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miércoles, 27 de marzo de 2019

Meteoropatías: clima y salud laboral

El 23 de marzo fue el Día Mundial de la Meteorología. Ello justifica un post apuntando que el clima, como otras muchas cosas, condiciona nuestra salud y capacidad laboral.
La climatología médica (o meteoropatología) considera el clima como un factor determinante de efectos favorables o desfavorables. Todos los trabajadores son, en mayor o menor medida, meteoro-sensibles.
Nos hallamos inmersos en un entorno físico-químico (atmósfera), con características peculiares según la zona geográfica. Un trabajador no puede sustraerse a la atmósfera que le rodea como si estuviera encerrado en una campana de cristal. Por ello, la evaluación del riesgo no puede desentenderse de la meteoro-patología. Las meteoropatías (enfermedades del tiempo), son una dolencia añadida a la actividad laboral.

La meteoropatía (enfermedades del tiempo) es otra cara más del poliédrico riesgo laboral 

El análisis ergonómico de las condiciones de trabajo no puede pasar por alto todo lo relativo al entorno climatológico en que se desenvuelven los trabajadores. Nos sobran evidencias de los efectos de los golpes de calor, que cada año siegan la vida de varios trabajadores en España. Ello motiva este artículo, cuyo propósito es advertir que –además del calor- existen otros factores relacionados con la climatología (presión atmosférica, humedad, ionización, truenos, viento, radiación ultravioleta) que son determinantes para las condiciones de trabajo, y pueden representar un cierto grado de incapacidad puntual (meteoropatía) dependiendo de la sensibilidad del trabajador a los fenómenos atmosféricos. En este sentido, cabe indicar que la evaluación de los puestos de trabajo debería contemplar todo lo relativo al puesto, sin obviar el área de lo meteoro-patológico que, por efectos de una climatología de cambios abruptos, pone a prueba a muchos trabajadores.
Como ejemplos, citaremos los casos de los trabajadores de servicios de emergencias: los bomberos, sanitarios, socorristas, pilotos de hidroaviones, etc. pueden estar luchando en su tajo mientras se enfrentan a un episodio de meteoropatía en sus propias carnes. Los huracanes sin precedente de este año en el Caribe (Harvey e Irma) –con vientos de 300 kilómetros/hora- suponen una agresión añadida a los trabajadores que han intervenido, con independencia de su susceptibilidad individual ante los fenómenos meteorológicos.
Michael Crane, profesor de medicina preventiva en la Escuela Monte Sinaí (Nueva York), cree que es imposible predecir quién se enfermará trabajando en un servicio de emergencia, puesto que “la ciencia –dice- aún no es capaz de usar la información genética, los bio-marcadores o el historial familiar como herramienta predictiva”.

Adaptación permanente
El cuerpo humano debe adaptarse (homeostasia) a las variaciones que le afectan. Y, como consecuencia de ello, está sujeto a trastornos y enfermedades, cuyo estudio es importante para la salud general y la laboral. Ya Hipócrates observó que el sol, el agua, los vientos y otros factores climáticos tenían un peso importante en el mantenimiento y en la recuperación de la salud. De hecho, es innegable que la composición de la atmósfera más cercana es trascendente para todo ser vivo por su contenido en oxígeno, carbono, nitrógeno, gases inertes, ionización, temperatura, humedad, nieblas y nubes, precipitaciones, vientos… A lo que cabe añadir parámetros geológicos o telúricos, como la constitución del suelo, configuración, latitud, altitud, distribución de mares y tierras, vegetación, geo-magnetismo, etc. Los seres humanos nos desenvolvemos en ese marasmo de factores ambientales, que condicionan nuestra salud y desempeño laboral. 
Las variables meteorológicas tienen una repercusión en el cuerpo, lo que explica que ciertas personas actúen como ‘barómetros meteorológicos’
No es lo mismo trabajar en un campo de experimentación de la Antártida que en una plantación agrícola del trópico; en una estación de montaña de los Alpes o en una mina a cientos de metros en las entrañas de la tierra.
En su ensayo “Distrés meteorológico”, el Dr. Antonio Paolasso argumenta la interrelación del cuerpo humano y los fenómenos atmosféricos a partir de la afirmación de Petersen de que “si hay un organismo construido para actuar como caja de resonancia de los fenómenos cósmicos, éste es el cuerpo humano”.

El entorno que nos rodea en el trabajo
A efectos de la meteoropatología y su enfoque clínico cabe considerar los siguientes factores relacionados con el aire y nuestro entorno vital:
·Presión atmosférica
La presión aumenta durante los anticiclones afectando a las neumo-patologías o enfermedades respiratorias (dificultad para respirar, aumento de la polución). En cambio, las bajas presiones aceleran el ritmo respiratorio y aumentan el volumen de aire inspirado, produciéndose una hiperventilación. Se incrementa el ritmo cardíaco y el flujo de salida de la sangre. Las personas con alteración de los sistemas respiratorio y cardiovascular no deben vivir a grandes altitudes, porque no pueden llevar a cabo las adaptaciones requeridas. En el ámbito laboral se contempla una dolencia como el disbarismo, que puede afectar a personas que trabajan en lugares de baja presión atmosférica (estaciones de esquí, por ejemplo).

·Temperatura
Sabemos que el calor excesivo incrementa la sudoración, con la consiguiente pérdida de agua y electrólitos. El frío, compensado con pilo-erección, temblores y trabajo muscular, tiene también repercusiones claras y concretas en el organismo. Nuestro cuerpo, que es homeotermo (temperatura estable), necesita un sistema de regulación para mantener la temperatura dentro de unos márgenes muy reducidos. La comodidad térmica (ISO 7730) se definiría como una ‘condición mental que expresa satisfacción’.
·Humedad
Está estrechamente relacionada con la temperatura, ya que la saturación del vapor de agua viene determinada por la temperatura del aire. El aumento de la humedad interfiere con la termorregulación y agrava la sintomatología del acaloramiento. El ambiente excesivamente seco conduce, por el contrario, a la pérdida de agua y sal, con la consiguiente deshidratación. El grado de humedad modula el medio interno y la dinámica circulatoria. La humedad afecta a huesos y articulaciones. Además, vivir en ambientes húmedos (especialmente en interiores) expone a las personas a enfermedades del tracto respiratorio que se manifiestan con tos, asma, etc.
·Ionización de la atmósfera. El predominio de iones positivos causa malestar general, cansancio, congestión nasal, migraña, congestión laríngea. Por el contrario, el predominio de iones negativos se traduce en sensación de bienestar, aumento de la capacidad de trabajo y efecto sedante. De ahí la instalación de ionizadores de aire para mejorar el rendimiento laboral y coadyuvar en el tratamiento de trastornos funcionales (asma, hipertensión, ansiedad, cefaleas, rinopatías).
“La ionización atmosférica parece tener más importancia de la que hasta el momento se le ha dado. Cada vez existen más indicios que relacionan la ionización positiva de la atmósfera con disfunciones psíquicas. Algunas reacciones neuroquímicas parecen modificarse y algunos investigadores han atribuido estas disfunciones a descargas serotoninérgicas con una fase previa de euforia que se sigue de depresión, depresión sin euforia previa, insomnio, crisis migrañosa, aumento de la incidencia de dolor anginoso e incluso accidentes cerebrovasculares”, indica el estudio de P. A. Martínez-Carpio “Biometeorología y bioclimatología clínica: fundamentos, aplicaciones clínicas y estado actual de estas ciencias” (Elsevier).
·Precipitaciones
Son otro factor atmosférico omnipresente en nuestras vidas (y salud). La lluvia puede afectar a las vías respiratorias, siendo una de las principales causas de morbilidad, que se manifiesta en infecciones (gripe común, sinusitis, faringitis, amigdalitis o laringitis, pulmonía y bronconeumonía). Los efectos se agravan cuando se trata de las conocidas como lluvias ácidas (lluvia que arrastra contaminantes dispersos en la atmósfera, como los óxidos nitrosos de la quema de combustibles fósiles, y otros metales pesados que contaminan la atmósfera).
También causan síntomas meteoropáticos, que son objeto de estudio de la meteoro-patología, la radiación ultravioleta, los truenos, el viento, la radiación electromagnética, etc. Más información en "El frío como riesgo laboral".

Algunos meteoro-síntomas
Las variables meteorológicas tienen una repercusión en el cuerpo, lo que explica que ciertas personas actúen como ‘barómetros meteorológicos’, prediciendo con sus molestias fisiológicas la inminente entrada en escena de un fenómeno atmosférico. Estos síntomas ocurren entre 24-48 horas antes del cambio de tiempo, influyendo sobre la calidad de vida del afectado y, obviamente, sobre su desempeño laboral.
Entre las meteoropatías físicas encontramos las migrañas, dolores de cabeza, mareos, náuseas, desmayos, dolores de antiguas lesiones, dolores reumáticos y dolores musculares. Algunos de los síntomas mentales son fatiga, irritabilidad, cambios de humor, apatía, letargo, disminución de la concentración, coordinación y pensamiento, y trastornos del sueño.
Los enfermos coronarios pueden experimentar un aumento de la presión arterial, latidos irregulares, taquicardia y molestias en el pecho. Algunos estudios constatan mayor incidencia de accidentes cerebrovasculares y ataques cardíacos debido a la isquemia (restricción del riego sanguíneo).
En personas con problemas abdominales, aparece dolor de estómago y el agravamiento de la gastritis por úlcera gástrica o duodenal. Otras personas meteoro-sensibles sufren bajada de presión arterial en paralelo a la disminución de la presión barométrica (provoca visión borrosa, mareo, desmayos). En otros casos, la baja presión atmosférica cursa con exacerbación de las migrañas. Las variaciones de presión (aproximación de frentes borrascosos) desencadenan las respuestas de dolor en las terminaciones nerviosas del sistema musculo-esquelético (dolor articular).
Estamos en definitiva ante un conjunto de síntomas que requieren atención, máxime cuando afectan al desempeño de personas en su puesto de trabajo, lo que compromete su propia seguridad y la de otras personas.

Todos los trabajadores son, en mayor o menor medida, meteoro-sensibles, algo que afecta al comportamiento y la prestación laboral

·Depresión, melancolía, apatía
La meteorología afecta al cuerpo y también a la mente. La meteoropatología psiquiátrica ha estudiado profusamente la relación entre el fenómeno depresivo (y sus posibles consecuencias) y las condiciones meteorológicas. Antes de contar con el soporte estadístico, se creía que la mayoría de los suicidios tenían lugar en otoño. Esta creencia se basaba en la noción de que el tiempo “oscuro y pesado” que caracteriza a la estación otoñal hacía que la mente humana cayera en la melancolía. En el siglo XIX ya se demostró que las estaciones que concentraban los suicidios eran la primavera y el verano.
Es cierto que, con independencia de la estación del año, la meteorología induce cambios de humor, que pueden tener consecuencias graves en personas que padecen desequilibrios nerviosos. 

La meteoro-patología, un asunto muy serio
El tema de las ‘dolencias climatológicas’ provoca en no pocos casos suspicacia e hilaridad. Sin embargo, la ciencia está demostrando que no hay razón para reírse. La meteoropatía empieza a verse como una verdadera enfermedad entre la comunidad médica. A ello contribuye que en los últimos años, y debido al triste agujero de la capa de ozono, las condiciones meteorológicas están cambiando con frecuencia e intensidad inusitadas. De ahí que se empiece a dar más importancia a este fenómeno. La medicina también se está actualizando en el conocimiento de las enfermedades asociadas a la meteorología. La prevención básica de las meteoropatías requiere:
-Pasar tiempo al aire libre para mejorar la capacidad fisiológica de hacer frente a los cambios climáticos (efecto vacuna).
-Aceptar fenómenos que consideramos molestos, como el frío y la humedad, o saber disfrutar de una nevada, huyendo de nuestro sentimiento innato de buscar seguridad y comodidad.
-Entrenar el cuerpo para adaptarse a los cambios del clima. Se recomienda ir a la sauna o tomar duchas frías y calientes, especialmente para personas con presión arterial baja, que son especialmente sensibles a los cambios de tiempo.
Pese a todo, hay quienes –lejos de culpar al tiempo- únicamente creen que la meteoropatía es una nueva enfermedad producto de nuestra propia conducta. Quizás sea sólo eso.

viernes, 27 de diciembre de 2013

“Liquidador”, mucho más que un término coloquial

La palabra liquidador apareció como un término coloquial. Sin embargo, pronto adquirió contenido, siendo la palabra exacta que aparece grabada en las medallas soviéticas y distintivos que se entregaron al personal involucrado en la liquidación del desastre. Cabe decir que fue un personal heterogéneo. Este post abundará en el alcance que debe dársele a la denominación ‘liquidador’ a partir del recuento -no exhaustivo- de los oficios que intervinieron en la infernal liquidación de Chernobil y sus efectos colaterales.

Emergencia nuclear… todos a una
La gestión de la emergencia nuclear de Chernobil involucró a muchos oficios con diferentes niveles de responsabilidad. Los primeros que debieron enfrentarse a la realidad sin una consciencia clara de la gravedad y el calado del accidente fueron los técnicos que trabajaban en los reactores, al mando de Anatoly Dyatlov.
Cuando hubo constancia de que la catástrofe era inminente e imparable, el personal de la planta fue secundado por los bomberos y por los cuerpos de defensa civil de las Fuerzas Armadas Soviéticas, que trabajaron intensamente en la retirada de materiales contaminantes y la desactivación del propio reactor.
Colaboraron asimismo las brigadas internas y la policía, encargándose de la seguridad, el control de los accesos y la evacuación de la población civil de los núcleos poblados más cercanos a la central (Prypiat es desde entonces una ciudad fantasma).


Del mismo modo, la fuerza aérea y la aviación civil soviética también pusieron su granito de arena ejecutando críticas operaciones de vuelo con helicópteros, transporte y monitorizado de la contaminación radiactiva.
La emergencia también atrajo a numerosos civiles con formación científica, ingenieros y trabajadores industriales y de la construcción. Los transportistas hicieron asimismo su trabajo aportando suministros y facilitando la movilidad del personal, además de hacer posible la evacuación en tiempo récord de Prypiat que, en el momento del accidente, albergaba una población en torno a las 50.000 habitantes.
Un equipo de mineros del carbón construyó una enorme barrera para proteger de la contaminación al acuífero situado debajo del reactor siniestrado.
Finalmente, intervinieron en el caos nuclear de Chernobil los profesionales de los medios de comunicación, que ofrecieron información sobre el terreno; o los fotógrafos que tomaron instantáneas de aquel teatro de operaciones dantesco y de los propios liquidadores efectuando sus peligrosas operaciones.
La tasa de carcinogenicidad de los liquidadores se estimó como cuatro veces superior a la del resto de la población. El goteo de muertes, imparable.
Daños y víctimas colaterales
En las casas del área de exclusión intervinieron los sanitarios –civiles y militares- ayudados por legiones de limpiadoras, cuya misión fue eliminar los alimentos dejados en las casas evacuadas para impedir un brote infeccioso de proporciones nunca vistas. Un detalle que no es intrascendente fue la necesidad de que unas escuadrillas se concentrasen en la liquidación de todos los animales domésticos, dejados atrás en los hogares abandonados de prisa y corriendo durante un éxodo siniestro. 

“Nunca mais”
La lección de la catástrofe impulsa a la sociedad occidental a proclamar un ‘Nunca mais’, agradeciendo a los liquidadores su sacrificio. Fueron miles de trabajadores heroicos y anónimos, y unos pocos que escaparon al anonimato. Entre éstos, el lugarteniente Volodymyr Pravik, jefe de una brigada de bomberos, ha sido uno de los liquidadores más conocidos, además de víctima inmediata del desastre.
Más suerte tuvo Anatoly Stepanovich Dyatlov, técnico nuclear que supervisaba el test del reactor 4 el día del fatídico accidente. Se le acusó de “mala gestión criminal de empresa potencialmente explosiva” y fue sentenciado a 10 años de cárcel, de los que cumplió sólo 5. Escribió el libro “Chernobil. Cómo ocurrió” en el que proclama que las deficiencias de diseño de la planta, las condiciones de mantenimiento, junto con una tecnología obsoleta, fueron los principales causantes del accidente por encima de los fallos humanos del personal. Dyatlov recibió una dosis de radiación de 550 rem (5,5 sievert). Murió de un fallo cardíaco en 1995.

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viernes, 20 de septiembre de 2013

Empleos 'verdes', trabajo sucio

Las ‘tecnologías verdes’ para el medio ambiente no están exentas de peligros para la seguridad y salud de los trabajadores


La etiqueta ‘verde’ se asocia con ecología y ‘viste’ mucho. Sin embargo, siguiendo la analogía de un refrán, no es verde todo lo que se anuncia como tal, como no es oro todo lo que reluce.
La recogida y separación de residuos se considera empleo verde. Quizás sea así en el primer mundo si se dispone de los medios adecuados. Definitivamente, no es un empleo verde cuando se desenvuelve en condiciones de pobreza e insalubridad, normalmente en lugares del tercer mundo.


Empleos ‘verdes’, trabajo sucio

Las ‘tecnologías verdes’ para el medio ambiente no están exentas de peligros para la seguridad y salud de los trabajadores


La etiqueta ‘verde’ se asocia con ecología y ‘viste’ mucho. Sin embargo, siguiendo la analogía de un refrán, no es verde todo lo que se anuncia como tal, como no es oro todo lo que reluce.
La recogida y separación de residuos se considera empleo verde. Quizás sea así en el primer mundo si se dispone de los medios adecuados. Definitivamente, no es un empleo verde cuando se desenvuelve en condiciones de pobreza e insalubridad, normalmente en lugares del tercer mundo.


De hecho, la gestión y el reciclado de residuos podría ser uno de los sectores emergentes de la economía verde con más riesgos para la salud laboral, según un informe de la Agencia Europea de Salud y Seguridad en el Trabajo (OSHA).
Aunque ciertos trabajos tengan la consideración de “verdes”, las tecnologías que se emplean en los mismos no lo son en absoluto. Las tecnologías verdes son, por lo general beneficiosas, aunque debe hacerse un análisis profundo antes de su aplicación si no queremos resultados adversos o, incluso, contrarios a los perseguidos. Por ejemplo, la sustitución de algunas sustancias dañinas para el medio ambiente por otras ‘amistosas’ con el medio ha resultado ser peligrosa para la salud de los trabajadores. Así, el cambio de pinturas con disolvente a pinturas de base acuosa ha comportado la adición de biocidas. Análogamente, sustituir los hidro-clorofluorocarbonos por los clorofluorocarbonos aumenta el riesgo de exposición a carcinógenos y la probabilidad de incendios.

¿Cegados por las buenas intenciones?...
Parece obvio, pues, que lo que es bueno para el medio ambiente, no siempre es bueno para las personas. Haremos breve cita de algunos otros ejemplos:
-Fabricación de paneles fotovoltaicos. Esta actividad, uno de los paradigmas de la sostenibilidad y el ecologismo, emplea más 15 materiales peligrosos. Entre otros riesgos, los trabajadores pueden verse expuestos al teluro de cadmio, cuya manipulación es peligrosa al ser altamente cancerígeno. También afrontan riesgos convencionales: caídas, trabajo a las elevadas temperaturas, en espacios reducidos, electrocución, etc.
-Fabricación de aerogeneradores eólicos. Los trabajadores pueden verse expuestos a riesgos químicos derivados de la exposición a  gases, vapores y polvos nocivos.
Cualquier actividad económica implica un equilibrio entre el riesgo y el beneficio, en el que, dependiendo de la actividad, el riesgo puede variar desde la mera pérdida material al daño a la salud o la pérdida de la vida. Sea verde o no, el trabajo siempre genera el riesgo de accidentes y enfermedades, cuya reducción o eliminación constituye uno de los principios fundamentales de la seguridad laboral.
La evaluación de los peligros laborales asociados a las tecnologías verdes y actividades conexas deviene así un tema de importancia capital que, en consecuencia, no puede dejarse al azar. No tiene sentido que estos nuevos trabajos, llamados no sólo a mejorar el entorno, sino también a revitalizar la economía y generar empleo, se creen con prisa y desorden sin atender a su calidad e ignorando su incidencia en la salud laboral, máxime cuando pueden degenerar en una lacra social antes de que se tomen las adecuadas medidas de protección. En otras palabras, la razón de fondo de la ‘filosofía’ verde no puede cegarnos ni nublarnos el entendimiento: hay que relativizar el valor de la etiqueta ‘verde’, que, a priori, tiene mucho ‘glamour’.
Seguidamente, abordamos los empleos verdes con el foco puesto en la seguridad y salud laboral.

Energía solar
El grupo de las energías renovables, que atrae el interés de los inversores, está creciendo rápidamente y, según las previsiones, acelerará el ritmo en los próximos años. Estimaciones conservadoras establecen que este sector estaría empleando globalmente más de cuatro millones de trabajadores (la mitad en el segmento de los bio-combustibles). El interés por las energías alternativas puede hacer el sector de las energías renovables crezca hasta generar veinte millones de empleos hacia 2030.
La energía solar se transforma en electricidad mediante paneles fotovoltaicos. Los riesgos laborales están presentes en la fabricación, instalación y al final del ciclo de vida de los paneles, cuando se convierten en un residuo. Al fabricarlas, se emplean más de 15 sustancias peligrosas: los peligros se derivan de los productos químicos usados conjuntamente con las obleas de silicio, componente principal de las placas. La fabricación de las células solares, componente de las placas supone el uso de productos de limpieza que pueden ser tóxicos. Por tanto, los trabajadores que fabrican los módulos fotovoltaicos y sus componentes deben protegerse de la exposición a las sustancias que manejan.
Los paneles solares se convierten en un residuo electrónico al final de su vida útil (20-25 años). Contienen materiales nuevos, como teluro de cadmio y arseniuro de galio, cuyo reciclaje es complejo, presentado un reto tecnológico para la seguridad, la salud y la protección del medio ambiente.
Algunos peligros físicos que afrontan los trabajadores al instalar paneles solares son similares a los de la construcción, como las caídas de altura, manejo manual de cargas, temperaturas extremas (altas o bajas), trabajo en espacios confinados y electrocución durante construcción y mantenimiento. Existe un peligro adicional, que afecta en este caso a la salud de los bomberos y los residentes, derivado de los humos que se liberan de la combustión módulos fotovoltaicos en caso de incendio en un edificio que los tenga instalados.

Reciclar es verde. No así las condiciones de trabajo de muchos recicladores. El trabajo de reciclado puede ser sucio, contaminante, poco atractivo o peligroso, además de mal pagado, incluso en países desarrollados

Energía eólica
La fuerza del dios Eolo ha experimentado un gran auge de uso en la última década, esperándose que prosiga su expansión. Laboralmente, este sector industrial abarca el desarrollo de proyectos, fabricación de turbinas (aerogeneradores) y componentes, construcción, instalación, explotación y mantenimiento de los cada vez más presentes molinillos. Los riesgos en la fabricación son similares a los de la industria del automóvil o la construcción aeroespacial, mientras que los riesgos derivados de la instalación y el mantenimiento son asimilables a los de la construcción. Los trabajadores pueden quedar expuestos a sustancias químicas como las resinas epoxy, estireno y disolventes, gases nocivos, polvos, nieblas y vapores, humos de fibra de vidrio, endurecedores, aerosoles y fibras de carbono. También corren peligros físicos por la existencia de partes en movimiento, así como el trabajo manual en la fabricación y el mantenimiento de las palas o aspas. Son problemas de salud comunes las dermatitis, mareos, somnolencia, daños hepático y renal, ampollas, quemaduras químicas o causticaciones, así como insidiosos efectos (presuntamente mutagénicos) en la reproducción sexual.

Durante el mantenimiento no pueden obviarse peligros físicos como las caídas de altura, trastornos musculo-esqueléticos (TME) y posturas forzadas al trabajar en espacios confinados, carga física para subir a las torres, electrocución y lesiones ocasionadas por la maquinaria rotante o la caída de objetos. No es posible la estimación numérica de los accidentes por la falta de datos estadísticos.

Energía hidráulica
Genera electricidad sin la quema de combustibles fósiles, por lo que no produce las emisiones asociadas al carbón, petróleo o gas. El impacto ambiental proviene del embalsamiento del agua, reducción del nivel de agua y cambios en sus flujos, así como la construcción de pantanos, carreteras o líneas de alta tensión. La energía hidráulica proporciona más del 17% de la electricidad mundial, convirtiéndose, con diferencia, en la energía renovable más importante de las usadas en la generación de electricidad.
Los peligros y riesgos asociados con la construcción, explotación y mantenimiento de grandes plantas hidráulicas son los mismos que encontramos en la construcción y en el transporte y distribución de energía eléctrica. Incluye las lesiones que provocan equipos mecánicos y el manejo de materiales, los riesgos por accidente eléctrico durante la instalación o construcción de líneas aéreas o soterradas, la exposición química al gas de hexafluoruro sulfúrico, y al bifenilo policlorado.
Los trabajadores deben estar provistos con equipo de protección que incluya los cinturones de seguridad y equipo de protección contra las caídas de altura, protección respiratoria y protección eléctrica. Asimismo dispondrán de protocolos de respuesta a emergencias in situ, ya que muy frecuentemente los accidentes más graves se producen durante la construcción de las grandes presas. Estas instalaciones también pueden tener un impacto social grave si provoca el desplazamiento de las comunidades y los pueblos indígenas locales.

Bio-energía
El sector de las bio-energías está teniendo un rápido desarrollo, incluye bio-combustibles, bio-gas y bio-masa para generar calor y electricidad. El desarrollo futuro de esta tecnología se hará empleando materias primas como las algas, monocultivos y grasas animales/aceites de cocina usados. Una de las preocupaciones medioambientales es el empleo de suelo agrícola para cultivar las ‘cosechas energéticas’. Los bio-combustibles están en el punto de mira de los investigadores y medioambientalistas por su efecto sobre el alza del precio de los alimentos o la pérdida de biodiversidad, dependiendo el alcance de su efecto del cuidado que se ponga en la gestión del recurso.
En forma líquida, sólida o gaseosa, la bio-energía también despierta preocupaciones medioambientales y las relativas a la seguridad y la salud de los trabajadores. Los peligros, que surgen principalmente de la producción de materia prima, son similares a los de la agricultura y el sector forestal. La producción de cultivos tradicionales como caña de azúcar o soja se asocia con la exposición a los fitosanitarios. La recolección manual de la caña de azúcar también implica la carga física en lugares típicamente húmedos y calurosos. En casos extremos, puede producirse la muerte del trabajador por agotamiento (golpes de calor). Durante los procesos térmicos, se produce la exposición a sustancias carcinógenas, gases, monóxido de carbono, óxidos de azufre, plomo, compuestos orgánicos volátiles (COVs), trazas de mercurio (se evapora a partir de los 40º C), metales pesados y dioxinas procedentes de la combustión de materia. La polución emitida por unidad de energía generada dependerá del refinamiento de la tecnología empleada.
Almacenada, la biomasa supone un peligro de fuego, y que el material usado para los procesos no siempre es fácil de almacenar. También existe el riesgo de explosión cuando se dispersan pequeñas partículas en el aire. Por otra parte, la biomasa puede causar polución del aire, dispersión de esporas y líquidos residuales con potencial para afectar a la salud, lo que implica una manipulación y almacenaje muy cuidadosos.
Los problemas de seguridad de los aspectos citados son muy similares a procesos análogos en el sector de los recursos fósiles: operación de turbinas de gas, almacenaje seguro, manipulación y transporte de líquidos inflamables. Es vital disponer de códigos de buenas prácticas para la anticipación, identificación, evaluación y control de peligros y riesgos, sean conocidos o no.

Gestión de residuos y reciclaje
Reciclar es ‘verde’, no así las condiciones de trabajo de muchos recicladores debido, principalmente, al empleo de prácticas no apropiadas: por ejemplo, quemar cableado con aislante de plástico para recuperar el cobre produce humos tóxicos y dioxinas que contaminan el medio ambiente y a los recicladores.
Reciclar se está convirtiendo en parte integral del diseño de producto y la gestión de residuos. Sin embargo, las nuevas tecnologías de reciclado pueden desatar nuevos riesgos dada la presión para preservar las cualidades y prestaciones de los productos. Asimismo, la recogida de productos de desecho puede conllevar la manipulación de sustancias peligrosas, desde nanomateriales y nuevos tipos de químicos hasta el continuo crecimiento de residuos electrónicos (cargados de sustancias tóxicas). Igualmente, los procesos de reciclado y valorización energética de los residuos pueden generar peligros como la producción de gases o explosiones.
La futura minería-vertedero de recursos hará que aumenten las exposiciones a sustancias nocivas. Los perjudicados serán los países pobres, destino habitual de las exportaciones de residuos de las primeras economías mundiales. En la guía jerárquica de la gestión de los residuos, la prevención es la primera opción, y la eliminación (o reciclado) el último recurso. En la práctica, no es así. El trabajo de reciclado puede ser sucio, contaminante, poco atractivo o, incluso, peligroso, además de mal pagado, incluso en países desarrollados. Un estudio sobre las condiciones de trabajo en los centros de reciclado de Suecia señalaba la necesidad de acciones preventivas, como mejora de la maquinaria y el equipo, además de mayor formación, especialmente en el manejo de residuos peligrosos.
En el Reino Unido, trabajadores de una estación de reciclado de residuos eléctricos sufrieron envenenamiento por mercurio debido a su trabajo de reciclaje de las ‘eco-bombillas’ (bajo consumo) debido a procedimientos inadecuados de trabajo. Otro ejemplo es el reciclaje de chatarra, que ocupa a muchos trabajadores. En Estados Unidos, las causas más comunes de enfermedad en esta industria son el envenenamiento con metales pesados, trastornos musculo-esqueléticos por movimientos repetitivos, enfermedades o desórdenes dermatológicos o respiratorios.
En la mayoría de países en vías de desarrollo, el creciente volumen de residuos ha desbordado a los gobiernos. Con frecuencia, los residuos médicos infecciosos y los desechos tóxicos de la industria no son separados de la basura doméstica antes de ir a parar a los vertederos. En este panorama sombrío encontramos que la actividad de reciclado es ejercida principalmente por trabajadores de la economía llamada ‘informal’. Las estimaciones cifran el número de recicladores mundiales entre 15 o 25 millones. China, el mayor generador de residuos del mundo, emplea una cifra estimada de 10 millones de personas en el reciclaje. Los recogedores de residuos son, por lo general, personas vulnerables, pobres, normalmente mujeres y niños, que se encuentran continuamente expuestos a sustancias peligrosas, materiales agresivos y todo tipo de patógenos. Por si fuera poco, carecen de reconocimiento social o económico. La situación se agrava con la irrupción en los vertederos de nuevos desechos electrónicos de nocividad tan poderosa como desconocida.
·Desguace de buques
En la medida que reduce la necesidad de explotación minera para obtener materia prima, el desmantelamiento y reciclaje de barcos puede clasificarse como una fuente potencial de ‘empleo verde’. Sin embargo, las características de los barcos y los materiales altamente contaminantes que llevan convierten el desguace en una fuente de peligros para la salud laboral y medioambiental debido a condiciones de trabajo inadecuadas. Los peligros incluyen la exposición a sustancias peligrosas como amianto, aceites y combustibles, pinturas tóxicas, PCBs, isocianidas, ácido sulfúrico, plomo y mercurio. Hay que contar también los riesgos físicos, mecánicos, biológicos, ergonómicos y psicosociales.

Riesgos ‘verdes’ en sectores tradicionales
·Minería
La minería, a cielo abierto o subterránea, es uno de los sectores más peligrosos. Entre los riesgos, encontramos fuego y explosiones, electrocuciones, exposición al polvo de sílice, mercurio, otros productos químicos y calor. La silicosis es una de las enfermedades profesionales más graves, que provoca una progresiva discapacidad física, que se hace permanente por el deterioro de la capacidad pulmonar.
Por otra parte, es bien conocido el impacto medioambiental de la minería a través de sus distintos contaminantes. El impacto medioambiental y sobre la salud que tiene el mercurio se hace evidente en muchas zonas mineras, además de liberarse a la atmósfera y contribuir así a la propagación y globalización de la toxina. La minería informal del oro, que emplea el mercurio para extraer el metal precioso, supone otro daño a la salud de las personas y del medio natural.
·Agricultura y silvicultura
El uso de fertilizantes químicos y fitosanitarios representa un problema de salud en esta actividad, que se ve minimizado en la llamada agricultura ecológica al utilizar sólo fertilizantes orgánicos. Pese a los evidentes beneficios de la biotecnología agrícola, no se ha desarrollado una gran investigación sobre las implicaciones que pueden derivarse para la salud y la seguridad de los trabajadores, o las consecuencias para el medio ambiente.
Los peligros derivan de los procedimientos de producción, así como de las habilidades y conocimientos de los trabajadores para manejar los productos de la agricultura biotecnológica. Se necesitan nuevos sistemas de manipulación para evitar la contaminación cruzada y asegurar el almacenaje aséptico. Hay que prevenir el daño que puede inducir la inhalación del polvo generado por productos modificados genéticamente, etc.
La actividad forestal también genera empleos verdes, cuyos riesgos laborales son muy similares a los de la explotación forestal convencional. La única diferencia estriba en que la gestión sostenible se apoya en trabajadores competentes, lo que mejora las condiciones de seguridad laboral. El desarrollo de los empleos verdes en este sector depende de la puesta en práctica de condiciones de ‘empleo decente’, a partir de los ‘Decent Work Standards’ y las recomendaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
·Construcción y rehabilitación
La construcción es un contribuyente típico de los gases de efecto invernadero. Por tanto, las nuevas construcciones que son eficientes energéticamente y la rehabilitación sostenible tienen un gran potencial para la creación de empleos verdes que, en contrapartida, exigen habilidades y conocimientos que no son necesarios en la construcción convencional.
Los riesgos de la construcción verde no difieren de los de la construcción convencional (moverse en el espacio de trabajo, trabajar en altura, uso de herramientas manuales y eléctricas, riesgos eléctricos, espacios confinados, almacenamiento y manipulación de productos químicos). La instalación de fuentes de energías renovables en los tejados, nuevos materiales de construcción, aislantes y pinturas conteniendo nanomateriales pueden convertirse en fuentes de riesgos laborales.
En la rehabilitación, la exposición al amianto es un riesgo frecuente y de difícil cuantificación, que requiere trabajadores y equipos de protección especializados.

Despiece 1
Empleo ‘verde’
Según la definición más citada, procedente del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA, 2008), el empleo verde es “el trabajo en la agricultura, el sector manufacturero, las actividades de investigación y desarrollo (I+D),  administrativas y de servicios, que contribuye de forma importante a la conservación o la restauración de la calidad ambiental. En concreto, pero no de manera exclusiva, esto incluye puestos de trabajo que ayudan a proteger los ecosistemas y la biodiversidad; a reducir el consumo de energía, materiales y agua mediante estrategias de alta eficacia; a ‘descarbonizar’ (quema de fuentes de energía contaminantes) la economía, y a reducir al mínimo o totalmente la generación de todas las formas de residuos y contaminación”.
La Comisión Europea (2012) entiende por empleos verdes “los que cubren todos los puestos de trabajo que dependen del medio ambiente o que se crean, se sustituyen o se redefinen (en términos de dotación de un carácter ecológico a los conjuntos de capacidades, métodos de trabajo, perfiles, etc.) en el proceso de transición hacia una economía más verde”, y añade que “esta definición amplia es complementaria y no se opone a la del PNUMA”, mencionada anteriormente.
Los empleos verdes también pueden abarcar no sólo el puesto de trabajo “ecológico” directo, sino llegar a la cadena de suministro. Los empleos verdes pueden ser directos, indirectos o inducidos.

Despiece 2
Tecnologías verdes, empleos ‘negros’
Aquí nos lavamos las manos frente a los residuos. La exportación de residuos peligrosos desde la UE a países no pertenecientes a la OCDE está prohibida desde 1998, aunque existe una triste constancia en las instancias comunitarias (CE) de que “esta legislación se elude casi sistemáticamente”. Europa se ‘lava las manos’ y –cuando puede- exporta el trabajo sucio. Paradigmático es el caso del portaviones francés Clemenceau (contaminado con amianto) que ha errado por los mares hasta que, finalmente, entrara para el desguace en un puerto británico. India y España (Gijón) fueron otros posibles destinos.
El desguace mundial de buques se ha multiplicado por seis entre 2007 y 2009 (pasando de los 4,2 millones de toneladas brutas a los 24,9 millones de toneladas brutas). Ello está motivado, entre otros motivos, por “la retirada de los petroleros monocasco, la crisis económica y el aumento de la flota mundial”, señalan fuentes de la Euro-Cámara.
Se estima que más de 5 millones de toneladas de materiales potencialmente nocivos procedentes de los buques que se desguacen entre 2006 y 2015 terminarán en astilleros de desmantelamiento. Por este motivo, los eurodiputados proponen que sólo los astilleros o instalaciones que se acrediten ante la UE puedan manejar materiales peligrosos sobre suelos impermeables o poseer instalaciones de tratamiento de residuos aguas abajo y que operen conforme a las normas de la UE en materia de protección de la salud humana y del medio ambiente. Asimismo, estos desguaces deberían quedar sometidos a auditorías periódicas de salud ambiental y laboral. 

lunes, 20 de mayo de 2013

Compuestos Orgánicos Volátiles (COV), peligro respiratorio

(PL 72) SALUD AMBIENTAL. SAAMB-COVs.doc. Manuel Domene. Palabras: 3.333 

Los COV se evaporan fácilmente, contaminando la atmósfera, además de afectar a la salud de quienes los inhalan


COV, Compuesto Orgánico Volátil, es cualquier sustancia orgánica que contiene carbón y que se evapora a temperatura ambiente. Contribuyen de manera decisiva a la formación del ‘smog’ fotoquímico (neblina contaminante). Suelen tener olor, como la gasolina, el alcohol o los disolventes.
Algunos COV son muy tóxicos, como el benceno, el óxido de estireno, el percloroetileno o el tricloroetileno, que son cancerígenos, o el formaldehído y el estireno, que además son disruptores endocrinos. En la lista –interminable- no deben olvidarse disolventes como el tolueno, xileno y acetona, los CFC’s (gas de los sistemas de refrigeración), además de los humos de escape de los vehículos, especialmente los de motor diesel.

Los COV contaminan el aire y, cuando se mezclan con óxidos de nitrógeno, reaccionan generando ozono, cuya presencia en el aire respirable crea un efecto nocivo proporcional a la concentración. Los compuestos orgánicos volátiles se liberan con la ignición de materiales combustibles, madera, carbón o gas natural. También son liberados a la atmósfera por disolventes, pinturas, adhesivos, plásticos, aromatizantes y otros productos empleados en procesos industriales, creando vapores y gases nocivos para la salud.

Señas de identidad de los COV
Los efectos sobre la salud y el medio ambiente derivan del hecho que estas sustancias son volátiles, liposolubles, tóxicas e inflamables.
-Volatilidad. Es la capacidad de evaporarse rápidamente a la atmósfera, lo que determina tanto un alto grado de contaminación atmosférica como importantes riesgos para la salud. La vía de entrada más peligrosa al organismo es la inhalación.
-Capacidad liposoluble. Sus moléculas orgánicas son solubles en los lípidos (grasas), con las que tienen gran afinidad, acumulándose en los tejidos grasos de los seres vivos.
-Inflamabilidad. Se inflaman y arden con facilidad en contacto con el aire.
-Toxicidad. Ésta depende del compuesto y las condiciones de exposición. Las exposiciones cortas pueden originar reacciones alérgicas o mareos. Las exposiciones prolongadas se relacionan con cuadros de lesiones neurológicas y otros efectos como irritabilidad, falta de memoria, dificultad de concentración, etc.
·¿Dónde se encuentran los COV?
La fuente de estas sustancias puede ser indistintamente natural o artificial. Una fuente natural es el metano, gas de efecto invernadero que se crea por la descomposición de la materia orgánica. La generación artificial de los COV se da en actividades industriales como la fabricación y aplicación de pinturas, lacas y barnices, industria del calzado, siderúrgica (desengrasado de metales), los detergentes empleados en el lavado en seco, la evaporación de disolventes orgánicos, los vehículos con motor de explosión, el humo del tabaco, productos de limpieza del hogar e, incluso, de higiene personal, cosméticos, etc.
En cuanto a las actividades generadoras de COV, serán obviamente las relacionadas con las fuentes que acabamos de citar, e incluyen la industria siderúrgica, fabricación de plásticos y caucho, fabricación de calzado, pinturas, barnices y lacas, industria alimentaria, maderera, farmacéutica, cosmética, lavandería, etc.
En los centros de trabajo se pueden encontrar emisiones puntuales y difusas. Las primeras tienen una salida localizada a la atmósfera (chimenea, torre de humos), por lo que pueden ejercerse fáciles medidas de evaluación y control. Por su parte, las emisiones difusas no están localizadas (vapores ocasionados por fugas, derrames, manipulación inadecuada), lo que hace más difícil su control y evitar su transferencia al ambiente laboral, y a la atmósfera en definitiva.

Compuesto Orgánico Volátil es cualquier sustancia orgánica que contiene carbón y que se evapora a temperatura ambiente. Contribuyen de manera decisiva a la formación del ‘smog’ fotoquímico (neblina contaminante)

Agente agresor
Como se ha apuntado más arriba, los efectos de los COV sobre la salud humana tienen que ver con el tipo de sustancia, el tiempo-condiciones de exposición y otros factores individuales de la persona expuesta.
Los COV se acumulan en diversas partes del cuerpo humano. A corto plazo, pueden causar afecciones ‘menores’, como irritación de ojos, nariz y garganta, náuseas, mareos, dolor de cabeza, fatiga, reacciones alérgicas, molestias gástricas o intestinales, pigmentación de la piel, pérdida de concentración y trastornos de la memoria.

La combustión de materia libera COVs, que polucionan la atmósfera, contaminan
el aire respirable y perjudican la salud

La exposición prolongada en el tiempo puede originar daño en órganos internos, como el hígado o los riñones, llegando a afectar incluso al sistema nervioso central. La exposición a los COV –aunque sea difícil demostrar la relación directa causa-efecto en la mayoría de los casos- es la causante de enfermedades como el cáncer, que se ha convertido en una de las enfermedades profesionales de mayor frecuencia en el mundo.  Según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el 9,6% de todas las muertes por esta patología son atribuibles al trabajo. En los 27 países de la UE, 95.581 muertes por cáncer en 2002 estuvieron relacionadas con el trabajo.
A la amenaza higiénica hay que añadir la medioambiental que, lógicamente, acaba repercutiendo también en la salud de las personas, porque no podemos vivir al abrigo de campanas de cristal. El principal inconveniente medioambiental de los COV es que, al mezclarse con otros contaminantes atmosféricos, como los óxidos de nitrógeno (NOX) y reaccionar con la luz solar, pueden formar ozono troposférico, que contribuye al problema del ‘smog’ fotoquímico. Este problema se agrava especialmente en verano, al coincidir el sol y las altas temperaturas.
La peligrosidad de los COV da origen a una triple clasificación:
-Compuestos extremadamente peligrosos para la salud: benceno, cloruro de vinilo, dicloroetano, azufre...
-Compuestos de clase A. Susceptibles de causar daños significativos al medio ambiente, como acetaldehido, anilina, tetracloruro de carbono, tricloroetano, tricloroetileno, triclorotolueno...
-Compuestos de clase B. Tienen menor impacto medioambiental: acetona, etanol y combustibles fósiles (tubos de escape de vehículos).

La vía de acceso 
El enemigo, normalmente en forma de vapor o aerosol, penetra en el organismo a través de las vías respiratorias, pudiendo incorporarse directamente su carga nociva al caudal sanguíneo, lo que hace que ésta sea la vía con mayor potencial lesivo para el individuo afectado. 
Las vías respiratorias superiores (nariz, boca, laringe y faringe) constituyen el punto de entrada más importante. Según el experto en PRL, Manuel Jesús Falagán, autor de Higiene Industrial Aplicada, “se trata de un ‘sistema rápido’ dado que hay una considerable superficie de absorción del tóxico: 80 m2 y una barrera frágil de 0,00001 mm de espesor, así como un sistema franco debido a su contacto directo con el sistema circulatorio (oxígeno celular)”. 
Falagán afirma que “cualquier sustancia suspendida en el ambiente puede ser inhalada, pero sólo las partículas que cuenten con un tamaño apropiado alcanzarán los alvéolos pulmonares (...) Los vapores, gases y aerosoles no rechazados por las defensas naturales del individuo podrán llegar a los alvéolos, lugar donde se produce el paso del oxígeno a la sangre, produciendo daños locales o atravesándolos para incorporarse a la sangre y, así, ser distribuidos por todo el cuerpo junto con el oxígeno”. 
Este autor también señala que “la porción total de contaminante absorbida por vía inhalatoria quedará supeditada a su concentración en la atmósfera de trabajo, al tiempo de exposición y a la ventilación pulmonar”. 
Una vez en los alvéolos pulmonares, los tóxicos pueden absorberse por diferente mecanismos (difusión pasiva, fagocitosis, o difusión linfática), siendo ésta última la más grave, ya que la toxina llega rápidamente a la sangre a través de la circulación, produciéndose una perniciosa y casi inmediata concentración hematológica que origina cuadros clínicos graves. 
Los disolventes también pueden absorberse por vía dérmica, que hará mucho más lenta la llegada de la carga nociva al torrente sanguíneo; y por vía digestiva, a través de la boca, por contacto con las manos, bebidas, alimentos y cigarrillos contaminados. 

Riesgos específicos de algunos COV (disolventes)
Los disolventes orgánicos se usan de forma general en diversas industrias. La mayoría de las veces, los trabajadores no se exponen a un único disolvente, sino a una mezcla y, en muchos casos, a otros compuestos. La intoxicaciones por disolventes y sus vapores se producen por la manipulación de dichas sustancias en el entorno laboral, donde son frecuentes las exposiciones prolongadas a concentraciones tóxicas. Auténtico problema de higiene laboral, no podemos hacer oídos sordos a los disolventes o, mejor dicho, teniendo en cuenta la vía de acceso al cuerpo humano, no podemos dejar indiferentes nuestras narices. Los disolventes no sólo afectan a la salud del trabajador expuesto, sino a su progenie a través de la reproducción sexual.

Aborto espontáneo
La exposición materna durante el embarazo aumenta el riesgo de aborto de dos a cuatro veces. Entre las sustancias susceptibles se encuentran el cloruro de metilo, tolueno, formaldehído, tricloro-etileno, percloro-etileno, tetracloro-etileno y xileno.
Malformaciones
congénitas
Las mujeres expuestas a disolventes presentan un mayor riesgo de tener hijos con alteraciones en el sistema nervioso central, malformaciones cardíacas (tricloro-etileno), en el tracto urinario (tolueno) o en el paladar y en los labios (tricloro-etileno, tetracloruro de carbono, percloro-etileno).
Cáncer infantil
Los disolventes pueden aumentar el riesgo de cáncer neurológico y urinario, así como el de leucemia en hijos de padres expuestos. Son sustancias de riesgo las gasolinas, tricloro-etileno y metil-etil-cetona.
Efectos de los disolventes en la reproducción humana (fuente: ISTAS)

Hacemos referencia, a continuación, a uno de los ‘reyes’ de la toxicidad: 
·Tolueno o metilbenceno. Causa daños al hígado, riñones y el sistema nervioso central. El tolueno (C6 H5 CH3) es un líquido claro y volátil con olor aromático dulzón, poco soluble en agua y muy liposoluble. Es uno de los solventes de abuso más utilizados (‘esnifadores’ de colas). Se usa en la manufactura del benceno y productos tales como detergentes, adhesivos, explosivos, pegamentos, colas, lacas, etc. 
Se absorbe bien por vía inhalatoria y digestiva, sin embargo, la absorción es escasa a través de la piel intacta. Casi un 80% de la dosis absorbida se metaboliza en el hígado a través del sistema citocromo P450, y el 20% restante se elimina sin cambios por el pulmón. Produce su efecto tóxico sobre el SNC y sistema nervioso periférico, sobre el riñón y el corazón, pudiendo originar alteraciones electrolíticas y metabólicas. 
Durante la exposición aguda el tolueno es un irritante para ojos, pulmones, piel y otras áreas de contacto directo, produciendo eritema, dermatitis, parestesias de piel, conjuntivitis y queratitis. Asimismo, puede observarse midriasis y lagrimeo por la exposición a vapores de tolueno. Tras la inhalación a baja concentración, el efecto inicial que produce esta sustancia es la euforia con comportamiento alterado. En concentraciones más altas se ha descrito depresión del SNC, con cefalea, confusión, náusea, ataxia, nistagmus, convulsiones y coma, arritmias, muerte súbita, parada respiratoria y neumonitis química. 
Exposiciones reiteradas producen afectación del parénquima renal, con hematuria, proteinuria y piuria, acidosis metabólica y trastornos hidroelectrolíticos tales como hipopotasemia, hipocalcemia, hipofosfatemia e hipercloremia. 

La mala calidad del aire respirable debido a los COV, y su acumulación en la atmósfera, plantea serios problemas de salud, que afectan a la población más sensible (niños y ancianos)




Formaldehído (formol o formalina), un gas sofocante
Con la fórmula CH2 O, tanto el gas como la solución de formalina se caracterizan por su olor fuerte, irritante y sofocante. Además, se trata de un gas extremadamente inflamable. No obstante, es uno de los compuestos orgánicos básicos más importantes de la industria química. Sirve para la fabricación de diversos tipos de resinas, que, entre otras aplicaciones, se utilizan como adhesivos en la fabricación de tableros de virutas de madera aglomeradas y otros productos laminados de madera. Otras aplicaciones incluyen el tratamiento anti-arrugas de los tejidos, o la fabricación de barnices y espumas de aislamiento térmico para la construcción. 
Las soluciones acuosas del gas se utilizan como desinfectante, agente para el embalsamamiento y conservante de órganos y tejidos en los laboratorios de histo-patología, anatomía patológica, etc. También se emplea como conservante de productos cosméticos (jabones y champúes) y como biocida de líquidos susceptibles de sufrir contaminación microbiana, como los fluidos refrigerantes (“taladrinas”) utilizados en la mecanización de metales para la conservación del utillaje. 
Aunque no tiene un sustituto universal, puede sustituirse, en determinadas aplicaciones, por sustancias o procesos alternativos. 
-Efectos agudos para la salud. Es muy irritante de la piel, ojos y vías respiratorias. Trabajadores expuestos a 0,3 ppm de formaldehído presentan síntomas de irritación ocular y nasofaríngea, además de opresión torácica. Una concentración elevada puede producir edema pulmonar. Por tratarse de una sustancia sensibilizante (alérgeno), provoca dermatitis alérgicas y asma bronquial, cuyos episodios se repiten en las personas afectadas siempre que se produce la exposición (por tanto, es invalidante). 
-Efectos crónicos para la salud. La Agencia Internacional de Investigación del Cáncer (IARC) clasificó esta sustancia en 2004 como carcinógeno de la categoría 4. Su nocividad no derivaría de los efectos genotóxicos, sino de la correlación dosis-tiempo-respuesta, por lo que supuestamente no afectaría a la salud siempre y cuando se respeten los límites de exposición laboral (TLV) establecidos para esta sustancia. 

Tricloroetileno, de olor dulzón y ‘agradable’
El TCE, cuya fórmula es C2 HCl3, presenta el aspecto de un líquido incoloro, no inflamable y con un olor agradable, lo que constituye, obviamente, un riesgo añadido. Se ha utilizado en multitud de aplicaciones a lo largo del siglo pasado debido a las ventajas que ofrece por su gran poder disolvente de aceites, grasas, ceras y sustancias orgánicas en general. Hasta que se manifestaron sus efectos tóxicos a largo plazo fue, incluso, utilizado como anestésico general, como disolvente para la extracción de aceites comestibles, para descafeinar el café y como quitamanchas de uso doméstico. 
En la década de 1970 se prohibió su uso en alimentación y cosmética, aunque siguió usándose en aplicaciones como: desengrasante de metales en “fase vapor”, desengrasante en frío de piezas metálicas, limpieza “en seco” de tejidos, aerosoles de limpieza y desengrasado de equipos eléctricos, disolvente de adhesivos, cauchos y pinturas, o intermedio químico para la fabricación de freones. 
-Efectos agudos para la salud. Es un depresor del sistema nervioso central (efecto anestésico). Puede aumentar la respuesta del miocardio y ocasionar el fallecimiento por fibrilación ventricular. La exposición a esta sustancia, mientras se ingieren bebidas alcohólicas, puede provocar un cuadro de intolerancia al alcohol. Puede ocasionar dermatitis de contacto (alteración de la barrera dérmica), considerándose como excepcionales las efectos del TCE sobre hígado y riñones. 
-Efectos crónicos para la salud. La intoxicación crónica se manifiesta principalmente con alteración neurológica central y periférica. En el primer caso puede darse daño cerebral difuso (cefaleas, astenia, anorexia, vértigos, pérdida de memoria, depresión, trastornos emocionales y, en casos más graves, cuadros clínicos asimilables a la demencia). La afectación neurológica periférica suele presentarse como una poli-neuropatía de las extremidades inferiores. También puede ocasionar disfunciones hematológicas (trombocitemia, anemia, etc.). Está clasificado por el Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo (INSHT) en el grupo 1B como sustancia cancerígena (hígado y pulmón).


Micro-partículas de la combustión diesel
La OMS, ha clasificado las emisiones de los motores diesel como cancerígenas para los seres humanos. Por otra parte, los científicos disponen de suficientes evidencias para asegurar que la exposición está asociada con un incremento del riesgo de cáncer de pulmón (comunicado de la IARC tras una reunión de expertos internacionales celebrada en Lyon, Francia). Según las mismas conclusiones, existirían “pruebas limitadas” de que las emisiones de ese tipo de motores pueden también incrementar el riesgo de cáncer de vejiga. “Dado el impacto para la salud humana de las partículas de los motores diesel, la exposición a esta mezcla de productos químicos debería reducirse en el mundo entero”, alertan los expertos de  la Agencia IARC.
Las conclusiones se apoyan en muestras tomadas entre trabajadores con altos niveles de exposición, aunque los resultados de otros estudios similares sobre el conjunto de la población también confirman las sospechas de la toxicidad de las emisiones, y no hacen más que refrendar las sospechas (evidencias) existentes. “Por tanto, las acciones para reducir la exposición deben englobar tanto a los trabajadores como a la población general”, puntualizan los expertos.
Las emisiones nocivas provienen de los coches, que son los vehículos más numerosos, pero también son contaminantes otros motores, como los de los barcos y trenes diesel, añade la nota de la IARC. Los científicos ratifican además que las emisiones de los motores de gasolina también pueden resultar cancerígenas para los seres humanos, tal y como se había señalado en una evaluación previa en 1989.

En el manejo de COV, como gasolinas, naftas, disolventes, deben extremarse las medidas de protección personal y ambiental. (Foto gentileza de Showa Best Glove)
El problema de fondo es la calidad del aire respirable y la nocividad de las micro-partículas en suspensión, que son altamente respirables. España, junto a muchos otros países, incumple las normas de calidad del aire de la Directiva 2008/50/CE, cuyo objeto es reducir la contaminación, de manera que sean mínimos sus efectos nocivos en la salud humana y en el medio ambiente, así como mejorar la información a la población sobre los riesgos que entraña esta contaminación.
La citada Directiva europea introduce un límite aplicable a las concentraciones en suspensión de partículas de polvo fino (denominadas PM2,5). En la actualidad se reconoce que estas partículas, emitidas por una gama amplia de fuentes, tales como vehículos diesel, fábricas y calderas domésticas, son los contaminantes atmosféricos más peligrosos para la salud humana.

Bibliografía:
Guía práctica para la sustitución de agentes químicos. Foment, Prevención de Riesgos Laborales.
Higiene Industrial Aplicada. Manuel Jesús Falagán.
COV. Instituto Sindical de Trabajo, Ambiente y Salud (ISTAS).
“Por Experiencia”. ISTAS.

DESPIECE 1:
Smog fotoquímico
El ‘smog’ es una amalgama contaminante suspendida en el aire, una mezcla de humo y niebla, que se forma cuando se combinan ambos elementos. Los sistemas de calefacción antiguos, que quemaban carbón, generaban mucho humo, un problema al que no fueron ajenos los habitantes de la city londinense durante décadas.
Junto al smog clásico, existe una variante, denominada smog fotoquímico, que se forma cuando la energía de la luz solar (fotones) choca con moléculas de diferentes tipos de agentes contaminantes presentes en la atmósfera. Los fotones desencadenan una serie de reacciones químicas, pasando las moléculas de contaminación a convertirse en otros tipos de productos químicos nocivos. El pernicioso ‘cóctel’ químico resultante es lo que conocemos por smog fotoquímico.
Los productos químicos en suspensión responsables de esas atmósferas tóxicas son los óxidos de nitrógeno y, por supuesto, los  Compuestos Orgánicos Volátiles (COV, o VOC, por sus siglas en Inglés, de Volatile Organic Compounds).
Esta mezcla aérea nada saludable oscurece la atmósfera dejando un aire, teñido de color marrón rojizo, cargado de componentes dañinos para el sistema respiratorio. El problema, que es el denominador común a todas las grandes ciudades del mundo, se agrava en lugares de clima cálido, seco y soleado, especialmente si tienen muchos vehículos u otros efluentes de contaminación a la atmósfera. La polución del smog fotoquímico se intensifica al aumentar la intensidad y el tiempo de la radiación solar (el verano). Por otra parte, fenómenos climatológicos como las inversiones térmicas, suelen agravar este problema en determinadas épocas, ya que crean una ‘boina’ sobre las ciudades que dificulta la renovación del aire y la dispersión de los contaminantes.

DESPIECE 2:
Legislación en España
España tiene dos RD orientados a la prevención y la reducción de la contaminación atmosférica por COV.
El Real Decreto 117/2003 limita las emisiones de COV por el uso de disolventes en determinadas actividades. Dicho RD define el COV como “todo compuesto orgánico que tenga a 293,15 K una presión de vapor de 0,01 kPa o más, o que tenga una volatilidad equivalente en sus condiciones particulares de uso”.
El Real Decreto 227/2006 transpone la Directiva 2004/42/CE del Parlamento Europeo, y su objetivo es limitar el contenido de COV en pinturas, barnices y productos de renovación del acabado de vehículos.
En cuanto a las gasolinas, el RD 2102/1996 se refiere al control de emisiones de COV resultantes de almacenamiento y distribución de gasolinas desde las terminales a las estaciones de servicio. El RD 1437/2002 trata sobre la adecuación de las cisternas de gasolina.