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martes, 19 de junio de 2012

Las manos, ‘diana’ de los riesgos biológicos

RiesgoBiológico-ASEPAL.doc. Manuel Domene. Palabras: 2.294

Los trabajadores de los laboratorios y los profesionales de la sanidad afrontan diversos riesgos laborales de origen biológico. Se trata, en suma, de la exposición a virus y otros micro-organismos, fármacos agresivos, y del riesgo de pinchazos o cortes con material quirúrgico.

Las manos, nuestra primera herramienta de trabajo, son el principal órgano diana de los peligros biológicos. Sólo la prevención y el uso de guantes pueden evitar consecuencias de efecto y alcance indeseables.


La exposición a agentes biológicos por contacto con microorganismos infecciosos puede desembocar en el desarrollo de una enfermedad infecciosa o, en el mejor de los casos, en la aparición de reacciones alérgicas. Ambas circunstancias dependerán de la virulencia del germen, su ciclo biológico, las condiciones ambientales y las características inmunológicas del trabajador infectado.
Por “agente biológico” se entiende cualquier microorganismo –en su estado natural o modificado genéticamente-, cultivos celulares y endoparásitos humanos susceptibles de originar cualquier tipo de infección, alergia o toxicidad en seres humanos. Así, en la lista debemos incluir los virus, bacterias, protozoos, hongos y helmintos.

Vías de entrada de los agentes biológicos
A los efectos de Tomás Bodero, en tanto que fabricante de guantes, nos limitaremos a hablar de la piel (vía dérmica o vía parenteral, según sea el quebrantamiento de dicha barrera). Por supuesto, la exposición también puede darse por vía respiratoria y digestiva.
La entrada de los agentes biológicos por vía dérmica puede ser a consecuencia del contacto directo, pinchazos, mordeduras, cortes, erosiones, salpicaduras, etc.
La contaminación de los trabajadores de laboratorios y hospitales suele darse por el contacto –a través del quebrantamiento de la capa dérmica- con fluidos biológicos, siendo el más universal de los mismos la sangre. Seguramente también sea, con diferencia, el que más accidentes biológicos o infestaciones produzca entre los trabajadores del sector.

La sangre como riesgo laboral
Los trabajadores de la salud y los de los laboratorios corren el riesgo de exposición ocupacional a patógenos de la sangre, como el virus de la hepatitis B (VHB), el de la hepatitis C (VHC), y el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), que puede provocar el SIDA. Las exposiciones ocurren por pinchazos accidentales con agujas u otros objetos afilados o punzantes que están contaminados con sangre infectada, o por contacto dérmico con la sangre del paciente infectado.
Si bien es cierto que la mayoría de exposiciones no ocasionan una infección, no conviene tentar a la ‘suerte’, que depende de hechos objetivos como son el tipo de patógeno implicado, el tipo de exposición, la cantidad de sangre en la exposición, la concentración del virus en la sangre del paciente en el momento de la exposición...
El riesgo promedio de infección por VIH después de una exposición (por un pinchazo de aguja o corte) a sangre infectada es aproximadamente del 0,3%, o 3 casos de cada 1.000. La exposición a través de la piel provocaría infección en el 0,1% de los casos. El riesgo es mayor si la piel del “receptor” se encuentra dañada, si el contacto es en un área grande o se prolonga en el tiempo.
De todos modos, estas cifras sólo son especulaciones estadísticas. Ningún profesional querrá padecer la incertidumbre de un posible contagio por más que la estadística indique que sólo se da en un 0,3% de los casos de punciones accidentales. El mejor remedio es la prevención, y ésta pasa por el empleo del sentido común, medidas de auto-protección y, naturalmente, el empleo de guantes adecuados que neutralicen la acción de agujas, escalpelos, lancetas y otro instrumental cortante empleado en hospitales y laboratorios que puede convertirse en nuestro enemigo biológico.
Las técnicas de seguridad empleadas generalmente son: no volver a tapar a mano las agujas, desechar agujas usadas en recipientes apropiados de eliminación de objetos punzantes o cortantes, y usar instrumental con mecanismos de seguridad que previenen lesiones.

Los temidos pinchazos
Se constata que el mayor número de accidentes laborales con material biológico se producen en el colectivo de Enfermería y más concretamente en las áreas quirúrgicas y médicas, seguido de los laboratorios y servicios de extracciones. Según datos del Sindicato mayoritario de Enfermería, un 89% de las exposiciones accidentales serían inoculaciones percutáneas, de las cuales el 87% son pinchazos. Como se ve, es el accidente más frecuente, debido quizás a la costumbre de re-encapsular las agujas o por no disponer de un sistema de eliminación de residuos adecuado con el suficiente número de contenedores rígidos.
Las actividades con mayor riesgo de accidente son la administración de medicación IM/IV (intramuscular-intravenosa), la recogida de material usado, la manipulación de sangre, el re-encapsulado, suturar, las agujas abandonadas y la recogida de basura o desechos. Hay que tener en cuenta que existe una clara infra-declaración de este tipo de accidentes, por lo que las estadísticas –caso de estar bien hechas- podrían mostrar una situación harto alarmante sobre la siniestralidad de raíz biológica del sector.

Animales de experimentación
Los conocidos como animales de laboratorio contribuyen –sin saberlo- a mejorar la salud de los humanos, aunque también representan un riesgo biológico para el personal que está en contacto con los mismos. Las cobayas, los ratones –y, en general, cualquier animal de laboratorio- es una fuente potencial de riesgo biológico en sus vertientes activa (un posible ataque) como pasiva (transmisión de parásitos o enfermedades).
A propósito de enfermedades infecciosas, no podemos dejar de referirnos a la siempre recurrente gripe aviar, que ha hecho correr los ríos de tinta por suponer un riesgo biológico para los trabajadores y la población en general.
La gripe aviar es, básicamente, una enfermedad que puede afectar a las aves y, ocasionalmente, transmitirse al hombre. Esta enfermedad, que fue identificada en el sur de Italia hace cien años, es por tanto conocida en los ambientes avícolas y ganaderos. Es una enfermedad muy contagiosa; los microorganismos se encuentran principalmente en gallinas y aves ubicados dentro de zonas de corral, aunque no es descartable la transmisión de la epidemia por aves migratorias en libertad.
La transmisión se realiza por contacto directo con las heces infectadas y otras secreciones. Para colmo de males, se han encontrado evidencias de que la enfermedad estaría mutando y, con ello, diversificando sus cepas. En este sentido, cabe destacar que el Servicio de Investigación Agrícola estadounidense (ARS, en sus siglas inglesas) ha identificado recientemente una nueva cepa de la gripe porcina con una particularidad molecular: su composición incluye genes tanto de la gripe aviar como de la porcina. De hecho, el hallazgo no es nuevo, sino una confirmación de una evidencia anterior. En 2003, expertos chinos confirmaban por primera vez la identificación del virus de la gripe aviar H5N1 en cerdos. Existiría pues una cadena de contagio de aves a mamíferos, que se convertirían en el “hábitat” idóneo para la mezcla de un virus mutante. Sin ánimo de especular, sólo recordaremos que el ser humano está incluido en la lista de los mamíferos.

Manejo de fármacos citostáticos
Por desgracia, los riesgos biológicos que afrontan el personal sanitario y los empleados de laboratorios no se limitan a los fluidos y los pinchazos. Existe otro riesgo biológico que procede de algunos fármacos, como los citostáticos. Ello es normal pues las sustancias no son inocuas, no ya en su fase de medicamento de síntesis, tampoco suele darse la inocuidad en la forma más natural, que estaría representada por la materia prima primigenia o el principio activo.
Los citostáticos son fármacos capaces de inhibir el crecimiento desordenado de las células tumorales, alterando la división celular y destruyendo las células que se multiplican más rápidamente. Por estos motivos este tipo de fármacos se usan en el tratamiento farmacológico (quimioterapia) de enfermedades neoplásicas (cáncer). Por alterar el funcionamiento celular, los citostáticos son fármacos citotóxicos (tóxicos a nivel celular) aunque no son los únicos. Sus efectos pueden ser locales e inmediatos asociados a exposiciones accidentales (cutáneas), o sistémicos (a largo plazo) producidos por exposiciones continuas y repetidas a bajas dosis por vía cutánea.
·Efectos locales
Se producen como consecuencia de vertidos, cortes con material contaminado o accidentes que ponen en contacto la piel o mucosa con el citostático. En función del fármaco utilizado pueden producirse irritación local o ulceración y posterior necrosis en la zona. Otros pueden provocar alergias (citotóxicos alergénicos).
·Vías de entrada
La exposición se produce por contacto directo con la piel. Las reacciones adversas más frecuentes son irritación, dermatitis, etc, aunque también pueden producirse efectos sistémicos.
La vía parenteral implica la entrada directa del medicamento a través de pinchazos o cortes producidos por rotura de ampollas y viales.
El personal con mayor riesgo de exposición son los profesionales de enfermería, auxiliares de enfermería, personal de limpieza y farmacéuticos, aunque se considera personal expuesto a todo aquél que interviene en los procesos de preparación, transporte, administración y eliminación de citotóxicos.
·Tratamiento de las excreciones
Los excrementos y los fluidos biológicos de los pacientes tratados con citotóxicos pueden tener un elevado contenido de estos medicamentos o de sus metabolitos. El personal que tenga que estar en contacto con excretas o productos biológicos debe adoptar las correspondientes medidas de precaución (guantes dobles de látex).
Cuando se utilice la orina para analíticas, su recogida y manipulación debe realizarse con especial precaución (guantes y bata). También deberá existir una identificación en la muestra de modo que el personal del laboratorio pueda adoptar las medidas de precaución oportunas.

Residuos hospitalarios y de los laboratorios
La recogida, gestión y eliminación de los residuos supone un auténtico problema, problema con riesgos colaterales para la salud laboral de los trabajadores del sector.
Los residuos representan un riesgo biológico para el personal no sanitario por el contacto directo con enseres como la ropa de cama o prendas que se envían al servicio de lavandería. En los hospitales conocen muy bien la casuística de que las agujas hipodérmicas acaben apareciendo en las dependencias de la lavandería o dentro de las propias lavadoras. También está expuesto el personal del servicio de limpieza y el de mantenimiento, etc.
Es vital que existan los pertinentes protocolos de recogida, almacenamiento y evacuación de los residuos que puedan contener agentes biológicos. Por otra parte, el transporte, tratamiento y disposición del residuo se debe gestionar a través de profesio­nales debidamente acreditados, formados y conocedores del riesgo que llevan entre manos –nunca mejor dicho. ¡Y las manos deben estar protegidas!

Contra el riesgo biológico, barreras de prevención
Hace ya muchos siglos que los humanos desarrollamos el escudo para protegernos de ciertas agresiones. Ésta es, ni más ni menos, la solución preventiva: establecer un escudo o barrera física entre el instrumental portador de fluidos contaminados y las manos del personal que lo maneja, entre el animal de experimentación y el técnico de laboratorio, entre el dispensador de fármacos y el paciente, entre los residuos peligrosos y sus gestores. No hay otra solución. La barrera para las manos consiste en un par de guantes... sean éstos anti-pinchazos, anti-mordeduras, anti-fármacos agresivos o anti-detritus peligrosos. El resto del cuerpo se protege con mascarillas, gafas y batas. Ni que decir tiene que todo ello se ha de complementar con una higiene metódica y rigurosa, que es la madre de todas las batallas contra el riesgo biológico.
El uso de guantes está indicado por los servicios de prevención para todos los riesgos que hemos descrito previamente:
-Manejar sangre o fluidos corporales, objetos potencialmente infectados o al realizar procedimientos invasivos en pacientes de riesgo.
-Manejar animales de experimentación en el laboratorio.
-Manipular-gestionar excreciones de pacientes infecciosos y los residuos de laboratorios y hospitales.
-Administrar a los pacientes fármacos que implican un riesgo biológico para el personal sanitario. En relación con los citotóxicos, se recomienda la utilización de guantes quirúrgicos de látex y, en algunos casos, también de PVC (sin talco en el interior). Los guantes deben colocarse por debajo de los puños de la bata, y se aconseja cambiarlos frecuentemente (cada media hora), y siempre que se contaminen con algún citostático, cuando sufran alguna rotura y al finalizar cada sesión de trabajo. El uso de doble guante es recomendable siempre que no dificulte la técnica de manipulación.

Blindaje contra cortes, laceraciones y punción
Tomás Bodero cuenta en su amplia oferta con guantes basados en
tejidos de altas prestaciones reforzados con un “escudo” o “armadura” de diminutas corazas que se encuentran adheridas al tejido. Así se obtiene una inigualable protección frente a objetos punzantes. Además, la propia arquitectura del material barrera confiere una protección superior contra la punción (agujas en el sector sanitario, por ejemplo). Ello se debe al mínimo espacio existente entre cada una de las corazas protectoras y al uso de diferentes capas. Si un objeto punzante interesa la superficie del tejido, queda detenido entre sus capas cuando entra en contacto con la armadura interna.
En los centros asistenciales se desechan miles de jeringuillas contaminadas diariamente. No por extraño es menos cierto que muchas de estas jeringuillas, potencialmente peligrosas, no acaban en la basura hospitalaria, sino en la lavandería del hospital. Los guantes para la protección contra los pinchazos ayudan a prevenir millones de accidentes de los trabajadores de estos servicios.
Asimismo, los guantes con la tecnología descrita anteriormente aseguran una excelente protección contra mordeduras, arañazos u otras lesiones provocadas por los animales de experimentación.
Existen referencias que cuentan con tres capas de protección frente al corte y la punción (nivel 5) tanto en la palma como en el dorso de la mano. Su diseño pre-curvado y el forro de rejilla aumentan el confort durante usos prolongados, disponen de una gran superficie de agarre y manguito extensible para proteger hasta el codo cuando ello es necesario. Pueden usarse con un sobre-guante de nitrilo como barrera contra el líquido.

© Manuel Domene Cintas. Periodista.
Artículo elaborado para el departamento de Marketing de Tomás Bodero, S. A. Supervisión por el alergólogo Pedro Carretero.

sábado, 21 de enero de 2012

Agricultura, una actividad sembrada de riesgos para las manos

(PL 56) TÉCNICAS DE PROTECCIÓN. TP-ManosAgricultura.doc. Manuel Domene.  Palabras: 3.799

 

Protección de las manos en el sector agrícola (2ª parte)

Pese a los tópicos bucólicos sobre el medio rural, el trabajo en el campo (explotaciones agropecuarias) está plagado de riesgos. Pocas actividades reúnen tantos y tan graves peligros. Las manos de los agricultores –su principal herramienta de trabajo- son ásperas y se encuentran ajadas por la rudeza del trabajo, cuando no irreversiblemente enfermas.
Junto a los riesgos mecánicos y las vibraciones (tratados en la primera parte de este reportaje), coexisten los riesgos térmicos (frío, calor, radiación), riesgos eléctricos, riesgos químicos y riesgos biológicos, que se explican seguidamente.

Como siempre, el sentido común y la adecuada protección de las manos son las reglas de oro. La falta de atención preventiva será una fuente de conflictos que puede saldarse, en el peor de los casos, con enfermedades o lesiones incapacitantes.

Riesgos térmicos
Como en cualquier actividad, el riesgo térmico en la agricultura tiene dos caras: por exceso y por defecto, o lo que es lo mismo, frío y calor.
·Frío
Simplemente, unas bajas temperaturas invernales dificultan de forma notable el trabajo de las manos en labores que muy frecuentemente se llevan a cabo a la intemperie. El problema no será sólo la menor destreza para trabajar, sino que ésta puede ser el desencadenante de un accidente que afecte a las manos u otras partes del cuerpo. (Las temperaturas bajas pueden adormecer las manos y reducir su flexibilidad y capacidad de agarre). Además, las bajas temperaturas y la intemperie secan los aceites naturales que conservan la piel suave, produciendo una piel reseca y agrietada, predispuesta a las infecciones.
Las temperaturas bajo cero pueden además lesionar las manos de otra manera. La piel desnuda que entra en contacto con una superficie metálica se pegará al metal y se desgarrará. La mano y los dedos entumecidos aumentan el riesgo de accidente, el individuo pierde la sensibilidad de la mano y su capacidad de prensión. Pero aún hay una cara menos amable del frío. Los mecanismos de termo-regulación de nuestro cuerpo tienden a mantenernos a una temperatura constante (alrededor de los 37º C). Disponemos de recursos fisiológicos que limitan las pérdidas de calor y aumentan la producción del mismo. Sin embargo, en situaciones de frío intenso, las manos no pueden trabajar, pudiéndose llegar incluso a la necrosis (congelación de los tejidos). Esta es una lesión grave que puede ser inicialmente menospreciada por el trabajador debido al efecto anestésico que ejerce el frío sobre los tejidos. La congelación profunda conduciría a isquemia (falta de riego sanguíneo), trombosis, cianosis profunda y gangrena.
Dejando al margen los casos de congelación, conviene poner el énfasis sin embargo en que es posible subestimar la gravedad de cortes y la abrasión hasta que la piel vuelve a la temperatura normal, momento en que la afección se hace patente en todo su alcance y, por supuesto, es mucho más dolorosa. En estos casos, conviene una exhaustiva protección de las manos porque, caso de producirse, la lesión puede tardar mucho tiempo en sanar.
Valgan estos últimos comentarios para acotar en su justa medida la importancia del frío y precisar que el enfriamiento de todo el cuerpo o de algunas partes del mismo origina molestias, insensibilidad, disfunción neuromuscular y en última instancia lesiones. Por ello, es de gran importancia que los EPI (guantes, en nuestro caso) cumplan unos mínimos, que son: aislar frente al frío, el viento y la humedad, permitir la transpiración y disipación de parte del calor que se genera al trabajar, y contribuir a la realización cómoda del trabajo (peso y volumen).
·Calor
El calor también es un problema, ya sea ambiental o metabólico, inducido por la propia actividad. Si el calor ambiental es intenso, también lo será el metabólico, provocando que el trabajador perciba el guante como una fuente de disconfort y que, en última instancia, se lo quite. Manejar las herramientas sin guantes en un contexto caluroso no sólo aumenta la gravedad de las lesiones en caso de accidente, también incrementa las probabilidades de ocurrencia de este evento. Las razones son obvias: unas manos sudorosas entorpecen el manejo diestro de las herramientas y su adecuada sujeción. Tampoco hay que menospreciar el posible impacto negativo de la radiación solar. Así, especialmente en verano, las manos desnudas son atacadas por el sol, que actúa como un auténtico agresor, aumentando las condiciones desfavorables del trabajo. Conviene abundar en este punto.
·Radiación solar-estrés térmico
La exposición excesiva a la radiación solar y al calor puede causar agotamiento por calor, golpe de calor o incluso la muerte. El calor añadido al cuerpo humano por la radiación solar, el esfuerzo del trabajo y la transferencia del calor ambiental tiene que liberarse a través del sudor. Cuando la temperatura ambiente supera los 37º C (la temperatura corporal normal), no puede haber pérdida sensible de calor, de manera que el cuerpo sólo puede recurrir a la sudoración para enfriarse. Esta función biológica requiere agua, por lo que debe ingerirse, a razón de un litro por hora, para facilitar la termo-regulación corporal. Las enfermedades relacionadas con el calor pueden poner en peligro la vida de la persona y exigen atención inmediata. La primera intervención será enfriar a la víctima sumergiéndola en agua fría y poniéndola a disposición del servicio médico.
·Enfermedades cutáneas
La exposición prolongada al sol puede causar envejecimiento prematuro de la piel y aumentar el riesgo de cáncer de piel. Las personas expuestas a los rayos directos del sol deben utilizan prendas de vestir o productos que actúen como pantalla solar. En latitudes bajas, cortas exposiciones son suficientes para causar graves quemaduras, especialmente en personas de piel clara.  Algunos de los síntomas más frecuentes de cáncer de piel o lesiones pre-cancerosas son cambios en un lunar o una marca de nacimiento,
hemorragia o cambio de color.

Riesgos eléctricos
El uso de la electricidad en las instalaciones agropecuarias tiene muy diversos usos: transformación de los cultivos, iluminación, calefacción, alimentación de maquinaria, cámaras frigoríficas...
La falta de cuidado en el manejo de instalaciones y equipos eléctricos puede causar graves descargas, quemaduras y, con demasiada frecuencia, la muerte. El peligro es mayor en sitios húmedos o donde se trabaja con manos o ropas mojadas. En todos los lugares húmedos, o en el caso de los enchufes situados a la intemperie, deben instalarse circuitos de desconexión. Los combustibles -gasolina o gasóleo- deben mantenerse alejados de cualquier fuente de ignición. En presencia de materiales inflamables o explosivos deben utilizarse siempre dispositivos y aparatos eléctricos anti-deflagrantes.
Las instalaciones eléctricas defectuosas, los cables mal aislados o un cortocircuito pueden ser causa de accidentes eléctricos. Siempre existe el riesgo de entrar en contacto con el circuito y sufrir una descarga, cuya gravedad dependerá del voltaje, pero sobre todo de la intensidad de corriente que pase por el cuerpo. El problema reviste mayor gravedad si tenemos en cuenta los voltajes habituales en actividades industriales.
Como siempre hemos dicho en este punto, por principio, las tareas eléctricas deben encargarse siempre a profesionales para evitar el accidente eléctrico (paso de la corriente eléctrica a través del organismo). Es vital –y nunca mejor dicho- el empleo de guantes aislantes y, siempre que sea posible, trabajar sin tensión en las líneas.
Sin embargo, el riesgo eléctrico no siempre procede de la red. No conviene subestimar las baterías de acumuladores del tractor y otras máquinas que, dado el esfuerzo que deben realizar para mover pesados motores diesel, poseen unos elevados amperajes (intensidad de la corriente). El accidente más común con las baterías suele ser el arco eléctrico por cortocircuito de los bornes con piezas o herramientas metálicas. Las quemaduras pueden ser graves, además del riesgo de incendio de la máquina y su entorno. Por supuesto, se evitará la proximidad entre cualquier forma de llama viva y los vapores que expelen las baterías a través de sus vasos. Además, de la quemadura termo-eléctrica, existe la posibilidad de una quemadura química por contacto con el ácido de la batería.

Riesgos químicos
Después del sector químico, probablemente sea el de la agricultura el que maneja mayor cantidad de sustancias químicas. La diferencia –y agravante- está en que los empleados del sector químico son más conscientes de los riesgos que manejan que los agricultores, lo que les hace más propensos a sufrir accidentes.
·Plaguicidas, fertilizantes y otros productos
Los productos químicos para la agricultura se agrupan en tres clases: plaguicidas, fertilizantes y productos para la salud animal. La finalidad de los plaguicidas es causar la muerte, por consiguiente es necesario adoptar precauciones para manipularlos de forma segura. Algunos de los problemas han sido superados por los avances en los productos. En la mayoría de los casos, el lavado con agua abundante es el mejor tratamiento de primeros auxilios en caso de exposición superficial de piel y ojos.
La palabra plaguicida tiene un significado muy amplio, ya que engloba términos como insecticida, fungicida, herbicida, rodenticida, bactericida, acaricida, nematocida o molusquicida, en clara alusión a las plagas que trata de combatir. Reciente está la crisis de los topillos, que nos hace reparar en el riesgo del manejo de venenos para roedores (rodenticidas), cuestión que no es baladí, y que los agricultores deben sopesar adecuadamente, conociendo y, sobre todo, aplicando unas pautas mínimas de seguridad.
Los tóxicos pueden entrar en el cuerpo por la boca (ingestión), por los pulmones (inhalación), por la piel intacta (absorción percutánea) o por heridas en la piel (inoculación). La posibilidad y el grado de absorción cutánea varían con el producto químico; algunos de éstos ejercen una acción directa sobre la piel, causando dermatitis.
Sobre los fertilizantes, sólo decir que la base más común a todos ellos es el amoníaco, conocido sobradamente por su condición de alérgeno y por provocar la irritación de la piel, ojos y vías respiratorias. También puede provocar quemaduras y es inflamable.
Hasta el momento, en el repaso de la abultada lista de riesgos que acosan al agricultor hemos obviado la aseveración de que el guante es imprescindible elemento de protección. Pero, al tratar los riesgos químicos, sí vamos a hacer alguna precisión más explícita.
·Empleo de guantes
Las manos son las partes más expuestas al contacto con los contaminantes, por lo que debe protegérselas utilizando siempre guantes aptos para el manejo de sustancias químicas, resistentes a la permeación por líquidos. Por razones obvias, no deben usarse guantes que incorporen un forro o muñequera de tela o que estén hechos de cuero (son hidrófilos), ya que dichos materiales absorben los pesticidas en lugar de repelerlos. Después de utilizar guantes no desechables, será necesario enjuagarlos bien con agua limpia antes de quitárselos.
La falta de rigor en este importante capítulo del manejo de sustancias químicas hará que las manos queden expuestas a sufrir irritaciones, quemaduras o úlceras. Los productos químicos pueden romper la defensa que nos proporciona la piel y penetrar en la sangre, con resultados peligrosos y, a veces, fatales, aunque sea a largo plazo, lo que dificulta aún más establecer una relación de causa-efecto.
Los trabajadores expuestos no deben olvidar que las sustancias químicas no siempre causan un daño inmediato, siendo la exposición acumulativa la que causa, en muchas situaciones, daños irreversibles. La falta de cultura preventiva –cuando no analfabetismo- y la desidia son elementos en contra de la seguridad y salud del agricultor.
·Mantenimiento de maquinaria
Las máquinas también comportan riesgos químicos. Con frecuencia, el agricultor se ve abocado a actuar como mecánico o, como mínimo, hacer labores de mantenimiento de la maquinaria. Ello implica un contacto frecuente con aceites minerales y gasóleo, sustancias que son nocivas para la higiene de las manos y la salud en general. Aquí sería de aplicación todo cuanto en su día dijimos sobre la prevención de riesgos laborales en el sector del mantenimiento de automóviles y talleres de automoción, con especial atención a los aceites minerales y otros fluidos empleados en las máquinas, que lejos de su aspecto y tacto aparentemente inofensivos pueden ocasionar dolencias como el “botón de aceite” por oclusión de los poros de la piel, o inducir el desarrollo de enfermedades oncológicas, siempre debido al contacto con manos o la piel.

Riesgos biológicos
La enfermedades dermatológicas constituyen el problema de salud más común en los trabajadores agrícolas. Existen numerosos casos de enfermedades y lesiones cutáneas en esta población, entre ellas las producidas por el uso de herramientas manuales como las tijeras de podar, los irritantes y alérgenos presentes en los productos fitosanitarios, los materiales alergénicos de origen animal y vegetal (como la hiedra venenosa), las ortigas y otras plantas irritantes, el calor o el contacto prolongado con el agua, que pueden causar o agravar infecciones de la piel, y la exposición al sol, que puede causar, como dijimos, cáncer de piel. Los riesgos biológicos en el campo tienen orígenes diversos.
·Alérgenos
Los alérgenos pueden ser de origen vegetal, sustancias químicas o derivados biológicos. Hortalizas como la alcachofa, col de bruselas, repollo, zanahoria, apio, escarola, cebolleta, endivia, ajo, rábano, puerro, lechuga,  cebolla, perejil, etc. contienen alérgenos vegetales y, como tal, capacidad para sensibilizar a los trabajadores que los cultivan, que podrán desarrollar reacciones alérgicas.
Los trabajadores que cultivan hortalizas pueden padecer dermatosis como paquilosis, hiperqueratosis, cromatosis con lesión de las uñas y dermatitis. La dermatitis por contacto, ya sea irritativa como alérgica, es la más frecuente. La dermatitis alérgica puede ser inmediata o diferida según características de los individuos. Los síntomas son picor, eritema, sarpullido, edema y formación de vesículas, lesiones que aparecen principalmente en manos, brazos, cara y cuello. Los productos fitosanitarios son también importantes alérgenos responsables de la dermatitis alérgica.
La primera actuación es la prevención mediante el uso de camisas de manga larga, pantalones largos y guantes siempre que sea posible. Pueden utilizarse también ciertas cremas para crear una barrera que impida la transferencia de irritantes a la piel. El lavado inmediato después del contacto con la planta puede reducir al mínimo los efectos. Los casos de dermatitis con erupciones cutáneas o que no cicatrizan exigen la atención médica.
·Picaduras de insectos y abejas
Durante labores de cultivo y recolección existe un importante riesgo de que se produzcan picaduras de insectos y abejas, que suelen estar entre el follaje. La mejor protección consiste en utilizar camisas de manga larga y guantes siempre que se trabaje entre las hojas.
·Lesiones y enfermedades causadas por animales
En algunas explotaciones agrícolas se utilizan animales de tiro (caballos, mulas, asnos o bueyes) que, además de poder causar lesiones a los trabajadores, les exponen a enfermedades zoonóticas, como el ántrax (carbunco), brucelosis, rabia, fiebre amarilla o la tularemia. Las ratas también pueden contagiar enfermedades infecciosas.
Y no concluiremos el relato de peligros biológicos sin referirnos a las mordeduras de perros, gatos o serpientes, o las picaduras de garrapatas, escorpiones y arañas. El guante suele ser la primera prevención para problemas que, sin ser muy graves, sí son dolorosos y molestos para la mayoría de la población. No obstante, el problema es de extrema urgencia cuando las picaduras o mordeduras afectan a personas que padecen o han padecido afecciones alérgicas o patologías cardiacas.


Tipos de infecciones provocadas por animales
Infecciones
Exposición
Síntomas
Brucelosis (Brucella melitensis)
Contacto con ganado bovino, caprino y ovino infectado
Fiebre constante y recurrente, migrañas, debilidad, dolor de
articulaciones, sudores nocturnos y pérdida de apetito. Asimismo, síntomas de artritis, gripe, astenia y espondilitis.
Erisipela
Contacto de heridas abiertas con cerdos y pescado infectado

Enrojecimiento localizado, irritación, sensación de ardor, dolor en el área infectada. Puede propagarse a la corriente sanguínea y
a los ganglios linfáticos.
Leptospirosis
Contacto directo con animales infectados y su orina
Migrañas, dolor muscular, infecciones oculares, fiebre, vómitos y escalofríos; en casos más graves, deterioro hepático y renal, y complicaciones cardiovasculares y neurológicas.
Epidermicosis
Causada por un hongo parásito situado en la piel de los animales
Eritema y aparición de ampollas en la piel.
Dematofitosis (tiña)
Enfermedad micótica debida al contacto con la piel y el pelo de
animales infectados
Pérdida de pelo localizada y pequeñas costras en el cuero cabelludo.
Toxoplasmosis
Contacto con ganado bovino, ovino, caprino, porcino y aves
infectados
Fase aguda: fiebre, dolor muscular, dolor de garganta, migrañas, hinchazón de los ganglios linfáticos y dilatación del bazo. La infección crónica da lugar al desarrollo de quistes en las células
del cerebro y de los músculos. La transmisión fetal provoca
abortos y partos prematuros. Los niños nacidos tras el período de gestación normal pueden presentar defectos en el cerebro y el corazón y fallecer.

La gripe aviar
Entre las enfermedades infecciosas provocadas por animales enfermos la de más triste actualidad –y que ha hecho correr los ríos de tinta- es la llamada gripe del pollo o aviar. Dado que se trata de un riesgo biológico que amenaza a los trabajadores y a la población en general, aprovecharemos este artículo para trazar el perfil de la enfermedad.
La gripe aviar es, básicamente, una enfermedad que puede afectar a las aves y, ocasionalmente, transmitirse al hombre. Esta enfermedad, que fue identificada en el sur de Italia hace cien años, es por tanto conocida en los ambientes avícolas y ganaderos. Es una enfermedad muy contagiosa; los microorganismos se encuentran principalmente en gallinas y aves ubicados dentro de zonas de corral, aunque no es descartable la transmisión de la epidemia por aves migratorias en libertad.
La transmisión se realiza por contacto directo con las heces infectadas y otras secreciones. Los huevos rotos contaminados en la zona de incubación también transmiten la infección, que puede mantenerse latente durante mucho tiempo. Para colmo de males, se han encontrado evidencias de que la enfermedad estaría mutando y, con ello, diversificando sus cepas, como veremos seguidamente.
·Intercambio de genes de la gripe aviar
Veterinarios del Servicio de Investigación Agrícola estadounidense (ARS, en sus siglas inglesas) han identificado recientemente una nueva cepa de la gripe porcina con una particularidad molecular: su composición incluye genes tanto de la gripe aviar como de la porcina. De hecho, el hallazgo no es nuevo, sino una confirmación de una evidencia anterior. En 2003, expertos chinos confirmaban por primera vez la identificación del virus de la gripe aviar H5N1 en cerdos. Existiría pues una cadena de contagio de aves a mamíferos, que se convertirían en el “hábitat” idóneo para la mezcla de un virus mutante.

DESPIECE1
Vivir (peligrosamente) en el campo
Ya lo hemos dicho al principio de este reportaje: a menudo, tenemos una imagen idealizada y bucólica del campo, ignorando riesgos –muchos de ellos ancestrales- pero, desde luego, nada bucólicos ni idílicos. Ello explicaría el desarraigo de la población, su desinterés y abandono de la agricultura desde hace décadas.
La explotación agrícola industrial presenta riesgos, que se agravan aún más en el caso de las explotaciones familiares, debido a la limitación de recursos y al carácter de auto-subsistencia que tienen muchas de estas explotaciones. Así pues, sin el menor género de dudas, la explotación familiar constituye un entorno de trabajo peligroso. Es uno de los pocos lugares de trabajo peligrosos en el que varias generaciones de una misma familia pueden vivir, trabajar y jugar.
El barómetro más elocuente de la seguridad y la salud es la carga de trabajo por trabajador, ya se trate de trabajo físico, de trabajo mental o de la necesidad de tomar decisiones. Muchos accidentes graves se producen entre agricultores que trabajan con equipos que conocen bien, en campos familiares, cuando realizan tareas que llevan haciendo años o incluso décadas. Ya lo sentenciaba un pensador: “El hábito hace diestras nuestras manos y torpes nuestras mentes”. La rutina es la antesala de la desatención, el riesgo y... el accidente.
Los materiales agrícolas peligrosos, como los plaguicidas, fertilizantes, líquidos inflamables, disolventes y otros limpiadores, son responsables de enfermedades agudas y crónicas en los trabajadores agrícolas y sus familiares. Los tractores, las barrenas y otros equipos mecanizados han permitido un gran aumento en la capacidad de trabajo del agricultor, pero producen también accidentes graves. La posibilidad de quedar atrapado en la maquinaria, el vuelco de los tractores, la presencia del ganado, la conducción de máquinas en vías públicas, las caídas o los golpes producidos por la caída de objetos, la manipulación de materiales, herramientas y utillajes, los espacios confinados y la exposición a toxinas, polvo, mohos, sustancias químicas, vibración y ruido son los principales riesgos de enfermedad y lesiones en las explotaciones agrícolas. Todo ello sin olvidar las condiciones climáticas y la exposición al medio natural. En definitiva, la agricultura es una actividad muy exigente y sacrificada, un trabajo que –no de balde- se
asocia con unas tasas de mortalidad y morbilidad más altas que ningún otro.

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Dramatizar la dermatitis
La dermatitis, que aparece como consecuencia de unas condiciones insalubres para la mano, tiene un aspecto y consecuencias desagradables, desembocando en muchos casos en incapacidad laboral, u otros problemas de salud más serios si no se sigue un tratamiento rápido e intensivo. Hay ocasiones en que conviene desdramatizar las cosas. No es este el caso. Por utilizar el mismo término, tratándose de dermatitis, conviene dramatizar las consecuencias de una dolencia aparentemente trivial. La razón es simple: trabajamos con las manos –que son nuestro medio mecánico de interactuar con nuestro espacio físico-, luego una afección invalidante de las manos supone una pérdida de la capacidad laboral. En el caso de muchos buenos profesionales esa incapacidad laboral no es transitoria, sino crónica, lo que supone un serio revés personal-profesional y una pérdida de talento para la sociedad. Así pues, la dermatitis no es trivial. Evitarla bien vale la pena, situación al alcance de todo trabajador que emplee el sentido común... y los guantes.
·Los peligros de la dermatitis
La dermatitis laboral es un problema serio. Más de la mitad del tiempo perdido por enfermedades profesionales tiene como causa la dermatitis, un problema para las empresas y, sin duda, para el sujeto paciente.
La dermatitis profesional es una inflamación de la piel causada por el contacto con una sustancia irritante presente en el puesto de trabajo. Los síntomas y la variedad de las condiciones varían considerablemente.
El tiempo para contraer la dermatitis profesional dependerá de una serie de factores:
-Si la sustancia en cuestión es un irritante conocido o no.
-El tiempo y frecuencia de contacto con la piel.
-El abanico de temperaturas.
-El tipo de piel y sensibilidad individual.
Localizada normalmente en las manos y antebrazos, los síntomas de la dermatitis profesional pueden ser rojez, picor, propagación y aparición de ampollas. Un empeoramiento conducirá al agrietado y sangrado de la piel, pudiéndose producir infecciones cutáneas. Estas condiciones son suficientes para provocar la incapacidad laboral transitoria del trabajador y, en casos extremos, podrían imponer un cambio de oficio. Su diagnóstico precoz y la profilaxis adecuada producirán una completa recuperación del afectado.
Como en todo, también en la dermatitis la prevención es la regla de oro: los trabajadores deben contar con un adecuado nivel de protección.

© Manuel Domene Cintas. Periodista.

Agricultura, una actividad sembrada de riesgos para las manos

(PL 55) TÉCNICAS DE PROTECCIÓN. TP-ManosAgricultura.doc. Manuel Domene. Palabras: 3.685

Protección de las manos en el sector agrícola (1ª parte)

Nunca podríamos imaginar –si no nos detenemos a pensar en ello- la cantidad de riesgos que concurren en el trabajo agrícola, una actividad fundamental del sector primario, a la que todos nos sentimos cerca, a pesar de desconocer profundamente.
No hay ninguna actividad que reúna tantos y tan variados y graves riesgos como el sector agropecuario. A la sentencia bíblica que habla del “sudor de la frente” hay que añadir “los callos de las manos”, que suelen acompañar invariablemente a los trabajadores agrícolas. Son manos ásperas y ajadas por la rudeza del trabajo, cuando no irreversiblemente enfermas. La solución sólo es una: sentido común, que pasa, entre otras muchas posibilidades, por el uso de guantes.

A medida que el estilo de vida urbana nos aleja del campo, tendemos a acentuar ciertos tópicos bucólicos, que, en la mayoría de los casos, no se corresponden con la realidad. Vivir en el campo –y especialmente trabajarlo- no siempre es una actividad netamente saludable, sino todo lo contrario. El del agricultor es uno de los trabajos más duros que realiza el ser humano. Los riesgos son muy diversos y, como no podía ser de otra manera, afectan muy seriamente a nuestra principal herramienta de trabajo, esto es, las manos, ese sensacional artilugio que nos permite interactuar con el medio.

Identificar los peligros
Si las manos son necesarias para el trabajo, en la agricultura se convierten en útiles imprescindibles. Diariamente, las manos –y otras partes del cuerpo- se ven expuestas a riesgos de diferente naturaleza. En la mayoría de los casos, será preceptivo el uso de guantes. Esto significa tajantemente emplear el guante adecuado a cada necesidad, ya que no existe el guante universal. En unos pocos casos, será recomendable trabajar sin los guantes para evitar males mayores (con temperaturas ambientes que superen los 36-37º C, cuando existe riesgo de atrapamiento del guante por partes móviles de mecanismos).
·Riesgo mecánico
Implica cortes, aplastamiento o abrasión general, provocados por diferentes útiles de trabajo. Las herramientas, algunas afiladas, presentan un peligro evidente para la integridad de las manos de los agricultores. Las lesiones pueden incluir desde el pequeño corte a daños severos de nervios, tendones, huesos, sin descartar la amputación, un resultado fatal e invalidante no sólo para el trabajo, sino para el normal desenvolvimiento en cualquier actividad cotidiana. La pérdida de la función manual nos convierte en seres dependientes. Se puede vivir sin manos, pero ¿a qué precio?
·Riesgos producidos por vibración
El el capítulo de riesgos mecánicos, ponemos especial atención en los derivados de las vibraciones. Éstas pueden originar problemas en las articulaciones y el síndrome de los dedos blancos (falta de riego sanguíneo). Son fuente de vibraciones la maquinaria y los diversos aperos de trabajo, desde el tractor a la moto-azada, pasando por instrumentos omnipresentes como la moto-sierra o las desbrozadoras.
Entre los riesgos mecánicos no pueden olvidarse los de tipo ergonómico por movimientos repetitivos, sobre-esfuerzos, malas posturas, etc.
·Riesgo térmico
El agricultor debe soportar las inclemencias del tiempo: los fríos intensos que resecan y resquebrajan la piel, o el calor abrasador que provoca la práctica “maceración” de las manos cuando se usan guantes, o su exposición a la radiación solar, capaz de provocar daños dermatológicos o, en el peor de los casos, un golpe de calor. La piel y las manos también se ven expuestas a quemaduras por contacto con partes calientes de la maquinaria empleada en las tareas agrícolas.
·Riesgo eléctrico
Las instalaciones eléctricas defectuosas o los cables mal aislados pueden ser causa de accidentes. Siempre existe el riesgo de entrar en contacto y lesionarse con la electricidad utilizada para la iluminación, la calefacción y la alimentación de equipamientos en el trabajo. El accidente eléctrico puede producirse al ejecutar tareas de mantenimiento de la maquinaria (la batería del tractor, por ejemplo).
·Riesgo químico
Las manos, expuestas a la amplia nómina de productos químicos utilizados en la agricultura, pueden sufrir irritaciones, quemaduras o úlceras. Los productos químicos pueden romper la defensa que nos proporciona la piel y penetrar en la sangre, con resultados peligrosos y, a veces, fatales a plazo medio-largo.
·Riesgo biológico
La amenaza procede de fuentes diversas: sustancias y alérgenos de origen botánico, bacterias y virus presentes en el medio, contagio de infecciones de animales portadores (ganado), envenenamiento por inoculación de venenos de origen animal (serpientes, alacranes, arañas).

Riesgos laborales presentes en la actividad agropecuaria
Tipo de riesgo
Causas-consecuencias
Riesgo químico
Los productos químicos pueden romper la defensa que nos proporciona la piel y penetrar en el organismo. Irritaciones, quemaduras o úlceras, dermatitis, urticarias
Riesgo mecánico
Las herramientas de trabajo son un peligro evidente. Cortes, laceraciones, aplastamiento o abrasión general, provocados por diferentes útiles de trabajo
Vibraciones. Trastorno del sistema circulatorio
Riesgo térmico
Asociado al calor o el frío y las inclemencia climatológicas. Quemaduras, debilitamiento de la capa córnea de la piel. Estrés térmico
Riesgos eléctricos

Instalaciones eléctricas defectuosas o los cables mal aislados, equipamientos de trabajo, tareas de mantenimiento de la maquinaria. Quemaduras y/o electrocución
Riesgos producidos por vibración
y movimientos repetitivos
Maquinaria (tractor) y equipos de trabajo empleados comúnmente y que forman parte del grupo de herramientas vibrátiles. Alteraciones circulatorias, dolor, incapacidad laboral. Lesiones musculoesqueléticas
Otros riesgos
(higiénicos, biológicos)
Alergias provocadas por las materias. Dermatitis, urticarias, infecciones de las uñas
Infecciones parasitarias. Gripe aviar
Mordedura-picadura de animales venenosos. Envenenamiento

Riesgos mecánicos
Sin ánimo de hacer un recuento exhaustivo, para ilustrar este apartado, citaremos algunos de los riesgos mecánicos asociados con algunas de las actividades agrícolas.
Entre los accidentes más comunes entre los viticultores y cultivadores de bayas destacan los cortes o pinchazos, ya sea por las espinas de las plantas, las herramientas o las espalderas o estructuras de apoyo.
Este tipo de problemas cutáneos tiene un calado que va más allá del hecho puntual de la laceración. En primer lugar, exigirá una cura inmediata. Y ello sin olvidar que las heridas abiertas pueden siempre ser infectadas por la gran cantidad de bacterias, virus o agentes patógenos presentes en los campos, que, en ocasiones, son causantes de graves complicaciones, pudiendo conducir a la amputación de una extremidad o, incluso, la muerte. Todos los trabajadores del campo deben encontrarse protegidos con una vacuna de recuerdo del tétanos. Los cortes, que en un elevado porcentaje de los casos afectan a las manos, deben lavarse y limpiarse, aplicando después un agente bactericida. Por supuesto, cualquier infección que aparezca debe recibir tratamiento médico inmediato.
·Accidentes relacionados con las herramientas y equipos
La explotación agropecuaria sería rudimentaria, sin punto de comparación con lo que es actualmente, sin el concurso de la mecanización, que multiplica la fuerza de la mano del hombre. Como no hay rosas sin espinas, las máquinas también son causa de accidentes que pueden afectar a las manos.
Las herramientas mal diseñadas exigen a menudo la adopción de posturas forzadas durante el trabajo, y las herramientas cortantes con bordes mal afilados exigen la aplicación de un mayor esfuerzo físico. Trabajar con los brazos levantados puede causar trastornos musculo-esqueléticos de las extremidades superiores. Las herramientas deben mantenerse siempre en buen estado. El uso incorrecto de herramientas manuales, como machetes, guadañas, hachas y otros utensilios afilados o puntiagudos, es causa de numerosos accidentes. También se producen lesiones con herramientas eléctricas portátiles como las sierras eléctricas, por la mala colocación o negligencia en la reparación de escaleras, o por el uso de repuestos inadecuados para las cuerdas o cadenas que se han roto. Los trabajadores deben conocer el modo correcto de utilizar y mantener las herramientas y aperos, así como la necesidad de emplear repuestos adecuados, sin olvidar los elementos de protección en el trabajo.
Todas las máquinas deben incorporar mecanismos de seguridad, sin que exista la posibilidad de un contacto accidental con partes móviles. La maquinaria y los equipos son también fuentes de un ruido excesivo y, aunque éste no es un tema de nuestra competencia, no podemos dejar de señalar que todas las condiciones que mermen una óptima condición laboral, son potenciales causantes de accidentes.
·Maquinaria agrícola
La maquinaria agrícola está diseñada para labrar el suelo, sembrar las semillas, aplicar sustancias químicas para mejorar el crecimiento de las plantas y controlar las plagas y enfermedades, y para la recolección y almacenamiento de los cultivos maduros. Existe una gran variedad de máquinas agrícolas, pero en esencia todas son una
combinación de engranajes, ejes, cadenas, correas, cuchillas, cribas, etc.
Muchas de estas máquinas son auto-propulsadas o, en caso contrario, toman su movimiento del tractor a través de diversos sistemas de transmisión (correas, cadenas, engranajes, ejes, presión hidráulica de aceite), siendo la más universal de todas la TF (toma de fuerza). Veamos los riesgos que presentan las máquinas y aperos para cosechar.
Todas las herramientas utilizadas para la recolección de cereales -desde las cosechadoras hasta la sencilla guadaña- tienen un denominador común: son peligrosas. Son herramientas agresivas, diseñadas para cortar, triturar o tronchar las matas de las gramíneas que captan, sin capacidad para distinguir entre un cultivo y una persona. Por consiguiente, la mayoría de los riesgos mecánicos asociados a la recolección de cereales se localiza en los puntos de corte, aspiración, trituración, enredado, enrollado y atenazado. Una cosechadora introduce en su interior las matas de maíz a una velocidad de 3,7 metros por segundo, más que suficiente para atrapar a una persona incluso con un tiempo de reacción normal. Las hélices y unidades con toma de fuerza utilizadas para mover el grano, giran a una velocidad de 3 m/s y 2 m/s, respectivamente, y también conllevan el riesgo de quedar enredado (ver cuadro “Riesgos comunes de la maquinaria”).
El eje de la toma de fuerza del tractor, que conecta el tractor y la cosechadora, transmitiéndole su esfuerzo de giro mediante juntas universales u horquillas, es una fuente de energía cinética, y accidentes con resultados catastróficos en cuanto al alcance y gravedad de las lesiones. Este eje de la toma de fuerza debe ir protegido con una carcasa protectora. Los accidentes más frecuentes con este eje ocurren cuando la horquilla atrapa una parte floja de la ropa, enredando al que la lleva puesta. Tampoco pueden descartarse los accidentes que afectan a las manos, ya sea por descuido o por exceso de confianza.
Todos los sistemas hidráulicos funcionan a presión, que puede llegar a los 14.000 Kpa, un valor tres veces superior a la presión necesaria para perforar la piel. Por tanto, nadie en su sano juicio debe tapar con un dedo una manguera hidráulica que pierda líquido, puesto que éste podría ser inyectado a través de la piel, obligando a una extirpación quirúrgica urgente para evitar el desarrollo de una posible gangrena. Los sistemas hidráulicos almacenan energía. Si falla algún punto del sistema hidráulico, puede ocurrir un accidente, ya que una manguera hidráulica rota puede rociar líquido a gran distancia.

Malas vibraciones
El empleo de maquinaria en las actividades agrícolas transmite vibraciones, interesante problema dentro del apartado de riesgos mecánicos, cuyo alcance y repercusión se está menospreciando.
La tecnología de los tractores ha mejorado hasta unos niveles de sofisticación impensables hace sólo unas décadas. De todos modos, la suspensión no consigue amortiguar y filtrar todas las vibraciones que se transmiten al habitáculo y que repercuten no sólo en las extremidades superiores, sino en todo el sistema musculo-esquelético del tractorista.
Peor es aún el uso de ciertos equipos manuales, como es el caso de  las desbrozadoras, la inevitable motosierra, las moto-azadas y los motocultores, cuyo efecto vibrante está en proporción directa a su potencia. Quien haya manejado un moto-cultor para labrar asentirá con nosotros que su manejo requiere dosis importantes de pericia, destreza, paciencia, fuerza física y resistencia. Pese a todo, el giro de las fresas, combinado con la irregularidad y la dureza del terreno y el tiro de la máquina someten al labrador mecanizado a un drástico “centrifugado” que ninguna naturaleza humana tolera sin resentirse. El efecto de las vibraciones puede conducir a la invalidez de las manos para su normal desempeño, no digamos ya para lidiar con la “mula mecánica”.
Poco hay que comentar sobre la sierra de cadena (motosierra) como fuente de vibraciones, de la que ya hablamos en el reportaje sobre los trabajos de la madera. Nos referiremos también a los conocidos como “vibros”, unas pértigas vibradoras que sustituyen a las tradicionales varas con las que se vareaba o apaleaba la aceituna para recogerla en fardos, en el suelo. Los “vibros”, como indica su nombre, generan vibraciones que tiran las olivas, pero que, en mayor o menor medida, se transmiten también al sistema mano-brazo del operario que los maneja. La intensidad de la vibración y la duración de la exposición serán las variables que determinen el alcance de la posible lesión.
Los efectos nocivos del manejo habitual de máquinas vibrátiles han sido descritos por diferentes autores, y son conocidos. Pese a ello, las vibraciones y sus consecuencias sobre la salud del trabajador están siendo subestimadas hasta la fecha, por lo que el Síndrome de la Vibración Mano-Brazo (SVMB) avanza entre la población laboral de forma insidiosa.
Las vibraciones ejercen una fuerza que modifica la posición normal del organismo. La respuesta fisiológica es una contracción muscular y una rigidez de las articulaciones para recuperar la posición normal, lo que facilita aún más la propagación de las vibraciones.
Las vibraciones de alta frecuencia (entre 50 y 1.000 ciclos) son las ocasionadas por herramientas mecánicas de percusión o rotatorias (taladro, martillo neumático, lijadoras...), responsables de trastornos funcionales vasculares localizados en la mano y/o los dedos, pudiendo afectar incluso a los brazos.

Riesgos comunes de la maquinaria
Riesgos
Origen
Localización
Puntos
de estrechamiento
Dos piezas de la máquina se mueven juntas, y al menos una de ellas en círculo
Puntos donde las correas de transmisión entran en contacto con las roldanas, las cadenas de transmisión entran en contacto con las ruedas de engranajes, los rodillos de alimentación se engranan
Puntos
de arrollamiento
Componente de una máquina rotativa expuesto o desprotegido
Ejes de transmisión de la toma de fuerza (TF), brazos del batidor en vagones de ensilado auto-descargables, palas de algunas esparcidoras de abono
Puntos
de
fricción / corte
Los bordes de dos piezas móviles se mueven uno a lo largo del otro, o un solo borde se mueve contra un borde estacionario o un material blando
Segadoras y cosechadoras de forraje, cosechadoras combinadas de granos partidos, picadoras de grano, sinfines de grano
Puntos
de choque
Dos objetos que se desplazan uno hacia otro, o un objeto que se desplaza hacia otro estacionario
Neumáticos/secciones delanteros y posteriores de tractores articulados, maquinaria acoplada, una mano atrapada debajo de una pieza de un equipo controlado hidráulicamente
Piezas
de rotación libre
Piezas de la maquinaria que continúan moviéndose después de haber terminado la transmisión, normalmente a partir de la rotación continua de las palas de la cuchilla o el ventilador
Cosechadoras de forraje, picadoras de forraje, segadoras rotativas, ensiladoras
Objetos arrojados
Los movimientos de picado, triturado, corte y lanzamiento de las máquinas. Algunos objetos pequeños como piedras, metal, vidrio, palos y plantas pueden introducirse y ser arrojados con gran fuerza
Segadoras rotativas, picadoras de forraje, cosechadoras combinadas con picadoras de paja y esparcidoras de abono
Energía almacenada
Energía guardada y liberada accidental o inesperadamente
Muelles de máquinas, sistemas hidráulicos, aire comprimido, sistemas eléctricos
Puntos calientes
Quemaduras de la piel al entrar en contacto con las piezas calientes de las máquinas
Silenciadores calientes, bloques motores, tuberías, líquidos (gasóleo, aceites, productos químicos)
Puntos
de
entrada
Puntos donde la máquina toma el material de la cosecha para su transformación posterior
Recolectoras y cosechadoras combinadas de maíz, picadoras de forraje, empacadoras de heno































































Las vibraciones de alta frecuencia, nocivas para el organismo, ocasionan el síndrome de la vibración mano-brazo (SVMB), una extendida enfermedad industrial que afecta a decenas de miles de trabajadores. Su síntoma más conocido es denominado “dedo blanco” (también dedo muerto, etc.) La enfermedad dificulta la circulación sanguínea, lo que provoca el blanqueamiento de los dedos y otras partes de la mano debido a un riego sanguíneo insuficiente. Al mismo tiempo, pueden presentarse lesiones nerviosas y musculares, dolor y rigidez en las manos y articulaciones de los dedos, la muñeca, el codo y el hombro.
El dedo blanco (inducido por vibración) es una afección inhabilitadora, no fatal, que afecta a personas que usan herramientas vibrátiles o participan en procesos en que quedan expuestos a la vibración mano-brazo por periodos prolongados. Sus efectos pueden escalonarse desde el dedo blanco a un blanqueamiento más severo y extenso, y pérdida del tacto, lo que interfiere con el normal desenvolvimiento del trabajo y las actividades sociales.

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Guantes multi-uso
Por triste que resulte, hemos de admitir la indisolubilidad de trabajo y riesgo. Sin embargo, siempre pueden adoptarse diferentes actitudes, la resignada a cargar con lo que venga o, por el contrario, una actitud pro-activa enfocada a la prevención. Y la prevención en las tareas agrícolas pasa, entre otros muchos aspectos, por el cuidado de las manos.
No existe el guante universal (cada operación tiene unos modelos específicos), pero sí podemos recomendar un guante multi-uso, que será extremadamente útil en manipulaciones diversas (que entrañan riesgos mecánicos).
El guante multi-uso permite la prensión de cualquier tipo de herramienta de manera segura y efectiva durante su manipulación. De esta manera, las tijeras, alicates, destornilladores, cuchillos, tenazas, martillos... quedan sujetos al guante y el usuario ejerce el mínimo esfuerzo para manejar la herramienta.
El guante multi-uso incorpora en la palma unos accesorios elásticos en forma de bolsas. Cada una de estas bolsas puede recibir una parte del mango de la herramienta en cuestión, de modo que la misma queda perfectamente sujeta al guante, haciendo que su manipulación sea mucho más simple, rápida y segura.
Cabe subrayar que en el caso de que no se usen las bolsas, o accesorios retenedores, el guante adquiere una configuración de uso como guante convencional, sin que se noten en absoluto estas pequeñas bolsas.
El guante multi-uso convierte en una cuestión del pasado el riesgo que supone el desprendimiento y caída de herramientas. Resulta ideal para labores de poda de plantas o la recolección de toda clase de frutas (naranjas, limones, mandarinas, uvas, verduras). La especial configuración del guante multi-uso proporciona velocidad y seguridad en el trabajo, un asunto nada desdeñable pues, en última instancia, acabará afectando directamente al coste del producto. En diversos trabajos del campo, el usuario valorará el hecho de poder manipular con soltura cualquier elemento sin tener que desprenderse de su herramienta de trabajo, ya que ésta se mantiene siempre unida al guante.

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No hay lesión pequeña
No nos vamos a referir en este apartado a graves lesiones de las manos por la obviedad de su significado, sino a las pequeñas lesiones, esas que parecen no tener importancia. Los micro-traumas en las manos revisten una gravedad que los agricultores pasan por alto. Por ejemplo, los cortes y las afecciones dérmicas no son un problema puntual, afectan a la salud de persona, pudiendo provocar lesiones incapacitantes y otras enfermedades graves cuya puerta de entrada en el organismo, desde el punto de vista toxico-cinético, fueron las manos. Y es que hay lesiones con un calado insondable, aunque parezcan pequeñas.
·El problema de los cortes
En un tiempo, la mayoría de los cortes sanará, pero las repercusiones se harán notar a corto y medio plazo. El trabajador tendrá que estar unos días de baja para que cure su mano (repercusión económica). La lesión también supondrá unos gastos económicos y en tiempo de gestión, etc.
Los agricultores que sufren cortes menores y heridas en las manos pueden afrontar una serie de problemas como infección, daño de estructuras subcutáneas, irritación severa y cicatrices. Los cortes severos y los defectos leves del tejido pueden requerir la implantación de injertos, dejando cicatrices e, incluso, rigidez y falta de movilidad en la mano, lo que merma irreversiblemente la capacidad laboral del trabajador. Las infecciones pueden extenderse, mostrando inicialmente sólo leves indicios de un problema más grave. Los síntomas de alarma son fiebre, escalofríos o progresivo empeoramiento de la rojez, dolor o inflamación de la mano. Si el corte produjo daños en los nervios, puede que no haya recuperación, por lo que la pérdida de sensibilidad táctil, fuerza de la mano y movimiento ya no volverán a ser nunca lo que fueron, dejando al trabajador incapacitado para desempeñar su trabajo.
·Urticaria
Sin revestir la gravedad de una dermatitis profesional, que tiene carácter crónico, los trabajadores del sector agrícola pueden contraer urticarias, dermatosis que aparecen en los minutos siguientes al contacto con el agente sensibilizante responsable. La urticaria más frecuente en la vida cotidiana del agricultor se debe al contacto con las ortigas, que son las que dan el nombre a la afección. Los principales agentes sensibilizantes son las proteínas de origen vegetal (harina, plantas, legumbres...), animal (carne, piel...), productos químicos, etc.
La urticaria se presenta en forma de placas eritematosas  (rojas), edematosas (inflamadas), de tamaño variable, con prurito, sin descamación ni costra. Las lesiones se localizan en la zona de contacto, pudiendo extenderse y verse acompañadas de otros síntomas (algunos graves).
Una urticaria momentánea puede acabar convirtiéndose en una enfermedad profesional invalidante. Se dice que no existe el enemigo pequeño. Tampoco existe la lesión pequeña. Muchas personas que no han seguido ese sencillo principio se han visto privadas de su capacidad manual, lo que significa no poder trabajar y, en ciertos entornos, literalmente morirse de hambre o depender de la beneficencia.
·Onicomicosis
Por desgracia, constituye un problema de salud que afecta a un elevado porcentaje de trabajadores de todos los sectores, pero que, paradójicamente, parece formar parte de los extraños tributos de ganarse el pan, actividad en que los agricultores invierten no sólo sangre y sudor, sino también la agresión insensata a su mejor herramienta de trabajo, a la que castigan ajándola con suciedad, o lavados agresivos, erosiones, cortes, callosidades, urticarias, dermatitis, inclemencias climáticas. Ese es el caldo de cultivo perfecto para la aparición de una dolencia añadida a un cuadro desolador, la infección de las uñas.
En el decálogo de las manos sanas, uno de los mandatos fundamentales será combatir la onicomicosis, o infección de las uñas de las manos (también de los pies) por efecto de los hongos. Esta afección oportunista tiene mayor incidencia a medida que aumenta la edad. La multiplicación de los hongos encuentra su medio idóneo en ambientes húmedos y cálidos (interior del guante) o si el trabajo requiere un contacto directo y frecuente con el agua. La onicomicosis, que se transmite de individuo a individuo, cursa con molestias iniciales, picor y un cambio estético progresivo del estado de las uñas. Cuando la afección está avanzada, las uñas cambian ostensiblemente su aspecto y forma. La infección en la punta de los dedos puede llegar a ser dolorosa y provocar la propia caída de la uña, que antes se habrá mostrado frágil y quebradiza. La onicomicosis tiene un tratamiento complicado, largo y pesado, por lo que la mejor profilaxis será prevenir su aparición. Tratemos de imaginar cómo se defenderá en el campo un agricultor que haya desarrollado onicomicosis y sienta una insufrible comezón en la punta de los dedos cuando deba, por ejemplo, utilizar su tractor o manejar los aperos de labranza.

© Manuel Domene Cintas. Periodista.