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martes, 30 de julio de 2019

Grasas (y otros recursos) contra la obesi-ansiedad

La ansiedad es un padecimiento general que se alimenta de eventos de nuestras vidas privadas, pero también de circunstancias laborales y profesionales. La interacción del ámbito privado y el laboral es inevitable, y siempre perjudicial en lo tocante a ansiedad. En nuestro país ya contamos con sentencias judiciales -y reconocimientos por parte de la Seguridad Social- que tipifican (en algunos casos) la ansiedad como accidente laboral. Hay muchas terapias de abordaje de la ansiedad, pero trataremos aquí una que está denostada en muchos ámbitos, pero que merece nuestra consideración.
Lo mollar en este artículo es que la ingesta de grasas ayuda a frenar la ansiedad. La grasa aplasta la ansiedad. Pero aún más: la grasa es el remedio contra la obesidad-ansiedad (obesi-ansiedad), dos desórdenes que suelen hermanarse para destruir tu físico y tu auto-estima.


Hay un repertorio de medidas contra la ansiedad que, grosso modo, son: dormir bien, iniciar el día con moral de victoria (y la “V” de victoria), seguir una dieta cetogénica (“Keto”) pobre en carbohidratos (alrededor del 5% de la ingesta total), y cambiar nuestra manera de pensar, evitando el pensamiento negativo, que es el alimento de la ansiedad. Por supuesto, también nos ayudarán el ejercicio físico (moderado o intenso, según nuestra condición física), el ocio en contacto con la naturaleza, cualquier actividad que rompa el círculo vicioso del problema.

El lector avezado ya habrá intuido que la intención de este artículo es mostrar cómo combatir la ansiedad desde dos frentes: aplastándola con grasas (mejor si son saludables) y matándola de hambre al privarla de su principal sustento, que es el pensamiento negativo y los miedos/temores que nos atenazan a los humanos (hay censados hasta unos 7.000). A tenor de lo que desarrollaremos, este artículo bien podría haberse titulado cetogénesis y pensamiento positivo. No nos confundamos, grasas hay muchas. Todas sirven para nuestro propósito; si bien, ser un poquito escrupuloso y selectivo con los lípidos siempre será un plus recomendable en cuanto a resultados y evitación de efectos paralelos no deseados.

Cambios bioquímicos
Antes de entrar en materia, lo repetiré para quienes aún dudan: la ingesta de grasas induce cambios bioquímicos en nuestro organismo, devolviéndolo a conductas alimentarias del paleolítico que hemos abandonando erróneamente, lo que está redundando en trastornos como la obesidad y la ansiedad, dos epidemias en expansión en el ciclo evolutivo del hombre –que, en ocasiones, tiene más de involución que de lo contrario.
Tu cerebro se nutrirá con la energía del azúcar (que es lo que le das), pero funcionaría mucho mejor si le dieras su combustible preferido, que son las grasas y las proteínas
Vamos al abc (abreviado y no exclusivo) de la lucha contra la ansiedad (a veces obesi-ansiedad):
·La grasa, alimento del cerebro
Siempre me ocupé de que mis hijos fuesen bien alimentados al cole por las mañanas. “La glucosa es el principal alimento del cerebro”, les decía, llevado de mi propio error, un error que no era nada casual. Recuerdo un anuncio de las azucareras que, para auto-reivindicarse y frenar la caída de ventas, proclamaba literalmente: “¡Que no te amarguen la vida!”. Como enunciado de marketing, la frase no carece de gancho. Pero hacerle caso (y dejar que las azucareras nos ‘endulcen’ la vida) tiene consecuencias importantes para la salud psicofísica de cualquiera.

Sigue siendo cierto que el cerebro necesita energía debido a su elevado consumo. De hecho, nuestra hambrienta CPU se alimentará de la energía más asequible, que pueden ser los azúcares y los carbohidratos (energía rápida y de baja calidad), pero también puede alimentarse de grasas, que tienen un alto valor energético y alimentan durante más tiempo (cadena larga). Precisamente, la humanidad, en el remoto paleolítico, desarrolló el cerebro cuando abandonó la dieta herbívora y adoptó la carnívora. Comer carne nos hizo progresar en términos cognitivos. Básicamente la dieta era proteica (carne y pescados), complementándose con fruta, frutos secos, raíces, etc. Así vivieron nuestros antepasados durante varios millones de años, y hasta mediados del siglo pasado (en muchos casos).
Nuestro cerebro y nuestro metabolismo se llevan bien con la ingesta de grasas. Es más, la privación de la grasa contraviene nuestra dinámica celular. Sin embargo, ni el cerebro ni el metabolismo de los humanos son plenamente compatibles con la ingesta de carbohidratos y azúcares procesados, que tanto deleitan a nuestro paladar (y acaban convertidos en reservas de grasa que nunca podemos destruir).

¿Por qué grasas sí y carbohidratos no? Es una simple cuestión evolutiva: durante millones de años hemos digerido y aprovechado las grasas. Sin embargo, los hidratos de carbono (trigo, azúcar) apenas llevan unos 10.000 años en la dieta humana, desde la implantación de la agricultura. Nuestro metabolismo, por tanto, está especializado en extraer energía de las grasas. En resumen, tu cerebro se nutrirá con la energía del azúcar (que es lo que le das), pero funcionaría mucho mejor si le dieras su combustible preferido, que son las grasas y las proteínas.
Si suena extraño cuanto digo en favor de las grasas es porque éstas han sido demonizadas desde mediados del siglo pasado por las conclusiones sesgadas (y trucadas) de un científico norteamericano, que no citaré (ver reportaje “The magic pill”, disponible en internet).

Durante décadas, la industria, medicina, sociedad de consumo han aireado la presunta malignidad de las grasas, haciendo que el mensaje calase tan hondo que nos convencieron, sin motivo, de que los productos 0,0% de materia grasa o “light” eran la tabla salvavidas de nuestra salud y buen porte. Pero, al ser productos bajos en nutrientes, la industria se encargó de ‘enriquecer’ su potencial energético por la vía rápida añadiendo azúcares. A la vista están los resultados: legiones de malnutridos que, paradójicamente, están obesos, en muchos casos, y que padecen, con más o menos virulencia, otros efectos colaterales, entre los que están la ansiedad y diversos trastornos de la personalidad.

Cerebro descuidado, cerebro enfermo
No es aventurado lanzar la hipótesis de que un cerebro mal alimentado está más propenso a enfermar (de cualquier cosa) y, por supuesto, enfermar de ansiedad debido a la prevalencia de estresores que nos ponen a prueba a diario y afectan a nuestra resiliencia. 
Junto a la dieta grasa, pobre en carbohidratos, ¿qué más hay que hacer para mantener a raya la ansiedad cuidando simultáneamente nuestro cerebro?

·Dormir bien
Cuando dormimos, el cerebro mantiene una actividad básica, pero también descansa y se restaura. Hace desfragmentación, limpieza, resetea circuitos neuronales. Dormir poco, o tener mala calidad del sueño, es la condición más cercana a la contingencia de enfermar. Olvidemos tópicos falsos. Las personas eficaces lo son porque, entre otras cosas, dominan la técnica de dormir bien. El sueño es vida. Por tanto, huelga aclarar aquí qué representa la falta de sueño.
Saber ‘engañar’ o convencer al cerebro, con positivismo, tiene buenos dividendos
Sin duda, nuestro éxito personal es directamente proporcional a la calidad del sueño. Es el sueño de calidad lo que nos hace efectivos tanto física como intelectualmente. Ello queda probado al analizar los hábitos de sueño de personas de éxito. Si hace unos años se llegó a presentar el sueño como un hábito de cobardes, una debilidad y una pérdida de tiempo, en la actualidad se ha invertido la tendencia. Sabemos que el sueño es vida, por lo que los hábitos relacionados con el descanso interesan cada vez más a la población, que se preocupa por su higiene del sueño. La búsqueda del bienestar ha propiciado que valoremos el sueño y se publiquen libros como “El negocio del sueño: Cómo dormir mejor puede transformar tu carrera”, que investiga el impacto de las horas de sueño en la carrera laboral, ratificando la tesis de que “dormir poco afecta a nuestra memoria, empobrece la atención, la capacidad de toma de decisiones y la creatividad a corto plazo”.

·Levantarse en victoria
Después de un sueño reparador conviene practicar una inocente (pero eficaz) auto-sugestión diciéndonos a nosotros mismos: “¡Qué bien te sientes hoy!”. Y para reforzar este pensamiento positivo de vivir en victoria nada mejor que representar nosotros mismos la “V” de victoria alzando los brazos. Cuando mantenemos la “V” por espacio de, al menos, un minuto, mientras evocamos imágenes positivas de bienestar, estamos proclamando que estamos bien y, con ello, induciendo neuro-químicamente la sensación de bienestar. Bajo este estado mental de ‘felicidad’ nuestra ‘CPU’ no va a tener más remedio que ‘arrancar’ (como los ordenadores) redes neuronales relacionadas con el bienestar y, como consecuencia de ello, la bioquímica de nuestro sistema endocrino empezará a secretar endorfinas y sustancias dopantes naturales que producen calma, sedación, felicidad, positivismo. Para entenderlo rápidamente, por la espiral de nuestro estado de ánimo viajará la emoción que nosotros trabajamos en ese momento. Saber ‘engañar’ o convencer al cerebro, con positivismo, tiene buenos dividendos. Por el contrario, al enfadarnos o entristecernos, nuestro sistema endocrino genera bilis, que se traduce en mal humor y malestar, acompañado de sentimientos de frustración, desesperación, hastío, agresividad, ira, miedo, etc. Todo un cóctel indeseable de energía negativa que nos fundirá los “plomos”.

·Evitar el pensamiento negativo
Como se ha esbozado en el punto anterior, las emociones disparan la secreción química de sustancias de nuestro organismo. Las emociones negativas, mal controladas, nos harán víctimas de recursos fisiológicos, como la adrenalina y el cortisol, concebidos para la auto-conservación. A nadie le conviene ir sufriendo en sus carnes picos de adrenalina, porque acabará con su tranquilidad, desquiciado de los nervios, a merced de la ansiedad y los ataques de pánico u otras fobias varias. Recordemos nuevamente que la ansiedad se nutre del pensamiento negativo. Así que empecemos a pensar en positivo si no queremos ser víctimas de nuestro propio sabotaje. El pesimista –muchas veces sin saberlo- se convierte en su propio peor enemigo.

Presentando batalla
Alimentación, sueño, moral de victoria y pensamiento positivo son condiciones indispensables para hacer frente a la ansiedad. Faltaría subrayar aquí el concepto de ‘hacer frente’, que no es otra cosa que plantar cara al problema. La mejor defensa es la que nos proporciona un ataque decidido. La ansiedad no se debe rehuir, pues sólo podremos derrotarla cuando le hagamos frente con la determinación suficiente para vencerla. Cuando retrocedemos, la ansiedad nos gana terreno. Por lo tanto, la táctica que recomiendan los neurólogos y expertos en conducta cognitiva es la del afrontamiento, algo así como un abordaje en una especie de ‘huida’ que sólo puede ser hacia delante.
Ratificamos, pues, la tesis de inicio de que la “grasa aplasta la ansiedad”, siendo condición necesaria otras medidas de complemento citadas, junto con el enfrentamiento directo del problema. Aunque no lo vamos a tomar al pie de la letra, sí conviene que vayamos aceptando la idea de que el “progreso” tiene sus sombras, y que la ansiedad de los tiempos contemporáneos se combate mejor con un estilo de vida paleolítico (hoy día, llega a estresar más un smartphone que una cacería de mamuts en la prehistoria).


Las aflicciones en nuestra lucha diaria, que soportamos todos, están garantizadas (los problemas son un motor de la historia). Sin embargo, en nuestro diario deambular por la cuerda floja, albergamos algunas certezas: vendrán días mejores y, a la espera de los mismos, nos podemos fortalecer peleando la buena batalla con conocimiento de causa: alimentar/cuidar bien nuestro cerebro nos evitará que alimentemos nuestra ansiedad.

lunes, 22 de abril de 2019

Robótica especulativa: “Polbots”, robots sustitutos de políticos

En momentos electorales es coherente pensar en los robots. Vamos a decirlo sin rodeos: si los robots y la inteligencia artificial pueden sustituir a los humanos en el desempeño de sus trabajos, ¿por qué no crear robots que ejerzan de políticos y sustituyan a los políticos de carne y hueso? Dicho está. La idea seguramente contaría con una aprobación mayoritaria, exceptuando la de los propios políticos.

El relevo de los políticos por 'personas electrónicas' no es ciencia ficción

La ciudadanía medianamente informada sabe que los políticos –hoy más que nunca- forman parte del problema, nunca de la solución. Los políticos son –sin importar orientación ideológica- una clase pasiva, consumidora de recursos, beneficiarios de dádivas y regalías inmerecidas; son los zánganos de la colmena.
Actualmente los robots pueden sustituir el trabajo de muchos humanos. Encontramos robots en la tele-asistencia cuando llamamos a nuestro banco, operador de telefonía, etc., que atienden en tareas sencillas o rutinarias y, si es el caso, transfieren nuestra llamada a un agente humano para resolver tareas más complejas. Encontramos robots colaboradores (‘cobots’) que prestan asistencia a trabajadores humanos en cadenas de montaje fabriles. Hay robots en mostradores de recepción de hoteles, o dando orientación al ciudadano en grandes espacios públicos (centros comerciales, aeropuertos, macro-oficinas, etc.). Hay robots procesando datos en medios de comunicación y ejerciendo un periodismo sencillo, que algunos han bautizado como ‘periodismo de algoritmo’. Lo último son los ‘sexbots’, o robots sexuales (hablamos de ello en otros textos). Sí, la previsión es que, a la vuelta de unos años, los robots accedan a nuestros mismísimos tálamos (y no para dormir precisamente). Los más visionarios ya profetizan sobre la existencia del robot multi-usos que, por la tarde, podrá ayudar a los niños a hacer sus tareas escolares y, por la noche, atenderá las solicitudes sexuales de los mayores. En Houston (EEUU) ya han denegado el permiso para la apertura de un burdel atendido por sexbots.
Vemos pues que la revolución tecnológica es real y que los robots, merced a la inteligencia artificial, pueden ejecutar cualquier trabajo, y aprender –de ahí lo de la inteligencia- como lo hacemos los humanos, desarrollando por tanto, sus capacidades como nosotros.
Así las cosas, no parece ningún exceso proponer que se desarrollen robots para sustituir a los políticos. No veo más que ventajas, por ejemplo: prestación laboral/contribución al fondo de pensiones, ventajas en cuanto al cumplimiento de las promesas electorales, ahorro, paz social, etc. Vamos a soltar un poco las riendas de la imaginación:
-Sin contrapartidas de ningún tipo, los robots cumplen con sus jornadas laborales. No tienen bajas (salvo avería). Tampoco se ausentan de su puesto de trabajo, como, por ejemplo, los diputados del Congreso, que hurtan tiempo a su función institucional para dedicarlo a la gestión de asuntos y negocios privados. Dicho de otro modo, los robots no se escaquean, porque en su lógica matemática implacable (ceros y unos) no cabe el defraudar, como hacen algunos políticos, mantenidos con los presupuestos generales del Estado, que costeamos los ciudadanos con nuestros impuestos.

Como quiera que sea, lo importante, lo que produciría no poco placer en este país, es acabar con la inflación de zánganos en la colmena

-Además de respetar su horario laboral, el ‘polbot’ o robot político cotizaría a la Seguridad Social en tanto que trabajador. Se asegura así un ingreso para el sistema de pensiones, con la ventaja añadida de que el ‘polbot’ no cobrará ninguna pensión de jubilación. Cuando abandone la vida activa, ese robot se reciclará o, en el peor de los casos, se convertirá en chatarra electrónica. Es genial, el robot (‘persona electrónica’, dicen algunos) habrá trabajado, cumpliendo jornada laboral con exquisitez matemática, cotizando a la Seguridad Social y, una vez retirado, no cobrará una pensión vitalicia. ¿Puede existir un ahorro más optimizado que éste?
Pero no se acaban aquí las ventajas. Estamos demasiado dolidos con políticos que, en campaña electoral, se hacen los encontradizos y se dan baños de multitudes en mercados y otros espacios públicos para pedirnos el voto. Nos conquistan (o lo intentan) con sus zalamerías con fecha de caducidad y sus efervescentes promesas electorales. Pero, cuando comienza la legislatura, los políticos, que ya firmaron su “contrato” de trabajo por cuatro años de vida muelle y regalada, se olvidan del ciudadano. Sus soflamas pre-electorales efervescentes se disipan, volatilizándose. “A la hora de meter, todo es prometer. Pero una vez metido, nada de lo prometido”. Esa era la reflexión sesuda que escuché repetidamente entre mis mayores. Y no hay duda de que les asistía la razón. ¿Acaso no son falsos, traidores y corruptos esos miembros de la casta sin importar su signo político?
Ahora pensemos en un ‘polbot’ último modelo que accede a la presidencia del Gobierno. En su software se ha incluido punto por punto el programa con el que conquistó al electorado… ¿Puede dicho ‘polbot’ –robot a fin de cuentas- dejar de ejecutar (boicotear) el programa que se le ha instalado? No, salvo manipulación externa.
Ante la evidencia de políticos descaradamente mentirosos es preferible contar con inteligencia artificial, cuya lógica será “lo prometido es deuda”. Ruboriza pensar que pueda gobernarnos un robot. Sin embargo, es una alternativa válida, que podría estar controlada por un ‘comité de sabios’, élite o breve aristocracia de políticos humanos, que serían los garantes de esa democracia de lógica matemática ejecutada por robots, o personas electrónicas.
Como quiera que sea, lo importante –lo que produciría no poco placer en este país- es acabar con la inflación de zánganos en la colmena. Ya tenemos constancia por nuestra historia reciente de que el país funciona incluso durante meses sin Gobierno. Así pues, ¿por qué no reducir todas las Administraciones (estatal, autonómicas, locales) de este país inflado (y harto) de políticos a su mínima expresión con ‘polbots’, o robots ejerciendo fielmente de políticos?
Definitivamente, propongo una clase política nueva, basada en el chip de silicio y la Inteligencia Artificial.

Michihito Matsuda, un robot como puede apreciarse, ha participado con notable éxito en las elecciones municipales de Tokio, señal de que tuvo sus votantes

De ese modo podríamos evitar a tanto advenedizo –sin oficio ni beneficio conocido-, que se ha hecho notorio –pero no notable- a base de propalar ideas atolondradas, proclamas incendiarias y mensajes vomitivos a través de las redes sociales. Y huelga decir que tales advenedizos parasitan en todos los partidos del arco parlamentario, ni uno queda libre.
Al mismo tiempo, sugiero que se establezcan unos mínimos formativos para acceder a ostentar un cargo público (en la empresa privada, a un barrendero ya se le está exigiendo un máster en gestión medio-ambiental/uso del espacio público). Es legítimo frenar el acceso de los ‘analfa-bestias’ a la política. Finalmente, recomiendo que los políticos de carne y hueso encargados de moderar-vigilar a sus colegas de chip o ‘polbots’ estén a sueldo de sus partidos y no con cargo al bolsillo de los sufridos ciudadanos, auténticos padres nutricios de los presupuestos generales del Estado (PGE). Sin duda, cuando el partido político tenga que rascarse su propio bolsillo para pagar nóminas, exigirá a los beneficiarios las correspondientes contrapartidas. ¡Quien predica en política, viva de la política (y de sus propios correligionarios)! Este sistema es infalible para acabar con el lastre inservible y pernicioso de una clase política pasiva, ociosa, depredadora y propensa a la corrupción, como hemos visto. Para regenerar la política de verdad hay que hacer que los políticos vivan las mismas circunstancias que sus conciudadanos. Eso implica que los políticos ineptos también vayan al paro, y conozcan de cerca las oficinas del SEPE (antiguo INEM) donde podrán darse sus baños de multitudes.
Sí, decididamente, la ciudadanía está cansada y apuesta por los ‘polbots’. Cuando se sustancia un manifiesto, todos llegamos a imaginar, soñamos, acariciamos utopías… con fecha de caducidad. La imaginación es libre, y quien no sueña no transforma.

jueves, 28 de marzo de 2019

Trabajos que quitan el aliento

La salud pulmonar está en riesgo. En el 28 de marzo, Día Mundial de la EPOC, conviene zarandear nuestras adormecidas conciencias. La mayoría de los trabajadores goza de buena salud, hecho al que no dan la importancia que tiene. Sólo empezamos a valorar la salud cuando flaquea. En el ámbito preventivo, sabemos que prima la actuación precoz. Por este motivo llamaremos la atención sobre el supino menosprecio que estamos observando ante el repunte de las enfermedades pulmonares de origen respiratorio. 


Menudean informes por doquier que advierten de la situación. La EPOC (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica) es una realidad incuestionable. En España, afecta a un 15% de los hombres y casi un 6% de las mujeres en la horquilla de edad 40-80 años. Situada en el puesto número 4 de la clasificación de ‘liquidadores’, la enfermedad pulmonar se cobra la vida de unas 18.000 personas cada año (España). La cifra es de órdago: como si se estrellasen más de 100 aviones en un año. Sin embargo, seguimos impasibles, o –aún peor- los que deben pasar a la acción preventiva han enmudecido, argumentando, por lo general, que “no se puede propalar un alarmismo injustificado”.
Hay trabajos que quitan el aliento, día a día, en silencio, provocando enfermedades crónicas a medio y largo plazo
Si no hubiera cundido la alarma en el pasado, es probable que hoy día algunos profesionales siguieran inhalando vapores de mercurio (y los siguiéramos tachando de ‘sonados’ en vez de considerarlos enfermos a causa de su trabajo), o respirando fibras de amianto a domicilio al hacer la colada de las prendas laborales del cabeza de familia.
Y aunque no es seguro que hayamos desterrado las dos lacras citadas (mercurio, amianto) como hace patente, a veces, la crónica de sucesos, observamos por toda nuestra geografía otros casos que, además de ser aún más flagrantes, forman parte de nuestro estilo de vida despreocupado, negligente… nada proclive al alarmismo ni tan siquiera a la prevención. Nos referimos a la legión de empleados de la construcción que levantan auténticas nubes de polvo silíceo en medio de la vía pública, y no llevan ni una triste mascarilla; además de contaminar a los transeúntes y residentes. Nos referimos a los agricultores que fumigan sus huertas a ‘cuerpo gentil’ para erradicar plagas, sin saber que, en realidad, se están erradicando a sí mismos al inhalar químicos nocivos porque no emplean protección respiratoria. En semejante contexto poli-tóxico nacional –que, parece, tenemos asumido-, a nadie se le escapa un grito de espanto cuando en la oficina se crea una atmósfera nociva a base de partículas ultra-finas (y ultra-respirables) de tóner por una incorrecta manipulación de los cartuchos. Aquí no pasa nada: todos gozamos de buena salud (oficialmente), hasta que nos detectan una EPOC. Aunque no somos los únicos que desafían a su suerte (véase sandblasting o abrasión con chorro de arena).

Los síntomas de alarma –que no alarmismo- pueden ser tos persistente, falta de aire, que aumenta con la solicitación física; sibilancias (pitos) al respirar; disnea (dificultad para respirar con sensación de ahogo), etc…, aunque son síntomas inespecíficos, o comunes a muchas otras enfermedades.
¡Es mucho lo que podemos hacer antes de perder el aliento de una manera tan despreocupada!


Tóxicos silenciosos
Necesitamos ser conscientes de los tóxicos que manejamos, aunque parezcan inocuos a primera vista. Por ejemplo, el diacetil es una sustancia química de uso en el sector alimentario. Lo citamos aquí en representación de los millares de sustancias químicas sensibilizantes, que actúan de forma individual y como ‘cóctel’ tóxico, suponiendo una seria afrenta a la salud respiratoria de los trabajadores de la industria alimentaria, y muchas otras.

El diacetil existe de forma natural como resultado de algunos procesos de fermentación y, por lo tanto, está presente en ciertas cervezas, vinos y productos lácteos. Sin embargo, es la utilización del diacetil como potenciador sintético del sabor  de alimentos, más que el diacetil que existe de forma natural, la que suscita inquietudes respecto a la seguridad de su uso y los efectos sobre la salud de los manipuladores. Sintetizado artificialmente, se ha venido usando durante décadas como un ingrediente saborizante de alimentos, pero contadas veces, o nunca, se lo identifica específicamente. El diacetil se usa en una amplia variedad de alimentos, como las palomitas de maíz para microondas, chips, snacks y aperitivos, confituras, comidas pre-cocinadas, productos lácteos (abarcando quesos procesados, crema agria y requesón), preparados comerciales para hornear, glaseados, aliños para ensaladas, salsas, marinadas y otros alimentos y bebidas elaborados.

lunes, 29 de junio de 2015

Mud’s feet giants

Few months ago, was held in Barcelona the Mobile World Congress, with public and critics success, according to the classic expression. Indeed Internet is revolutionizing the economy, and our lives. But it must be remembered that, along with virtual worlds, the real world coexists, with real problems that come with humanity since the dawn of time.
The gurus of this neo-science that we know as IKT (Information and Knowledge Technologies) are selling the ‘Internet of things’ to us. Today we are nothing without Internet. Even things to be somewhat need the Internet connectivity, otherwise, what kind of things are, or want to be? Let’s look at an example: in cars we used to assess motor torque depending on the r.p.m. Now that is outdated; new vehicle buyers choose depending on its Internet connection, and its speed (in Kilobytes / second). We look for 3G, 4G, or higher speeds.

The ‘Internet of things’ is also campaigning in favor of the fridge connected to the net of nets. In the cybernetic society there’s no time to control if we run out of our ham turkey supply. Therefore, we need the fridge to be a smart one and thus avoiding breakage of stock by connecting with our supermarket and forwarding the relevant orders.
All this is fantastic and, although we look at it with some hilarity, we think it contributes to the progress of civilization. However, it is desirable not to get intoxicated by technology and relaxing the permanent alertness status.
Going into the preventive field, we admit that the fridge –or industrial cold storage system- connected to the Internet can greatly simplify management, for example, in a food processing industry (a manufacturer of prepared salads, for concreteness), optimizing it for logistics requirements, or others. But what does it serve any food industry to have a cybernetic cold storage system if it stores contaminated products due to poor or inaccurate handling?

Technology (Internet of things) and virtual worlds cannot lead us to forget that some tiny molecular corpuscles (bacteria) have enough power as to make us fall, making clear that, if they stand in our way, they can cut our rush of crazy giants with clay feet. In other words, any food industry that boasts itself will be thoroughly concerned about the healthiness of its product. Both the health of its workers and that of the consumers are at stake due to possible toxic infections. Fixed that aspect, they will always have the Internet of the things as an additional option.

Unarmed in front to bacteria
Bacteria -in its biodiverse variety- kill humans in the real world. The paradigm -recent and pitiless- can be found in the death of Pau, the six years old child, from Olot (Girona - Spain), defeated by diphtheria after his fruitless struggle of a month. We should not forget that bacteria exist and also kill in internet’s times.

Gigantes con los pies de barro

Hace algunos meses se celebró en Barcelona el Mobile World Congress, con éxito de público y crítica, según la expresión ya clásica. Sin duda Internet está revolucionando la economía, además de nuestras vidas. Pero conviene recordar que, junto a los mundos virtuales, coexiste el mundo real, con problemas reales que acompañan a la humanidad desde la noche de los tiempos.
Los gurús de esta neo-ciencia que conocemos por la sigla TIC (Tecnologías de la Información y el Conocimiento) nos están vendiendo el ‘Internet de las cosas’. Hoy ya no eres nadie sin Internet. Incluso, las cosas para ser algo ya necesitan la conectividad con Internet, en caso contrario, ¿qué clase de cosa son, o aspiran a ser? Veamos algún ejemplo: en los coches solíamos valorar el par de giro del motor en función del régimen de revoluciones. Ahora eso está anticuado; los nuevos compradores eligen su vehículo en función de su conexión a Internet, y de su velocidad (en Kilobytes/segundo). Buscamos velocidades 3G, 4G, o superiores.



El ‘Internet de las cosas’ también hace campaña a favor de la nevera conectada a la red de redes. En la sociedad cibernáutica no hay tiempo para mirar si se agotó la provisión de jamón de pavo en nuestra nevera. Por tanto, necesitamos que ésta sea inteligente y evite la rotura de stock conectándose con nuestro supermercado y cursando los pedidos pertinentes.
Todo esto es fantástico y, aunque lo contemplamos con cierta hilaridad, creemos que contribuye al progreso de la civilización. Sin embargo, es deseable que no nos dejemos embriagar por la tecnología y relajemos el estado de alerta permanente.
Entrando en el terreno preventivo, entendemos que la nevera –o cámara frigorífica industrial- conectada a Internet puede simplificar enormemente la gestión, por ejemplo, de una industria de transformación alimentaria (un fabricante de ensaladas preparadas, para mayor concreción), optimizándola para los requerimientos de logística, u otros. Pero, ¿de qué le sirve a cualquier industria alimentaria tener una cámara cibernáutica si ésta almacena productos contaminados debido a una pobre o deficiente manipulación?
La tecnología (Internet de las cosas) y los mundos virtuales no pueden hacernos olvidar que unos minúsculos corpúsculos moleculares (bacterias) tienen poder suficiente para tumbarnos, demostrándonos que, si se cruzan en nuestro camino, pueden truncar nuestra carrera de alocados gigantes con los pies de barro. Dicho de otra manera, toda industria alimentaria que se precie se preocupará exhaustivamente por la salubridad de su producto. La salud de sus trabajadores y la de los consumidores está en juego por las posibles toxiinfecciones. Solucionado ese aspecto, siempre les quedará el Internet de las cosas como una opción más.


Inermes ante las bacterias
Las bacterias –en su variedad bio-diversa- matan seres humanos en el mundo real. El paradigma –reciente y despiadado- lo tenemos en la muerte de Pau, el niño de seis años, de Olot (Girona – Spain), vencido por la difteria después de su lucha infructuosa de un mes. Y es que las bacterias existen, y también matan en los tiempos de internet.

miércoles, 18 de marzo de 2015

Hay que encajarlo todo: naranjas, sudor y miedo…

Tenemos al minero como el paradigma del trabajador en el límite de lo humano, pero hay muchos otros trabajos, que sin parecerlo, se equiparan en dureza al del minero. Entre los muchos oficios en que el padecimiento laboral no está claramente reconocido nos referiremos en esta ocasión a las encajadoras de fruta y, por ser la estación, a las encajadoras de naranjas.

Si los valencianos contaran con un “Víctor Manuel” local tal vez cantarían algo así: “La abuela fue encajadora, allá en la cooperativa / Y encajando sazonadas frutas / se dejó la vida”. Naranjas, sudor y miedo forman parte de la realidad cotidiana de los almacenes horto-frutícolas valencianos y españoles.



Encajadora de naranjas
Las naranjas pasan por muchas manos antes de llegar a la mesa. Pero nos fijaremos en las ‘triadoras’-encajadoras, cuyo cometido es trabajar en una ‘cadena’, que funciona a una velocidad inmisericorde, seleccionando las naranjas y acomodándolas en cajas para su viaje final.
Se estima que una encajadora de naranjas suele manejar unos 150 kilos por hora, lo que representa unas 775 naranjas, que acaban siendo más de 6.000 en una jornada de ocho horas. En plena temporada, con jornadas de 10 o 12 horas, pasarán por las manos de la encajadora entre 8.000 y 9.000 naranjas cada día.
Es un trabajo duro del que nadie quiere hablar porque, como denuncian algunos, “hay mucho miedo... A que no te llamen, a que te tomen manía. A no tener trabajo…”.
Las condiciones de trabajo están empeorando en todos los sectores, por lo que avanzamos del trabajo en precario puntual de ciertas actividades y grupos de edad a un precariado estructural o generalizado
Las encajadoras de naranjas sufren un desgaste multi-causal. Mantienen posturas estáticas durante periodos prolongados; efectúan movimientos repetitivos con las manos, utilizando pocos músculos o utilizándolos a gran velocidad; sufren cansancio visual por la atención que han de prestar en la selección. Seguramente están soportando el ruido que conlleva el funcionamiento de la cadena. En la mayoría de los casos el microclima no es el adecuado, con frío o calor excesivos. Todo esto actúa a la vez sobre la persona y desencadena no ya patologías concretas que podamos definir clínicamente, sino lo que podemos definir como desgaste de la salud por el trabajo.
Junto al riesgo ergonómico podemos también considerar otros como cortes y pinchazos, golpes por objetos móviles, proyección de partículas, golpes y caídas (al mismo o a distinto nivel), caídas de materiales, vuelco, atropello, auto-atropello por maquinarias, ruidos, explosiones e incendios, quemaduras, atrapamientos, contacto con productos tóxicos, agentes biológicos, inhalación de humos y gases tóxicos. Y no son desdeñables los riesgos psicosociales: estrés, ansiedad, depresión, trastornos del sueño, acoso sexual, violencia laboral, insatisfacción profesional / burn-out, etc.
Junto a esas condiciones desafiantes, que ponen a prueba la salud psico-física, hay que tener en cuenta la monotonía de las encajadoras al efectuar las mismas operaciones durante horas, en jornadas de trabajo que pueden hacerse interminables. No todas las personas lo resisten, como lo prueba el hecho de que, con frecuencia, se publiquen anuncios solicitando personal.

Precariado estructural
Salta a la vista que las condiciones de trabajo están empeorando en todos los sectores, por lo que avanzamos del trabajo en precario puntual de ciertas actividades y grupos de edad a un precariado estructural o generalizado.
El peor enemigo de la salud laboral, en un sentido amplio y transversal, es la codicia de quienes poseen los medios de producción. En ocasiones para hablar de PRL, no queda más remedio que recurrir a la teoría económica. Mientras la maximización de la plusvalía esté sacralizada y sea el fin único de la actividad económica, la calidad de vida laboral retrocederá a contextos sociales que creíamos erróneamente superados. Una de las contradicciones profundas de nuestra economía es la simultánea producción de bienes de consumo y de pobreza. Lo uno no casa bien con lo otro. Las relaciones sociales se tensan y, por ende, la calidad de vida laboral retrocede.

Manuel Domene. Periodista

miércoles, 19 de junio de 2013

Más salud laboral (hacia el cambio positivo)

(PL 75) EDITORIAL. Edito75(esp).doc. Manuel Domene. Palabras: 366

Reflexionar sobre si debe primarse la seguridad laboral o, por el contrario, la lucha contra la siniestralidad no es un debate estéril. El asunto, no obstante, puede convertirse en una discusión bizantina sin resolución inmediata: unas empresas priorizarán la salud; otras, la siniestralidad cero, dependiendo de la cultura preventiva de cada organización. Puestos a fomentar el debate, nosotros abogamos por un estatus parejo entre ambas exigencias. Lejos de relajar la vigilancia de la salud y la seguridad, ha de ponerse el acento en la salud ocupacional y en la prevención. Se trata de evitar que el trabajador enferme a causa de su trabajo. Al fin de cuentas, son las enfermedades del trabajo las que causan más lesiones o muertes que los propios accidentes en el tajo.

Las organizaciones que refuerzan los sentimientos positivos construyen su capital humano y mejoran la productividad

Por suerte, va creciendo el número de empresas convencidas de que las organizaciones saludables son más productivas, y que contemplan la salud de sus colaboradores como una parte del negocio. No es raro que promuevan “talleres de felicidad” para mediar –y remediar- el área psicosocial de los trabajadores. Asimismo, desarrollan campañas sobre el tabaco, la mala alimentación, la falta de ejercicio físico o el alcohol y las drogas.
En nuestro editorial de la edición precedente aludíamos al ‘Liderazgo en Seguridad y Salud Laboral’. Hoy, para los aún remisos, invocamos el ‘Liderazgo del Cambio Positivo’, cuyo objetivo es crear buen ambiente en la empresa (¡sin rollitos de ‘amigo’ o ‘hermano mayor’, filantropía dudosa, ni compadreo!). Los directivos que quieren impulsar el cambio positivo trabajan por crear una atmósfera de ‘compasión, perdón y gratitud’. Los términos, tomados del libro “Desarrollo de Habilidades Directivas”, pudieran parecer inadecuados o fuera de lugar. Sin embargo, las organizaciones que refuerzan estos sentimientos positivos no sólo construyen su capital humano, sino que también obtienen resultados sobresalientes en productividad, rentabilidad, innovación… y salud laboral.
Cualquier directivo que aspire a liderar el cambio positivo en su organización debe tomar la seguridad y salud laborales como un ‘credo’, cuya síntesis es: “Más (salud laboral) es Menos (accidentes)”. Por resolver la cuestión bizantina del inicio, ¿acaso aumentará su siniestralidad una empresa volcada con su salud laboral?


(PL 75) EDITORIAL. Edito75(ing).doc. Manuel Domene. Palabras: 330

More occupational health (towards positive change)

Thinking whether we must prioritize occupational health or, on the contrary, the fight against accidents is not a sterile debate. The matter, however, may become a byzantine discussion with no immediate resolution: some companies prioritize health; others, zero accidents, depending on each organization’s safety culture. Keen to encourage debate, we argue for equal status between the two requirements. Far from relaxing the monitoring of health and safety, emphasis must be put on occupational health and prevention. The aim is to prevent the workers to become sick because of their work. Ultimately, occupational diseases are carrying more injuries or deaths than the accidents at work themselves.

Organizations that reinforce positive feelings build their human capital and improve productivity

Luckily, the number of companies persuaded that healthy organizations are more productive is on the rise, and they address the health of their employees as a part of their business. Commonly they promote “happiness’ workshops” to mediate -and remedy- the workers’ psychosocial area. They also develop campaigns on tobacco, poor diet, lack of physical exercise, or alcohol and drugs.
In our previous edition’s editorial we mentioned the ‘Leadership in Health and Safety’. Today, for people still reluctant, we invoke the ‘Leadership of Positive Change’, which aims to create a good atmosphere in the company (avoiding ‘friend’ or ‘big brother’ roles, untrue philanthropy or cronyism!). Managers who want to drive positive change work to create an atmosphere of ‘compassion, forgiveness and gratitude’. These terms, taken from the book “Developing Management Skills”, might seem unsuitable or out of place here. However, organizations that reinforce these positive feelings not only build their human capital, but also get outstanding results in productivity, profitability, innovation... and occupational health.
Any manager who aspires to lead positive change in his organization must take safety and health as a ‘creed’, whose synthesis is: “More (occupational health) is Less (accidents)”. To solve the byzantine subject of the beginning, might a company, being devoted to occupational health, increase its accidents’ rate?


lunes, 18 de marzo de 2013

Liderazgo en seguridad y salud laboral



Los líderes deben tomar en serio su responsabilidad con la seguridad y la salud. Es tanto un requisito legal como un deber moral, además de jugar un papel primordial en el éxito empresarial.
La calidad de la Seguridad y la Salud en el trabajo (SST) es necesaria. Todos, desde las universidades a las empresas de todo el mundo, apelan a este concepto de moda. La cuestión es: ¿sabemos realmente lo que implica el liderazgo en SST? Vamos a destacar algunas características importantes.
Los líderes deben dar ejemplo. Los sistemas y procedimientos son obligatorios pero también lo son los buenos comportamientos y actitudes. Los gestores deben actuar como un modelo a seguir para los demás, desafiando también a sus empleados a comprometerse con la seguridad. Esto forma parte de la creación de una cultura de seguridad dentro de la empresa. Es decir, operar un cambio cultural en el que las necesidades de seguridad son consustanciales al propio funcionamiento cotidiano de la empresa.
Para que esta política tenga éxito, los líderes deben asegurar el compromiso de la alta dirección, así como su involucración con la política de la compañía en SST. La propaganda por la acción puede incluir la participación de la alta dirección en las visitas e inspecciones, la asistencia a cursos de formación o alentar al personal a identificar problemas de seguridad y también proponer las posibles soluciones.
Los líderes deben asegurarse de que las evaluaciones de riesgos se llevan a cabo con regularidad y de manera efectiva por personas con conocimientos y experiencia, con la participación de los trabajadores afectados. En caso necesario, debe proporcionarse la adecuada capacitación para efectuar las evaluaciones de riesgos. Los resultados de las evaluaciones de riesgos deben analizarse para desarrollar las acciones oportunas. La salud no sólo implica la prevención de accidentes también incluye la promoción del bienestar de los trabajadores, por lo que la salud psicosocial no puede caer en el olvido, sino todo lo contrario debe considerarse como un imperativo ético imprescindible.
En resumen, el buen liderazgo en SST supone: aplicar sistemáticamente todas las políticas, proporcionar recursos suficientes para la SST, aprender de las buenas prácticas de los demás, garantizar la participación de los trabajadores, proporcionar una formación adecuada y, como no podía ser de otra manera, reconocer y recompensar el comportamiento seguro. Así pues, dirigentes, ¡toca cambiar el discurso por la acción!

Occupational safety and health leadership


Leaders should take seriously their responsibility for safety and health. It’s both a legal requirement and a moral duty, while plays a paramount role in business success.
Quality in Occupational Safety and Health (OSH) is needed. Everybody –from Universities to businesses all around the world- appeal to this fashionable concept. The matter is: do we really know what OSH leadership entails? Let’s go to highlight some important features.
Leaders should lead by example. Systems and procedures are compulsory but so are good behaviors and attitudes. Managers must act as a role model for others, also challenging their employees to compromise themselves with safety. This is a part of creating a safety culture within the company. That is to say, operating a cultural change in which safety needs appear embedded in the everyday function of the company.
For this policy to be successful, leaders should secure the commitment of the board and senior management, as well as their commitment with the OSH company’s policy. Propaganda by action can include senior management taking part in site visits and inspections, attending training courses or encouraging staff to identify safety problems and also proposing the possible solutions.
Leaders should ensure that risk assessments are carried out regularly and in an effective way by people with the right knowledge and expertise, involving the workers concerned. Where necessary, training should be provided in the use of risk assessments. The results of risk assessments should be analyzed and action must be taken. Health does not involve only preventing accidents it also means promoting the workers’ well-being, so psychosocial health cannot be neglected, rather the opposite should be considered as an ethical must.
To sum up, good OSH leadership involves: applying consistently all policies, providing sufficient resources for OSH, learning from the good practice of others, ensuring worker participation, providing adequate training and, as couldn’t be otherwise, recognizing and rewarding safe behavior. So, leaders, please stop just speaking and take action!

© Manuel Domene Cintas. Periodista.

domingo, 3 de febrero de 2013

Estrés ergonómico

(PL 17) EDITORIAL. Edito17. Manuel Domene. Palabras: 517

Hace muchísimo tiempo, en ciertos ambientes, se estilaba la célebre pregunta “¿estudias o trabajas?”, que servía, las más de las veces, para “romper el hielo” y entablar una conversación. Ahora, en pleno auge de la consciencia y preocupación por la salud laboral, tendríamos que ampliar la pregunta, formulándola del siguiente modo: “¿estudias, trabajas... o caducas?”. Ciertamente, supone una cortesía interesarse por el estado de salud de nuestros semejantes. La nueva sensibilidad social que se está creando sabe que son muchos los peligros que nos acechan, algunos de ellos en forma de L.M.E. (lesión músculo-esquelética).

El estrés ergonómico empieza en la escuela debido al mobiliario, por lo general, incómodo. Véase Facultad de Ciencias de la Información, Bellaterra. Curso 1977-78 
Hablando con personal del ámbito de la protección laboral, pronto se descubren errores de concepto. Generalmente, se piensa que los esfuerzos deben concentrarse en reducir la siniestralidad, es decir, evitar el accidente, que es la drástica manifestación del fracaso preventivo, antes de dedicarse a prevenir el dolor de espalda y las degeneraciones músculo-esqueléticas. Quienes así piensan son víctimas de su ignorancia porque están menospreciando el problema y su inopinada magnitud, olvidando el principio que establece aquello de que “no hay enemigo pequeño”.

Para ir al grano, si la tasa de accidentes laborales es alta, el universo de personas expuestas a situaciones, posturas o trabajos no ergonómicos es abrumador. Esa situación se saldará con futuras L.M.E. y su cuadro asociado de malestar, dolor y merma de la calidad de vida, por no mencionar la incapacidad laboral transitoria. Para decirlo de otro modo, es improbable que el 100% de la población laboral sufra o perezca en un accidente laboral, mientras que prácticamente el 100% de la población total puede desarrollar L.M.E. debidas a lo que podríamos denominar estrés ergonómico, un peligro presente tanto en el ámbito laboral como el escolar.


La actual situación de desatención ergonómica es la que nos lleva a cuestionarnos, como ha hecho en una de sus campañas de salud laboral un Sindicato, si trabajamos, estudiamos o estamos caducando, es decir, deteriorando nuestras condiciones físicas y, por ende, acortando nuestro periodo de validez, reduciendo nuestro tiempo útil... Nacer es empezar a morir, ya lo sabemos; lo que no podemos admitir es el anormal deterioro de la salud debido a unas desfavorables condiciones de trabajo.

Contra lo que pudiera parecer, el estrés ergonómico no es privativo del mundo laboral. Para seguir la línea argumental, podríamos decir que los estudiantes -tiernos párvulos incluidos- también están caducando ya desde su primer trabajo, sin que sean conscientes de ello. Los inadecuados pupitres de nuestras escuelas están provocando en el alumnado micro-traumas imperceptibles pero acumulativos, cuya trascendencia se hará palpable en forma de ciática años después.

El estrés ergonómico es un mal insidioso y callado que llega a producir un gran daño a partir de agresiones leves o inapreciables, infausta circunstancia que no desencadena una actitud de defensa por parte del agredido. Lógicamente, si no lo remediamos en la misma medida que los accidentes de trabajo, las agresiones ergonómicas se prolongarán durante la vida laboral del individuo. Sólo la prevención del estrés ergonómico, en escuela y empresa, nos permitirá asegurar que estudiamos/trabajamos, pero sin fecha de caducidad.

© Manuel Domene Cintas. Periodista.