niveles de exposición muy elevados”. Mientras el oro continúe teniendo valor, será difícil evitar la intoxicación del planeta, el ecosistema y sus criaturas –sean mineros precarios o medio-pensionistas de Alabama- por culpa del hidrargirio (Hg), o mercurio.
La Unidad Ambiental de Naciones Unidas también nos recuerda que “las  pequeñas explotaciones mineras de oro son responsables del 35% de las emisiones mundiales de mercurio, lo que equivale a unas 727 toneladas al año, mientras que la segunda fuente es la quema de carbón para la producción de electricidad”.

Efectos sobre la salud y el ecosistema
También conocido como hidrargirio (agua y plata, literalmente), argento vivo, o azogue, el mercurio (Hg) es insoluble en agua. Cuando aumenta su temperatura-por encima del los 40º C produce vapores tóxicos y corrosivos. Los efectos nocivos del mercurio están científicamente corroborados y, entre ellos, figuran graves daños neurológicos, además de causar malformación fetal cuando la víctima de la intoxicación es una mujer embarazada.
El mercurio puede ser inhalado y absorbido a través de la piel y las mucosas. La exposición puede dañar permanentemente los riñones, o el cerebro, pudiendo ocasionar irritabilidad, temblores, o alteraciones de visión, audición y la memoria. También está detrás de síndromes de tristeza, ansiedad, insomnio, temor, excesiva timidez, debilidad muscular, sueño agitado, susceptibilidad emocional, hiper-excitabilidad o depresión.
El cuadro clínico descrito, que no es exhaustivo, puede etiquetarse como hidrargirismo (o mercurialismo, si atendemos a la otra denominación del metal). En España, con poca documentación al respecto, también lo hemos conocido como el ‘mal de azogue’. Los mineros de Almadén (Ciudad Real) ‘subieron’ al diccionario de nuestra lengua la triste expresión “temblar como un azogado”, que condensa claramente la etiología de un padecimiento de origen laboral.
El azogue es, asimismo, la antinomia de la biosfera (ese planeta cada día menos azul), al atacar los ecosistemas terrestre, atmosférico e hídrico, y concentrarse en el organismo de algunas especies (los túnidos, en el mar). En la biosfera, el mercurio –o cualquier sustancia tóxica y sus metabolitos- pueden persistir, causando un daño al medioambiente que conocemos por bio-magnificación. La eco-toxicidad desatada va así retro-alimentándose y dando cuerpo a la antinomia de la vida misma.

DESPIECE 1
Mercurio, presente tanto hoy como ayer
“Sabemos que es muy tóxico”, comenta el investigador Emilio Castejón, refiriéndose al mercurio, y nos cita algunos ejemplos: los azogados (aquejados del mal de azogue) y los sombrereros, que detallamos brevemente.
En 1778, José Parés Franqués, médico de las Minas Reales de Azogue (mercurio) de Almadén (Ciudad Real) escribió una carta al monarca Carlos III describiendo la catástrofe morbosa de las minas mercuriales de Almadén y su secuela de personas trémulas (temblores por intoxicación con mercurio). Por supuesto, en la España del siglo XVIII no se hizo nada, entre otras cosas, por codicia. Entonces el mercurio tenía un valor geo-económico pues se empleaba como amalgama alquimista en la aleación para obtener plata.
El mal no fue exclusivo de España, como lo prueba el dicho “As mad as a hatter” (tan loco como un sombrerero). Los desvaríos mentales de los sombrereros no eran un patrimonio endógeno del gremio cuya génesis fuese desconocida. Bien al contrario, la razón de que muchos sombrereros perdieran sus facultades mentales se debía a la intoxicación por mercurio, metal que se empleaba en la manufactura de los sombreros desde fechas remotas.

DESPIECE 2
Víctimas del mercurio en la España del 2013
El mercurio no es una amenaza remota. Asturias investiga la mayor intoxicación por este metal pesado ocurrida en España en marzo de 2013. Cerca de un centenar de obreros de la fábrica Asturiana de Zinc, en Avilés, resultaron afectados.
Un obrero especializado en tareas de mantenimiento durante las paradas de grandes complejos fabriles confesó que “pese a la mascarilla, aquel aire se mascaba”. Tras dos semanas de trabajo, ingresó en el hospital con una intoxicación aguda por mercurio y zinc.
La intoxicación afectó a una cincuentena de trabajadores, aunque los análisis posteriores detectaron otros afectados, algunos con puestos alejados del foco (zona cero de la intoxicación). Cuando el límite está establecido en 10-15 microgramos de mercurio/litro en sangre, hubo personas que dieron lecturas de hasta 632 microgramos.
Una intoxicación aguda como la de Asturias se manifiesta en forma de úlceras en la boca, diarrea, colitis, sangrado de encías, etc. También aparecen síntomas neuronales irreversibles y, aunque la exposición sea corta, puede verse gravemente dañada la función renal.

© Manuel Domene Cintas. Periodista